ACEITE DE NEEM VS AZADIRACTINA
Para que entendáis bien la idea de esta serie, o al menos
la tesis que intento defender, tomo este primer ejemplo que es, en mi opinión,
uno de los más típicos.
Para decirlo todo, fue empezando este artículo que me vino
la idea de hacer una serie. Es que este ejemplo es uno entre muchos más.
El ser humano es lo que es en la actualidad gracias, en
otras cosas, a su capacidad a observar su entorno y a sacar conclusiones para
su propio beneficio.
La observación de la Naturaleza le ha permitido extraer
sustancias para responder a sus propias necesidades. Y desde que aprendió,
gracias a la química, a sintetizar moléculas, su mayor fuente de inspiración,
al menos en lo que a agroquímica se refiere, siempre ha sido la Naturaleza.
Los botánicos observan un fenómeno de autodefensa o de
toxicidad en plantas. Lo analizan, lo mandan a los químicos, que determinan las
moléculas involucradas en el fenómeno, las sintetizan, las estudian, luego
intentan mejorarlas.
Este proceso, simple en sí, ya se ha repetido miles de
veces para fabricar medicamentos, fibras textiles, o pesticidas.
ACEITE DE NEEM
El aceite de neem se extrae de las semillas de un árbol
de la India, la margosa (Azadirachta indica). El empleo de este árbol de
crecimiento rápido y bien adaptado a las condiciones de sequía, se ha extendido
a todo el sureste asiático, África y Sudamérica.
Imagen: http://www.ecologiaverde.com/wp-content/2014/12/Que-es-el-aceite-Neem.jpg
El aceite de neem es un
producto tradicional ampliamente utilizado desde siglos, especialmente en la
India y en África, por sus efectos fungicida, insecticida, bactericida, en el
tratamiento y la prevención de piojos, de la malaria, de enfermedades de la
piel, pero también como contraceptivo. La lista de sus acciones reales o
supuestas es inmensa.
Su empleo en agricultura es relativamente reciente. Las
propiedades como insecticida, nematicida y acaricida de este extracto son
actualmente bien conocidos. Las moléculas naturales activas que componen el
aceite de neem son numerosas, existen más de veinte, lo que explica la
polivalencia de su utilización. Entre todas, la principal para su uso en
agricultura es la azadiractina, y varias segundarias son salanina, meliantrol,
nimbolida, nimbidina y el ácido nimbidinico. Esta polivalencia hace que sea un
producto básico de la agricultura ecológica. De hecho está autorizada por la Comisión
Europea. Sin embargo algunos países como Francia no autorizan esta sustancia,
lo que no impide que los agricultores lo estén empleando a gran escala, a pesar
de la prohibición legal. La ley es muy clara al respecto, cualquier producto no
autorizado para un uso concreto es terminantemente prohibido para este uso.
Pero algunos, no se preocupan mucho. En el reportaje siguiente, en francés,
un agricultor ecológico francés explica que emplea sistemáticamente el aceite de neem,
y que no conoce a ningún agricultor ecológico que no lo esté empleando, aunque este prohibido.
Sin embargo este aceite, tan polivalente, también
presenta algunos defectos. Es precisamente por su polivalencia que debe ser
sospechosa. Se revela muy tóxica para los abejorros y numerosos himenópteros
(excepto la abeja doméstica), es toxica para la fauna acuática, y está clasificada
entre los disruptores endocrinos. Su polivalencia es precisamente uno de los
criterios que deja sospechar sus efectos segundarios negativos. Un producto muy
específico deja poco espacio para la sorpresa, al contrario de los productos de
amplio espectro de acción. De hecho es uno de los criterios que ha guiado la
eliminación de moléculas por la Comisión Europea.
La producción del aceite se hace en varias regiones y
varios países, puede proceder de plantaciones específicas o de árboles
aislados, de zonas áridas o húmedas, de cultivo regado o no.
Esta gran variabilidad en el origen del aceite provoca
una gran variabilidad en su composición química y en las proporciones en
moléculas activas. Ya he hablado brevemente de esta cuestión en un artículo
reciente http://culturagriculture.blogspot.com.es/2016/12/95-el-espiritu-de-las-plantas-7-las.html
Además hay que indicar que la extracción del aceite se hace
a menudo de un modo muy artesanal, a partir de árboles aislados o de
plantaciones de regiones y climas muy diversos, por lo que su homogeneidad es
muy variable. Los productos comercializados garantizan un porcentaje de aceite
de neem constante, pero no pueden garantizar un porcentaje constante de
ingredientes activos, en especial de azadiractina. Por otra parte, este aceite
es termosensible, lo que significa que por encima de 50ºC, su composición se
degrada. Y es que, ya que se produce en países cálidos, sus condiciones de
producción, de almacenamiento y de transporte pueden influir mucho sobre su
potencial como plaguicida.
En consecuencia es muy difícil, para el agricultor, de
usarlo de manera fiable, ya que lo niveles de ingredientes activos no son constantes.
Y para terminar, hay que indicar que, en las condiciones
artesanales de su producción y de su transformación, su origen de países a
menudo pobres y con condiciones sociales dudosas, los riesgos de contaminación
del entorno local o de intoxicación de los empleados son elevados.
También hay que notar que, siendo un producto natural, el
proceso de registro es mucho más rápido y superficial que para las moléculas de
síntesis. Sin embargo, los legisladores se han (por fin) dado cuenta que todo
lo que es natural no siempre es bueno para la salud y el medioambiente, el
proceso de registro de los plaguicidas llamados “naturales” se está reforzando.
Sin embargo, queda un punto que las modificaciones
legislativas no van a resolver a corto plazo, los residuos. Es que cuando se
analizan los residuos, solo se encuentran las moléculas que se conocen y que se
buscan, ya que las tecnologías disponibles no permiten trabajar de otra manera.
En este caso, se puede encontrar azadiractina. ¿Pero qué pasa con la veintena de
otras moléculas naturalmente presentes en el aceite? No se buscan. Con lo que
no se sabe si dejan residuos potencialmente absorbidos por los consumidores.
Peor, esta veintena de moléculas no son objeto de estudios medioambientales y
de salud. ¿Pueden presentar riesgo para la salud? Nadie lo sabe. Sin embargo
nadie le opone el principio de precaución.
¡Ya que es natural!
AZADIRACTINA
Los químicos, después de haber estudiado las propiedades
de este aceite “milagroso”, han aprendido a sintetizar el ingrediente
principal, la azadiractina. La estructura de la molécula sintética es exactamente
idéntica a la de la molécula natural, pero esta depurada de sus impurezas, de
las moléculas inútiles (para su uso agrícola), su calidad y su concentración
son constantes, su eficacia es fuertemente reforzada, a dosis inferior, y sus
efectos segundarios son los mismos, pero inferiores en lo que producto
formulado se refiere (ya que las moléculas segundarias han sido eliminadas).
Este producto formulado pues es un plaguicida de
síntesis, que es una copia exacta de una molécula natural. Siendo un plaguicida
de síntesis, ha tenido que pasar, antes de su autorización de venta, por todo
el proceso, muy largo y muy costoso, de registro europeo primero, y nacional
después. Los estudios afectan a la toxicidad sobre aves, mamíferos, fauna
acuática, insectos útiles (en otros abejas y abejorros), sobre los suelos, las
aguas superficiales y subterráneas, sobre su capacidad de degradación en el
agua, el aire, los suelos o a la luz, sobre sus efectos sobre la salud (por
ejemplo su efecto como disruptor endocrino).
Imagen: http://www.alanwood.net/pesticides/structures/azadirachtin.gif
Como usuario puedo, según las circunstancias, tener que
utilizar uno u otro. Te puedo certificar, por experiencia propia, que el uso de
la azadiractina de síntesis es mucho más segura que del aceite de neem.
La azadiractina, registrada en frutales de hueso, es
dosificada de manera constante, su empleo es simple, y su eficacia es sin
sorpresa, dentro de los márgenes habituales de la variabilidad de eficacia de
todos los plaguicidas.
El aceite de neem, ya que no se dosifica en moléculas
activas, sino en concentración de aceite, su eficacia varía mucho de una marca
a la otra, y dentro de una misma marca, de un lote al otro.
Un agricultor nunca recurre al empleo de plaguicidas,
sintéticos o naturales, por gusto. Si lo hace, es que ha de hacerlo ya que su
cultivo y sus ingresos peligran. Cuando lo hace, ha estudiado previamente
ventajas e inconvenientes de cada una de las soluciones de las que dispone, y
elige producto y dosis para conseguir la máxima eficacia con los mínimos
inconvenientes.
Si el lote de aceite que recibe, por cualquier motivo, no
da los resultados esperados, tendrá que repetir la intervención, con todo lo
que conlleva de costes y de riesgos medioambientales.
No es el caso con la azadiractina.
Y para terminar, los residuos se analizan. La molécula es
identificada y conocida, de tal manera que los equipos pueden medirla de manera
precisa. No hay riesgo de mala sorpresa.
Pues claro, siempre se puede dudar de todo.
Algunos aseguran que el aceite de neem presenta menos
efectos segundarios que la azadiractina sola, ya que el coctel de moléculas
tiene un efecto mitigador.
Me parece que es exactamente lo contrario. El coctel de
moléculas procede de la propia historia botánica del árbol y de su necesidad de
autodefensa (http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/09/52-el-espiritu-de-las-plantas-2.html).
El coctel tiene una razón de ser, y la Naturaleza raramente trabaja en barde.
Si esas moléculas existen, no es para neutralizarse entre ellas, sino para
reforzar la autodefensa.
Pienso que cuanto más antigua es la domesticación de una
especie (especialmente por la selección y la hibridación), menor es su
capacidad de autodefensa (excepto para determinados cultivos, como el cannabis
o la amapola, cuya selección busca aumentar su potencial en alcaloides). El
árbol de neem nunca ha sido domesticado, solo empleado en su estado natural.
Todas las plantaciones actuales, destinadas a la extracción de aceite, se han
realizado a partir de variedades silvestres.
Imagen: https://i.ytimg.com/vi/-QyqvdtiUnM/maxresdefault.jpg
No he sido capaz de encontrar un solo estudio serio que
haya comparado, tanto en efectividad como en efectos medioambientales y en
residuos, el aceite natural de neem y la azadiractina de síntesis. Todo lo que
podido encontrar son afirmaciones no demostradas, y claramente subjetivas.
Obviamente los que defienden la inocuidad del aceite de
neem son los círculos de la agricultura ecológica. Es muy lógico ya que lo necesitan y tienen pocas
alternativas. Es aún más lógico si consideramos que, siendo empleada de manera
masiva, y a veces sin justificación, hay que encontrar una justificación.
Pero no puedo evitar de sorprenderme que los que
defienden el interés del coctel de moléculas del aceite de neem, también son
los que atacan los cocteles de plaguicidas en agricultura convencional (tema
que no cuestiono, pero espero resultados científicos para elegir una postura).
Lo que es supuestamente verdadero en convencional, ¿no lo
es en ecológico?
Es para sorprenderse.
Todo para decirte, y es la meta de este primer ejemplo,
que el aceite de neem está autorizado (excepto en algunas situaciones), muy
empleado y alabado en agricultura ecológica. Sin embargo, su heterogeneidad,
sus métodos de extracción, sus efectos segundarios, sus efectos como disruptor
endocrino parecen no molestar a nadie. El agricultor dispone de un precioso
bidón de unos litros, limpito, seguro y bien etiquetado. No se pregunta lo que
hay detrás.
La azadiractina, a la inversa, está prohibida en
agricultura ecológica. Sin embargo es la misma molécula, cuyos efectos segundarios
son los mismos, pero cuya homogeneidad es total, el método de producción es
controlada y segura. Ha pasado por varias comisiones que han establecido
condiciones de uso para cada cultivo, niveles de residuos, plazos de seguridad
antes de la recolección, normas de seguridad para su manipulación, su
almacenamiento y su uso.
Imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhQo2wtUo8tifnwuceVQDF5Qx_rWTrHyqtAa3fEhp1347uMonwKe63TGvRgmReH07BZALpyEzVe9ZqDLZ6FY0CvLGLyKaA7k9T9JGY8utvJ6Kp_GhW3tHFSxZlQ44P6MWPgccDnaEcXHHJW/s1600/ARBOL+DE+neem1.jpg
En este primer partido, es evidente que la azadiractina
gana, tanto por su eficacia que por el control de sus efectos sobre el
medioambiente y sobre la salud, pero también por la seguridad que aporta
gracias a un proceso de registro estricto y en revisión periódica.
En este caso, y sin lugar a dudas, el empleo en
agricultura convencional de la azadiractina es más seguro que el empleo, en
agricultura ecológica como en agricultura convencional, del aceite de neem.
Es un caso evidente, en el que la ideología de loa
agricultura ecológica prefiere aceptar riesgos sanitarios y medioambientales,
en vez de flexibilizar sus criterios, en una situación determinada, aunque la
filosofía no se cuestione realmente.
Se trataría sin embargo solo de reconocer que la copia
exacta de síntesis es más efectiva y presenta menos riesgos que el extracto
natural original.
Pero parece que la razón es realmente débil, frente al
dogma.
¿Pues porque un agricultor convencional, como yo, puede
ser llevado a utilizar un pesticida ecológico como el aceite de neem, si
dispone de una ventajosa alternativa de síntesis como la azadiractina?
Es una cuestión interesante a la que contestare en un
artículo específico. Además que afecta tanto el aceite de neem como todos los
pesticidas ecológicos.
Imagen: http://www.hsnstore.com/blog/wp-content/uploads/2014/06/bio.jpg




