mardi 7 novembre 2017

118- El espíritu de las plantas -10- Nubes

EL ESPIRITU DE LAS PLANTAS – NUBES

Hace mucho tiempo, en el siglo pasado (a principio de los 90s), tuve la ocasión de hacer un viaja a Chipre, preciosa isla del Mediterráneo, con un pasado histórico especialmente rico. Me había entonces llamado la atención la increíble cantidad de plantaciones de árboles forestales en todas las zonas no agrícolas, especialmente las zonas de montaña, a veces instaladas en terrazas.
Me habían explicado que se trataba de un plan gubernamental para frenar la evolución del clima local. Las lluvias se hacían cada vez más escasas, y la isla se encaminaba poco a poco hacia un importante riesgo de desertificación.


Se sabe empíricamente, y desde mucho tiempo, que los bosques favorecen la aparición de lluvias, hasta el punto que varios países con un clima árido, como es el caso de Chipre, han lanzado programas de reforestación, a veces muy ambiciosos, cuyo objetivo es de intentar aumentar la pluviometría, además de frenar la erosión y la pérdida de fertilidad de los suelos.

Lo que ahora se sabe, gracias a la experiencia Cloud, una serie de trabajos científicos llevados por el CERN, en Ginebra (Suiza), es cómo se produce este fenómeno.
Te aconsejo la lectura del artículo original (en francés), por los numerosos links y explicaciones que incluye.

“Clima: según el CERN, los árboles influyen sobre la formación de las nubes.

Cómo lo mostraban en 2016 los resultados de la experiencia Cloud, del CERN, los árboles serían mucho más aptos de lo que se pensaba para fabricar nubes y refrescar el clima. Su acción pasa por los aerosoles.

Desde 2009, la experiencia Cloud, instalada en el CERN, en Ginebra, simula diferentes condiciones de presión y de temperaturas para estudiar mecanismos que actúan en la atmosfera terrestre, y especialmente el efecto de los aerosoles sobre el clima. Esas pequeñas partículas actúan como “semillas de nubes”, favoreciendo la condensación del vapor de agua en gotitas y en consecuencia la formación de nubosidad. Globalmente, el efecto sobre el clima es refrescante ya que gran parte de la luz solar es reflectada hacia arriba.


La mitad de esos aerosoles son partículas de polvo procedentes de la tierra y de las sales marinas emitidas por los océanos, y la otra mitad son moléculas de gas que se agregan en partículas de 50 a 100 nanómetros. Es el caso del ácido sulfúrico (SO2). En la actualidad, este gas es producido en grandes cantidades por las actividades industriales. Esos aerosoles de origen humano, ya que crean más nubes, tienen un efecto refrescante, que reduce el efecto de calentamiento del dióxido de carbono (CO2). Es un forzamiento radiactivo. Los árboles son también actores de esta maquinaria, con moléculas, como el pineno, liberadas en el aire, y que también juegan el papel de núcleos de condensación.
Las cantidades actuales de emisiones de dióxido d azufre complican el estudio de la atmosfera preindustrial, que era diferente. Es lo que hizo un equipo de Cloud, que se basó sobre los resultados de esta experiencia para elaborar una simulación de la atmosfera preindustrial. Sus conclusiones, publicadas en los Pnas http://www.pnas.org/content/113/43/12053.abstract (y discutidas en un artículo de The Conversation https://theconversation.com/trees-are-much-better-at-creating-clouds-and-cooling-the-climate-than-we-thought-66713), detallan los estudios anteriores (…).


Según esos resultados (todavía por confirmar, indican los autores), las cantidades de aerosoles presentes en la atmosfera de antes de 1750 han sido hasta ahora subestimados, ya que los aerosoles emitidos por los árboles son mucho más efectivos de lo que se pensaba para fabricar nubes. En consecuencia, el efecto enfriador de los aerosoles de origen industrial sería más débil de lo previsto, de aproximadamente 27%.
Los autores deducen también que limitar las emisiones de aerosoles por las actividades humanas podría reducir su acción refrescante. Pero esta reducción podría ser compensada por la acción de los árboles, que solo piden volver a la importancia que tenían antes del era preindustrial. En resumen, los bosques tienen la capacidad de ayudarnos a limitar el calentamiento climático…”

Pues a la vista de esta muy interesante experiencia, ¿qué pasa con la evolución del clima de Chipre?

Encontré datos climáticos históricos sobre la página web del Banco Mundial http://sdwebx.worldbank.org/climateportal/
Ahí encontré dos informaciones, la acumulación de lluvia y la media de temperaturas, para el periodo 1901-2015. Aquí están las curvas:



El análisis de las curvas muestra una tendencia clara al aumento de las temperaturas, pero una tendencia menos clara en cuanto a la pluviometría. Porque si las lluvias tienden a ser menos frecuentes (la curva de tendencia está clara), también son mucho más aleatorias. Los años de lluvias escasas son más frecuentes pero también lo son los años de lluvias abundantes. Total, en cuanto a la pluviometría, los años medios casi han dejado de existir.

De evidencia, los efectos de esas reforestaciones no saltan a la vista. Se pueden imaginar muchos motivos posibles. Personalmente, me imagino que gran parte de responsabilidad viene de la edad de los árboles. Tienen más o menos 25 años (para los que han sido plantados en los años 90), y es todavía muy joven. Además, sus primeros años, con toda seguridad, no han sido un camino de flores, como suele ser el caso de las reforestaciones en regiones áridas, con dificultades de supervivencia en los primeros años por falta de lluvia durante los 3 o 4 meses de verano, y mortandades a menudo numerosas de jóvenes árboles, a las que se suman probablemente ataques parasitarios, como puede ser el caso de algunos insectos de plantas débiles, o de salud precaria. Está claro que una reforestación es un trabajo a muy largo plazo, especialmente en regiones áridas.

Salvo que, la bajada de la pluviometría, proporcionalmente menos fuerte de lo que es la subida de las temperaturas, sea una señal de un buen efecto de esas reforestaciones. En cual caso, la desertificación de Chipre habría ya progresado mucho, si este programa no se hubiera iniciado suficientemente temprano.


Dicho eso, y para volver al tema de los aerosoles, este trabajo, muy interesante dará probablemente lugar a investigaciones complementarias, para estudiar la producción de aerosoles según la edad, el desarrollo, y sobre todo según la especie vegetal. Me imagino, como es el caso de muchas cosas con los seres vivos, que existe una gran variabilidad de producción de aerosoles según la especie vegetal. Algún día se elaborará una lista de especies más aptas para luchar contra la desertificación por la abundancia de su producción de aerosoles.

Entonces los humanos se encontrarán una vez más delante una elección ecológica difícil, como la que te contaba en un artículo ya antiguo, a propósito del necesario ahorro de agua dulce y de sus consecuencias medioambientales (http://culturagriculture.blogspot.com.es/2014/12/34-agua-y-riego-3-caso-de-conciencia.html).


¿Tendremos que plantar masivamente especies vegetales por su capacidad a favorecer las lluvias, incluso fuera de sus regiones de origen?
¿Qué desequilibrios vamos a provocar en la biodiversidad local por culpa de la implantación de esas especies?
¿Los desequilibrios provocados pueden ser preferibles a una desertificación?

El eterno problema de la elección… y de sus consecuencias.


A la espera de tener que elegir, la fundación GreenCyprusCom sigue trabajando para la reforestación de la isla de Chipre, con especies autóctonas. Es mucho tiempo, lento, laborioso y costoso, pero necesario.


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