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dimanche 29 mars 2020

147- Gracias agricultor, por llenar nuestra despensa


¡GRACIAS, AGRICULTOR, POR LLENAR NUESTRA DESPENSA!

Bajo este título, José Antonio Arcos, periodista español especializado en información agrícola, centrado especialmente en España y Europa, publicaba hace unos días un elogio a los agricultores en su página web, que aconsejo a todos los que se interesan por la agricultura y la producción de alimentos.



Desde varias semanas, con la crisis actual del Covid-19, todos estamos muy sensibilizados y agradecidos de la tremenda labor de todos los cuerpos médicos, muchas veces llevada a cabo en condiciones difíciles y a veces precarias, con una increíble dedicación en esos tiempos especialmente difíciles que nos ha tocado vivir.

José Antonio Arcos ha querido recordarnos que los agricultores siguen produciendo los alimentos que necesitamos, y que gracias a su labor diaria y a pesar de la situación de confinamiento, seguimos disponiendo de alimentos de calidad, aunque la vida económica de nuestros países este casi paralizada.

Quiero unirme a este elogio, como consumidor, y también como agricultor. Gracias a todos.
Gracias igualmente a todos los trabajadores agrícolas que siguen con su dura labor en el campo a pesar de la situación tan tensa que estamos viviendo. Sin ustedes, muchas fincas estarían paradas a pesar de la buena voluntad de los agricultores.

Imagen propia

“Si podemos estar en casa durante quince días y los que vengan con la despensa llena es gracias a los agricultores. Solo gracias al sector primario – ya sean pescadores, ganaderos o agricultores – podemos luchar contra el hambre y la desesperación de una situación como la que estamos viviendo en España por el coronavirus. No hay hambre porque hay alimentos. Hay alimentos porque hay productores (agricultores, ganaderos y pescadores).

Gracias a esa labor de los hombres y mujeres de la España Vaciada*, comemos todos. La España Vaciada o Vacía, la España rural está dando vida a la España urbanita y a cada mesa en la que se pone un plato. Ellos son mis héroes.

En valor la soberanía alimentaria

Quizá ahora los millones de españoles que viven al margen de la agricultura y de los diferentes sectores de actividad del mundo agro puedan comprender el concepto de soberanía alimentaria. Estas dos palabras que durante estas semanas atrás han estado sacando a la calle los agricultores y ganaderos por toda España no están vacías de contenido.

Soberanía alimentaria significa la capacidad que tiene una nación de autoabastecerse. El mejor ejemplo lo vemos estos días en los que millones de consumidores han hecho masivamente compras de alimentos y han encontrado productos con los que llenar sus cestas. Esos productos, esos alimentos, no nacen por generación espontánea en un supermercado o en una frutería, esos alimentos sin los cuales nada sería posible los produce un agricultor. Es su creador.

Esa soberanía alimentaria tiene un significado aún más profundo en situaciones de crisis como la actual, por el coronavirus, ante hipotéticas limitaciones o cierres en frontera. La soberanía alimentaria permite que, al margen de lo que pueda ocurrir en el exterior, un país sea capaz de alimentar a su población.

Gracias agricultor y ganadero, hombres de la tierra. Gracias pescador, hombre de la mar.

Cuando salgamos de esta pandemia (COVID-19), porque seguro que entre todos juntos venceremos al virus, cuando ocurra (que ocurrirá) por favor recordad que no podemos dejar caer a nuestro sector primario que es el que nos da de comer. Es prioritario.

Aparte de que muchos ahora puedan comprender qué es la soberanía alimentaria, también entenderán porque los #AgricultoresAlLímite son un sector estratégico.

Sin agricultura, nada (‘Sine agricultura, nihil‘**). Ellos son mis héroes. Un aplauso por todos ellos”.

*La expresión España Vaciada ha cogido fuerza desde unos meses para ilustrar los efectos del éxodo rural, de la explosión demográfica y económica de las grandes urbes del país, y de la falta de recursos económicos, técnicos y tecnológicos de la que sufren cada vez más las zonas rurales, sin que aparentemente haya una voluntad política de influir sobre esa tendencia. Es también un movimiento de reivindicación de derechos para esas regiones inmensas, imprescindibles a la soberanía alimentaria del país, y abandonadas por los gobiernos sucesivos.
** "Sine agricultura, nihil" es el lema en latín del cuerpo de los ingenieros agrónomos españoles.


Esta crisis podría ser el revelador de las políticas inadecuadas de las últimas décadas, que han visto el tejido industrial, artesanal y agrícola modificarse profundamente en los países industrializados.
Los mercados de los países ricos se han convertido en un gran campo de batalla de precios, abocando muchas actividades y empresas de los sectores primario y segundario a desaparecer o a buscar suerte en países donde los costes son mucho más baratos, aunque mucho más lejanos.
En el mismo tiempo, por motivos que ya he explicado en varios artículos, la población urbana ha perdido el contacto con su agricultura y ya no sabe lo que es el trabajo del campo, lo exigente que es, los riesgos que tiene que soportar el sector de producción para que todos y cada uno de los consumidores puedan acceder en todo momento a una alimentación abundante, diversa y sana, a precio muy accesible.

Pero esta evolución tiene consecuencias que empezamos ahora a medir de verdad, en términos medioambientales y económicos por supuesto, y últimamente también en términos de seguridad sanitaria y de soberanía alimentaria.

Estamos ahora mismo en plena crisis sanitaria. Cada vez más países toman decisiones drásticas de confinamiento, más o menos realistas según el país. Cuanto más estricto sea el confinamiento, mayor es el número de actividades afectadas.
En España, solo las actividades vinculadas con la salud, la seguridad, la higiene, la comunicación y la alimentación siguen teniendo derecho de funcionar. El resto de actividades solo pueden funcionar por teletrabajo. Es cuando nos damos cuenta que el ocio, el turismo, la industria, la construcción no son actividades de primera necesidad. Todo esto se puede parar durante unos días, unas semanas o unos meses, pero la alimentación, y en consecuencia la agricultura, es la base de la supervivencia.
En Francia, la falta de mano de obra inmigrante por culpa de los cierres de fronteras hace imposible realizar determinados trabajos agrícolas. Una llamada ha sido lanzada hace unos días, y en menos de una semana, 80.000 urbanos la han contestado. ¿Sera un repentino interés por las labores del campo, el deseo de huir de la cuidad y de su promiscuidad, la posibilidad de mantener uno ingresos a pesar de la crisis o la posibilidad de evitar el confinamiento que atrae tanta gente?


¿Qué quedara de todo esto cuando se acabe esta crisis sanitaria?
¿Quién recordara que la soberanía alimentaria no es un producto de la imaginación, sino una necesidad vital de cualquier sociedad humana?
¿Se seguirá hablando de una evolución de la agricultura europea hacia una actividad de mantenimiento de los paisajes, cuya rentabilidad no tiene real importancia, siempre que este “limpia” y políticamente correcta?
¿Se podrá entonces volver a un debate sano, no ideológico, sobre la producción de alimentos, la necesidad de desarrollar una agricultura productiva, sostenible, rentable, sana, destinada en prioridad a un consumo de relativa proximidad?



Querido lector, si como yo, estas confinado en tu casa, tendrás tiempo para leer.
Pues no me resisto a poner el link de un artículo que publique inicialmente el 19 de marzo de 2015, es decir hace casi exactamente 5 años. Las cosas han cambiado poco, la verdad.
Y la urgencia de mantener la soberanía alimentaria es cada vez mayor.

mardi 17 mars 2020

40- Orgulloso de ser agricultor



ORGULLOSO DE SER AGRICULTOR

He recibido a finales de febrero, uno tras el otro, tres artículos franceses que me han llamado la atención, y que me parece interesante poner en paralelo.

El primero, publicado el 17 de febrero en challenge.fr, se titula “La agricultura francesa ¿está enferma?”
El segundo, publicado por Franck Gintrand el 21 de febrero en slate.fr, se titula “Surrealista Salón de la Agricultura”
El tercero, publicado por Marion Desreumaux el 27 de febrero en delitsdopinion.com es “A los franceses ¿les gusta los agricultores, pero no tanto la agricultura?”

Creo que lo que está ocurriendo en Francia puede ser ampliado a muchos países industrializados, y aunque el fenómeno no tiene la misma intensidad en todos, es muy probable que lo veamos ampliarse en los próximos años, salvo que la agricultura, los agricultores y los organismos y sindicatos agrícolas sean capaces de cambiar esta tendencia.

Observamos primero, en challenges.fr, que “en 2014, los ingresos de los agricultores deberían retroceder en 5%, hasta los 24.400 euros, según las primeras previsiones.
Los ganaderos siguen teniendo la peor situación. Por ejemplo los ganaderos de bovinos han visto sus ingresos caer en más de 20% hasta los 14.500 euros por año.
Pero este año, dos sectores se reúnen con los ganaderos en la categoría de agricultores peores remunerados. Primero los fruticultores que ven una caída de sus ingresos de más del 55% hasta los 13.400 euros. La culpa la tiene una producción de melocotones y de albaricoques elevada con precios a la baja, la competencia española tirando los precios hacia abajo.
Pero sobre todo son los productores de cereales, hasta ahora considerados como los ricos del mundo agrícola, que padecen la caída de los precios de los cereales. Deberían ver en 2014, una caída de sus ingresos del 40% aproximadamente, hasta los 11.500 euros anuales.
En este triste panorama, solo los viticultores y los productores de leche escapan del desastre.”

Primera constatación, los agricultores a menudo viven mal, con unos ingresos modestos o malos.
Porque se vive mal en Francia con 14.500 euros por año, peor aún con 13.400 euros, pues ¿qué decir de los 11.500 euros, que son menos de 1.000 euros al mes?
Se sabe que los años se siguen y no se parecen entre sí. A menudo es cierto, pero a veces no lo es. A veces, sí que se parecen.
Siempre los hay que escapan mejor, y que son los que sirven de ejemplo de éxito, o incluso de riqueza. Sin embargo, la realidad es la descrita en el artículo de challenge.fr.
La agricultura francesa, y europea en su conjunto está atravesando un periodo muy difícil.
El artículo no habla de las enormes diferencias de precios que existen entre el precio pagado al agricultor, y el precio pagado por el consumidor. El tema sin embargo aparece en los comentarios. ¿Cómo el consumidor, cuya parte del presupuesto dedicada a la comida no para de aumentar, puede entender que el agricultor lo está pasando aun peor? Actualmente, quiero decir durante el invierno 2014-2015, las patatas se pagan 4 céntimos/kg al agricultor, y las naranjas 7 céntimos/kg. Con esos precios, el agricultor no cubre sus gastos y no tiene otra posibilidad que de aumentar su endeudamiento para poder seguir adelante.
Esos mismos productos, pagados a unos precios escandalosamente bajos, se venden en tienda, al consumidor, entre 20 y 40 veces el precio de origen. Es inaceptable.
¿Cómo el sistema ha podido viciarse hasta el punto que los dos únicos eslabones imprescindibles de la cadena, es decir el productor y el consumidor, sean las únicas víctimas? Todos los otros eslabones (empresas de envases, de control, de transporte, actores comerciales, mayoristas, menoristas, grandes superficies) viven correctamente, incluso bien o muy bien.
¿Cómo los gobiernos pueden dejar que se prolongue una situación que perjudica a casi todo el mundo, incluso al propio estado?
Porque cuando baja el poder adquisitivo, la alimentación se convierte en la primera necesidad, y es el conjunto del consumo que se reduce.
Sin contar que un agricultor, con unos ingresos tan bajos, queda condenado a vivir en autarcía, deja de invertir, y dejar de consumir.
Y todos se sorprenden de constatar que la economía de los países industrializados está estancada.

Luego, en delitsdopinion.com, descubrimos que varias encuestas de opinión sobre agricultura se acaban de publicar:
“En un reciente sondeo Harris Interactive para Groupama realizado por el Salón de la Agricultura de Paris, 72% de los franceses indican tener una buena imagen de los agricultores. Pocas actividades pueden enorgullecerse hoy, de una tan buena opinión. Se apoya principalmente en la representación del valor “trabajo” (90% de los franceses estiman que los agricultores trabajan mucho) y del sentido de la dedicación (74% consideran que representan bien este valor) , así como de una combinación de defensa del patrimonio (76% los designan como garantía del patrimonio natural del país) y de modernidad (84% piensan que han sabido integrar las nuevas tecnologías en su actividad). Cerca de los 2/3 de los franceses (64%) llegan a decir que los agricultores deben ser considerados como un ejemplo. Misma tonalidad en un sondeo Odoxa para el periódico Le Parisien que un nivel de “buenas opiniones” del 82%. Los agricultores son considerados útiles (96%9, de valientes (94%), de apasionados (90%) y de simpáticos (73%).
La típica imagen del alimentador, duro trabajando, cultivando el granero de Francia, o criando ganado para llenar nuestros platos, persiste y contribuye a la identidad de nuestro país. Es probablemente el motivo por el que tantos responsables políticos se apresuran en los pasillos del Salón de la Agricultura. Además, el trabajo del agricultor se asocia con un importante sentido del sacrificio: el hecho de no contar las horas, de no coger vacaciones...a menudo con unos ingresos que se consideran no estar a la altura de los esfuerzos hechos. En este marco seria mal venido criticar a los agricultores de los que nuestro país no puede prescindir. Y es bienvenido promover la implicación o una forma de abnegación.”

Está bien, los franceses tienen una opinión muy positiva y virtuosa de los agricultores y de los valores que representan, y así tiene que ser. Mal remunerados, pero útiles (!!!), valientes, y simpáticos.
Seamos orgullosos. Pero, ¿nos sirve de algo?
Porque no todo es bonito.
“En la cuestión de las ayudas, los franceses se muestran bastante ambivalentes. Es cierto que 47% de los franceses describen, en el sondeo de imagen de los agricultores del instituto Ifop para Dimanche Ouest France, los agricultores como “asistidos”, es decir dependientes de las ayudas públicas (+3 puntos con respecto a 2014). Pero esta cifra había alcanzado el 61% en 2006. Y una mayoría quiere que las ayudan se mantengan, o incluso que sean aumentadas. El 76% indican que hay que “seguir ayudando la agricultura para mantener una Francia rural”.
Con respecto a la seguridad sanitaria, 51% de los franceses denuncian en la encuesta Odoxa, una profesión que consideran insuficientemente atenta a este problema. En el estudio Harris Interactive, casi un francés de cada tres estima incluso que la agricultura no es efectiva para reducir los riesgos en materia de seguridad alimentaria para el consumidor (trazabilidad de los productos, labelización…). En el sondeo Ifop, si una mayoría de los franceses considera que puede confiar en los agricultores, esta proporción baja 3 puntos desde 2014, y 13 puntos desde 2003. Además, los franceses solo son este año, el 52% a pensar que los agricultores son respetuosos con su salud, contra 59% en febrero del 2014, y 69% en 2013. Esta clara degradación preocupa.
Y sobre todo, para terminar, en la encuesta Harris Interactive, 61% de los franceses consideran que la agricultura no es efectiva para luchar contra la contaminación de las aguas, del aire y de los suelos. En el sondeo Odoxa, 64% estiman que la agricultura no es suficientemente atenta al medio ambiente, lo que representa una bajada de 5 puntos desde 2014 y de 12 puntos desde 2012. El impacto de la agricultura sobre el medio ambiente constituye un potencial punto de crispación entre los franceses y los agricultores.”

¡Vaya, vaya! En realidad el agricultor es un pobre útil valiente virtuoso simpático contaminador, peligroso y asistido. El retrato avanza, pero se vuelve caricatural. Solo puede uno preguntarse qué clase de ser extraño aparecerá.
Menos mal, el Salón de la Agricultura de Paris ayudara a reconciliar la población con su agricultura. ¿De verdad?

https://img.20mn.fr/SpRXTqi7ThSY13ddw361Yw/830x532_eleveur-vaches-salers-salon-agriculture-paris-fevrier-2011.jpg 

“El Salón capitaliza sobre una imagen simpática y amena, la de un acontecimiento emblemático y mediático. Una imagen surrealista también, a muchas leguas de la agricultura moderna. A pesar de la pequeña visita tradicional del Presidente de la República y del conjunto de la clase política, el Salón persiste en mantener este surrealista desfase entre la visión de una ruralidad que ya es marginal, y de las realidades de un mundo agrícola que ha efectuado un giro tecnológico impresionante.
Está claro que los organizadores no son totalmente inconscientes del hecho. Han justamente elegido el tema de “la agricultura en movimiento” para esta edición 2015, para promover las técnicas científicas modernas utilizadas por la profesión. Pero obviamente la elección del tema solo fue una formalidad rápidamente olvidada. En la página web del Salón, se encuentran, junto con este tema, las rúbricas habituales como son “Me gustan los animales”, “Bar y bodega”, “Productos de la tierra”, “Concurso general agrícola”… Sin contar que, una vez más este año, el espacio reservado a los animales aumenta.
Un Salón que miente a consciencias sobre la realidad de la agricultura moderna.
Una imagen casi fuera del tiempo… Sin embargo, la agricultura ha hecho cambios gigantescos. Y a pesar de lo que dicen sus detractores, no se limita al debate sobre el uso de fertilizantes o el desarrollo de las OGMs. ¿Quién lo dirá, si los propios agricultores no están convencidos, si son tetanizados, acomplejados hasta el punto de esconderse detrás de esta fachada de otros tiempos?
En pocos años, los agricultores han pasado de una agricultura tradicional a una agricultura intensiva y a una agricultura de muy alta precisión. Gracias a sistemas de guiado por satélite, ya no se conduce un tractor como ayer. Gracias a los sistemas de información, no se ordeña una vaca hoy como todavía se hacía en los años 90.
Más decisivo es el uso de modelizaciones matemáticas para optimizar la explotación de un campo, la importancia de la biología molecular, del control integrado de plagas y de la selección vegetal para proteger los ecosistemas de las amenazas, o de la genética moderna para entender mejor la fisiología de un animal, la arquitectura de las redes de riego que hoy permiten cultivar trigo casi en cualquier sitio, hasta en el desierto… ¿Y qué decir de las evoluciones destinadas a ahorrar agua, mejorar el bienestar animal, concebir productos mejor adaptados a la demanda y a las exigencias de la vida moderna? Si, son esas realidades que hay que atreverse valorizar, ya que todos estos aspectos están en el centro de la actividad del agricultor y del ganadero de los países desarrollados.
De hecho, es gracias al control de estos profundos cambios que nuestra producción agrícola se mantiene a la cabeza de la Unión Europea, con el 18%, bastante por delante de Alemania, España e Italia, que se encuentran en unos 12%. Francia es uno de los países que tienen la mejor productividad por cabeza y de rendimientos de cereales del mundo, con Estados Unidos, Australia y Brasil. Nuestro sector agroalimentario sigue siendo competitivo a nivel internacional, con un balance positivo desde los años 70, incluso en los últimos años marcados por la crisis.
Entonces, ¿Cómo explicar que el Salón de la Agricultura no les dé mayor visibilidad a esos avances tecnológicos y a las máquinas innovadoras que han permitido estos resultados? Se haría casi seguro por la mayor alegría de los niños, y probablemente de sus padres, al igual que la suavidad de la lana de una oveja o el sabor de un salchichón regional.”

Entramos aquí en un registro distinto, sin embargo muy estrechamente vinculado con los artículos anteriores.
Parece que existe cierto complejo, una manera de timidez, en el mundo agrícola.
Quizás sea originado por la presión descomunal e injustificada que le pesa encima, combinación casual e insidiosa de:
-una forma aproximada de ecologismo difuso en la población, a menudo inculta sobre agricultura y ciega en cuanto se le hable de medio ambiente,
-el miedo irracional del envenenamiento, fuertemente aprovechada por los lobbies ecologistas, y ampliamente apoyada por las administraciones públicas, cuando el riesgo, nunca ha sido tan bajo desde que el mundo existe,
-cierta torpeza de los organismos agrícolas, no siempre en acuerdo en ellos para hacer frente común en la defensa de “cierta idea de la agricultura”, cada deseando sacar provecho de la situación,
-un populismo evidente de la clase política, para la cual 5.6% del empleo y 3,5% del PIB no siempre pesan mucho en la báscula político-electoral, aunque “tantos responsables políticos se apresuran en los pasillos del Salón de la Agricultura”,
-de la impotencia de los organismos científicos y técnicos agrícolas, a menudo limitados, o por la orientación “políticamente correcta” de sus proyectos, o por unos presupuestos excesivamente reducidos, o incluso sospechados de parcialidad por haber tenido que buscar financiación a través de empresas privadas, para poder mantener su actividad y los empleos que de ella dependen.

“¿Y si los agricultores asumían su actividad con orgullo?
La apuesta es interesante ya que se trata de una formidable aventura científica y humana. Por desgracia, la opinión pública no se da cuenta y sigue desconfiando de la tecnología agrícola, entre controversias éticas sobre los OGMs y las derivas de algunas grandes multinacionales implicadas en la “Revolución Verde”. ¿Pero como culparla si el Salón, que es la única ocasión de celebrar la agricultura en Francia, no cumple con su misión de educación y de información, como lo hace, por ejemplo el Mundial de la Agricultura y de la Ganadería de la SIMA, por desgracia demasiado desconocido?
Tal ambición no es inaccesible. Los responsables del Salón, quizás temen un déficit de público si cambian su estrategia, pero no deberían ser tan tímidos. En Estados Unidos, el Museo de las Ciencias y las Industria de Chicago tiene un notable éxito, precisamente por su capacidad de proponer experiencias concretas y lúdicas a un público familiar, en un universo agrícola revisado, y que presenta las proezas a veces increíbles que nuestros sistemas productivos demuestran diariamente.”

El público podría de esta manera ver la evolución muy real de la agricultura, entender sus metas, constatar que los agricultores ya no son esos contaminadores peligrosos y asistidos que se les presenta frecuentemente.

Es que creo que es muy reductor y contra-productivo mantener, en la mente del público, año tras año, la imagen del agricultor solo como la del campesino a la antigua, en su traje tradicional, con, en los salones, los concursos de ganado y las catas de vinos, quesos y chacinas como principal atractivo.
No digo que hay que eliminarlos, esta imagen simpática, artesanal y tosca participa a una opinión globalmente positiva. Pero, como lo dice el artículo, deberían ser más presentes los numerosos aspectos de gran modernidad y de nuevas tecnologías de los que la agricultura se puede enorgullecer.
La agricultura de precisión es cada vez más una realidad, y también es uno de los principales medios de los que dispone para cumplir con los objetivos productivos y medio ambientales que se le presentan.

No debemos olvidar también que la agricultura es un sector altamente estratégico. Es a la vez
-una moneda de cambio: se intercambian productos industriales contra productos agrícolas con los países con pocos recursos,
-un arma geopolítica: basta con ver lo que está ocurriendo en el conflicto entre Ucrania y Rusia: en protesta contra las medidas de represión, Rusia cerró sus fronteras a los productos alimenticios procedentes de los países apoyando esas medidas. El resultado es una crisis agrícola por exceso de producción,
-una herramienta de control medio ambiental, permitiendo el mantenimiento de numerosos equilibrios naturales, al revés de lo que nos quieren hacer creer. Imaginad solamente las Landas (antigua zona apantanada del sur de Francia) sin agricultura y sin silvicultura. Veríamos el regreso del paludismo, para solo dar un ejemplo,
-una base imprescindible de la industria y el artesanado, por abastecimiento de muy numerosas materias primas (ver al respecto, mi artículo nº30 “¡Están por todas partes!” de septiembre 2014).

Dejar de lado a la agricultura, como parece que la Unión Europea lo quiere hacer, es también, y sobre todo tomar el riesgo de dejar desaparecer el saber hacer y el conocimiento de numerosos agricultores, agrónomos y técnicos agrícolas que, arruinados o cansados de hacer tantos esfuerzos sin resultado, se reciclan, o se van a otros países, muchas veces en desarrollo, que saben valorar sus competencias.

Los agricultores tienen que aprender a hacer conocer su trabajo a consumidores que no tienen ni idea, simplemente, enseñando y explicando la realidad, con el apoyo de organismos oficiales y científicos. La agricultura ha hecho su metamorfosis (ver mi artículo nº2 “metamorfosis” de enero 2014), pero ¿Quién, a parte de los propios agricultores, lo sabe?
Una comunicación dirigida al consumidor solo puede tener efectos positivos sobre su opinión, y por efecto indirecto, sobre el consumo.
La agricultura en su conjunto tiene mucho que ganar, pero aún hace falta encontrar la buena manera de hacerlo.

Tenemos que ser orgullosos de ser agricultores. Seamos orgullosos del trabajo difícil que realizamos a diario para que la población pueda tener a su disposición una alimentación abundante, diversificada y sana.

Un acontecimiento reciente y escandaloso me dio la razón antes de publicar este artículo, será el tema de mi próxima publicación.

dimanche 12 mai 2019

146- las alternativas a los pesticidas -5- El trampeo

LAS ALTERNATIVAS A LOS PESTICIDAS -5- EL TRAMPEO

El uso de trampas es probablemente uno de los métodos de caza más antiguos, ampliamente empleado por los humanos.
El principio es bastante sencillo. Consiste primero en conocer bien a las presas, su ritmo de vida, sus costumbres, su alimentación, sus lugares de paso, sus fuerzas y sus debilidades.
A partir de eso, se colocan trampas, o bien de tal manera que la presa queda irresistiblemente atraída, o bien en su camino habitual de paso.
En todos los casos, el objetivo del trampeo es generalmente la muerte del animal, a veces su captura para llevarlo a otro lugar.

La agricultura moderna ha recuperado esta ancestral técnica para reducir o eliminar los daños de determinados animales dañinos para los cultivos agrícolas.

Foto personal

Cuando se habla de trampeo en agricultura, se piensa en general a conejos y otros roedores como los topillos. Y de hecho se puede emplear esta técnica para reducir sus daños. Algunos modelos de trampas para topillos son por ejemplo comercializados para ser colocados en las galerías, con el fin de sustituir los atrayentes envenenados usualmente utilizados.
Puede parecer cruel. Sin embargo estas trampas modernas son muy efectivas y la muerte del animal es casi instantánea, evitando su sufrimiento mucho mejor que con la mayoría de las trampas artesanales clásicas o con los atrayentes envenenados.

A fin de cuenta, se busca ante todo, con respecto a los vertebrados, mucho más hacer una regulación de las poblaciones que a erradicarlas.
Y el trampeo tiene el mérito de reducir el riesgo de matar a animales que no sean el objetivo, como por ejemplo sus depredadores (rapaces, serpientes o mamíferos carnívoros) por envenenamiento indirecto.

Pero esta técnica se ha principalmente desarrollado en las 3 o 4 últimas décadas con las necesidades de protección de las cosechas contra los ataques de insectos dañinos.

La técnica de trampeo es muy empleada para el monitoreo de las poblaciones de insectos dañinos mediante la captura de individuos en un número limitado de puntos de referencia. Le permite al agricultor evaluar la evolución del riesgo, y en consecuencia de aplicar las medidas previstas en el momento más apropiado.
Esta técnica es muy ampliamente empleada en producción integrada y en agricultura ecológica para situar de la manera la más exacta los insecticidas necesarios a la protección del cultivo.
Los atrayentes empleados son, o feromonas sexuales (de las que te hable en el anterior capítulo http://culturagriculture.blogspot.com/2019/03/145-las-alternativas-los-pesticidas-4.html) que se emplean especialmente para la vigilancia de los lepidópteros, numerosos en numerosos cultivos, o o atrayentes de tipo alimenticio como es el caso para la mosca de la fruta (Ceratitis capitata), o también obstáculos como son las bandas pegajosas para vigilar el inicio de las migraciones de larvas de cochinillas, o placas o bandas de colores (amarillas o azules en general) para la vigilancia de la mosca blanca o del Trips. Tambien existen trampas de color o trampas luminosas para algunos usos, como es el caso de la captura domestica de los mosquitos.


El diseño de la trampa de insectos también tiene una gran importancia en su efectividad, y depende tanto de la plaga objetivo como del atrayente utilizado.
En el caso de las moscas por ejemplo, tiene que entrar pero sin poder salir. El principio utilizado es el de la nasa de pesca, es decir que cuando entra en la trampa, casi le es imposible encontrar el camino inverso.
Se ira jugando con la forma de la trampa, su color, la transparencia o la opacidad de los materiales empleados.
En el caso de la mosca, la atraemos gracias al color amarillo. En su interior, se coloca un atrayente alimenticio cuyo olor la llevara hasta el agujero de entrada, situado en la parte amarilla y opaca. La parte de arriba de la trampa se hace en un material transparente. Una vez dentro, la mosca es atraída por la luz, que es la parte transparente, y no puede encontrar la salida.
El mismo principio se utiliza para capturar las avispas en los jardines.
Una pastilla impregnada de insecticida, sintético o natural según los casos, mata al insecto dentro de la trampa. En algunos casos, es el propio atrayente, liquido, que mata al insecto por ahogamiento. En otros casos, la pastilla de feromonas se coloca en una placa engomada de la que el insecto no puede escapar.


El mismo principio se utiliza en la técnica de la captura masiva, o trampeo masivo, que consiste a emplear trampas del  mismo tipo que para el monitoreo, pero en gran cantidad, con el objetivo de capturar la casi totalidad de los individuos presentes, evitando el uso de insecticidas en contacto directo con el cultivo.
La técnica funciona bien en determinados casos, mal en otros.
En la mayoría de los casos, los daños son producidos por las larvas de los insectos. En consecuencia hay que evitar que los adultos se puedan aparear y se reproduzcan.
La efectividad es generalmente buena si se capturan sobre todo las hembras.
Por lo contrario, si el atrayente captura sobre todos los machos, no se puede evitar que las hembras, fecundadas fuera de la parcela protegida, pongan huevos sobre el cultivo sensible.

Al igual que para la técnica de confusión sexual, el trampeo masivo se basa en un importante y largo trabajo de investigación científica a partir del cual se pueden desarrollar esas técnicas evitando el uso de pesticidas en contacto con el cultivo.
Del mismo modo, el agricultor debe poseer un buen conocimiento de la situación del cultivo y de los riesgos fitosanitarios presentes.

Esas técnicas son muy selectivas et permiten reducir al máximo los efectos colaterales indeseables de la protección de los cultivos.
Están llamadas a un probable gran desarrollo en los próximos años.

Imagen: http://image.made-in-china.com/2f0j00sSWaybQzJVrE/Yellow-Blue-Sticky-Trap.jpg

jeudi 28 mars 2019

145- Las alternativas a los pesticidas -4- La confusión sexual


LAS ALTERNATIVAS A LOS PESTICIDAS -4- LA CONFUSIÓN SEXUAL

Esta denominación puede parecer bárbara o incluso graciosa a los que no saben. Sin embargo se trata de una auténtica revolución en el concepto de protección de los cultivos.

Esta técnica, puesta a punto en los 80, y primero desarrollada en viña y en frutales, ha sido después trabajada para numerosos cultivos.

El principio es peculiar:
Los lepidópteros, y otros varios géneros de artrópodos, el macho y la hembra se encuentran para el apareamiento gracias a señales olfativas sueltas al aire.
En concreto, en el caso de los lepidópteros, las hembras maduras producen una feromona, una sustancia volátil que liberan al aire, y cuyo propósito es permitir al macho encontrarla.


Los machos son dotados de receptores olfativos muy sensibles que les permiten detectar la feromona, y seguirle la pista hasta encontrar su origen.
Cuando los machos encuentran las hembras, el apareamiento se produce, las hembras ponen huevos fecundados de los que nacerán las orugas, sus larvas, que se alimentaran del cultivo provocando daños, hasta que puedan hacer su metamorfosis para convertirse a su vez en adultos reproductores.

La técnica de confusión sexual consiste a difundir en el campo a proteger una gran cantidad de feromonas sexuales del insecto dañino, instalando un gran número de difusores.
Los machos no consiguen seguir una pista olfativa clara. Son incapaces de encontrar a las hembras, la fecundación no tiene lugar y en consecuencia no hay puestas ni larvas que puedan hacer daños a los cultivos.
Se protege el cultivo impidiendo la especie dañina hacer su desarrollo.

En realidad, esta técnica no es perfecta, ya que encuentros casuales se pueden producir.
En consecuencia la especie no se ve amenazada, pero sus daños son insignificantes.
Esos encuentros casuales no presentan ningún riesgo agrícola, excepto en algunos casos de presencia muy excesiva (o invasiva) de la plaga. En esas raras situaciones, puede ser necesario complementar la confusión con uno o varios tratamientos insecticidas, hasta que la regulación de las poblaciones sea suficiente. Es habitualmente bastante rápido.
Uno de los problemas de los monocultivos, es el aumento anormal de determinados problemas fitosanitarios, debido a la concentración de una única especie vegetal, situación que nunca se produce en la naturaleza.
De hecho es por eso, entre otras razones, que la preocupación por el respeto a la biodiversidad ha cogido tal importancia en los últimos años, así como los numerosos esfuerzos realizados en las fincas agrícolas.
La confusión sexual evita la multiplicación anormal de una misma especie.


Sin embargo esta técnica es operativa contra determinados insectos, especialmente lepidópteros, pero quedan muchos contra los que la técnica no ha sido puesta a punto todavía.

La determinación de la composición exacta del “bouquet feromonal” de cada especie es un trabajo de investigación muy largo. Una vez determinado, hay que encontrar la manera de fabricarlo, poner a punto un sistema de difusión operativo (tipo de difusor y densidad por hectárea), luego probarlo para verificar su eficacia, y su ausencia de efectos secundarios.

Los efectos secundarios son habitualmente despreciables ya que cada feromona es específica a una única especie, para que los machos y las hembras se encuentren, sin riesgo de cruzamiento con otras especies.

Tuve la suerte, en los años 80, de participar a los ensayos en frutales de puesta a punto, en el sur de Francia, de la primera técnica de confusión sexual contra la polilla oriental del melocotonero (Cydia molesta), por una sociedad australiana pionera. Te puedo asegurar que funciona.
La manipulación habitual de los difusores hacia que estaba impregnado de feromonas, y estaba seguido por un batallón d machos, evidentemente decepcionados cuando se daban cuenta que ¡solo era un pobre humano!
“¡No soy la que te imaginas!”


Conviene indicar que, si es verdad que esta técnica es una verdadera alternativa al empleo de los pesticidas, a contrario no responde a la voluntad declarada por una parte de la sociedad civil de salir de la química de síntesis.
Es que todos los difusores autorizados y disponibles en el mercado son llenos de feromonas sintéticas, copia de las feromonas naturales (sino no podría funcionar). Se llama biomimetismo. Son producidas en fábricas químicas muy parecidas a todas las fábricas químicas del mundo.
En realidad, con la gran cantidad de feromonas necesarias para que esta técnica funcione, es totalmente imposible realizar su extracción a partir de hembras de criaderos.

Pero esta técnica representa, en mi opinión, una auténtica revolución en la manera de concebir la protección fitosanitaria de los cultivos:
No se trata de matar el insecto, se trata de evitar que su población alcance niveles de presencia que lo conviertan en plaga.
Es muy diferente, y abre la puerta sobre un verdadero cambio de pensamiento.
No hay necesidad de proteger un cultivo que no padece una agresión.
Pero hay que evitar que la agresión se pueda producir.

Este cambio de paradigma abre la perspectiva hacia otras técnicas, más naturales que la confusión sexual, y que buscan conseguir un resultado parecido por otras vías.
Hablaremos de ello más adelante.