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jeudi 24 janvier 2019

142- Las alternativas a los pesticidas -2- El seguimiento del cultivo


LAS ALTERNATIVAS A LOS PESTICIDAS -2- EL SEGUIMIENTO DEL CULTIVO


No se puede realmente clasificar el seguimiento del cultivo entre las alternativas a los pesticidas, pero tome la decisión de convertirlo en el punto de partida de esta serie ya que es el fundamento de la Protección Fitosanitaria Integrada y de la protección fitosanitaria en Agricultura ecológica.
Ninguno de los métodos, técnicas y novedades de los que voy a hablar podrían funcionar correctamente ni ser implantados sin esta fundamental etapa previa.


Cualquier seguimiento (o vigilancia) de los cultivos conlleva la integración de un aspecto pocas veces comentado pero esencial para una agricultura moderna, productiva, respetuosa, sana y sostenible: el conocimiento.
Una agricultura sostenible es una agricultura de ciencia y de conocimiento.
Conocimiento del cultivo primero, su ciclo fisiológico, su adaptación climatológica, sus exigencias agronómicas, sus necesidades nutricionales, sus sensibilidades sanitarias y fisiológicas, su compatibilidad con los cultivos del entorno, etc.
Conocimiento del suelo, que es el soporte vital del cultivo, para tomar en cuenta los factores de sensibilidad potenciales (patógenos, riesgos de nematodos, de asfixia radicular, etc.), y de conocer los aportes nutricionales del suelo al cultivo (incluido los riesgos de deficiencias o de carencias).
Conocimiento de los riesgos adversos, como especialmente los riesgos climáticos, las enfermedades, las plagas.
Conocimiento de los auxiliares para la defensa del cultivo (insectos, hongos y vertebrados depredadores), los que serán útiles para ayudar a resolver los problemas específicos del cultivo.
Conocimiento del entorno de las zonas de cultivo, para saber que ayuda puede aportar (zonas favorables al desarrollo de determinados auxiliares por ejemplo), o que dificultades presenta (la proximidad de zonas iluminadas puede aumentar la presencia de determinados lepidópteros nocturnos dañinos para los cultivos por ejemplo) y lo que el agricultor tendrá que hacer para tomar este entorno en cuenta, sacando el mejor partido posible para su actividad.

Es importante indicar que este nivel de formación y de conocimiento, hoy reconocido como punto de partida imprescindible para cualquier evolución de la producción agrícola hacia practicas virtuosas, es un logro reciente (y no totalmente generalizado todavía) en los países más desarrollados (desde la segunda mitad del siglo XX), y que queda pendiente de avanzar en gran parte del mundo. La agricultura se mantiene, de manera universal, como uno de los sectores más atrasados de la actividad humana y de la economía mundial, en materia de enseñanza, de formación y de desarrollo.

Imagen: Issiaka Konate (ARAF- Plateau Dogon), Mali

Una vez estos conocimiento adquiridos y el cultivo implantado, el agricultor deberá poner en marcha todo un proceso, a menudo complejo, que le permite poner su cultivo en las condiciones más favorables a su desarrollo y a su producción, tanto en calidad como en cantidad.
Uno de los puntos clave será la protección del cultivo contra las plagas y enfermedades.

-       Primero deberá implementar todos los medios disponibles para impedir que los ataques fitosanitarios se produzcan. Es la profilaxis. Se trata de la eliminación de los restos contaminados de cultivos anteriores o colindantes, la poda, la limpieza del entorno, etc.
-       Luego debe poner en marcha los sistemas de observación para detectar los ataques lo más precozmente que pueda. Es la vigilancia. Es la colocación de trampas de monitoreo, de protocolos de observación, de conteos, de registros climatológicos, etc.
-       Pondrá en relación las observaciones y los conteos con niveles de referencia llamados “umbrales de riesgo”, variables según el cultivo, la región de cultivo, el tipo de parasito y la época. De esta manera determinara a partir de qué momento una amenaza presente se convierte en un peligro y presenta un riesgo económico. Es la noción de umbral de intervención.
-       A la vez que observa las poblaciones de plagas, observa la presencia de depredadores de todos tipos. Son insectos, ácaros, hongos o vertebrados (aves, serpientes, carnívoras de pelo) que se alimentan de los diferentes riesgos presentes en los cultivos. Su presencia puede considerablemente reducir, o incluso eliminar la amenaza de una población de plagas. Es el empleo de los organismos auxiliares.
-       Elegirá el método de intervención caso a caso. Empleara pesticidas, naturales o sintéticos, eligiéndolos por su eficacia, sus efectos secundarios y los riesgos para el medioambiente y la salud, cuando ningún otro medio le permitirá resolver el problema. Es la decisión de intervención.

Cada cultivo, cada periodo del ciclo fisiológico, cada tipo de condiciones climáticas, requerirá una respuesta adaptada.

El seguimiento de los niveles de poblaciones de enfermedades e insectos problemáticos para los cultivos y de sus auxiliares, permite decidir la mejor técnica de intervención, si es necesaria, y su momento óptimo.

LA ELECCIÓN DE LOS PRODUCTOS

Cuando empecé mi carrera agrícola, al principio de los años 80, la fitofarmacopea disponible incluía un gran número de moléculas sintéticas muy polivalentes. Se trataba contra un ataque de pulgones, y todo lo que se encontraba presente (dípteros, himenópteros, coleópteros, lepidópteros y otros insectos plagas o útiles) también caía eliminado. El respeto a los equilibrios no se encontraba al orden del día, y de todas formas habría sido muy difícil intentarlo, ya que ninguno de los pesticidas disponibles y autorizados era selectivo.
Progresivamente, productos cada vez más específicos han aparecido, reduciendo la polivalencia, y por consecuencia los riesgos de “limpieza” imprevista.
Sin embargo hay que decir que en el mismo tiempo han aparecido, o vuelto a aparecer algunos problemas, a menudo conocidos ya que descritos en libros antiguos, pero hasta entonces generalmente controlados por la polivalencia de los productos fitosanitarios.

La información al agricultor también ha aumentado mucho.
Hasta los años 90, solo conocía el riesgo para el usuario (e incluso solo en parte), y el plazo antes de la recolección.
Progresivamente, el agricultor ha recibido una información siempre más completa referente a la salud, el medioambiente y las condiciones de empleo.
Con la mejora de las técnicas de medición y la bajada de su coste, se han generalizado los controles de residuos de plaguicidas. Se han establecido normas para cada producto y cada tipo de alimento.
Los productos los más polivalentes han sido casi todos prohibidos.


Aunque es cierto que hasta finales de los 80 era habitual (pero no sistemático) que los agricultores tratasen por calendario, sin preocuparse realmente de la presencia de enfermedades o de plagas, y menos aún de auxiliares, ya no es el caso hoy, por varios motivos:
-       El nivel de formación y de conocimiento de los agricultores ha progresado mucho.
-       La mejora del asesoramiento técnico hacia los agricultores mediante estructuras públicas, privadas o de tipo cooperativo permiten hacer progresar también los agricultores menos formados.
-       La presión social entorno a una agricultura sostenible cuyo impacto sobre la salud y el medioambiente sea minimizada ha verdaderamente explotado en los últimos años.
-       La preocupación sobre el impacto de las prácticas agrícolas también ha progresado mucho entre los propios agricultores.
-       La legislación se endurece cada año un poco más, tanto en las autorizaciones de pesticidas como en las condiciones de empleo, y los controles y sanciones también, al menos en los países ricos.
-       Los supermercados, que controlan la mayor parte de los mercados de consumo en los países industrializados, obligan sus proveedores a seguir y cumplir unos protocolos que todos, hoy por hoy, van muy centrados en los riesgos sanitarios y medioambientales. Los controles son numerosos y las sanciones severas.
-       El coste de la protección fitosanitaria es elevado, e importantes ahorros son posibles (en comparación con un programa de tratamiento sistemático mediante calendario) gracias a una buena gestión.
-       Numerosos pesticidas ecológicos o muy específicos aparecen en el mercado, con exigencias técnicas particulares que exigen condiciones de empleo muy estrictas, pero que permiten al agricultor resultados técnicos sin riesgo de residuos.


De hecho es importante señalar que muchos de los umbrales de daños empleados en los años 80 y 90 se han tenido que revisar por motivo de la evolución de las soluciones disponibles.
Es que cuando un agricultor disponía de productos muy polivalente dotados de un importante efecto de choque, podía esperar que los ataques peligrosos lleguen a niveles relativamente elevados.
En la actualidad es diferente, ya que las soluciones raramente tienen un efecto de choque potente, obligando el agricultor a anticipar.

La filosofía de protección ya no es de “dejar venir y limpiarlo todo”, pero más bien de “evitar que los problemas puedan coger importancia”, lo que les haría muy difíciles de resolver.

Este cambio de paradigma tiene también un impacto muy directo sobre la manera que tiene el agricultor de centrarse en la protección de sus cultivos, ya que sabe que si no ha sabido, o podido, evitar el desarrollo de determinados problemas, las consecuencias económicas podrían ser extremadamente graves.

Total, el seguimiento del cultivo es desde mucho tiempo un punto técnico importante para el agricultor.
Con los numerosos cambios de los últimos años, se ha convertido en un auténtico método de trabajo que ocupa un sitio esencial en la protección del cultivo, y en el éxito del resultado técnico.

Pues sí, si es cierto que el seguimiento del cultivo no es, en sí mismo, una alternativa al empleo de los pesticidas, es sin embargo un factor primordial de éxito del cultivo con un mínimo de intervenciones pesticidas.


mercredi 12 décembre 2018

141- Las alternativas a los pesticidas -1- ¿Porque?


LAS ALTERNATIVAS A LOS PESTICIDAS -1- ¿PORQUE?

Mi anterior artículo me dio la idea de esta nueva serie, muy importante frente a los desafíos que se presentan a la agricultura moderna, en un contexto de exigencia societal para la reducción o incluso la prohibición de los pesticidas de síntesis, y la necesidad de mantener una agricultura muy productiva, pero respetuosa del medio ambiente y de la salud de los consumidores y usuarios.


Me parece interesante examinar las soluciones disponibles para sustituirlos.
Porque no se hará una agricultura suficientemente productiva sin medios de protección fitosanitaria. Aunque es verdad que algunos cultivos, en determinadas condiciones, pueden ser producidos sin ningún pesticida, la gran mayoría de las producciones agrícolas tienen una necesidad imperiosa de medios de control y de pesticidas, sea cual sea su origen, para que la producción sea suficiente, los ingresos del agricultor también, y que la seguridad de los alimentos sea garantizada para el consumidor.

Te recuerdo que estoy radicalmente opuesto a una prohibición total de los pesticidas de síntesis.
Es una estafa intelectual dejar creer a un público no informado, crédulo y manipulado, que la agricultura puede vivir sin pesticida.
También es una estafa intelectual dejar pensar a este mismo público que soluciones no sintéticas existen para sustituir todos los pesticidas sintéticos en todas las situaciones de cultivo.
Es otra vez una estafa intelectual dejar pensar a este mismo público que todo lo que es natural es bueno, y que un pesticida natural es mejor que un pesticida sintético. Lo puedes comprobar en mi serie “Natural vs sintético”.
Y para finalizar es una estafa intelectual dejar creer, como es todavía el caso de una amplia proporción de consumidores, que la agricultura ecológica no emplea pesticidas. Las comunicaciones siempre se hacen con el mismo modelo, donde se indica “sin pesticida” y se manda con un asterisco hacia una nota escrita en letra pequeñita y al final del texto “sintético” o “de síntesis”. 
Para convencerse de esa realidad, hay que observar la progresión europea del mercado de los biopesticidas:

Aunque sea yo seguro de lo que acabo de explicar, también estoy convencido que el movimiento ecologista tiene el gran mérito de obligar la agricultura y sus actividades conexas a cuestionarse, a modificar su mirada sobre su propia actividad, a buscar alternativas a los aspectos más negativos, especialmente referente al impacto sobre el medio ambiente y los riesgos sanitarios.

En consecuencia es muy interesante conocer los métodos alternativos disponibles o en desarrollo. Porque aunque este convencido que una agricultura sin pesticida es imposible, también estoy convencido que es posible reducir mucho su empleo.
Muchos investigadores en el mundo tratan de encontrar soluciones, ya que la supresión de los pesticidas químicos sintéticos tendría graves consecuencias en la productividad de la agricultura, sobre el resurgimiento del hambre en el mundo, e incluso sobre los riesgos sanitarios en nuestra alimentación. Una de las consecuencias sería un probable fuerte aumento del coste de los alimentos, grandes dificultades financieras para los agricultores de las zonas afectadas, y determinados riesgos, difíciles de valuar, de inseguridad alimentaria. En resumen, se puede estimar que la disponibilidad de alimentos sería más difícil de mantener estable.
Queridos lectores de los países ricos, no os preocupéis. Siempre tendréis de comer. Tenéis la suerte, como yo, de vivir en un país solvente, destinación de predilección para la exportación a la que nunca le faltarán alimentos, ya que la gente tiene los medios para pagarlos.
Pero los habitantes de los países en desarrollo podrían sufrir graves penurias alimentarias, más que hoy aun, ya que la exportación de alimentos podría convertirse en fuente esencial de ingresos para los estados y los propietarios.


Los nuevos métodos atraen especialmente la atención de las multinacionales y de algunas startups, bien decididas a aprovechar el gran pastel que se está perfilando, la venta masiva de alimentos a los países ricos.
Y es muy normal.
Hay una real necesidad.
La evolución de las mentalidades, primero en los países desarrollados, y progresivamente también en los países en desarrollo lleva progresivamente la agricultura hacia la producción ecológica, o por lo menos, hacia una producción menos consumidora de pesticidas.

En realidad, no es exactamente esto. Sea cual sea el método de producción empleado, y aunque sea verdad que existen medios para reducir la presión de los ataques de muchas plagas y enfermedades, también es cierto que los cultivos seguirán siendo más o menos sensibles a estos problemas. Con el fin de evitar pérdidas excesivas, el agricultor podrá en marcha todos los medios disponibles para evitar los daños potenciales.

La agricultura ecológica prohíbe todo lo que no es de origen natural (con algunas excepciones), pero sin garantizar la inocuidad de la técnica empleada, ni siquiera los riesgos medioambientales que presenta, como es el caso con el cobre o el aceite de neem, o por la producción de toxinas naturales por deficiencias en el control de las enfermedades fúngicas.


El agricultor convencional ya no tiene, hoy, ningún interés en emplear ciegamente los pesticidas. Son caros, o incluso muy caros y pueden tener efectos secundarios sobre el propio cultivo, como es el caso con los piretroides sobre los ácaros, que favorecen el desarrollo de otros problemas fitosanitarios que a su vez necesitaran el empleo de más pesticidas.

Las dos grandes orientaciones de la producción, ecológica o convencional, se juntan pues en el fondo del problema: cualquier intervención en el campo tiene efectos secundarios y consecuencias indeseables.
Nada nunca es anodino, que se use una técnica respetuosa o un pesticida natural, o que se use un pesticida sintético.

Le tema de esta nueva serie es precisamente de estudiar las técnicas y los métodos disponibles para evitar el empleo de pesticidas, especialmente los sintéticos.
En determinados cultivos, las alternativas no sintéticas no permiten, en la actualidad, asegurar una producción suficiente.
Pero llegara el momento, no sé ni cuando no como, pero llegara.

Mientras tanto, cualquier prohibición no correctamente preparada por la existencia previa de una solución de sustitución confirmada, tendrá graves consecuencias sobre la alimentación.
La probable próxima prohibición del glifosato podría convertirse en un auténtico desastre, especialmente para métodos de producción respetuosos como la agricultura de conservación, con finalmente un resultado exactamente inverso al perseguido.
La prohibición de los neonicotinoides, cuyos efectos sobre las abejas son controvertidos, también tendrá graves consecuencias sobre determinados cultivos.


Sería preferible determinar prioridades, sin prejuicios, sin ideología, siguiendo criterios científicos indiscutibles, y favorecer la investigación de soluciones para resolver dichas prioridades.

Numerosos estudios están en marcha o ya han terminado. Los presentaré en varios capítulos de esta serie, y publicaré después un nuevo artículo cada vez que una innovación interesante aparecerá.

En los próximos capítulos de esta serie, hablare de la evolución de los conocimientos sobre plagas y enfermedades, así como del comportamiento de las plantas frente a esas agresiones, de los pesticidas de origen natural, de los organismos vivos que permiten reducir o evitar el uso de pesticidas, de la influencia que puede tener el agricultor sobre la capacidad de autodefensa de las plantas, del uso de feromonas, de la influencia de la biodiversidad sobre los riesgos parasitarios, de la investigación genética, etc.

Hasta pronto pues.

dimanche 27 mai 2018

131- Agroecología -8- Un mundo sin petróleo

AGROECOLOGÍA – UN MUNDO SIN PETROLEO

Hace cerca de 50 años, desde la época de la primera crisis del petróleo de 1973, que se nos repite una y otra vez que las reservas de petróleo se agotaran en unos 50 años. En 1972, mientras esta grave crisis se iba perfilando desde un año, el Club de Roma, con la ayuda de un grupo de investigadores del MIT, había incluso previsto un agotamiento de las reservas petroleras unos 20 años más tarde, en la publicación “The limits of growth” (Los límites del crecimiento) https://www.clubofrome.org/report/the-limits-to-growth/.
Llegará el momento, sin lugar a dudas, aunque nadie sea capaz de predecir seriamente cuando se producirá. Sin embargo, no hay que ser adivino para entender que un recurso minero que se extrae y se consume a este ritmo, tiene obviamente una esperanza de vida corta.
Es lo que se producirá al final de la era del petróleo que me interesa hoy.


El petróleo es la base de una increíble y muy diversificada actividad industrial y económica, la química, la farmacia, la agroquímica, el textil, los plásticos, los pegamentos, las pinturas, los transportes, los lubricantes, los carburantes y todos sus productos derivados como la parafina por ejemplo. Esta inmensa actividad se parará entonces, al menos en su forma actual. El petróleo es hoy por hoy la materia prima principal del conjunto de la actividad humana.
Frente a este sitio primordial, una enorme actividad de investigación se ha puesto en marcha, desde varias décadas, con el fin de encontrar materias primas de sustitución para todas esas actividades y producciones.
De hecho, el muy fértil genio humano ya ha encontrado soluciones de sustitución para muchas cosas. A menudo es el precio, la resistencia o la dificultad de aprovisionamiento que hace compleja su generalización, como se observa por ejemplo para los plásticos agrícolas de origen vegetal. A esas dificultades técnicas o económicas, se suma la resistencia de las industrias actuales que, a veces, frenan tanto como pueden algunas soluciones susceptibles de crear une nueva competencia.
Sustituir una materia prima tan polivalente y económica no es fácil, en un modelo económico e industrial hecho por y para el petróleo desde 150 años, cuya adaptación es compleja.

Para hacer las cosas sencillas, se puede decir que los sustitutos del petróleo son el aceite, la celulosa y las fibras. Esos tres elementos esenciales destinados a tomar el sitio del petróleo proceden todos de la producción vegetal y animal.


El futuro de la humanidad pues, pasa por la agricultura. No es un secreto para nadie cuando hablamos de alimentos. Pero es probable que poca gente sea consciente de esto en los que se refiere a la industria química, el textil, los plásticos, muchos materiales modernos o para los carburantes.
Total, el porvenir de las actividades humanas depende de la agricultura.


El fin del petróleo perturbará profundamente el equilibrio geopolítico del planeta, y los países poderosos serán entonces los que habrán sabido sus capacidades productivas en agricultura, sea mediante la preservación de las superficies agrícolas, la conservación de la fertilidad de los suelos, o la cantidad y la calidad de los recursos de agua dulce disponibles para la agricultura.

Es cuando la agroecología entra en el juego, no por las ideologías que se le relacionan, pero por su desarrollo por decisión política, y sobre todo por su práctica diría por los agricultores, y en la diversidad de sus múltiples facetas.
Grandes países productores de cereales como Ucrania, ¿seguirán siendo capaces de producir lo mismo sin una evolución hacia prácticas que conserven mejor los recursos?
El frecuente rechazo actual de creación de nuevos embalses por motivos ecológicos o políticos, ¿no se convertirá en un grave problema agroecológico?


Los países tienen que desarrollar su potencial agrícola con una visión a largo plazo, en la base de una agricultura de conservación, capaz de producir mucho preservando los recursos fundamentales que son la biodiversidad, el suelo y el agua.

La agricultura industrial no es un mal como tal. Producir a gran escala tiene sus ventajas en términos de calidad de las estructuras, de cumplimiento de los protocolos y de las normas, y de poder de inversión, así como de puesta a disposición de los productos. Pero debe ser claramente enmarcada y controlada con el fin de evitar sus riesgos de derivas sociales y medioambientales.

La agricultura ecológica, en sus actuales formas, no tendrá, en mi opinión, la posibilidad de cubrir todas las necesidades de la humanidad en la perspectiva de la desaparición de la actual principal materia prima.
La actual puesta por delante como un modelo a seguir y cómo vía de futuro de la humanidad de la permacultura, procede más de la necesidad de serenarse de una clase social intelectual, más bien pudiente y urbana, ampliamente desconectada de las realidades, que de una visión clarividente de las necesidades reales de la humanidad y del planeta.
Alimentar el mundo es una cosa, proveerlo a la vez de alimentos, de energía y de materia primas, es otra cosa.

La vía razonable de futuro si sitúa en el término medio, como a menudo es el caso. Y en el caso de la agricultura, el término medio se sitúa en una producción intensiva, pero respetuosa con el medioambiente y el consumidor, que no rechaza la química de síntesis por puro dogmatismo, pero elige todas sus prácticas productivas por su combinación de ventajas técnicas y agronómicas por una parte, y sus mínimos efectos sobre el medioambiente y la salud y el ahorro de recursos por otra parte.

Imagen personal 

Esta agricultura ya existe. Evoluciona de manera permanente, mejora día tras día, pero no tiene verdadero reconocimiento político y social porque no rechaza la química de síntesis. Se llama agricultura de conservación para los cultivos anuales de cereales y cultivos industriales, y agricultura integrada para los cultivos perennes y las hortalizas. Pero no es considerada como políticamente correcta, y se encuentra situada por la sociedad civil al mismo nivel que la agricultura industrial o incluso que el productivismo agrícola heredado de la Revolución Verde, tal como se practicaba en los años 60.
Sin embargo no tiene nada que ver, y se asemeja mucho más a la agricultura ecológica que a la agricultura industrial.
Los guardianes de este dogma son especialmente las grandes ONGs medioambientalistas con el apoyo, declarado o no, de numerosas personalidades de la política, del espectáculo, de la cocina y del periodismo, y rechazan lo que consideran una perversión.
“Es difícil aceptar la verdad cuando las mentiras son exactamente lo que quieres escuchar.” (Frase de origen desconocido encontrada en la web).

La agricultura ecológica conserva su sitio en este panorama agrícola del era post-petróleo, para servir un público exigente, más bien pudiente, y preferentemente urbano. También sigue siendo una importante fuente de evolución y de investigación de soluciones nuevas. El hecho de no poder recurrir a determinadas soluciones obliga a inventar, a imaginar. La agricultura ecológica, bajo todas sus formas, es un excelente laboratorio de progreso.

Pero la agroecología es a la vez una decisión de agricultor y una orientación política.
Los países que están interesados en su desarrollo, o que ya han decidido usarla como objetivo socioeconómico, deben saber tomar decisiones progresivas.
Nadie puede olvidar que la agricultura no es una persona.

La agricultura es un conjunto de personas, de empresas y de actividades interdependientes, a menudo frágiles, que es conveniente hacer evolucionar de manera progresiva y con el acompañamiento necesario para no debilitarlas más.

Los países que sabrán preparar adecuadamente la era post-petróleo tienen un brillante futuro por delante.

Aún hace falta poder llegar a ese crucial momento con una agricultura en buen estado, capaz de responder a esos nuevos retos.

Imagen: https://image.freepik.com/photos-libre/paysage-rural-en-ete-la-rioja_1398-4757.jpg

samedi 21 avril 2018

128 - Agroecología -7- Agricultura, siempre más verde


AGROECOLOGÍA - AGRICULTURA, SIEMPRE MÁS VERDE


Aunque el gran público, gracias a una amplia exageración de los medios, piensa lo contrario, el acercamiento de la agricultura convencional y de la agricultura ecológica es evidente para quien se interesa verdaderamente por esa cuestión.

Imagen personal

Después de la Segunda Guerra Mundial, la agricultura occidental abusó de la química de síntesis, arrastrando consigo muchos países en desarrollo. No se trataba de una voluntad deliberada de los agricultores, pero más bien un acondicionamiento, y de una fuerte voluntad política. Era la época de la Revolución Verde, llena de buenas intenciones y de conceptos muy básicos y a veces equivocados.
La agricultura era uno de los grandes motores del desarrollo económico. El productivismo estaba al orden de día. Había que alimentar a una población hambrienta de confort y de buena comida después de años de privación. También hacía falta divisas, y en consecuencia exportar, y la agricultura era uno de los ejes más evidentes.
Las necesidades de alimentos y de divisas eran enormes, al igual que también lo era el desconocimiento de los riesgos, al menos a nivel de los usuarios (era la época de todo poderoso DDT, presente hasta en los insecticidas domésticos y en los champús anti-piojos para niños, con el beneplácito de la administración sanitaria). A eso hay que añadir que el nivel de formación de los agricultores era generalmente muy bajo.


Progresivamente, la investigación hizo, y de buena manera, su trabajo, con numerosos descubrimientos, entendiendo cada vez mejor el funcionamiento de los animales, de las plantas, de los suelos, así como de los ecosistemas, y divulgando poco a poco esos nuevos conocimientos.
Total, el progreso estaba en marcha.

En paralelo a esos avances agronómicos, las tecnologías progresaban a un ritmo aún más rápido.  En la época del DDT, no se procedía a analizar los residuos de plaguicidas en los alimentos. Esas técnicas se desarrollaron en los 70s, con los progresos de la electrónica, y de la química. Y el DDT se prohibió a principio de los 70s.
Los primeros equipos de análisis de residuos eran capaces de medir la presencia de una molécula en niveles de 1 mg/kg (1 ppm), o sea 1 gramo de molécula química en 1.000 kilos de alimento.
Algunos productos podían tener plazos de uso antes de recolección de 0 día. Dicho de otra manera, era posible hacer un tratamiento químico, y cosechar la fruta el mismo día. Y con todo eso, los análisis daban ausencia de residuo.
En la actualidad, esos mismo equipos de medición pueden determinar la presencia de una molécula en niveles de 0,001 mg/kg (1 ppb), o sea 1 gramo de molécula química en 1 millón de kilos de alimento, es decir un nivel de precisión 1.000 veces más elevado.
Esas evoluciones técnicas han permitido detectar aberraciones en los usos autorizados, y de manera más general, en las legislaciones.
Todas las legislaciones que afectan a las autorizaciones y los usos de plaguicidas químicos han sido modificadas adecuadamente.


En el mismo tiempo, la medicina, también ha progresado mucho, y ha permitido darse cuenta que algunas prácticas o determinados productos, considerados como inocuos, no lo eran tanto. Es otra fuente de modificaciones en los usos.

También las investigaciones realizadas sobre el medio ambiente, y sobre el impacto de esas mismas prácticas, han permitido medir sus efectos positivos, y sobre todo negativos.

Siguiendo la misma época, la enseñanza agrícola ha progresado enormemente, y el nivel de formación de los agricultores es ahora bueno, al menos en los países industrializados. Con esta formación, vino la reflexión, el razonamiento, la integración de la actividad agrícola en su entorno.

Para terminar, los progresos tecnológicos también han afectados, y de manera muy directa la información, dando acceso a todos los actores de la sociedad, a una inmensa fuente de información.
Por desgracia Internet, verdadera revolución en materia de disponibilidad de informaciones, también se ha convertido en una enorme tribuna en la que cualquiera puede decir cualquier cosa, sin aportar prueba ninguna de lo que afirma, y alcanzando una gran audiencia.

Todos esos progresos realizados en paralelo, pero sin concertación los unos con los otros, han llevado a numerosos cambios en las legislaciones, en las preocupaciones, en los comportamientos.

Sin embargo, a pesar de todos los problemas detectados a posteriori gracias a las evoluciones tecnológicas y científicas, a pesar de la toxicidad verificada de algunos productos de uso común, la esperanza de vida no ha parado de progresar en los países industrializados. La calidad y la diversidad de los alimentos aportaban más que los problemas ocasionados.
Esto no quiere decir que había que no hacer nada, todo lo contrario. Pero hay que relativizar la gravedad de determinados problemas.
También hay que recordar, especialmente en lo que se refiere a contaminación de aguas subterráneas y suelos, que seguimos pagando, hoy todavía, las consecuencias de determinados errores de hace varias décadas. Seguimos encontrando, en algunos suelos, residuos del DDT, más de 40 años después de su prohibición, pero descompuesto en forma de DDE. Harán faltan varias décadas más para que desaparezca del todo.
Es por eso que las evaluaciones actuales son tan estrictas, especialmente referente a la degradación de la moléculas nuevas en los suelos y en el agua.


Para volver al tema del día, todos esos cambios han tenido una serie de consecuencias importantes sobre la agricultura:
-       Los agricultores en la actualidad están bien formados, y se preocupan por su salud, la de los consumidores y por el medio ambiente.
-       Los movimientos ecologistas se han desarrollado de manera importante y, por sus acciones a menudo criticables, han tenido un papel primordial en esta toma de conciencia, ahora generalizada a toda la sociedad.
-       Los gobiernos han tomado la medida de la problemática y han hecho leyes, tanto sobre las autorizaciones de los productos químicos como sobre el control de su uso.
-       El número de moléculas autorizadas ha sido drásticamente reducido, con la eliminación de todos los productos los más peligrosos, y los niveles de residuos autorizados han sido fuertemente revisados a la baja. Actualmente, la legislación europea es la más restrictiva del mundo, con diferencia.
-       Las empresas químicas han radicalmente cambiado sus orientaciones de investigación, para poder responder a esas evoluciones, con el resultado de aparición de productos cada vez más respetuosos con el medio ambiente, el usuario y el consumidor. Hasta las principales empresas mundiales de química, se han lanzado en la investigación de productos ecológicos.
-       La mayoría de los agricultores convencionales integran actualmente en sus métodos y técnicas de producción, elementos, cada vez más numerosos, compatibles con la agricultura ecológica.
-       Sin embargo, algunos puntos no se han solucionado todavía, especialmente en las mediciones del impacto real de los plaguicidas no químicos, autorizados en agricultura ecológica, sobre el medio ambiente, sobre el usuario y sobre el consumidor. Es donde la presión mediática hace mal su trabajo.


En realidad, si miramos de cerca, nos damos cuenta que la agricultura convencional ha seguido una fuerte evolución hacia una producción integrada para los cultivos leñosos (frutales, viña, olivo, cítricos, etc.) y para numerosos cultivos anuales como las hortalizas. Para otros cultivos (cereales, algodón, cultivos forrajeros, etc.), la agricultura de conservación va en la misma dirección. Esos dos métodos y sus variantes han incorporado a las prácticas de cultivo, numerosas técnicas más respetuosas con el medioambiente, han reducido el empleo de plaguicidas y de abonos, las dosis y momentos de aplicación han mejorado mucho gracias a los conocimientos adquiridos sobre biología de los cultivos, de los suelos y del medioambiente. Ver por ejemplo http://culturagriculture.blogspot.com.es/2014/11/32-metodos-de-produccion-4-produccion.html)

En el mismo periodo, la agricultura ecológica también ha evolucionado, especialmente gracias a la llegada de nuevas soluciones a los problemas sanitarios y nutricionales de los cultivos. Hay que reconocer que las investigaciones, privadas o públicas sobre las técnicas de protección fitosanitaria y los plaguicidas no químicos son numerosas.

La protección de los cultivos sigue siendo un reto esencial para el agricultor, sea cual sea el método de producción. Es que la rentabilidad del cultivo es la principal preocupación del agricultor que es, ante todo, un empresario cuya actividad no solo debe ser rentable, sino que además tienen que generar unos ingresos suficientes para el mismo, a fin de permitirle vivir dignamente con su familia.

Imagen personal

En realidad el acercamiento de esas dos grandes corrientes es rápido, e inevitable. No creo que se llegue a una fusión, ya que la agricultura ecológica rechaza algunas orientaciones, como las biotecnologías, aunque sean probablemente la vía más directa y rápida hacia una desaparición de la necesidad de uso de plaguicidas, sean químicos, o no químicos.

La producción ecológica está tiende a quedarse estancada en la evolución de sus técnicas (excepto en la protección fitosanitaria), conserva numerosas zonas de opacidad (sobre todo en su comunicación), y sobrevive con numerosos problemas actualmente sin solución, gracias a la autorización de uso de algunos plaguicidas sintéticos, en condiciones controladas. Las ayudas públicas, claramente más elevadas en ecológico que en convencional, participan en su desarrollo. Pero se industrializa por necesidad, para poder responder a la demanda de un mercado cada vez más dominado por los supermercados.
La producción convencional se está reformando en profundidad, se hace cada día más respetuosa con el medio ambiente, los suelos, los acuíferos, y también con los consumidores. Total, se está haciendo cada vez más verde.
El consumidor, tan cortejado por todo el mundo, y ampliamente  intoxicado por una desinformación políticamente correcta y cuidadosamente orquestada, terminara perdido. Algunas señas muestran que le cuesta cada vez más ver la diferencia.

Y no es del gusto de todos.
Porque ¿quién, entre los numerosos aprovechados del ecológico, desean de verdad que la agricultura ecológica coja una gran amplitud? ¿Quién desea este acercamiento y la casi-desaparición de las diferencias?
Sería la muerte de la gallina de los huevos de oro.
¿No podría ser esto uno de los principales motivos de los ataques cada vez más numerosos y cada vez más virulentos en contra de la agricultura convencional?
¿Quién sabe?

Es una visión a corto plazo, pero mientras tanto, los beneficios acumulados serán aún mejores, tanto económicamente, como políticamente hablando.

Si los intereses particulares y políticos no tomasen la prioridad sobre el interés público, deberíamos en realidad, asistir a una colaboración entre las dos tendencias. No obstante, la realidad es que asistimos a un enfrentamiento.

¿Quién se beneficia del crimen, por así decirlo?
Lo cierto es que no es ni el agricultor, ni el consumidor.


vendredi 13 avril 2018

114- Agricultura del mundo - El País Dogón

AGRICULTURA DEL MUNDO – EL PAÍS DOGÓN
  


Por alguna parte de África occidental, en Mali, en el río Níger y la frontera con Burkina Faso, existe una región con clima Sahelian, donde la vida es difícil. Sin embargo, ahí se encuentra un pueblo con una cultura, un arte y un artesanado tan ricos, que numerosos coleccionistas occidentales lo conocen, a menudo sin haber nunca pisado el país.

Imagen: http://www.pedagogie.ac-nantes.fr/servlet/com.univ.collaboratif.utils.LectureFichiergw?ID_FICHIER=1302900519082&ID_FICHE=1317055908671

También es una de las regiones del mundo donde conviven en perfecta harmonía, personas de religiones distintas. El islam es la religión más representada, pero también hay muchas personas cristianas y animistas. Esta mezcla religiosa está presente en las ciudades, en los pueblos, e incluso a veces dentro de la misma familia.
Se trata del País Dogón.

En esta región, la vida es dura. El acceso al agua es una de las claves de la supervivencia.
La vida social se organiza entorno a los hombres, pastores, cazadores, cogedores, guardianes de la palabra y de la tradición, y de las mujeres, agricultoras, madres de familia, amas de casa, responsables del agua y de la educación de los niños, y a veces vendedoras de los pobres excedentes de producción o de los productos de su propio artesanado.


La agricultura está hecha de parcelas muy pequeñas fraccionadas y separadas por pequeños senderos de tierra. El trabajo, lo hacen las mujeres, manualmente, ayudadas por los niños si son lo bastante grandes.
El riego, si es necesario, requiere grandes esfuerzos ya que primero hay que ir a por el agua, antes de usarla para regar. Solo es posible si los puntos de agua son lo suficientemente cerca.
Es una agricultura rudimentaria, de supervivencia, de la que solo una muy pequeña parte puede ser vendida para generar ingresos. La mayor parte va directamente a la alimentación de la familia.
Una asociación local, creada en 2005 por personas Dogón preocupadas por el porvenir de su pueblo, se ocupa de montar proyectos destinados a mejorar sus condiciones de vida, mediante la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres Dogón. Son el pilar de este pueblo tan simpático.


ARAF-Plateau Dogon (Acción para el Fomento de las Actividades Femeninas en País Dogón) federa 80 grupos de 25 a 40 mujeres cada uno, con el fin de aportar un apoyo que va desde la educación, la formación, el apoyo técnico, la entrega de herramientas básicas para el trabajo de campo, y el montaje de proyectos locales (uno de los proyectos en marcha es la creación de un taller de transformación de aceite de karité en mantequilla para su venta para su uso en cosmética).
Entre las acciones permanentes está la formación a las técnicas de agroecología. Especialmente, uno de los objetivos es de favorecer la modernización de la agricultura, y por consecuencia la mejora de los ingresos de las familias Dogon, gracias a la venta de sus excedentes de producción. Pero la falta de formación, la falta de equipos y la falta de medios forman parte de los motivos para una orientación hacia la agricultura ecológica.


Es imprescindible modernizar la agricultura con métodos y técnicas que permitan mejorar la capacidad productiva, sin por eso crear una dependencia a insumos y a máquinas y aperos, fuentes de inversiones que, al día de hoy, ni son posibles, si son prioritarias.
La agricultura Dogon debe mantenerse autónoma ya que las inversiones necesarias, numerosas, deben ser reservadas a obras de infraestructura de primera necesidad.
La voluntad de ARAF es de mejorar la capacidad productiva de la agricultura del País Dogon, pero con una mínima inversión, en la medida en la que la primera inversión necesaria es la creación de una red de acceso al agua que permita a sus habitantes mejorar su autonomía, ganar en higiene, y sobre todo dejar de dedicar la mitad de su tiempo (mujeres y niños sobre todo) al transporte de agua.


Y el acceso al agua es probablemente un proyecto a largo plazo, pero ¡tan importante!
El clima Sahelian incluye una época de lluvias, en concreto de junio a septiembre, durante los que llueve de manera abundante, lo que permite la reconstitución de las reservas del suelo, y otorga algunos cultivos adaptados a este clima.
Se puede imaginar la creación de una red de canales para llevar el agua del río Níger hacia las zonas aisladas. Pero sería una obra faraónica, larga y extremadamente costosa.
Sin embargo, la creación de balsas y de pozos, operaciones mucho más accesibles y exigiendo presupuestos más livianos, favorecería una agricultura más permanente, una gran mejora en la seguridad alimentaria, e ingresos permitiendo un desarrollo claramente más importante. De paso, permitiría un acceso a temas tan evidentes para los occidentales como servicios de salud o de higiene, y por ahí mismo, una clara mejora de las condiciones de vida del pueblo Dogon.


Hace unos meses, por mediación de las redes sociales, fui solicitado por el presidente de ARAF, Issiaka Konaté, para participar en un trabajo humanitario, mediante una ayuda a la implantación de técnicas de agroecología. No tengo “vocación” para eso, y de hecho no lo he hecho nunca. Mi vida está organizada en torno a mi trabajo, que requiere mucha dedicación, como lo saben muy bien todos los agricultores, mi familia a la que debo un mínimo de apoyo y presencia, y mis actividades varias, como es el caso de este blog.

Hemos intercambiado mucho con Issiaka. Fue el que me conto la vida del pueblo Dogón, y las dificultades de esta vida, los numerosos proyectos que siempre bloquean por un problema recurrente de financiación.

El turismo representaba una importante fuente de ingresos. Pero desde el 2012 y los ataques del terrorismo yihadista, esta fuente desapareció, bloqueando o retrasando muchos proyectos.


Me di rápidamente cuenta que la situación política y económica de Mali, así como los ataques yihadistas en la región complican mucho las acciones occidentales y las intervenciones de las ONGs.
Al no poder intervenir directamente, decidí aportar una piedrecita a este frágil edificio.

Entonces le propuse a Issiaka un texto, ilustrado con numerosas fotos, para explicar la situación, y para pedir a los lectores una ayuda económica. http://www.calameo.com/read/001473813fa1dcc88ddda
El director de una ONG francesa, Gérard Cinquin de DNPLS (Del Norte Para el Sur) que actúa en África, nos ayudó por su experiencia, sus buenos consejos y por el trabajo de presentación, y también, y sobre todo, por la puesta a disposición de su plataforma de recogida de donaciones.


Más adelante, por mediación de mi red de contactos y de amigos, he podido iniciar el trabajo de un proyecto de colaboración con una ONG española, Madre Coraje, que dedica gran parte de su actividad a la recuperación de ropa y objetos usados, para mandarlos, en España o en otros países del mundo, a comunidades en situación de inseguridad que pueden, o usarlos para sus propias necesidades, o convertirlos en una fuente de ingresos mediante su reventa.
Y es precisamente por ahí que hemos lanzado este proyecto: importar en Mali ropa usada, para que la clasificación y la venta generen, por una parte unos puestos de trabajo y los correspondientes ingresos para determinadas familias, y sobre todo ingresos para financiar proyectos educativos y de desarrollo. Pues dicho así parece sencillo cuando los contactos están establecidos.
A partir de esta idea, todo se complica. El proyecto avanza, pero ha sido necesario establecer varias cosas, y realizar inversiones que, de momento, ponen en desequilibrio el presupuesto de ARAF.
Ha hecho falta crear una sociedad con posibilidad de importar, hacer negocio, y generar beneficios, para revertirlos íntegramente a la asociación ARAF (sin ánimo de lucro).


Ha hecho falta encontrar transportistas, y resolver el problema del tránsito desde Senegal (Mali no tiene acceso al mar con lo que hay que pasar por el puerto de Dakar).
Hay que preparar los centros de clasificación y establecer una red encargada de la reventa de la ropa, así como la logística necesaria a su repartición.
Una gran parte de los costes ya ha sido asumida por la propia asociación, por sus miembros y por algunos benefactores.
El proyecto abre un gran abanico de posibilidades, pero de momento, exige encontrar el complemento financiero que le permitirá a ARAF autofinanciarse, y financiar su proyectos.
Este complemento es muy razonable, visto desde Europa, ya que es de menos de 7.000 € (6.852 € para ser exacto o 8.200 US$), pero visto desde Mali, es difícil de encontrar, sea en forma de préstamo o en forma de donaciones. El sistema bancario malí no permite que este tipo de proyecto prospere.


Como lo podéis ver, la agricultura del País Dogón necesita numerosas inversiones, de bajo coste en su mayoría, ya que los proyectos son realizados por las propias personas. Pero del desarrollo de esta agricultura depende el desarrollo de este pueblo.
Pero este desarrollo, para ser sostenible y duradero, debe ser capaz de ser autónomo, y por consecuencia de autofinanciación. Es la meta principal del proyecto con Madre Coraje.
A partir de ahí todo quedara en mano de los propios Dogon, y es lo más importante.

El objetivo de este blog no es este, pero por una vez, necesito tu ayuda para poder concretar este proyecto. Si deseas participar, puede hacer una donación por la plataforma en línea de DNPLS, indicando ARAF DOGON.

Tu participación también puede limitarse a difundir ampliamente este artículo. Cuantas más personas sensibilizadas, más posibilidades tendremos de resolver este pequeño, pero muy serio problema.

Y piensa que un like es muy bien, pero no difunde. Compartir es mucho mejor.


Gracias por el País Dogón.

Fotos enviadas por Issiaka Konaté