samedi 30 juin 2018

134- La percepción del riesgo

LA PERCEPCIÓN DEL RIESGO

Un interesante artículo publicado en mayo en el blog español “El ecologista transgénico” nos informa sobre la percepción del riesgo por el público, y nos advierte sobre la enorme presión mediática que soportamos diariamente, con la percepción a veces errónea que podemos coger de determinados temas.


Este artículo me interesa mucho ya que la agricultura, y especialmente los plaguicidas, forman parte de los temas más afectados por este problema, muy a menudo de manera injustificada.


“La percepción del riesgo: un asunto peligroso
12 mayo, 2018

Los errores en la percepción del riesgo son la base de muchos problemas en la comunicación de la ciencia, por lo tanto voy a dedicar la entrada a este tema, intentando aclarar conceptos mediante unos cuantos ejemplos. Porque, cada día, en nuestra vida diaria, tenemos que tomar un sinfín de decisiones que son ejercicios de balance entre beneficios y riesgos, unas inconscientes otras más razonadas. Por desgracia los humanos no somos muy buenos a la hora de evaluar estos riesgos. Esto complica nuestra capacidad para tomar decisiones coherentes, desde decisiones médicas, más o menos importantes, hasta qué alimentos nos llevamos a la boca.


De hecho, la evidencia es clara, no podemos evitar cometer esos errores. Nuestra aparente irracionalidad en este tema es fruto de procesos innatos que operan fuera de nuestro control consciente. Se han identificado una serie de “factores de miedo” emocionales que hacen que algunas amenazas potenciales produzcan más temor que otras, sin importar lo que la evidencia pueda decir:
-       Los riesgos creados por el hombre nos asustan más que los naturales, por lo que es más probable que tememos los transgénicos, la radiación de plantas nucleares y químicos industriales que los riesgos “naturales” como leche no pasteurizada, medicinas naturales o radiación cancerígena del sol.
-       Nos preocupamos más por los riesgos que no podemos controlar y tendemos a pasar por alto los riesgos que podemos controlar, por ejemplo, sobreestimamos es riego del glifosato (u otros fitosanitarios) pero subestimamos el riesgo de no comer suficiente fruta o verdura o del sedentarismo.
-       Los riesgos impuestos nos atemorizan más que aquellos que tomamos voluntariamente. Por ello, la percepción del riesgo es mayor en el caso de la radiación de las centrales nucleares que con la radiación del sol, a la que nos exponemos voluntariamente.
-       Somos malos evaluando los riesgos y beneficios a largo plazo; tenemos una tendencia innata a centrarnos en el corto plazo. Por ejemplo, cuando desaparecen enfermedades como el sarampión o las paperas, los beneficios de las vacunas que los vencieron ya no son obvios y pueden llegar a ponerse en entredicho.
-       A menudo olvidamos considerar el riesgo de no hacer nada o de la alternativa.

Estos atajos mentales y nuestro deseo de respuestas simples sobre la causalidad, el riesgo y el beneficio conducen a algunos errores comunes en la forma en actuamos en nuestras propias vidas.


Peligro y riesgo

Peligro y riesgo son dos conceptos diferentes pero relacionados.

Un peligro es un agente que tiene el potencial de causar daño.
El riesgo mide la probabilidad de daño por un peligro.


Los peligros solo se convierten en riesgos cuando hay exposición. Ejemplo: la radiación solar es un peligro. Pero si nunca me expongo (o me protejo) a la radiación, no me enfrentaré al riesgo de quemaduras o melanomas, aunque el peligro ahí está. A pesar de esta diferencia, tendemos a considerar todos los peligros como riesgos, independientemente de nuestro nivel de exposición.

Esto es muy visible en la clasificación de carcinógenos de la International Agency on Cancer Research (IARC http://monographs.iarc.fr/ENG/Classification/). La identificación de peligros es el primer paso de la evaluación de riesgos, pero no es en sí una evaluación de riesgos. Sin embargo, constantemente vemos informes de identificación de peligros presentados como evidencia de riesgo real. Estas clasificaciones se basan en la fuerza de la evidencia y no en el grado de riesgo. Dos factores de riesgo podrían incluirse en la misma categoría aunque uno triplicara el riesgo de cáncer y el otro lo aumentara en una pequeña fracción. Un ejemplo claro es el tabaco y la carne procesada, incluidos ambos en la categoría 1 de dicha clasificación. Según Cancer Research UK (http://scienceblog.cancerresearchuk.org/2015/10/26/processed-meat-and-cancer-what-you-need-to-know/), fumar causa el 19% de todos los cánceres; por el contrario, se cree que “solo” el 3% de todos los cánceres son causados ​​por la carne procesada y las carnes rojas combinadas. Por lo tanto, la evidencia de que la carne procesada causa cáncer es tan fuerte como la del tabaco, pero el riego del tabaco es mucho mayor.

Todos los peligros no son iguales

Como hemos visto, todos los peligros no son iguales, estos pueden afectar a distinto número de personas y/o ser más o menos dañinos.  Observando el gráfico, podemos dividir los peligros en cuatro categorías según la cantidad de personas afectadas y la gravedad del daño. La naturaleza del producto (natural vs sintético) no afecta a la peligrosidad.


Sin embargo, a veces tendemos a considerar que todos los peligros a los que prestamos atención son igual de dañinos. El aumento del movimiento anti-vacunas muestra esta tendencia a ver todos los riesgos como iguales (considerando los peligros de las vacunas y los peligros de las enfermedades como equivalentes tanto en gravedad como en riesgo de daño). Las enfermedades prevenibles por vacunación pertenecen al cuadrante superior derecho del gráfico. Las vacunas trasladan el peligro de estas enfermedades al cuadrante superior izquierdo reduciendo drásticamente el número de personas afectadas por estas enfermedades. Por otro lado, las vacunas en sí mismas tienen una peligrosidad generalmente baja en una pequeña proporción de la población, colocándolas en el cuadrante inferior izquierdo. Sin embargo, en la mente de muchas personas, los riesgos extremadamente raros (reales o imaginarios) asociados con las vacunas se han vuelto iguales o mayores que los riesgos (muy reales) de contraer la enfermedad. Lo mismo es cierto para los aditivos alimentarios.

Conclusión

Estamos continuamente expuestos a una gran cantidad de peligros, algunos de las cuales pueden tener riesgo para nuestra salud si nos exponemos a ellos, si se encuentran en una concentración demasiado alta o de una forma demasiado frecuente. Los errores en la percepción del riesgo son la base de muchos problemas en la comunicación social de la ciencia. En parte, estos errores, son debidos a nuestra escasa capacidad para evaluar correctamente estos riesgos (otras veces son interesados). Para evitarlos debemos evaluar cada peligro por separado, analizando su potencial para causar daño y su nivel de exposición así como su posible alternativa o las consecuencias de prescindir de él para informarnos si algo realmente representa un riesgo.


Más información sobre el tema en: https://thoughtscapism.com/


La confusión creada en torno a la diferencia entre peligro y riesgo es cuidadosamente cultivada, con una meta, generalmente oculta, destinada a favorecer ventas o a provocar una modificación de la opinión o del comportamiento.
Es sin lugar a dudas lo que está pasando desde  varios años en contra de la agricultura convencional, para favorecer el consumo de productos ecológicos. Los que más comunican en este sentido son empresas capitalistas que distribuyen alimentos ecológicos, u ONGs ecologistas intentando conseguir nuevos seguidores o aumentar su poder.
Este mercado es muy lucrativo, y los medios implementados para desarrollarlo no dudan en denigrar cualquier cosa que se interponga en su camino.
Atraer el consumidor jugando con sus miedos, es lo único que les importa.
Y los daños colaterales producidos, que a veces son graves, no les importan.

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