dimanche 15 octobre 2017

116- Prohibir el glifosato, y despúes, ...¿qué?

PROHIBIR EL GLIFOSATO, Y DESPÚES, ...¿QUÉ?


Bajo este título Mathieu, en la página web francesa Graines de Mane, publicaba el 15 de febrero de 2017 un buen artículo conciso sobre las interrogaciones que deja, entre los profesionales, la posible prohibición del glifosato. https://www.grainesdemane.fr/2017/02/15/supprimer-glyphosate-apres/


“Desde varios días la telenovela sobre la prohibición del glifosato, herbicida estrella de Monsanto, ha vuelto a arrancar. Una cuarentena de ONGs ha lanzado el 8 de febrero una petición europea llamando a “la prohibición del glifosato, en conformidad con las disposiciones europeas sobre plaguicidas, que prohíbe el uso de sustancias cancerígenas para el hombre”. Esta iniciativa llega después de que la OMS ha clasificado el glifosato como cancerígeno, y las tergiversaciones de las instancias europeas referentes a la renovación de su autorización de uso en Europa. A fin de cuentas, en junio 2016, la Unión Europea decidió prolongar su autorización durante 18 meses hasta la publicación de una nueva opinión científica.

A la espera de una eventual suspensión de autorización de la molécula, la cuestión en las explotaciones agrícolas se presenta de la forma siguiente: ¿Cómo vamos hacer sin el glifosato? Algunos agricultores consiguen no usarlo o reducir las dosis pero su estatuto de herbicida más vendido en el mundo demuestra hasta qué punto un gran número de sistemas agrícolas dependen de él… Y no solamente sistemas de agricultura intensiva. Algunos agricultores comprometidos con prácticas medioambientales virtuosas, siguen usando este producto a baja dosis. Es por ejemplo el caso de la agricultura de conservación, que busca mantener el suelo constantemente cubierto por vegetación, y no ararlo para preservar al máximo su estructura, la vida que alberga (lombrices y fauna variada) y limitar la erosión. Esas técnicas representan una solución para aumentar la fertilidad de los suelos y en consecuencia la sostenibilidad a largo plazo de los sistemas agrícolas. Por la supresión del arado, los agricultores mejoran la salud de los suelos pero pierden un medio efectivo de gestión de las malas hierbas. El éxito de esos cultivos pues depende en gran parte del empleo de herbicidas, entre los cuales, el glifosato.


Para esos agricultores, la supresión del glifosato desembocaría sobre un callejón técnico sin salida que podría tener, como consecuencia, el abandono de sus prácticas medioambientales virtuosas.

Las preocupaciones de la sociedad civil son totalmente legítimas y los agricultores hacen evolucionar sus técnicas para contestarlas. Darse cuenta de los efectos de las prácticas agrícolas sobre el medioambiente o la salud permite poner diariamente en la luz nuestras elecciones como consumidores. Saber cómo se producen los alimentos que se encuentran en nuestros platos es por consecuencia primordial. Entender las consecuencias de la voluntad de los ciudadanos sobre la realidad del funcionamiento técnico de las explotaciones agrícolas también. El debate levantado por la supresión del glifosato llama pues a otro: el, urgente, de la búsqueda de alternativas permitiendo a los productores de evitar el salto a lo desconocido, respondiendo al mismo tiempo los nuevos desafíos medioambientales de la agricultura. Cada día los productores, investigadores, organismos de desarrollo agrícola, innovan hacia formas más virtuosas de agricultura. La supresión anunciada del glifosato será mucho más eficaz si alternativas sostenibles sobre los planos agronómicos, medioambientales y económicos son desarrollados. Suprimir es una cosa, proponer alternativas es mucho mejor. Ese es sin lugar a dudas el verdadero desafío de los actores de la agricultura en los próximos años.



Desde la publicación de este artículo, han ocurrido muchas cosas, respecto al glifosato, desde el anuncio estruendoso por el ministro francés del voto negativo de Francia, hasta el anuncio, por el mismo ministro de una proposición de renovación para un periodo más corto, para tener tiempo de encontrar alternativas. También hemos visto la OMS anunciar que el glifosato es probablemente no cancerígeno, contradiciendo la clasificación de su propia agencia, el CIRC.
Hemos visto todas las agencias de seguridad alimentaria del mundo, y todos los científicos no comprometidos (sin financiación privada ni presión política o ideológica) clamar alto y fuerte que el glifosato, en condiciones normales de empleo, no presenta ningún riesgo ni para la salud, ni para el medioambiente.
También es cierto que es muy difícil saber (y desde luego esta cuidadosamente calculado), entre los miles de estudios publicados, cuales son objetivos (una minoría), y los que son financiados por un lado o el otro (o cuyos comités científicos son orientados, como fue el caso del CIRC), y que son mayoría.

El dosier del glifosato es un dosier trucado, manipulado, falsificado desde el principio. Este herbicida, el más utilizado en el mundo y también el más inocuo (según todos los estudios neutrales) se ha convertido en el chivo expiatorio, símbolo involuntario de la lucha contra los OGMs y contra Monsanto (a pesar de ya no ser propietario de la molécula desde 17 años, y de sacar solo +/- 15% de sus beneficios https://www.fool.com/investing/2016/05/26/how-much-money-does-monsanto-make-from-roundup.aspx), convirtiéndose en la diana de una amplia manipulación ideológica.

Podríamos debatir durante horas sobre los motivos de esta inverosímil propaganda, empleando hábilmente todos los medios puestos a su disposición (radio, televisión, peticiones, manifestaciones, redes sociales y más), digno de los más oscuros momentos de las peores dictaduras de la historia reciente, o más cerca de nosotros, de los peores movimientos ciudadanos o independentistas como últimamente el de Cataluña (muy hábil en su papel pervertido del David catalán contra el Goliat español), o también el Brexit.

Cartel de propaganda china de la época de la Gran Revolución Cultural Proletaria, enseñando los intelectuales como responsables de los males del país.


Recordemos, para que las cosas queden bien claras, esta declaración de Bernard Url, director ejecutivo de la EFSA, que explicaba, el 1 de diciembre de 2015, ante el parlamento europeo, para explicar la posición de la EFSA :

“La carta de 96 personas ha sido señalada muy a menudo. Para mí, es un buen ejemplo de la diferencia entre los métodos de trabajo de las dos organizaciones. Trabajamos sobre el glifosato con 100 científicos de los Estados Miembros. Ven las pruebas, contribuyen, cuestionan, participan a teleconferencias – es el procedimiento de la revisión por homólogos – y es con este conjunto de 100 científicos que hemos podido producir un resultado.

No hemos pedido a esos científicos de firmar una carta, que les guste el resultado o no. Un miembro del Parlamento lo ha expresado de manera muy justa. Dijo: “96 científicos se sienten incomodos frente a la opinión de la EFSA”. Y es precisamente de lo que se trata. Personas que no han contribuido a los trabajos, que probablemente no han visto las pruebas, que no han tenido tiempo de entrar en detalles, que no están implicadas en el proceso, han firmado una carta de apoyo.

Siento decirlo, pero con esta carta, salen del campo de la ciencia, entran en el campo del lobbying y de las campañas (“campaigning”), y no es la manera que tiene la EFSA de trabajar. Para mí, esto es la señal de que estamos entrando en la edad Facebook de la ciencia. Tenéis una evaluación científica, la ponéis en Facebook y contáis cuantas personas dicen “me gusta”. Para nosotros, no es un progreso. Nosotros, producimos una opinión científica, la defendemos, pero no tenemos que tomar en cuenta si gusta o no.”



Es un auténtico problema. Si un informe científico va al revés de la opinión pública, que en general enfoca los problemas sobre el ángulo afectivo, es enseguida vilipendiado, mediáticamente destruido, y los científicos (así como sus apoyos y defensores) sospechados o claramente acusados de haber sido corrompidos por alguien.
Estamos cayendo en una decadencia que toma el camino de arruinar nuestra civilización.

Pero esa no es la cuestión.
En lo que al glifosato se refiere, el daño está hecho. Sera muy difícil volver atrás. Acuérdate del caso Alar, que sin embargo tuvo lugar mucho antes de la existencia de las redes sociales y de la gran moda de las “peticiones ciudadanas”. Nos encontramos en una situación de manipulación de la opinión, pero mucho más grave. http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/02/38-el-caso-alar.html

La cuestión ya no es de saber si el glifosato será prohibido o no, tarde o temprano lo será. Es más bien de saber cómo los agricultores se van a tener que adaptar a su desaparición, legal o exigida por los mercados, demasiado asustados por la opinión de los consumidores, susceptibles de ir a otras tiendas si se enteran de que sus alimentos han sido cultivados con glifosato.
Porque no me hago muchas ilusiones. Me espero ver el glifosato, hasta ahora autorizado en todos los reglamentos de clientes (excepto para la producción ecológica, por supuesto), pasar al estatuto de desaconsejado o prohibido, con o sin justificación legal.


Pero los futuros productos de sustitución del glifosato, que obviamente llegarán, costarán del orden de 5 a 6 veces más caro. Es normal, es la regla. Pero cambia considerablemente el fondo del problema para los agricultores, que ya tienen a menudo muchas dificultades para rentabilizar su trabajo.

Por lo tanto es urgente encontrar alternativas. Esperemos de la Comisión Europea tendrá la inteligencia de no abandonar esta molécula en un plazo demasiado corto, y sabrá favorecer la investigación de métodos alternativos.

Un muy interesante artículo sobre el tema ha sido recientemente publicado en el periódico cristiano “La Croix” https://www.la-croix.com/Sciences-et-ethique/Sciences-et-ethique/Comment-passer-glyphosate-2017-10-03-1200881487
Podemos leer el interesante testimonio de un joven agricultor francés, profundamente convencido e implicado en un nuevo concepto de agricultura. Trabaja el tema desde mucho tiempo y explica:
“Me dijeron que era loco, que no podía tener éxito. Pero después de varios de trabajo y de ajustes, ya está: tuve buenos resultados e año pasado, espero poder confirmarlos, pero tengo confianza”.
Sin embargo, es consciente de la dificultad de esta transición:
“No he llegado hasta eso de un día para otro. Y si estoy convencido de que podremos finalmente evitar el uso de herbicidas gracias a las cubiertas vegetales, una prohibición brusca sería un error.”


Que mis lectores no europeos lo tengan claro. Si el glifosato queda prohibido en la Unión Europea, primer mercado de alimentos en el mundo, el resto del mundo también lo hará, a más o menos largo plazo.
La búsqueda de soluciones alternativas permitirá salvaguardar las técnicas de agricultura virtuosa, como la agricultura de conservación y la producción integrada.

No hay derecho, por oscuros motivos ideológicos, cuestionar todo lo que es una garantía de seguridad alimentaria, de calidad y de seguridad de los alimentos, y de reducción de los efectos de la agricultura sobre el calentamiento global.

La agricultura europea es la más productiva, la más sana y la más respetuosa del mundo. Se viene de todas partes del planeta para aprender los métodos y las técnicas empleadas.
Seguirá su evolución y se adaptara a todas las situaciones, como siempre lo ha hecho. Pero cualquier cambio profundo requiere tiempo, formación, costes, investigación, inversiones.

Muchas preguntas, cruciales, quedan por aclarar, muchos puntos esenciales no han probablemente sido estudiados, o no lo suficiente.
¿Podría la agricultura europea perder en competitividad frente a la competencia no comunitaria?
¿Aceptarán los actores de los canales comerciales de los alimentos, el juego del aumento de los costos, respetando los precios de costes de los agricultores?
¿Están los consumidores dispuestos a aceptar un probable aumento de los precios de sus alimentos?
¿Preferirán los mercados, comprar productos no comunitarios, más baratos pero a menudo menos seguros, con el fin de mantener sus márgenes sin aumentar los precios al consumo?

El futuro de la calidad de los alimentos en la Unión Europea está en juego, pero pocas personas parecen darse cuenta de ello.



116- Supprimer le glyphosate, et après...?

SUPPRIMER LE GLYPHOSATE, ET APRÈS… ?


Sous ce titre Mathieu, sur la page web Graines de Mane, publiait le 15 février 2017 un bel article, concis, sur les interrogations que laisse dans la profession, la possible future interdiction du glyphosate.


« Depuis quelques jours le feuilleton sur la suspension du glyphosate, herbicide vedette de Monsanto, est reparti. Une quarantaine d’ONG a lancé le 8 février dernier une pétition européenne appelant à « l’interdiction du glyphosate, conformément aux dispositions européennes sur les pesticides, qui interdisent l’usage de substances cancérigènes chez l’homme ».  Cette initiative survient notamment après que l’OMS a classé le glyphosate cancérogène, et les tergiversations des instances européennes à propos du renouvellement de son autorisation d’emploi en Europe. Au final, en juin 2016, l’Union européenne a finalement décidé de prolonger son utilisation pendant dix-huit mois jusqu’à la publication d’un nouvel avis scientifique.

Dans l’attente d’une éventuelle suspension d’autorisation de la molécule, la question dans les exploitations agricoles se pose donc de la manière suivante : comment faire sans le glyphosate ? Des agriculteurs arrivent à s’en passer ou bien à réduire les doses mais son statut d’herbicide le plus vendu dans le monde montre à quel point bon nombre de systèmes agricoles en sont dépendants… Et pas uniquement des systèmes d’agriculture intensive. Ainsi, certains agriculteurs, bien qu’engagés dans des pratiques environnementales vertueuses, continuent d’utiliser ce produit à faible dose. C’est par exemple le cas de l’agriculture de conservation, qui vise à garder un sol constamment couvert par de la végétation et à ne pas labourer le sol pour préserver au maximum sa structure, la vie qu’il héberge (vers de terre et faune diverse) et limiter l’érosion. Ces techniques représentent une solution pour augmenter la fertilité des sols et donc la durabilité à long terme des systèmes agricoles. En supprimant le labour, les agriculteurs améliorent la santé de leurs sols mais se passent d’un moyen efficace de gestion des mauvaises herbes. La bonne réussite de ces cultures dépend donc en grande partie de l’emploi d’herbicides, dont le glyphosate.


Pour ces agriculteurs, la suppression du glyphosate déboucherait donc sur une impasse technique qui pourrait avoir pour conséquence l’abandon de leurs pratiques environnementales vertueuses.

Les préoccupations de la société civile sont parfaitement légitimes et les agriculteurs font évoluer leurs techniques pour y répondre. Se rendre compte des effets des pratiques agricoles sur l’environnement ou la santé permet d’éclairer quotidiennement nos choix de consommateurs. Savoir comment sont produits les aliments qui se retrouvent dans nos assiettes est donc primordial. Comprendre les conséquences des volontés des citoyens sur la réalité du fonctionnement technique des exploitations agricoles aussi. Le débat soulevé par la suppression du glyphosate en appelle donc un autre : celui, urgent, de la recherche d’alternatives permettant aux producteurs d’éviter le saut dans l’inconnu, tout en répondant aux nouveaux défis environnementaux de l’agriculture. Chaque jour des producteurs, chercheurs, organismes de développement agricole, innovent pour des formes d’agricultures plus vertueuses. La suppression annoncée du glyphosate sera d’autant plus efficace si des alternatives durables sur les plans agronomiques, environnementaux et économiques sont développées. Supprimer, c’est une chose, proposer des alternatives, c’est encore mieux. Là est sans doute le vrai défi des acteurs de l’agriculture dans les années à venir. »



Depuis la publication de cet article, beaucoup de choses se sont passées, à propos du Glyphosate, depuis l’annonce fracassante par le ministre français du vote négatif de la France, jusqu’à l’annonce, par le même ministre d’une proposition d’un renouvellement de plus courte durée, afin d’avoir du temps pour chercher des alternatives.
Nous avons aussi vu l’OMS annoncer que le glyphosate n’est probablement pas cancérigène, prenant ainsi à contrepied la classification de sa propre agence, le CIRC.
Nous avons vu toutes les agences de sécurité alimentaires du monde, et tous les scientifiques non engagés (sans financement privé ni pression politique ou idéologique) clamer haut et fort que le glyphosate, dans des conditions normales d’utilisation, ne pose aucun problème, ni pour la santé, ni pour l’environnement.
Il est également vrai qu’il est très difficile de savoir (et c’est d’ailleurs soigneusement calculé), parmi les milliers d’études publiées, quelles sont les objectives (une minorité), et celles qui sont financées par un bord ou l’autre (ou dont les comités scientifiques sont orientés, comme ç’a été le cas pour le CIRC), et qui sont la majorité.

Le dossier du glyphosate est un dossier truqué, manipulé, falsifié depuis le début. Cet herbicide, le plus utilisé dans le monde et aussi le plus inoffensif (selon toutes les études scientifiques objectives) est devenu le bouc émissaire, symbole involontaire de la lutte contre les OGM et contre Monsanto (qui n’en est pourtant plus propriétaire depuis 17 ans, et qui n’en génère que +/- 15% de ses bénéfices https://www.fool.com/investing/2016/05/26/how-much-money-does-monsanto-make-from-roundup.aspx), devenant la cible d’une vaste manipulation idéologique.

On pourrait longuement débattre sur les raisons de cette invraisemblable propagande, utilisant habilement tous les moyens mis à sa disposition (radio, télévision, pétitions, manifestations, réseaux sociaux et j’en passe), digne des plus sombres heures des pires dictatures de l’histoire récente, ou plus près de nous, des pires mouvements citoyens ou indépendantistes comme dernièrement celui de la Catalogne (très habile dans son rôle perverti du David catalan contre le Goliath espagnol), ou encore le Brexit.

Affiche de propagande chinoise de l’époque de la Grande Révolution Culturelle Prolétarienne, montrant les intellectuels comme responsables des maux du pays.


Rappelons, pour que les choses soient bien claires, cette déclaration de Mr Bernard Url, directeur exécutif de l’EFSA, qui expliquait, le 1er Décembre 2015, devant le parlement européen, pour expliquer la position de l’EFSA (traduction de Wackes Seppi http://seppi.over-blog.com/2016/01/m-bernhard-url-directeur-executif-de-l-efsa-le-parlement-europeen-et-le-glyphosate.html ) :
« La lettre de 96 personnes a été mentionnée très souvent. Pour moi, c'est un très bon exemple de la différence entre les modes de travail des deux organisations. Nous travaillons sur le glyphosate avec 100 scientifiques des États Membres. Ils voient les preuves, ils contribuent, ils contestent, ils participent à des téléconférences – c'est le processus de revue par les pairs – et c'est avec cet ensemble de 100 scientifiques que nous avons pu produire un résultat.
Nous n'avons pas demandé à ces scientifiques de signer une lettre, qu'ils aiment ou non le résultat. Un membre du Parlement l'a exprimé de manière fort juste. Elle a dit : "96 scientifiques se sentent mal à l'aise face à l'opinion de l'EFSA." Et c'est bien de cela qu'il s'agit. Des gens qui n'ont pas contribué aux travaux, qui n'ont vraisemblablement pas vu les preuves, qui n'ont pas eu le temps d'entrer dans le détail, qui ne sont pas impliqués dans le processus, ont signé une lettre de soutien.
Je suis désolé de le dire, mais avec cette lettre, vous quittez le domaine de la science, vous entrez dans le domaine du lobbying et des campagnes (« campaigning »), et ce n’est pas la façon dont l’EFSA travaille. Pour moi, ceci est le signe que nous entrons dans l’âge Facebook de la science. Vous avez une évaluation scientifique, vous la mettez sur Facebook et vous comptez combien de personnes « aiment ». Pour nous, ce n’est pas un progrès. Nous, nous produisons une opinion scientifique, nous la défendons, mais nous n’avons pas à prendre en compte si c’est aimé ou pas ».



C’est un vrai problème. Si un rapport scientifique va à l’encontre de l’opinion publique, qui en général n’aborde le sujet que sur le plan affectif, il est immédiatement vilipendé, médiatiquement massacré, et les scientifiques (ainsi que leurs soutiens et défenseurs) soupçonnés ou clairement accusés d’avoir été corrompus par quelqu’un.
Nous sombrons dans une décadence qui prend le chemin de ruiner notre civilisation.

Mais là n’est pas la question.
En ce qui concerne le glyphosate, le mal est fait. Il sera impossible de faire marche arrière. Rappelez-vous l’affaire Alar, qui pourtant s’est déroulée bien avant l’existence des réseaux sociaux, et de la grande mode des « pétitions citoyennes ». Nous sommes dans une situation de manipulation similaire de l’opinion, mais beaucoup plus grave. http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/02/38-laffaire-alar.html

La question n’est plus de savoir si le glyphosate sera interdit ou pas, tôt ou tard il le sera. Elle est plutôt de savoir comment les agriculteurs vont devoir s’adapter à sa disparition, légale ou exigée par les marchés, trop effrayés de l’opinion des consommateurs, susceptibles de se tourner vers d’autres enseignes s’ils apprenaient que leurs aliments ont pu être cultivés avec du glyphosate.
Car je ne me fais aucune illusion. Je m’attends à voir le glyphosate, jusqu’ici autorisé dans tous les cahiers des charges de clients (sauf pour la production biologique, bien sûr), passer au statut de déconseillé ou interdit, avec ou sans justification légale.


Or les futurs produits de substitution du glyphosate, qui ne manqueront pas d’arriver, seront forcément 5 à 6 fois plus chers. C’est normal, c’est la règle. Mais ça change considérablement les données du problème pour les agriculteurs, qui ont souvent déjà bien du mal à rentabiliser leur travail.

Il est donc très urgent de trouver des alternatives. Espérons que la Commission Européenne aura l’intelligence de ne pas abandonner la molécule dans un délai trop court, et saura favoriser la recherche de méthodes alternatives.

Un très intéressant article sur le sujet a récemment été publié dans le périodique chrétien « La Croix » https://www.la-croix.com/Sciences-et-ethique/Sciences-et-ethique/Comment-passer-glyphosate-2017-10-03-1200881487
On peut y lire l’intéressant témoignage d’un jeune agriculteur français, profondément convaincu et impliqué dans une nouvelle conception de l’agriculture. Il y travaille depuis longtemps et nous explique :
« On m’a dit que j’étais fou, que je ne pouvais pas réussir. Mais, après plusieurs années de travail et d’ajustements, ça y est : j’ai eu de bons résultats l’année dernière, j’attends qu’ils se confirment mais je suis confiant ».
Pourtant, il est conscient que cette transition est difficile :
« Je ne suis pas arrivé là du jour au lendemain. Et si je reste convaincu que l’on pourra à terme se passer des herbicides grâce aux couverts végétaux, une interdiction brutale serait une erreur. »


Que mes lecteurs non européens n’en doutent pas. Si le glyphosate est interdit dans l’Union Européenne, premier marché alimentaire mondial, le reste du monde y viendra aussi, à plus ou moins longue échéance.
La recherche de solutions alternatives permettra de sauvegarder les techniques d’agriculture vertueuse, comme l’agriculture de conservation et la production intégrée.

On n’a pas le droit, pour de sombres raisons idéologiques, de remettre en cause tout ce qui est une garantie de sécurité alimentaire, de qualité et de sécurité des aliments, et de réduction des effets de l’agriculture sur le réchauffement climatique.

L’agriculture européenne est la plus performante, la plus saine et la plus respectueuse au monde. On vient de tous les coins de la planète pour apprendre des méthodes et techniques utilisées.
Elle poursuivra son évolution et s’adaptera à toutes les situations, comme elle l’a toujours fait. Mais tout changement profond exige du temps, de la formation, des coûts, de la recherche, de l’investissement.

Bien des questions, cruciales, restent à poser, bien des points essentiels n’ont sans doute pas été envisagés, ou pas assez profondément.
L’agriculture européenne perdra-t-elle en compétitivité face à la concurrence non communautaire?
Les acteurs des canaux commerciaux des aliments, joueront-ils le jeu de l’augmentation des coûts, en respectant les prix de revient des agriculteurs ?
Les consommateurs, seront-ils prêts à accepter une augmentation probable des prix de leurs aliments ?
Les marchés préfèreront-ils acheter des produits non communautaires, moins chers mais souvent moins sûrs, afin de préserver leurs marges sans augmenter les prix à la consommation ?

L’avenir de la qualité de l’alimentation européenne est en jeu, mais pas grand monde ne semble s’en rendre compte.

Image : https://www.bioversityinternational.org/fileadmin/user_upload/research/Quinoa_Bridge.jpg

116- Ban the glyphosate, and then...?

BAN THE GLYPHOSATE, AND THEN...?


Under this title Mathieu, on the web page Graines de Mane, published on February 15, 2017 a beautiful article, concise, on the questions that leaves in the profession, the possible future ban of glyphosate.


"In the past few days, the serial on the suspension of glyphosate, Monsanto's star herbicide, has restarted. About 40 NGOs launched a European petition on 8 February calling for "the ban on glyphosate, in accordance with the European provisions on pesticides, which prohibit the use of carcinogenic substances in humans". This happens, in particular, after WHO has classified carcinogenic glyphosate and the fuzziness of European authorities on the renewal of its employment authorization in Europe. In the end, in June 2016, the European Union finally decided to extend its use for eighteen months until a new scientific opinion was published.

Pending a possible suspension of authorization of the molecule, the question on farms thus arises in the following way: how to do without glyphosate? Some farmers can do without it or reduce doses, but its status as the best-selling herbicide in the world shows how many agricultural systems depend on it ... And not just intensive farming systems. Thus, some farmers, although engaged in virtuous environmental practices, continue to use this product at low doses. This is the case, for example, with conservation agriculture, which aims to keep a soil constantly covered by vegetation and not to plow the soil to preserve as much as possible its structure, the life it harbors (earthworms and diverse fauna) and limit erosion. These techniques represent a solution to increase soil fertility and thus the long-term sustainability of agricultural systems. By eliminating tillage, farmers improve the health of their soils, but don't have it as a tool for an effective weed management. The success of these crops therefore depends to a large extent on the use of herbicides, including glyphosate.


For these farmers, the removal of glyphosate would thus lead to a technical dead end which could result in the abandonment of their virtuous environmental practices.

The concerns of civil society are perfectly legitimate and farmers are changing their techniques to meet them. Being aware of the effects of agricultural practices on the environment or health makes it possible to enlighten our consumer choices on a daily basis. Knowing how the foods that are found on our plates are produced is therefore paramount. Understand the consequences of citizens' wishes on the reality of the technical functioning of farms as well. The debate over the removal of glyphosate calls for another: the urgent need to find alternatives that allow growers to avoid jumping into the unknown, while responding to new environmental challenges in agriculture. Every day, producers, researchers and agricultural development organizations innovate for more virtuous forms of agriculture. The announced suppression of glyphosate will be all the more effective if sustainable alternatives in agronomic, environmental and economic terms are developed. Banning is one thing, offering alternatives is even better. This is no doubt the real challenge of the actors of agriculture in the years to come. "



Since the publication of this article, much has been said about glyphosate, from the French Minister's announcement of the negative vote of France until the announcement by the same minister of a proposal of a shorter renewal, in order to have time to look for alternatives.
We have also seen the WHO announce that glyphosate is probably not carcinogenic, thus countering the classification of its own agency, the IARC.
We have seen all food safety agencies in the world, and all uncommitted scientists (without private funding or political or ideological pressure) strongly claim that glyphosate, under normal conditions of use, is not risky for health or the environment.
It's also true that it's very difficult to know (and this is moreover carefully calculated), among the thousands of published studies, which of them are objective (a minority), and which of them are financed by one side or the other (or whose scientific committees are oriented, as it was the case for IARC), and which are the majority.

Glyphosate file is a rigged and manipulated file, falsified from the beginning. This herbicide, the most widely used in the world and also the most harmless (according to all objective scientific studies) has become the scapegoat, an unwitting symbol of the fight against GMOs and against Monsanto (who has not owned it since 17 years and generates only +/- 15% of its profits from it https://www.fool.com/investing/2016/05/26/how-much-money-does-monsanto-make-from-roundup.aspx), becoming the target of a vast ideological manipulation.

We could longly argue on the reasons for this incredible propaganda, skilfully using all means at its disposal (radio, television, petitions, demonstrations, social networks and so on) worthy of the darkest hours of the worst dictatorships of the recent history, or closer to us, of the worst citizen or independence movements such as that of Catalonia (very skilful in its perverted role of the Catalan David against the Spanish Goliath), or also the Brexit.

Poster of Chinese propaganda from the time of the Great Proletarian Cultural Revolution, showing intellectuals as responsible for the evils of the country.


To make things clear, let's remember this statement by Mr. Bernard Url, Executive Director of EFSA, who explained on 1 December 2015 to the European Parliament to explain the position of EFSA:

“The letter of 96 persons were mentioned very often. For me this a very good example on how different the two organizations work. We work on glyphosate with 100 scientist from the member states. They see the evidence, they contribute, they challenge, they are in teleconferences, it’s the peer review process, and with these 100 scientists together we were able to produce this.

We did not ask these scientists to sign a letter whether they like or not the outcome. And one member of the parliament put it very rightly. She has said: 96 scientists feel uncomfortable with EFSA’s opinion. And it’s about that. People that have not contributed to the work, that have not seen the evidence most likely, that have not had the time to go into the detail, that are not in the process, have signed a letter of support.

Sorry to say that, for me with this you leave the domain of science, you enter into the domain of lobbying and campaigning, and this is not the way EFSA goes. For me this is the first sign of the Facebook age of science. You have a scientific assessment, you put it on Facebook, you count how many people like it. For us this is no way forward. We produce a scientific opinion, we stand for it, but can’t take into account whether it will be liked or not.”



This is a real problem. If a scientific report runs counter to public opinion, which in general reacts only emotionally, it's immediately vilified, massacred, and scientists (and their supporters and defenders too) suspected or clearly accused of being corrupted by someone.
We are sinking into a decadence that is on the way to ruining our civilization.

But that is not the point.
As far as glyphosate is concerned, the damage is done. It will not be possible to reverse. Remember the Alar affair, which nevertheless took place well before the existence of social networks and of the great fashion of "citizen petitions". We are in a similar manipulation of opinion, but much more serious. http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/02/38-alar-scare.html

The question is no longer whether glyphosate will be banned or not, sooner or later it will be. Rather, it's how farmers will have to adapt to its disappearance, legal or demanded by markets, too frightened by consumers’ opinion, who may turn to other brands if they learn that their food could have been grown with glyphosate.
I have no illusions. I expect to see glyphosate, hitherto allowed in all customer specifications (except for organic production, of course), go to the status of inadvisable or prohibited, with or without legal justification.


However, the future glyphosate substitutes, which will not fail to arrive, will necessarily be 5 to 6 times more expensive. That's normal, that's the rule. But it's considerably changing the data of the problem for farmers, who often have a hard time making a profit on their jobs.

It's therefore very urgent to find alternatives. I hope the European Commission will have the intelligence not to abandon the molecule in too short a time, and will promote the search for alternative methods.

A very interesting article on the subject was recently published in the Christian periodical "La Croix" https://www.la-croix.com/Sciences-et-ethique/Sciences-et-ethique/Comment-passer-glyphosate-2017-10-03-1200881487
It shows the interesting testimony of a young French farmer, deeply convinced and involved in a new conception of agriculture. He has worked there for a long time and explains:
“I was told I was mad, that I could not succeed. But after several years of work and adjustments, that’s it: I had good results last year, I expect them to confirm but I am confident.”
Yet he is aware that this transition is difficult:
"I did not get there overnight. And if I remain convinced that we'll be able to avoid the use of herbicides with plant cover, a brutal ban would be a mistake."


I invite my non-European readers not to doubt it. If glyphosate is banned in the European Union, the world's largest food market, the rest of the world will also come to it, in the short or long term.
The search for alternative solutions will help safeguard virtuous farming techniques, such as conservation agriculture and integrated production.

It's not permissible, for dark ideological reasons, to question everything that is a guarantee of food security, food quality and safety, and reducing the effects of agriculture on global warming.

European agriculture is the most efficient, the healthiest and most respectful in the world. People come from all over the world to learn the methods and techniques used.
It will continue to evolve and adapt to all situations, as it has always done. But any profound change requires time, training, costs, research, and investment.

Many crucial questions remain to be made, many essential points have probably not been envisaged, or not enough deeply.
Will European agriculture lose competitiveness in front of non-Community competition?
Will the players of commercial food channels play the game of rising costs, respecting the cost prices of farmers?
Will consumers be prepared to accept a probable increase in the prices of their food?
Will the markets prefer to buy non-EU products, cheaper but often less safe, in order to preserve their margins without increasing consumer prices?

The future of the quality of European food is at stake, but not many people seem to realize it.




lundi 25 septembre 2017

115- En defensa de la agricultura

EN DEFENSA DE LA AGRICULTURA

Francia es desde varios años, el crisol de una curiosa evolución del pensamiento hacia la alimentación. No quiere decir que sea el único país donde se observa este fenómeno, pero es probablemente donde es más violento, más extremo y también, y es más grave, más institucionalizado.


Sabes, querido lector, que soy francés, productor de frutas fuera de Francia, en España (más de uno me ha llamado traidor).
Aprovecho muchas veces artículos o comentarios procedentes de Francia. Espero que mis 78% de lectores no franceses no se harten de ello.
Pero es que lo que se está produciendo en esos momentos en Francia es ejemplar de lo que no se debe hacer o no debe dejar que se haga.
Espero que los demás países tendrán la fuerza y la inteligencia de no dejar que las cosas se desmadren de esta manera.
A fin de cuenta, todo el mundo  está perdiendo, sobre todo los agricultores, por supuesto, pero también el conjunto de los consumidores, es decir finalmente 100% de la población. Y eso, sin contar los daños medioambientales a largo plazo que ocasionan esas derivas ideológicas sin ningún fundamento científico real.

La excepción francesa. Los franceses son orgullosos de sentirse excepcionales. Hay una excepción francesa en cuanto a la cultura, una suerte de resistencia frente a la invasión de la cultura anglo-americana en la literatura y sobre todo en el cinema y la música.
Y cada vez que un hecho particular pone por delante una característica de Francia con respecto a otros países, se vuelve a sacar una y otra vez la excepción francesa, siempre en una faceta positiva y gratificante.
Es cierto, existe actualmente una excepción francesa. Pero esta es taimada, negativa, destructiva. Existe una verdadera depravación en la relación de la sociedad civil con su agricultura.


Y no creo que los franceses tengan derecho de sentirse orgullosos de esta relación, próxima a la inquisición, en la que el único pensamiento aceptable es ecológico, en la que la manipulación de la opinión pública es cuidadosamente organizada por lobbies que se niegan a llevar este nombre, en forma de “movimientos ciudadanos” o de organizaciones ecologistas, con el apoyo incondicional de la mayoría de los medias, televisión, radio, prensa escrita y digital, el conjunto bajo la mirada benevolente de los políticos en el poder sea cual sea su orientación ideológica.


La situación se ha vuelto tan tensa que los agricultores llegan a oponerse entre ellos.
Observo aquí, en España, en mi entorno, que existe una verdadera complementariedad entre los distintos sistemas de producción. La agricultura ecológica ocupa un sitio creciente, pero no se hace, o solo raramente por oposición a la agricultura convencional, pero más bien como una orientación diferente, una elección deliberada, y sobre todo una adaptación a un mercado en constante crecimiento.
La sociedad civil española es globalmente orgullosa de su agricultura, de sus progresos, de sus éxitos, de su pluralidad, y de la calidad de los alimentos que capaz de producir.
La agricultura evoluciona en su conjunto partiendo de una agricultura industrial, todavía presente en algunos sectores, especialmente para algunas producciones como los cereales o el algodón, hacia una agricultura más respetuosa, agricultura de conservación, producción integrada o agricultura ecológica.

No hay motivo para oponer los métodos de producción. Son complementarias. Las únicas evoluciones imprescindibles, son las que afectan a la erosión de los suelos, a la utilización de los recursos hídricos, y los problemas de contaminación. Pero para eso, ya lo he comentado en varias ocasiones, la mejor vía no es solamente la agricultura ecológica.


Acabo de leer un libro muy interesante, corto, conciso, muy claro, de fácil lectura, muy documentado, muy instructivo para quien quiere aceptar sus constataciones.
“Plaidoyer pour nos agriculteurs” (Alegato para nuestros agricultores) es escrito por Sylvie Brunel y publicado en francés en la colección “Dans le vif” por las editorial Buchet Chastel.


Hoy, te propongo la introducción, que es un bien resumen de la situación, y mi opinión con respecto a un problema no agrícola, pero con repercusiones tremendas.


“Un grito de alarma y un alegato.

Durante 20 años, he trabajado con ONGs que se enfrentaban a graves crisis alimentarias. Luchábamos contra las hambrunas y contra el hambre crónica, que sigue azotando a millones de personas en el mundo.
Comparados con la amplitud del problema, nuestros medios eran irrisorios. Sin embargo salvábamos vidas y servíamos de centinelas, alertando al mundo sobre las victimas olvidadas. El hambre es un asesino silencioso que la abundancia nos ha hecho olvidar, cuando sigue activa donde la pobreza y la falta de medios siguen siendo realidad.

Luego regrese a Francia para trabajar. Y descubrí una situación que me dejó estupefacta: ahí, los que nos alimentan son maltratados. No pasa un día sin que el trabajo agrícola este vilipendiado. Sin embargo gracias a él, nuestro pequeño país ha adquirido su independencia alimentaria e incluso se ha convertido en un gran exportador de alimentos. Pero, cuando la “marca Francia” se mantiene en muchos países del mundo como una señal de calidad, hablando de vino por supuesto, pero también de semillas, lácteos, cereales, carne bovina o manzanas, los franceses abuchean su agricultura, tomando el riesgo de verla desaparecer.

Necesitaba entender. Comparar mi experiencia del hambre ahí, a la realidad del campo aquí. Pues me fui para ver cómo trabajan esos agricultores tan criticados. Recorrí la Francia rural, hablado con cientos de personas, visitado muchas explotaciones. Pregunté, investigué. Sin prejuicio y con tenacidad.
Por todos lados, encontré gente apasionada, hombres y mujeres que adoran su trabajo y ponen todo en obra para entregarnos una alimentación de calidad. Agricultores, fruticultores, ganaderos que dedican su vida a sus fincas, a sus campos, a sus huertos a sus animales. Y que sufren tremendamente de sentirse tan despreciados, tan incomprendidos.

Este libro es un grito de alarma y un alegato. ¿Habremos olvidado el miedo a faltar? ¿Sabremos todavía lo que es caer enfermo, o incluso morir envenenado, por culpe de una alimentación inadecuada?
Mientras el clima cambia y la población no para de crecer, es urgente que cambiemos de actitud para salvar nuestros campos y los que nos alimentan. El tiempo nos es contado.”


Aconsejo claramente la lectura de este corto libro, perturbador para quien se interesa a la alimentación, la agricultura, el medioambiente, y para quien desea o acepta cuestionar algunos valores habitualmente admitidos en las sociedades occidentales. Una gran patada en las ideas preconcebidas.
El libro no toma partido por una ideología u otra. Estudia una situación cada vez compleja y difícil, en la que el público, pero también los propios agricultores, tienen cada vez más dificultades para distinguir la verdad de la mentira.

Sylvie Brunel nos habla de pesticidas, de residuos, de contaminación, pero también de evolución demográfica, política, comercial e incluso de geopolítica.
Explica los problemas y los errores del pasado, pero también las evoluciones y los cambios realizados o en curso, los progresos, los profundos cambios que la agricultura ha implementado.
Habla de los riesgos sanitarios y de la seguridad de los alimentos.
Es que la problemática agrícola toca todo eso y las decisiones políticas e ideológicas de hoy, a menudo guiadas por motivos afectivos, ideológicos, pero no científicos, tendrán numerosas y graves repercusiones en el futuro.
Y aunque este libro sea muy centrado en la agricultura francesa, una amplia mayoría de las informaciones que ahí se encuentran se puede extrapolar a muchísimos otros países del mundo.
Desgraciadamente, en mi conocimiento, no ha sido traducido todavía, y en consecuencia solo está disponible en francés.
Es una lástima. Quizás pueda tomar otros temas del libro en el futuro para traducirlos, para que puedas disfrutar del poder de análisis de Sylvie Brunel.