jeudi 19 mars 2015

40- Orgulloso de ser agricultor



ORGULLOSO DE SER AGRICULTOR

He recibido a finales de febrero, uno tras el otro, tres artículos franceses que me han llamado la atención, y que me parece interesante poner en paralelo.

El primero, publicado el 17 de febrero en challenge.fr, se titula “La agricultura francesa ¿está enferma?”
El segundo, publicado por Franck Gintrand el 21 de febrero en slate.fr, se titula “Surrealista Salón de la Agricultura”
El tercero, publicado por Marion Desreumaux el 27 de febrero en delitsdopinion.com es “A los franceses ¿les gusta los agricultores, pero no tanto la agricultura?”

Creo que lo que está ocurriendo en Francia puede ser ampliado a muchos países industrializados, y aunque el fenómeno no tiene la misma intensidad en todos, es muy probable que lo veamos ampliarse en los próximos años, salvo que la agricultura, los agricultores y los organismos y sindicatos agrícolas sean capaces de cambiar esta tendencia.

Observamos primero, en challenges.fr, que “en 2014, los ingresos de los agricultores deberían retroceder en 5%, hasta los 24.400 euros, según las primeras previsiones.
Los ganaderos siguen teniendo la peor situación. Por ejemplo los ganaderos de bovinos han visto sus ingresos caer en más de 20% hasta los 14.500 euros por año.
Pero este año, dos sectores se reúnen con los ganaderos en la categoría de agricultores peores remunerados. Primero los fruticultores que ven una caída de sus ingresos de más del 55% hasta los 13.400 euros. La culpa la tiene una producción de melocotones y de albaricoques elevada con precios a la baja, la competencia española tirando los precios hacia abajo.
Pero sobre todo son los productores de cereales, hasta ahora considerados como los ricos del mundo agrícola, que padecen la caída de los precios de los cereales. Deberían ver en 2014, una caída de sus ingresos del 40% aproximadamente, hasta los 11.500 euros anuales.
En este triste panorama, solo los viticultores y los productores de leche escapan del desastre.”

Primera constatación, los agricultores a menudo viven mal, con unos ingresos modestos o malos.
Porque se vive mal en Francia con 14.500 euros por año, peor aún con 13.400 euros, pues ¿qué decir de los 11.500 euros, que son menos de 1.000 euros al mes?
Se sabe que los años se siguen y no se parecen entre sí. A menudo es cierto, pero a veces no lo es. A veces, sí que se parecen.
Siempre los hay que escapan mejor, y que son los que sirven de ejemplo de éxito, o incluso de riqueza. Sin embargo, la realidad es la descrita en el artículo de challenge.fr.
La agricultura francesa, y europea en su conjunto está atravesando un periodo muy difícil.
El artículo no habla de las enormes diferencias de precios que existen entre el precio pagado al agricultor, y el precio pagado por el consumidor. El tema sin embargo aparece en los comentarios. ¿Cómo el consumidor, cuya parte del presupuesto dedicada a la comida no para de aumentar, puede entender que el agricultor lo está pasando aun peor? Actualmente, quiero decir durante el invierno 2014-2015, las patatas se pagan 4 céntimos/kg al agricultor, y las naranjas 7 céntimos/kg. Con esos precios, el agricultor no cubre sus gastos y no tiene otra posibilidad que de aumentar su endeudamiento para poder seguir adelante.
Esos mismos productos, pagados a unos precios escandalosamente bajos, se venden en tienda, al consumidor, entre 20 y 40 veces el precio de origen. Es inaceptable.
¿Cómo el sistema ha podido viciarse hasta el punto que los dos únicos eslabones imprescindibles de la cadena, es decir el productor y el consumidor, sean las únicas víctimas? Todos los otros eslabones (empresas de envases, de control, de transporte, actores comerciales, mayoristas, menoristas, grandes superficies) viven correctamente, incluso bien o muy bien.
¿Cómo los gobiernos pueden dejar que se prolongue una situación que perjudica a casi todo el mundo, incluso al propio estado?
Porque cuando baja el poder adquisitivo, la alimentación se convierte en la primera necesidad, y es el conjunto del consumo que se reduce.
Sin contar que un agricultor, con unos ingresos tan bajos, queda condenado a vivir en autarcía, deja de invertir, y dejar de consumir.
Y todos se sorprenden de constatar que la economía de los países industrializados está estancada.

Luego, en delitsdopinion.com, descubrimos que varias encuestas de opinión sobre agricultura se acaban de publicar:
“En un reciente sondeo Harris Interactive para Groupama realizado por el Salón de la Agricultura de Paris, 72% de los franceses indican tener una buena imagen de los agricultores. Pocas actividades pueden enorgullecerse hoy, de una tan buena opinión. Se apoya principalmente en la representación del valor “trabajo” (90% de los franceses estiman que los agricultores trabajan mucho) y del sentido de la dedicación (74% consideran que representan bien este valor) , así como de una combinación de defensa del patrimonio (76% los designan como garantía del patrimonio natural del país) y de modernidad (84% piensan que han sabido integrar las nuevas tecnologías en su actividad). Cerca de los 2/3 de los franceses (64%) llegan a decir que los agricultores deben ser considerados como un ejemplo. Misma tonalidad en un sondeo Odoxa para el periódico Le Parisien que un nivel de “buenas opiniones” del 82%. Los agricultores son considerados útiles (96%9, de valientes (94%), de apasionados (90%) y de simpáticos (73%).
La típica imagen del alimentador, duro trabajando, cultivando el granero de Francia, o criando ganado para llenar nuestros platos, persiste y contribuye a la identidad de nuestro país. Es probablemente el motivo por el que tantos responsables políticos se apresuran en los pasillos del Salón de la Agricultura. Además, el trabajo del agricultor se asocia con un importante sentido del sacrificio: el hecho de no contar las horas, de no coger vacaciones...a menudo con unos ingresos que se consideran no estar a la altura de los esfuerzos hechos. En este marco seria mal venido criticar a los agricultores de los que nuestro país no puede prescindir. Y es bienvenido promover la implicación o una forma de abnegación.”

Está bien, los franceses tienen una opinión muy positiva y virtuosa de los agricultores y de los valores que representan, y así tiene que ser. Mal remunerados, pero útiles (!!!), valientes, y simpáticos.
Seamos orgullosos. Pero, ¿nos sirve de algo?
Porque no todo es bonito.
“En la cuestión de las ayudas, los franceses se muestran bastante ambivalentes. Es cierto que 47% de los franceses describen, en el sondeo de imagen de los agricultores del instituto Ifop para Dimanche Ouest France, los agricultores como “asistidos”, es decir dependientes de las ayudas públicas (+3 puntos con respecto a 2014). Pero esta cifra había alcanzado el 61% en 2006. Y una mayoría quiere que las ayudan se mantengan, o incluso que sean aumentadas. El 76% indican que hay que “seguir ayudando la agricultura para mantener una Francia rural”.
Con respecto a la seguridad sanitaria, 51% de los franceses denuncian en la encuesta Odoxa, una profesión que consideran insuficientemente atenta a este problema. En el estudio Harris Interactive, casi un francés de cada tres estima incluso que la agricultura no es efectiva para reducir los riesgos en materia de seguridad alimentaria para el consumidor (trazabilidad de los productos, labelización…). En el sondeo Ifop, si una mayoría de los franceses considera que puede confiar en los agricultores, esta proporción baja 3 puntos desde 2014, y 13 puntos desde 2003. Además, los franceses solo son este año, el 52% a pensar que los agricultores son respetuosos con su salud, contra 59% en febrero del 2014, y 69% en 2013. Esta clara degradación preocupa.
Y sobre todo, para terminar, en la encuesta Harris Interactive, 61% de los franceses consideran que la agricultura no es efectiva para luchar contra la contaminación de las aguas, del aire y de los suelos. En el sondeo Odoxa, 64% estiman que la agricultura no es suficientemente atenta al medio ambiente, lo que representa una bajada de 5 puntos desde 2014 y de 12 puntos desde 2012. El impacto de la agricultura sobre el medio ambiente constituye un potencial punto de crispación entre los franceses y los agricultores.”

¡Vaya, vaya! En realidad el agricultor es un pobre útil valiente virtuoso simpático contaminador, peligroso y asistido. El retrato avanza, pero se vuelve caricatural. Solo puede uno preguntarse qué clase de ser extraño aparecerá.
Menos mal, el Salón de la Agricultura de Paris ayudara a reconciliar la población con su agricultura. ¿De verdad?

 
“El Salón capitaliza sobre una imagen simpática y amena, la de un acontecimiento emblemático y mediático. Una imagen surrealista también, a muchas leguas de la agricultura moderna. A pesar de la pequeña visita tradicional del Presidente de la República y del conjunto de la clase política, el Salón persiste en mantener este surrealista desfase entre la visión de una ruralidad que ya es marginal, y de las realidades de un mundo agrícola que ha efectuado un giro tecnológico impresionante.
Está claro que los organizadores no son totalmente inconscientes del hecho. Han justamente elegido el tema de “la agricultura en movimiento” para esta edición 2015, para promover las técnicas científicas modernas utilizadas por la profesión. Pero obviamente la elección del tema solo fue una formalidad rápidamente olvidada. En la página web del Salón, se encuentran, junto con este tema, las rúbricas habituales como son “Me gustan los animales”, “Bar y bodega”, “Productos de la tierra”, “Concurso general agrícola”… Sin contar que, una vez más este año, el espacio reservado a los animales aumenta.
Un Salón que miente a consciencias sobre la realidad de la agricultura moderna.
Una imagen casi fuera del tiempo… Sin embargo, la agricultura ha hecho cambios gigantescos. Y a pesar de lo que dicen sus detractores, no se limita al debate sobre el uso de fertilizantes o el desarrollo de las OGMs. ¿Quién lo dirá, si los propios agricultores no están convencidos, si son tetanizados, acomplejados hasta el punto de esconderse detrás de esta fachada de otros tiempos?
En pocos años, los agricultores han pasado de una agricultura tradicional a una agricultura intensiva y a una agricultura de muy alta precisión. Gracias a sistemas de guiado por satélite, ya no se conduce un tractor como ayer. Gracias a los sistemas de información, no se ordeña una vaca hoy como todavía se hacía en los años 90.
Más decisivo es el uso de modelizaciones matemáticas para optimizar la explotación de un campo, la importancia de la biología molecular, del control integrado de plagas y de la selección vegetal para proteger los ecosistemas de las amenazas, o de la genética moderna para entender mejor la fisiología de un animal, la arquitectura de las redes de riego que hoy permiten cultivar trigo casi en cualquier sitio, hasta en el desierto… ¿Y qué decir de las evoluciones destinadas a ahorrar agua, mejorar el bienestar animal, concebir productos mejor adaptados a la demanda y a las exigencias de la vida moderna? Si, son esas realidades que hay que atreverse valorizar, ya que todos estos aspectos están en el centro de la actividad del agricultor y del ganadero de los países desarrollados.
De hecho, es gracias al control de estos profundos cambios que nuestra producción agrícola se mantiene a la cabeza de la Unión Europea, con el 18%, bastante por delante de Alemania, España e Italia, que se encuentran en unos 12%. Francia es uno de los países que tienen la mejor productividad por cabeza y de rendimientos de cereales del mundo, con Estados Unidos, Australia y Brasil. Nuestro sector agroalimentario sigue siendo competitivo a nivel internacional, con un balance positivo desde los años 70, incluso en los últimos años marcados por la crisis.
Entonces, ¿Cómo explicar que el Salón de la Agricultura no les dé mayor visibilidad a esos avances tecnológicos y a las máquinas innovadoras que han permitido estos resultados? Se haría casi seguro por la mayor alegría de los niños, y probablemente de sus padres, al igual que la suavidad de la lana de una oveja o el sabor de un salchichón regional.”

Entramos aquí en un registro distinto, sin embargo muy estrechamente vinculado con los artículos anteriores.
Parece que existe cierto complejo, una manera de timidez, en el mundo agrícola.
Quizás sea originado por la presión descomunal e injustificada que le pesa encima, combinación casual e insidiosa de:
-una forma aproximada de ecologismo difuso en la población, a menudo inculta sobre agricultura y ciega en cuanto se le hable de medio ambiente,
-el miedo irracional del envenenamiento, fuertemente aprovechada por los lobbies ecologistas, y ampliamente apoyada por las administraciones públicas, cuando el riesgo, nunca ha sido tan bajo desde que el mundo existe,
-cierta torpeza de los organismos agrícolas, no siempre en acuerdo en ellos para hacer frente común en la defensa de “cierta idea de la agricultura”, cada deseando sacar provecho de la situación,
-un populismo evidente de la clase política, para la cual 5.6% del empleo y 3,5% del PIB no siempre pesan mucho en la báscula político-electoral, aunque “tantos responsables políticos se apresuran en los pasillos del Salón de la Agricultura”,
-de la impotencia de los organismos científicos y técnicos agrícolas, a menudo limitados, o por la orientación “políticamente correcta” de sus proyectos, o por unos presupuestos excesivamente reducidos, o incluso sospechados de parcialidad por haber tenido que buscar financiación a través de empresas privadas, para poder mantener su actividad y los empleos que de ella dependen.

“¿Y si los agricultores asumían su actividad con orgullo?
La apuesta es interesante ya que se trata de una formidable aventura científica y humana. Por desgracia, la opinión pública no se da cuenta y sigue desconfiando de la tecnología agrícola, entre controversias éticas sobre los OGMs y las derivas de algunas grandes multinacionales implicadas en la “Revolución Verde”. ¿Pero como culparla si el Salón, que es la única ocasión de celebrar la agricultura en Francia, no cumple con su misión de educación y de información, como lo hace, por ejemplo el Mundial de la Agricultura y de la Ganadería de la SIMA, por desgracia demasiado desconocido?
Tal ambición no es inaccesible. Los responsables del Salón, quizás temen un déficit de público si cambian su estrategia, pero no deberían ser tan tímidos. En Estados Unidos, el Museo de las Ciencias y las Industria de Chicago tiene un notable éxito, precisamente por su capacidad de proponer experiencias concretas y lúdicas a un público familiar, en un universo agrícola revisado, y que presenta las proezas a veces increíbles que nuestros sistemas productivos demuestran diariamente.”

El público podría de esta manera ver la evolución muy real de la agricultura, entender sus metas, constatar que los agricultores ya no son esos contaminadores peligrosos y asistidos que se les presenta frecuentemente.

Es que creo que es muy reductor y contra-productivo mantener, en la mente del público, año tras año, la imagen del agricultor solo como la del campesino a la antigua, en su traje tradicional, con, en los salones, los concursos de ganado y las catas de vinos, quesos y chacinas como principal atractivo.
No digo que hay que eliminarlos, esta imagen simpática, artesanal y tosca participa a una opinión globalmente positiva. Pero, como lo dice el artículo, deberían ser más presentes los numerosos aspectos de gran modernidad y de nuevas tecnologías de los que la agricultura se puede enorgullecer.
La agricultura de precisión es cada vez más una realidad, y también es uno de los principales medios de los que dispone para cumplir con los objetivos productivos y medio ambientales que se le presentan.


No debemos olvidar también que la agricultura es un sector altamente estratégico. Es a la vez
-una moneda de cambio: se intercambian productos industriales contra productos agrícolas con los países con pocos recursos,
-un arma geopolítica: basta con ver lo que está ocurriendo en el conflicto entre Ucrania y Rusia: en protesta contra las medidas de represión, Rusia cerró sus fronteras a los productos alimenticios procedentes de los países apoyando esas medidas. El resultado es una crisis agrícola por exceso de producción,
-una herramienta de control medio ambiental, permitiendo el mantenimiento de numerosos equilibrios naturales, al revés de lo que nos quieren hacer creer. Imaginad solamente las Landas (antigua zona apantanada del sur de Francia) sin agricultura y sin silvicultura. Veríamos el regreso del paludismo, para solo dar un ejemplo,
-una base imprescindible de la industria y el artesanado, por abastecimiento de muy numerosas materias primas (ver al respecto, mi artículo nº30 “¡Están por todas partes!” de septiembre 2014).

Dejar de lado a la agricultura, como parece que la Unión Europea lo quiere hacer, es también, y sobre todo tomar el riesgo de dejar desaparecer el saber hacer y el conocimiento de numerosos agricultores, agrónomos y técnicos agrícolas que, arruinados o cansados de hacer tantos esfuerzos sin resultado, se reciclan, o se van a otros países, muchas veces en desarrollo, que saben valorar sus competencias.

Los agricultores tienen que aprender a hacer conocer su trabajo a consumidores que no tienen ni idea, simplemente, enseñando y explicando la realidad, con el apoyo de organismos oficiales y científicos. La agricultura ha hecho su metamorfosis (ver mi artículo nº2 “metamorfosis” de enero 2014), pero ¿Quién, a parte de los propios agricultores, lo sabe?
Una comunicación dirigida al consumidor solo puede tener efectos positivos sobre su opinión, y por efecto indirecto, sobre el consumo.
La agricultura en su conjunto tiene mucho que ganar, pero aún hace falta encontrar la buena manera de hacerlo.

Tenemos que ser orgullosos de ser agricultores. Seamos orgullosos del trabajo difícil que realizamos a diario para que la población pueda tener a su disposición una alimentación abundante, diversificada y sana.

Un acontecimiento reciente y escandaloso me dio la razón antes de publicar este artículo, será el tema de mi próxima publicación.

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