lundi 25 septembre 2017

115- En defensa de la agricultura

EN DEFENSA DE LA AGRICULTURA

Francia es desde varios años, el crisol de una curiosa evolución del pensamiento hacia la alimentación. No quiere decir que sea el único país donde se observa este fenómeno, pero es probablemente donde es más violento, más extremo y también, y es más grave, más institucionalizado.


Sabes, querido lector, que soy francés, productor de frutas fuera de Francia, en España (más de uno me ha llamado traidor).
Aprovecho muchas veces artículos o comentarios procedentes de Francia. Espero que mis 78% de lectores no franceses no se harten de ello.
Pero es que lo que se está produciendo en esos momentos en Francia es ejemplar de lo que no se debe hacer o no debe dejar que se haga.
Espero que los demás países tendrán la fuerza y la inteligencia de no dejar que las cosas se desmadren de esta manera.
A fin de cuenta, todo el mundo  está perdiendo, sobre todo los agricultores, por supuesto, pero también el conjunto de los consumidores, es decir finalmente 100% de la población. Y eso, sin contar los daños medioambientales a largo plazo que ocasionan esas derivas ideológicas sin ningún fundamento científico real.

La excepción francesa. Los franceses son orgullosos de sentirse excepcionales. Hay una excepción francesa en cuanto a la cultura, una suerte de resistencia frente a la invasión de la cultura anglo-americana en la literatura y sobre todo en el cinema y la música.
Y cada vez que un hecho particular pone por delante una característica de Francia con respecto a otros países, se vuelve a sacar una y otra vez la excepción francesa, siempre en una faceta positiva y gratificante.
Es cierto, existe actualmente una excepción francesa. Pero esta es taimada, negativa, destructiva. Existe una verdadera depravación en la relación de la sociedad civil con su agricultura.


Y no creo que los franceses tengan derecho de sentirse orgullosos de esta relación, próxima a la inquisición, en la que el único pensamiento aceptable es ecológico, en la que la manipulación de la opinión pública es cuidadosamente organizada por lobbies que se niegan a llevar este nombre, en forma de “movimientos ciudadanos” o de organizaciones ecologistas, con el apoyo incondicional de la mayoría de los medias, televisión, radio, prensa escrita y digital, el conjunto bajo la mirada benevolente de los políticos en el poder sea cual sea su orientación ideológica.


La situación se ha vuelto tan tensa que los agricultores llegan a oponerse entre ellos.
Observo aquí, en España, en mi entorno, que existe una verdadera complementariedad entre los distintos sistemas de producción. La agricultura ecológica ocupa un sitio creciente, pero no se hace, o solo raramente por oposición a la agricultura convencional, pero más bien como una orientación diferente, una elección deliberada, y sobre todo una adaptación a un mercado en constante crecimiento.
La sociedad civil española es globalmente orgullosa de su agricultura, de sus progresos, de sus éxitos, de su pluralidad, y de la calidad de los alimentos que capaz de producir.
La agricultura evoluciona en su conjunto partiendo de una agricultura industrial, todavía presente en algunos sectores, especialmente para algunas producciones como los cereales o el algodón, hacia una agricultura más respetuosa, agricultura de conservación, producción integrada o agricultura ecológica.

No hay motivo para oponer los métodos de producción. Son complementarias. Las únicas evoluciones imprescindibles, son las que afectan a la erosión de los suelos, a la utilización de los recursos hídricos, y los problemas de contaminación. Pero para eso, ya lo he comentado en varias ocasiones, la mejor vía no es solamente la agricultura ecológica.


Acabo de leer un libro muy interesante, corto, conciso, muy claro, de fácil lectura, muy documentado, muy instructivo para quien quiere aceptar sus constataciones.
“Plaidoyer pour nos agriculteurs” (Alegato para nuestros agricultores) es escrito por Sylvie Brunel y publicado en francés en la colección “Dans le vif” por las editorial Buchet Chastel.


Hoy, te propongo la introducción, que es un bien resumen de la situación, y mi opinión con respecto a un problema no agrícola, pero con repercusiones tremendas.


“Un grito de alarma y un alegato.

Durante 20 años, he trabajado con ONGs que se enfrentaban a graves crisis alimentarias. Luchábamos contra las hambrunas y contra el hambre crónica, que sigue azotando a millones de personas en el mundo.
Comparados con la amplitud del problema, nuestros medios eran irrisorios. Sin embargo salvábamos vidas y servíamos de centinelas, alertando al mundo sobre las victimas olvidadas. El hambre es un asesino silencioso que la abundancia nos ha hecho olvidar, cuando sigue activa donde la pobreza y la falta de medios siguen siendo realidad.

Luego regrese a Francia para trabajar. Y descubrí una situación que me dejó estupefacta: ahí, los que nos alimentan son maltratados. No pasa un día sin que el trabajo agrícola este vilipendiado. Sin embargo gracias a él, nuestro pequeño país ha adquirido su independencia alimentaria e incluso se ha convertido en un gran exportador de alimentos. Pero, cuando la “marca Francia” se mantiene en muchos países del mundo como una señal de calidad, hablando de vino por supuesto, pero también de semillas, lácteos, cereales, carne bovina o manzanas, los franceses abuchean su agricultura, tomando el riesgo de verla desaparecer.

Necesitaba entender. Comparar mi experiencia del hambre ahí, a la realidad del campo aquí. Pues me fui para ver cómo trabajan esos agricultores tan criticados. Recorrí la Francia rural, hablado con cientos de personas, visitado muchas explotaciones. Pregunté, investigué. Sin prejuicio y con tenacidad.
Por todos lados, encontré gente apasionada, hombres y mujeres que adoran su trabajo y ponen todo en obra para entregarnos una alimentación de calidad. Agricultores, fruticultores, ganaderos que dedican su vida a sus fincas, a sus campos, a sus huertos a sus animales. Y que sufren tremendamente de sentirse tan despreciados, tan incomprendidos.

Este libro es un grito de alarma y un alegato. ¿Habremos olvidado el miedo a faltar? ¿Sabremos todavía lo que es caer enfermo, o incluso morir envenenado, por culpe de una alimentación inadecuada?
Mientras el clima cambia y la población no para de crecer, es urgente que cambiemos de actitud para salvar nuestros campos y los que nos alimentan. El tiempo nos es contado.”


Aconsejo claramente la lectura de este corto libro, perturbador para quien se interesa a la alimentación, la agricultura, el medioambiente, y para quien desea o acepta cuestionar algunos valores habitualmente admitidos en las sociedades occidentales. Una gran patada en las ideas preconcebidas.
El libro no toma partido por una ideología u otra. Estudia una situación cada vez compleja y difícil, en la que el público, pero también los propios agricultores, tienen cada vez más dificultades para distinguir la verdad de la mentira.

Sylvie Brunel nos habla de pesticidas, de residuos, de contaminación, pero también de evolución demográfica, política, comercial e incluso de geopolítica.
Explica los problemas y los errores del pasado, pero también las evoluciones y los cambios realizados o en curso, los progresos, los profundos cambios que la agricultura ha implementado.
Habla de los riesgos sanitarios y de la seguridad de los alimentos.
Es que la problemática agrícola toca todo eso y las decisiones políticas e ideológicas de hoy, a menudo guiadas por motivos afectivos, ideológicos, pero no científicos, tendrán numerosas y graves repercusiones en el futuro.
Y aunque este libro sea muy centrado en la agricultura francesa, una amplia mayoría de las informaciones que ahí se encuentran se puede extrapolar a muchísimos otros países del mundo.
Desgraciadamente, en mi conocimiento, no ha sido traducido todavía, y en consecuencia solo está disponible en francés.
Es una lástima. Quizás pueda tomar otros temas del libro en el futuro para traducirlos, para que puedas disfrutar del poder de análisis de Sylvie Brunel.

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