lundi 11 mars 2019

144- El suelo -6- La unión hace la fuerza


EL SUELO -6- LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Hace poco, la página Facebook “Sols vivants –Québec” (“Suelos vivos – Quebec”, una página francófona, muy recomendable para los que se interesan en las influencias recíprocas de la vida del suelo y de la producción agrícola), publicaba un muy interesante artículo sobre la científica Christine Jones y sus estudios sobre la diversidad encima y dentro de los suelos.

Este artículo, del 18 de febrero de 2019 y publicado en el diario independiente La Junta Tribune-Democrat del estado de Colorado, resalta algunos puntos de los que se habla poco, pero que podrían revelarse esenciales para el futuro de una agricultura sostenible y productiva, y para la lucha contra el calentamiento climático.

Imagen personal

Christine Jones explica que el vapor de agua es el principal gas de efecto invernadero. No es la primera en hablar del tema, pero curiosamente el debate público se ha focalizado sobre el CO2, cuando el vapor de agua es en realidad mucho más importante.

Después habla de la diversidad como fuente de potencia vital para los suelos y de fertilidad para los cultivos.
Es un punto nunca evocado pero que puede dar una interesante pista de experimentación y de trabajo para todos los agricultores e investigadores que, de una forma u otra, intentan evitar o reducir los laboreos y aumentar la biodiversidad en sus fincas.
Se puede resumir su mensaje en la frase
“Hoy por hoy, nuestros suelos no son deficientes en minerales, son deficientes en microrganismos”


Como siempre, publico el artículo en su totalidad. Sin embargo, en este he suprimido una parte que anuncia una conferencia a la que Christine Jones debe participar pocos días después. A la fecha de publicación de este post de blog, dicha conferencia esta terminada. Elimino esta parte para no parasitar la lectura. Pero se puede acceder por el link hacia el artículo original.



Una ecóloga de los suelos cuestiona el pensamiento dominante sobre el calentamiento global

Por Candace Krebs / para Ag Journal


La gestión de las tierras cultivadas y de los pastos es el medio más efectivo para remediar al cambio climático, una visión que no recibe toda la atención que se merece, según una australiana, ecóloga de los suelo de renombre que habla de la salud de los suelo por el mundo.

“El agua situada en la superficie del suelo se evapora. El vapor de agua, causado por evaporación del agua porque no se ha podido infiltrar, es el gas de efecto invernadero que más ha aumentado desde la revolución industrial”, declaró Christine Jones en un discurso pronunciado durante la conferencia No Till on the Plains de Wichita en Enero.


“Está científicamente demostrado que el vapor de agua representa el 95% del efecto invernadero, cuando como mucho el 3% del dióxido de carbono es el resultado de la combustión de los combustibles fósiles, y que el dióxido de carbono solo representa el 0,04% de la atmósfera” persigue. “Entonces, ¿como puede un gas presente en niveles de trazas cambiar el clima mundial?”

Es un detalle crucial que los medias generalistas y gran parte del público no han visto, según dice.

“No tiene nada que ver con el hecho de quemar carbón o no” declaró con énfasis.

Doctora en bioquímica de los suelos, Jones ha trabajado en la investigación pública y en el desarrollo agrícola antes de convertirse en consultora en salud de los suelos en la escena internacional.

Recomienda guardar el suelo cubierto de manera permanente con diversas comunidades vegetales y reducir considerablemente la dependencia a los fungicidas, a los pesticidas y a los fertilizantes artificiales. La solución para un campo sano y productivo no es más insumos, ni siquiera más lluvias, explica, es una comprensión y una capitalización de las ventajas de diversas mezclas de plantas que trabajan juntas para extraer el carbono de la atmosfera e integrarlo en el suelo.

[…]


El principio sobre el que Jones no puede insistir más en sus ponencias, es el poder de la diversidad.

Llama a más diversidad en la dieta humana – afirmando que los humanos necesitan comer a menos 30 alimentos vegetales a la semana para que el bioma intestinal funciona correctamente – más diversidad en las dietas del ganado, hablando de los estudios de Fred Provenza, profesor emérito a la Utah State University, quien realizo investigaciones profundizadas sobre los modelos alimenticios de los animales y finalmente diversos paisajes reflejando la complejidad de la pradera primitiva, que contenía antaño más de 700 especies distintas de hierbas y de no-gramíneas en cada parcelita de tierra.

Para explicar porque la diversidad de plantas es tan importante, emplea un término que podría ser nuevo para muchos agricultores: “la detección del quórum” (quorum sensing).

Los microorganismos del suelo pueden sentir cuando el número de plantas alcanza un punto crítico en la comunidad, declaró en conferencia en Wichita.

“Un quórum en una organización es este umbral que debe ser alcanzado para tomar decisiones y hacer negocios”, declaró. “Lo que ahora sabemos sobre las poblaciones microbianas, es que también debe respetar un umbral para conseguir un “comportamiento coordinado dependiendo de la densidad”. Cuando se produce, trabajan juntas como si fuera un súper-organismo, capaz de tolerar la sequía o suelos pobres en nutrientes, o cualquier otra situación de este tipo”.


Mencionó investigaciones hechas en Alemania que enseñaban que la combinación de varias plantas aumentaba más la producción de biomasa que de añadir 200 unidades de nitrógeno por hectárea a los cultivos en monocultivo. En otras experiencias, cultivos de plantas mezcladas han podido ser realizadas con un mínimo de agua, mientras bandas de monocultivos enseñaban un severo estrés de sequía.

“Lo que se produce aquí va más allá de la simple idea de complementariedad, en la que cada  planta ocupa un nicho diferente”, declaró.

Diversas mezclas aumentan la fotosíntesis, lo que conduce a un mayor almacenamiento de carbono en el suelo, explicó.

“Es para preguntarse porque nos preocupamos tanto por las malas hierbas”, bromeó.

Las ventajas de una biodiversidad incrementada son igual de válidas para las tierras agrícolas que para las praderas, añadió.

Aunque algunas plantas sacan mayores beneficios de la diversidad que otras, es el impacto global de redes interdependientes complejas de raíces y de microorganismos del suelo, que transforma la función del paisaje en su conjunto. Todo consiste en reforzar la capacidad de secuestración del carbono, declaró.

Sostiene desde mucho tiempo que el carbono del suelo es esencial para que las plantas saquen pleno partido de los nutrientes como el nitrógeno, lo que la agricultura moderna tiende a olvidar.

“En la actualidad, nuestros suelos no son deficientes en minerales, son deficientes en microorganismos”, afirmó.

Una cantidad suficiente de carbono es igualmente necesaria para la plena expresión del potencial genético de una planta.

“En el mundo vegetal, la selección genética puede orientarte en determinada dirección, pero si actúas para la salud de tu suelo, puedes progresar muchísimo en un tiempo mucho más corto”, declaró.

La prueba que el suelo es sano es un color oscuro y rico, un contenido alto en materia orgánica, una estructura rica en agregados y redes complejas de filamentos colonizando las raíces de las plantas, otorgando una absorción incrementada de agua y de los nutrientes.


“No deberíamos ver nunca raíces expuestas en una planta”, declaró Jones. “Si puedes ver las raíces de la planta, es que no comunican adecuadamente con el suelo”.

Todas esas cualidades indican un aumento activo de la secuestración del carbono.

Jones concluye que los cambios ocurridos en las prácticas agrícolas a lo largo del siglo pasado han tenido mayor impacto en el clima mundial de lo que se le reconoce en general. Pero eso significa igualmente que la mejora de las prácticas agrícolas revela un potencial considerable para mejorar el clima.

“La temperatura creciente, la aridez creciente, son el resultado de una gestión agrícola inapropiada”, declaró. “Hemos aportado enormes cambios al paisaje, simplificándolo, eliminando árboles y plantas y pasando de plantaciones diversificadas a campos que solo producen una sola cosa a la vez”.



Sería demasiado simple reducir las causas de los cambios climáticos estigmatizando la agricultura. Su papel sin embargo, es importante.

Pero es necesario, por una parte saber reconocer los errores del pasado, aunque se hayan hecho sin malas intenciones, y por otra parte subrayar y favorecer la capacidad de la agricultura a convertirse en el actor principal de la lucha contra el calentamiento global y de la reducción de los gases de efecto invernadero.


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