vendredi 8 avril 2016

54- La materia orgánica del suelo.



LA MATERIA ORGÁNICA DEL SUELO.

A principios de septiembre, tuve la necesidad profesional de redactar un documento técnico, para incluirlo en un informe presentado a la administración andaluza. Se trata de una explicación simple de la justificación de la trituración de la leña de poda en árboles de todos tipos, para que el funcionario de turno, que posiblemente no sea un agrónomo, entienda fácilmente las motivaciones técnicas y medioambientales. Me pareció una base excelente para redactar este artículo del blog.

Las plantas se alimentan del suelo, en forma de elementos nutricionales liberados en la solución del suelo, es decir en el agua disponible para las plantas. Esos elementos, constitutivos de las plantas, son el nitrógeno, el potasio, el fósforo, el calcio, el azufre, el boro, el magnesio y numerosos micro-elementos, en general metales. Solo algunas plantas pueden extraer el nitrógeno del aire, las leguminosas, y otras como las orquídeas sacan la casi totalidad de sus alimentos del aire (por este motivo nunca hay que cortarle las raíces aireas a una orquídea, sino muere).
Los elementos nutricionales naturalmente disponibles (es decir sin contar con los aportes de fertilizantes químicos y ecológicos) para la planta en el suelo, proceden en su gran mayoría de la descomposición de la materia orgánica.
A su vez, la materia orgánica procede del ciclo de vida de las plantas que viven en el lugar. En un bosque natural, las plantas o partes de plantas que mueren, caen al suelo, y se inicia un largo proceso de descomposición que desembocara sobre los mismos elementos, puestos nuevamente a disposición de las plantas del lugar. Un bosque natural sin limpieza, ni explotación, ni mantenimiento humano no necesita fertilización, a pesar de producir una enorme cantidad de material vegetal, en forma de brotes, de madera, hojas y frutas de todos los tipos presentes.
Lo que se produce procede de lo que absorben las plantas.
Lo que absorben las plantas procede de la descomposición de los organismos, vegetales y animales, que viven y mueren en el lugar.
Lo que muere en el lugar, excepto algunos animales y microorganismos que pueden venir de fuera, procede de plantas y animales autóctonas.
Es el ciclo de la vida. No se crea ni desaparece nada, o casi, al menos en este lugar.

La leña está formada por una estructura específica y dura, que le confiere su rigidez y su resistencia, la lignina. Es un problema en el proceso de descomposición ya que, aparte de animales como roedores o determinados insectos, solo lo pueden atacar los hongos. Estos se instalan en la leña muerta, y desarrollan su ciclo alimentándose de lignina. Estos hongos, específicos para esta función, necesitan mucha humedad, aire, y luz, para vivir. Se mantienen en superficie del suelo, en los primeros centímetros (de 0 a 10 cm de profundidad aproximadamente). Esta es la explicación por la que los barcos hundidos, o restos de madera enterrados bajo metros de tierra, se pueden encontrar en muy buen estado de conservación varios siglos después. Los hongos, incapaces de vivir en esas condiciones de falta de aire y/o luz, no se desarrollan y no atacan la madera. Por el mismo motivo, una ciudad como Venecia, cuyos edificios están soportados por palos de madera desde siglos, sigue en pie a pesar de ser una gran laguna, bañada en agua de manera permanente.
Una vez descompuesta la lignina, la materia orgánica va poder iniciar su proceso de humificación (transformación en humus), con la participación activa de un gran número de organismos vivos del suelo, especialmente las baterías y las lombrices. Es un proceso aerobio, es decir que solo se puede realizar en presencia de una cantidad suficiente de aire, con lo que solo se puede producir en las capas superficiales del suelo (de 0 a 40 cm de profundidad aproximadamente).

En agricultura, extraemos cosechas para la producción de alimentos, paja, madera, fibras textiles o materiales para biomasa o industria. El resultado, es que poco a poco, el suelo se empobrece si las extracciones no se restituyen por completo.
Para mantener el suelo en su mismo estado de fertilidad, es imprescindible compensar estas extracciones por aportes de fertilizantes. Estos solo compensan la pérdida de elementos nutritivos, no la pérdida de materia orgánica ni la fertilidad.
La fertilidad del suelo se debe mantener a largo plazo por aportes de materia orgánica, de manera de compensar las extracciones que tienden a empobrecer el suelo, no solo en términos de fertilidad, sino también en términos de vida del suelo.

En cultivos leñosos (árboles y arbustos), la poda consiste en una selección de los órganos productivos, para mejorar la calidad de la producción. La leña eliminada se puede mandar a reciclar (biomasa, compost, celulosa, leña de calefacción, etc.), quemar o restituir al suelo.
La leña que se manda a reciclar puede ser económicamente interesante, ya que en general se vende, o se le saca algún tipo de beneficio económico. 

Un tractor equipado con una trituradora, es el medio más común para aprovechar la leña de poda, en verano como en invierno.

La quema se debe reservar a casos muy poco comunes de problemas fitosanitarios graves, ya que es una pérdida pura y dura, con efectos contaminantes, acompañados con la destrucción, por el fuego y el calor, de la vida superficial del suelo. Muchos agricultores son muy reticentes a dejar la leña triturada, por temor a la propagación de enfermedades. Sin embargo, hay que decir que existe una alternativa a la quema, el compostaje ya que, en su proceso natural, la temperatura puede alcanzar 70 grados durante muchas horas, lo que es un excelente esterilizante que elimina bacterias, hongos, insectos e incluso semillas de malas hierbas. 


La trituración representa la manera más efectiva para combinar las exigencias de la agricultura (poder caminar y circular en la arboleda), con el comportamiento natural del ciclo de la leña en un bosque. Es un proceso, para utilizar un término muy de moda, totalmente sostenible.
En caso de extraer o quemar la leña de poda, hay que compensar esas extracciones por aportes de fertilizantes. Sin embargo, los abonos sin materia orgánica (químicos o naturales) solo compensan la extracción de elementos, pero no son capaces de mantener la actividad de la vida del suelo. Poco a poco, en suelo pierde su estructura y su fertilidad. Las condiciones de cultivo son cada vez más difíciles, y los resultados productivos cada vez peores. Es imprescindible aportar materia orgánica de alguna manera, por ejemplo en forma de compost o de estiércol compostado.
Las extracciones de elementos nutricionales que representa una cosecha son generalmente muy bajas, y fáciles de compensar con una fertilización moderada. Si se le añade las extracciones de la leña, ya estamos hablando de cantidades infinitamente más elevadas. Es donde aparece el real riesgo de destrucción de la estructura del suelo, de pérdida de fertilidad, y de contaminación ambiental por la cantidad de abonos a aportar.


Despues de la poda de invierno, caminar y circular puede ser problemático.
El mantenimiento o enriquecimiento del suelo en materia orgánica tiene grandes ventajas agronómicas:
-       La vida del suelo es mucho más importante y activa, lo que favorece su fertilidad, su aireación, y su capacidad para almacenar agua de lluvia o de riego.
-       La materia orgánica tiene una acción fundamental en el complejo arcillo-húmico, es decir en la capacidad de intercambio de elementos nutritivos para la planta. La efectividad de la nutrición vegetal depende directamente de ello.
-       En leñosos y combinada con una cubierta vegetal, es decir la presencia de hierba controlada entre las filas de árboles, esta técnica favorece la multiplicación de las lombrices, favorece el drenaje y limita su compactación.
-       En muchos casos, el beneficio más fácil de observar es un aumento de la homogeneidad de los cultivos, lo que se traduce por un aumento de productividad, sin necesidad de aumentar los aportes de fertilizantes y de agua de riego. Las irregularidades naturales en la textura del suelo, combinadas con el trabajo del agricultor, hacen que una plantación, homogénea de joven, se convierte con el tiempo en heterogénea, con árboles fuertes y productivos, otros más débiles y poco productivos. Ganar en homogeneidad, es hacer que los árboles sean todos fuertes y productivos.


Ya no es un problema

Los beneficios medioambientales de la adecuada gestión de la materia orgánica del suelo son aún más numerosos:
-       Una vida activa importante del suelo favorece la biodiversidad. Por ejemplo, el aumento de las poblaciones de lombrices favorece las poblaciones de topos y de aves que se alimentan de ellos, lo que a su vez favorece la multiplicación de serpientes y de aves rapaces, etc.
-       El aumento de la fertilidad natural del suelo permite reducir el consumo de fertilizantes, ya que gran parte de las necesidades de los cultivos está producida por el propio suelo de manera natural.
-       El mejor estado de aireación del suelo permite un mejor aprovechamiento de las aguas de lluvia, y una reducción de las necesidades de agua de riego.
-       El mejor estado de aireación del suelo también permite un mejor drenaje, lo que reduce el riesgo de asfixia de los cultivos, así como las pérdidas de aguas de lluvia en los desagües y arroyos y mejora las posibilidades de recarga de los acuíferos subterráneos.
-       Al igual que en el caso de la técnica de siembra directa en cultivos anuales, el hecho de mantener el suelo sin remover, con los restos de poda triturados en superficie, especialmente si se combina con una cubierta vegetal, reduce mucho la pérdida de suelos agrícolas por los efectos de la erosión por lluvia y viento.
-       La mejora de homogeneidad de las parcelas de cultivo permite un aumento de productividad. A nivel local, es una mayor ganancia para el agricultor. A nivel global, es una garantía de poder seguir creciendo en productividad, es decir seguir produciendo más, sin necesidad de conquistar más tierras, de cara al futuro aumento de la población mundial. Obviamente, es un beneficio medioambiental, aunque sea difícil de apreciar a nivel local.
-       El no-laboreo reduce notablemente la liberación de CO2 a la atmósfera, con lo que participa directamente en la lucha contra el calentamiento global.
-       Existe un efecto, menos conocido por los propios agricultores, pero potencialmente uno de los más importantes, que es la mejora de la capacidad de la planta a auto-defenderse, debido a la riqueza del suelo en microorganismos beneficiosos. Este punto requiere un artículo en sí solo.
-       Para terminar, está demostrado que una vida microbiana más activa del suelo mejora mucho su capacidad a descomponer los residuos de plaguicidas, químicos y ecológicos, reduciendo el riesgo de contaminación de las aguas subterráneas.


En la primavera siguiente, la hierba a crecido, ya no se nota la leña triturada. Sin embargo esta en el suelo.

La trituración de la leña de poda para su aprovechamiento por el suelo es una práctica totalmente sostenible, ya que participa activamente en el mantenimiento de la fertilidad del suelo, en su conservación, en su capacidad de drenaje y en su capacidad a producir a largo plazo cosechas importantes en cantidad y en calidad. En los casos de suelos degradados o muy pobres en materia orgánica, aportes exteriores en forma de compost son imprescindibles para devolverles una vida activa suficiente. Y es un proceso largo, que puede durar varios años.
Pero cuidado, para ser efectivo, un enriquecimiento en materia orgánica exige cantidades enormes. Un ejemplo:  
Para aumentar el porcentaje de materia orgánica en 1% en los 30 primeros centímetros del suelo, hay que tomar en cuenta que 30 centímetros de suelo son 300 litros de tierra, o 450 kg, y que un compost tiene en general un contenido aproximado del 40% de materia orgánica.
Para una huerta de 100 m2, hay que aportar más de 1.000 kg de compost, y un agricultor debe aportar más de 100.000 kilos por hectárea.
Si presento este cálculo, es para que tomes conciencia que la restitución anual de los restos vegetales es una técnica fácil, económica y muy efectiva para mantener un suelo en buenas condiciones. Es interesante, especialmente para el hortelano, hacer su propio compost con todos los restos vegetales que genera, por ejemplo procedentes de plantas decorativas, de poda de setos, de restos de frutas y hortalizas perdidos o pelados, de césped cortado. Es fácil, no huele y es un complemento nutricional excelente. Solo requiere removerlo de vez en cuando, y mantenerlo húmedo. Voy a preparar un artículo sobre el método de compostaje.
Este cálculo también permite avisar de que los abonos orgánicos habitualmente vendidos son engañosos. Son una buena fuente nutricional, sin duda, pero no son un enriquecimiento del suelo. Para serlo, habría que aportar cantidades enormes.


Al final de un verano muy seco, la hierba se ha secado, mezclada con los restos de poda triturada, formando una buena capa de materia orgánica, lista para ser descompuesta cuando lleguen las primeras lluvias del otoño. La hierba volvera a nacer, y en la primavera siguiente, tendremos de nuevo una cubierta verde, fina y muy activa.

Sin plantas, no habría vida en la Tierra, pero sin suelos fértiles, no crecerían las plantas.
El suelo es la vida de las plantas, con lo que es también la vida humana. Más simplemente, el suelo es la vida. Tenemos que cuidar de él, tanto si somos agricultores, que si somos hortelanos o simples propietarios de un jardín.
Para cuidarlo, lo primero en conocerlo, y entender los muy complejos procesos que se producen de manera permanente bajo nuestros pies, y en silencio. No les prestamos atención. Sin embargo nuestra vida depende de ellos.

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