EL FUTURO DE LA AGRICULTURA
La Producción Integrada es un término aparecido en los años
70, después que la OILB (Organización Internacional de Lucha Biológica) o IOBC
(International Organisation for Biological Control), haya establecido sus
principios.
Se trata de un movimiento científico y técnico, que se
inició en los años 60, y que es una propuesta de racionalización de la
producción agrícola (tal como se practicaba hace 50 años). Actualmente, se
puede situar a medio camino entre la Producción Convencional y la Producción
Ecológica. La causa de este “invento” es bastante sencilla.
Para entenderla bien, hay que volver a situarse en el
contexto de la agricultura y la agroquímica de esos años. Estamos en una situación
de una agroquímica en pleno desarrollo, triunfadora, de una agricultura que
ponía la productividad como prioridad absoluta, con una investigación
agronómica que empezaba a salir de los centros de investigación, y con una
progresión productiva exponencial.
También hay que añadir que la oposición a ese movimiento
fuertemente productivista, y casi totalmente desprovisto de preocupaciones
medio ambientales, se iba reforzando al mismo ritmo. Pero a pesar de todo, la
Producción Biológica se encontraba todavía en una fase inicial, con enormes
problemas técnicos sin resolver por falta de soluciones y de conocimiento.
Por otra parte, las consecuencias medio ambientales de las
prácticas agronómicas de la época eran mal conocidas, y no difundidas, ni hacia
el público, ni hacia los agricultores.
Sin embargo, los trabajos realizados por investigadores de
todo el Mundo empezaban a demostrar que un buen conocimiento del cultivo y de
sus problemas agronómicos, fisiológicos y fitosanitarios, asociado a unos
métodos simples de observación y de medición permitía conseguir excelentes
resultados técnicos, tanto en Agricultura Ecológica como en Agricultura Convencional.
Las consecuencias más directas se traducían eran, por una
parte un consumo claramente reducido de plaguicidas y de fertilizantes, ya que
las aplicaciones eran mucho más enfocadas, y por otra parte, consecuencias muy
positivas sobre el medio ambiente.
Al principio, se tomaba en cuenta sobre todo el lado de la
protección fitosanitaria. Se hablaba entonces de Lucha Integrada, término que
sigue usado por algunos. Y es la denominación todavía empleada por los
anglo-sajones, que usan las siglas IPM (Integrated Pest Management). Pero
rápidamente, se hizo obvio que la palabra “Lucha” era inadaptada, y que era
mejor emplear la palabra “Protección”. Se empezó a hablar de Protección
Fitosanitaria Integrada.
Luego, la observación de las interacciones entre el vegetal
y su entorno, mostro que limitarse al único aspecto de la protección
fitosanitaria era demasiado reductor. El concepto evoluciono hacia lo que hoy
se llama Producción Integrada.
¿De qué se trata? De la racionalización en la gestión de los
cultivos, dando siempre preferencia a los medios naturales y a las técnicas de
prevención, para reservar las intervenciones químicas como último recurso,
cuando otras técnicas no han sido efectivas. Se toma en cuanto todo, para
integrar en la gestión los aspectos económicos, ecológicos y ecotoxicológicos,
además de las problemáticas agrícolas.
En este contexto, el objetivo del agricultor se convierte en
hacer todo lo posible para que el equilibrio del vegetal, el funcionamiento
óptimo del suelo, y el respecto por el ecosistema que representa la finca y su
entorno, limiten o eviten la necesidad de intervenir por medios no naturales.
Numerosas situaciones de desequilibrio llevan tratamientos
que se podrían evitar por una buena gestión global. A continuación, os expongo
tres casos, muy diferentes entre sí, para ilustrar este punto clave, pero existe
una infinita variedad de situaciones de este tipo.
Por ejemplo, una finca bien nivelada o cuyos desagües se han planteado adecuadamente, va evitar dejar
zonas con mala evacuación de las aguas de lluvia o de riego. Estas zonas pueden
provocar asfixia radicular que debilita el cultivo y/o que es una puerta de
entrada para hongos o bacterias del suelo que pueden atacar el cultivo,
obligando el agricultor a realizar tratamientos químicos, o a una sobre-fertilización
para compensar su debilidad. Este trabajo previo a la siembra o a la plantación
permite evitar un riesgo de contaminación y un gasto inútil.
Otro ejemplo, existen suelos habitados por unos gusanos
microscópicos, llamados nematodos, que pueden afectar gravemente al cultivo. En
las áreas donde el nematodo es naturalmente presente, hay que evitar cultivos
sensibles, o injertarlos sobre porta-injertos resistentes. De este modo, la
producción no se ve afectada, y no es necesario utilizar tratamientos muy
contaminantes y muy caros.
Último ejemplo: un exceso de nitrógeno, elemento
imprescindible para que la planta haga su fotosíntesis, puede llevar a un
exceso de vigor, lo que puede favorecer los ataques de un gran número de
parásitos (hongos, ácaros, pulgones, cicadelides, etc.). Un buen control de la
alimentación nitrogenada permite evitar estos ataques y los tratamientos que
podrían ocasionar, o al menos limitarlos fuertemente. Cuando empecé a trabajar
como joven asesor en los años 80, era normal que los huertos de frutales sean
tratados varias veces en cada campaña. Actualmente, gracias a una mejor gestión
global y nutricional de los frutales, es muy raro tener que realizar más de una
intervención, y es frecuente no tener que hacer ninguna.
Estos tres ejemplos ilustran el fundamento del método, que
puede ser resumido en 5 palabras: conocimiento, análisis, razonamiento,
profilaxis, prevención.
Después, hay que añadir que la transición de la agricultura
convencional a la Producción Integrada es principalmente un problema de
voluntad y de formación. Es fácil. En la medida en que, como lo explico más
adelante, la química se evita cada vez que es posible, pero no es un criterio
de rechazo, la transición no representa un gran sacrificio para el agricultor,
como es el caso para la Producción Ecológica o Biodinámica (ver mis dos
artículos sobre estos dos modos de producción). Tendrá que poner en marcha
determinados procesos de vigilancia y de control, formarse si no lo es y formar
su personal, pero esta inversión técnica y humana es directamente “pagada” por
los ahorros realizados por la reducción del consumo de agua, de fertilizantes y
de plaguicidas. Un agricultor, incluso si no se interesa en los problemas medio
ambientales, tiene un interés directo en usar los métodos de Producción
Integrada. Esta simple observación le da un poder importante al método, y
explica su generalización, primero a todos los países industrializados, y
progresivamente a los países en desarrollo. El freno principal a su
generalización completa es la falta de instrucción y de formación. En
determinados casos, esta falta se compensa por la implantación de redes de
asesoramiento y de desarrollo técnico, pero todavía no es el caso en muchos
lugares.
Existen varias certificaciones en producción Integrada, pero
actualmente, no hay ningún mercado específico. ¿Por qué? Pues simplemente
porque los negociantes, y en especial los supermercados, se resisten a
presentar una tercera línea de productos. Ya os he comentado el tema. La comunicación
sobre el ecológico está limitada a su estricto mínimo (“Ecológico = no
tratado”, y hasta, lo que es totalmente falso, y a veces y de manera muy
directa “No ecológico = veneno” lo que es una pura mentira y escandaloso).
Donde no hay comunicación explicita, es que es convencional. Y los pobres
consumidores, ignorantes y manipulados, no lo cuestionan. Compran “no tratado”,
o simplemente compran alimentos. Algunos quizás piensan que existe un riesgo de
envenenarse, por ignorancia y sobre todo por una contra comunicación, de parte
de los movimientos ecológicos, extremadamente efectiva, aunque sea con un
postulado totalmente falso.
La gente que venden estos alimentos consideran que el
consumidor es un imbécil, incapaz de entender y/o incapaz de aprender. Peor lo
que nadie dice es que una amplia mayoría de los alimentos vendidos como
convencionales, se cultivan por métodos de Producción Integrada, aunque no
siempre se certifican.
En concreto, ¿cómo se traduce esto en vuestros alimentos?
Que se produce siguiendo reglas de gestión agronómica, de
protección del medio ambiente y con el respecto al consumidor.
¿Esto no os recuerda algo? Ah pues sí, es también lo que
dicen los productos ecológicos, ¿No? Pero voy a añadir algo más, que podéis
creer, o no.
La mayoría de los productos químicos que se usan en
Producción Integrada no son más peligrosos, para la salud y el medio ambiente,
que muchos productos ecológicos. Y más aún, los alimentos procedentes de la
Producción Integrada son mucho más y mejor controlados que los mismos alimentos
procedentes de la Producción Ecológica.
Y voy a hacer una confidencia, ya que estamos hablando de
temas difíciles. A finales de Octubre, tuve una reunión muy interesante e
instructiva con uno de los grandes laboratorios europeos. Estábamos hablando de
residuos de plaguicidas. ¿Quién sabe que una gran parte de la Producción
Ecológica recibe tratamientos químicos una o varias veces a lo largo del ciclo
productivo? Los laboratorios lo saben, ya que son ellos que hacen los análisis.
No lo comentan, ya que las reglas de confidencialidad se les prohíben hablar de
ello claramente, y que los resultados solo se entregan a los titulares de las
muestras. Esos tratamientos siempre se aplican lejos de la recolección, para no
dejar residuo en los alimentos.
¿Por qué esta situación? Por la tiranía del mercado. Un
agricultor en Producción Ecológica, si tiene que resolver un problema que no
tiene solución ecológica, de utilizar un producto químico, pierde enseguida el
derecho de vender el alimento como ecológico. Habrá hecho todo el esfuerzo para
producir ecológico, pero perderá todos los beneficios económicos. Este tipo de
situación es común, y actualmente, las soluciones ecológicas no cubren todas
las necesidades.
Es por eso que la Producción Integrada tiene tan buena
acogida entre los agricultores, aunque no lo sepáis, ya que nadie os lo
comunica. El agricultor en Producción Integrada no necesita mentir o esconder
ciertas verdades no admitidas, ya que el uso de la química, aunque sea
reglamentado, se autoriza.
La Producción
Integrada es, al día de hoy, el único modo de producir alimentos sanos, a gran
escala, en el respeto de los consumidores, del medio ambiente y de los trabajadores
de la finca. Los métodos que rechazan la química no pueden producir
cantidades importantes, en superficies importantes, sin tener que soportar
graves problemas sin solución, poniendo en peligro la supervivencia de las
fincas, o sin hacer trampa.
Para que entendáis todo lo que hace el agricultor a diario
en sus campos para una buena gestión de sus cultivos, voy a hacer una lista de
acciones que se pueden realizar en el marco de este método productivo. Es
evidente que a todo eso, hay que sumar las tareas normales del campo,
mecanizados o manuales, de laboreos, podas, recolección, etc.
No voy a intentar convenceros de que solo se hace en
Producción Integrada. No es así, los agricultores en ecológico o en biodinámica
también lo hacen. Pero si lo digo aquí y ahora, en este capítulo de la serie,
es para que entendáis que la agricultura ya no es la misma que hace 30 años. Lo
que describo aquí es una realidad en una amplia mayoría de productos
alimenticios que podéis encontrar tanto en los mercadillos como en las tiendas.
Sin no es ecológico, es muy probable que sea de Producción Integrada.
Principios:
-
La
observación: ninguna intervención se puede hacer sin una observación previa
de la situación. Es verdad para los tratamientos con plaguicidas, por supuesto,
pero también para la nutrición, el riego, las labores de suelo o las
intervenciones en el propio cultivo (poda, aclareo, recolección).
-
El
análisis: se trata tanto del análisis correcto de las situaciones concretas, como del envío de
muestras laboratorio. Se puede analizar el suelo, el agua de riego, las hojas,
los bríndillos, las flores, las frutas, las raíces, las partes enfermas, los
residuos de plaguicidas, los metales pesados, los riesgos higiénicos. Se trata
de medir con precisión todos los elementos posibles, de manera de poder
integrarlos en las decisiones finales.
-
La
profilaxis: es uno de los pilares del método. Todos los medios que ayudan
al equilibrio del cultivo o para evitar problemas tienen prioridad. Puede ser
la elección del porta-injerto, la implantación de zonas sin cultivo para mejorar
la biodiversidad en la finca (barbecho, setos, etc.), el drenaje, la limpieza
manual o mecánica de las zonas infestadas, la elección de variedades
resistentes, la formación de árboles favoreciendo la ventilación de la copa
(con la consecuente reducción de los ambientes excesivamente húmedos,
favorables al desarrollo de enfermedades), la implantación de cubierta vegetal
para limitar la erosión de los suelos y/o su compactación, etc.
-
La
prevención: una vez puestas en marcha las medidas profilácticas necesarias,
se trata de una buena gestión de los cultivos para no crear condiciones
favorables al desarrollo de parásitos. Es por ejemplo, el equilibrio
nutricional (sin exceso ni carencia, y siempre en el momento oportuno), la
aeración de la copa por la poda, la elección de productos y técnicas que tengan
el menor impacto posible sobre la fauna útil, etc.
-
Los
métodos no químicos: se trata, por ejemplo, de favorecer la instalación de
depredadores naturales en la finca, gracias a la instalación de nidos o de
percas, así como de la implantación de zonas de biodiversidad, o de métodos no
químicos como las trampas de captura masiva para determinados insectos, o la
confusión sexual, y también la instalación de mallas anti-insectos. También se
pueden hacer sueltas de insectos auxiliares.
-
El uso de
umbrales de tratamiento para los tratamientos plaguicidas, con seguimiento
de las dinámicas de enfermedades y de las poblaciones de plagas, y de sus
depredadores. Los umbrales toman en cuenta las dos poblaciones antagonistas, de
forma de retrasar o anular la intervención si la dinámica del depredador
permite asegurar el control natural sin daño.
-
La
utilización de plaguicidas ecológicos, cuando sus características de
eficacia y de perfil medio ambiental son equivalentes o mejores que los de los
plaguicidas químicos disponibles (lo que no siempre es el caso). Son
tratamientos con bacterias, virus, o hongos microscópicos, sin ninguna
consecuencia negativa sobre el medio ambiente ni sobre los organismos
auxiliares. También pueden ser extractos naturales de plantas variadas, cuya
eficacia se ha demostrado. Pero estos últimos no siempre son inofensivos para
el usuario, el medio ambiente o el consumidor, con lo que hay que manejarlos
con las mismas precauciones que los plaguicidas químicos.
-
La elección
de plaguicidas químicos se hace con criterios precisos de eficacia, de
remanencia (duración de eficacia), de efectos segundarios sobre el medio
ambiente (suelo, agua, aire, fauna, flora, insectos beneficiosos), sobre los
depredadores naturales y sobre la salud humana, y de riesgo de residuos en el
alimento final.
-
La
gestión del suelo: es uno de los fundamentos. La planta vive y se alimenta
sobre un suelo que no ha elegido, pero en el que debe poder encontrar todo lo
que necesita. Los elementos minerales que le sirven de alimentos se encuentran
disueltos en agua, que absorbe a través de sus raíces. Si el agricultor no
mantiene adecuadamente este suelo, se va empobrecer y erosionarse, total,
degradarse. Una buena gestión del suelo consiste primero en la conservación de
su fertilidad, su aireación, su nivel de humedad, y todos los criterios que van
a permitir que la vida microbiana de
dicho suelo mantenga toda su actividad. Supone una reincorporación de todos los
restos de los cultivos anteriores (paja, restos de poda, etc.), de realizar, si
son necesarias, labores de aireación del suelo (descompactación,
escarificación) y de asegurar tanto una buena calidad del riego, como un buen
drenaje. Un enriquecimiento a base de materia orgánica (estiércol o compost) y
de elementos fundamentales (calcio, azufre o magnesio por ejemplo) es posible
para recuperar un suelo degradado o para enriquecer un suelo pobre. Los aportes
de abonos solo sirven para compensar los elementos que han sido extraídos del
suelo por el alimento producido (cereales, frutas, hortalizas, etc.). Se tiene
que hacer en momentos determinados y en cantidad determinada, que se calcula
caso a caso. Es sin lugar a duda, el punto más complicado. Le dedicare uno o
varios artículos. Pero no hay que olvidar nunca que un suelo mal llevado solo
será capaz de criar plantas delicadas, mal alimentadas, sensibles a
enfermedades y a plagas.
-
Método y medios:
-
La
formación: es la base. Todos los operadores
tiene que haber recibido la formación adecuada a su especialidad. Sin
formación, no hay posibilidad de Producción Integrada. Es imprescindible tener
un buen conocimiento del cultivo, de sus características et de sus necesidades,
de las condiciones agronómicas, los riesgos climáticos, así como de sus
enfermedades y plagas, de manera muy completa.
-
La
metodología de vigilancia: cada cultivo tiene sus propios problemas y sus
propios imperativos. Cada cultivo tiene protocolos adaptados. La vigilancia es
variable según el momento del ciclo de cultivo y del riesgo. Un buen
conocimiento del cultivo y de sus problemas fitosanitarios permite adaptar la
metodología de vigilancia.
-
La
gestión técnica: se inicia con el establecimiento de las estrategias a
privilegiar en cada situación. Exige responsables preparados o asesores
especializados. Se trata de preparar, con antelación, una lista de situaciones
de riesgo, y de intervenciones posibles según los problemas encontrados. Eso
permite reaccionar más. Intervenir en el momento adecuado y de manera adecuada
es un importante factor de éxito.
-
Equipamientos
materiales: son las máquinas y los aperos que serán necesarios en cada
situación. Son las máquinas de tratamiento adaptadas al cultivo, boquillas
anti-deriva para evitar que los tratamientos puedan contaminar accidentalmente
un cultivo colindante, los aperos de labores de suelo adaptados al terreno y a
las problemáticas de cada finca.
-
Materiales
específicos de vigilancia: son los equipos de vigilancia fitosanitaria
(lupa, microscopio, trampas de monitoreo), de mediciones climatológicas, de
sondas de humedad del suelo, de sensores de actividad fotosintética, de
crecimiento micrométrico de la planta, de flujo de savia, o de potencial
hídrico de las hojas. También pueden ser vuelos en avión, o ahora con drones
equipados de cámaras térmicas o infra-rojo (que ayudan a determinar las zonas
no homogéneas en las que las plantas no están sanas).
Los análisis:
-
Los
análisis de suelo: permiten conocer su estructura, su textura, su
composición química, los riesgos de erosión o de compactación, los riesgos de
carencias, de bloqueos o de excesos nutricionales, con lo que se puede adaptar
los métodos de cultivo (tipos de laboreos), el tipo de fertilización, la
adaptación del sistema de riego, la selección del porta-injerto según el
cultivo, etc.
-
Los
análisis de agua: sirven sobre todo para conocer su composición química, de
manera de aprovechar todos los elementos disponibles en el plan nutricional. No
todas las aguas son iguales (como se puede ver comparando las etiquetas de las
aguas minerales). Por ejemplo, la presencia de nitratos en el agua de riego va
permitir una reducción proporcional de los aportes de nitrógeno al cultivo. Un
exceso de hierro o de cal en el agua de riego va provocar obstrucciones de los
sistemas de goteo, y hay que tenerlo en cuenta en el diseño y en el
mantenimiento de la red de riego.
-
Análisis
de órganos vegetales: permiten conocer la composición química del vegetal y
de así conocer su estado nutricional. Para cada cultivo, existen protocolos
conocidos de análisis vegetal que determinan el momento del muestreo, el tipo
de órgano que se tiene que coger, el método analítico que usar y las normas de
interpretación de los resultados. Se puede analizar hojas, brindillos, frutas,
raíces, flores, y casi cualquier tipo de órgano vegetal.
-
Los
análisis fitosanitarios: se usan en caso de síntomas desconocidos o de
situación dudosa. Es a veces el único medio para resolver un problema
fitosanitario o para elegir el tipo de tratamiento adecuado. Solo el
conocimiento de la enfermedad o del parasito, al igual que para los humanos,
permite elegir el tratamiento efectivo.
-
Los
análisis de residuos: es el medio para conocer, en el momento de la
recolección, si los alimentos que se van a comercializar cumplen con la
legislación vigente (si no es el caso, hay que retrasar la recolección, y si no
es posible, hay que destruirlos), o si cumplen con normas de clientes que
exigen niveles inferiores. Muchos análisis también se hacen en destino.
Todas estas técnicas y estos métodos, combinados, son ante
todo, herramientas de toma de decisión. El agricultor dispone de medios
objetivos que le permiten intervenir de la manera la más adaptada a cada
situación.
El objetivo general
es: puedo intervenir cada vez que es necesario, de la manera la más adecuada,
para conseguir una eficacia óptima, sin provocar desequilibrios colaterales,
que podrían provocar la necesidad de intervenir contra un problema que habría
provocado yo mismo.
O sea que intento analizar todas las interacciones en juego
antes de tomar la decisión de la pertinencia y del tipo de intervención.
La Producción
Integrada ha sabido coger lo mejor de cada sistema productivo, sin complicarlo
con problemas ideológicos. Es un sistema muy pragmático, y sobre todo muy
técnico. La ideología ha dejado el sitio a la técnica.
Algunos países, como España, lo han inscrito como objetivo
del actual Plan de Acción Nacional sobre agricultura. Se trata de sustituir
totalmente la Producción Convencional por la Producción Integrada en todos los
lugares donde todavía no está hecho.
En mi opinión, es, sin lugar a dudas, el futuro de la
agricultura mundial, mucho más que la Producción Ecológica. Hay que notar que
se tiende a introducir cada vez más técnicas y productos ecológicos en la
Producción Integrada. ¿Algún día llegaremos a usar solo productos ecológicos en
agricultura? Sinceramente, creo que no. La química ofrece posibilidades
diferentes, que la Naturaleza no conoce. El problema es de olvidar el
dogmatismo, pero siempre imponiendo a las empresas químicas y a los usuarios, protocolos
que eviten las derivas medio ambientales.
Las cuestiones de futuro son de respetar el planeta para no
destruirlo, pero también de alimentar una población mundial que no para de
crecer. Para los 50 próximos años, si sabemos repartir adecuadamente los
alimentos disponibles a las personas que las necesitan, la producción mundial
es suficiente para darle de comer a todo el mundo. Sin embargo, a más largo
plazo, si se combina la reducción de las tierras cultivables (progresión de las
ciudades, zonas de desertificación) con el aumento de la población, es
imprescindible aprender a producir más.
Producir más no quiere decir contaminar, y es precisamente
donde interviene la Producción Integrada.
En efecto, si se hace bien, es mucho más productiva que la
Producción Ecológica, y no daña el Medio Ambiente, incluso en muchos casos,
contamina menos.
Es posible que de aquí a 50 años, las cosas hayan cambiado,
pero en el estado actual de los conocimientos, es la realidad.
Pues podéis ir con
confianza, si estáis preocupados por la calidad de vuestros alimentos, nada os
obliga a comprar ecológico, a pesar de todo lo que se dice. Podéis comprar
productos normales sin riesgo. Nunca han sido tan controlados, y no llevan
ningún peligro para la salud. Y además, se han criado con un mínimo impacto
sobre el Medio Ambiente.
La Producción
Integrada, ¡¡¡pero si os repito que es el porvenir!!!
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