dimanche 4 janvier 2015

33- Agua y riego -2- Agricultura y consumo de agua

AGRICULTURA Y CONSUMO DE AGUA.

He leído con mucho interés, y compartido en mis redes, ya que estoy de acuerdo con lo principal, un artículo del 24 de Noviembre, publicado en el periódico francés La Croix, a propósito de la compartición del agua.

Al principio del artículo, se hace una primera pregunta, que traduzco íntegramente a continuación, sobre los principales usos del agua en Francia.

“¿Cuáles son los usos del agua?

Tres grupos de usuarios cogen el agua en el medio natural: las colectividades para alimentar los hogares en agua potable; la industria nuclear para refrigerar las centrales, y los agricultores para las superficies en riego. Los dos primeros usos son casi neutros para los medios naturales. En efecto, el agua utilizada por los hogares o por las centrales se devuelve a los ríos después de haber sido utilizada y descontaminada. Es muy diferente para los usos agrícolas: el agua de riego es totalmente “consumida” por la planta. En consumo neto, los agricultores realizan el 50% de los bombeos, una proporción que alcanza 70% durante los meses de verano.”

Quiero hacer un comentario al respecto. El artículo dice claramente que los usos domésticos e industriales son neutros para los medios naturales, pero no el uso agrícola.
No estoy de acuerdo con esta visión del problema.

El consumo de agua no existe. El agua no desaparece. La cantidad de agua disponible en la Tierra es prácticamente la misma hoy que hace mil años.
El agua no se consume, se usa, para beberla, para lavar, para regar, para las necesidades de la industria, para la producción de energía, para transformarla en gas (oxígeno e hidrógeno), para disolver un montón de cosas.

La agricultura usa el agua para las necesidades vitales de las plantas y los animales, pero no la consume.
Las plantas utilizan el agua para sus necesidades fisiológicas y la evacúan o en forma de evaporación, o en el alimento producido. El excedente de agua llega a los acuíferos, alimentándolos, o a los ríos, participando a mantener un nivel suficiente, incluso en verano.
El agua evaporada llega a la atmósfera en forma de vapor de agua, alimentando la humedad del aire y las nubes, o sea las precipitaciones.
El agua “exportada” con los alimentos termina siendo consumida para ser devuelta “a los ríos después de su utilización y descontaminación”.
Total, esta agua no se consume, cambia de estado. No tiene nada que ver.
Los recursos de agua pueden evolucionar localmente, pero no a nivel planetario.

Sin embargo, existe una forma de consumo de agua. Pero solo si hablamos de agua dulce y de agua potable. Es donde se sitúa el problema. Y es cuando hablamos de otra cosa. Los organismos vivos terrestres necesitan, en su inmensa mayoría, de agua dulce, y potable.

Pero seamos claros, sin agua dulce, no puede haber producción de alimentos. En otras palabras, no se puede producir alimentos sin agua. La agricultura es y será siempre una actividad exigente en agua dulce.

Sin embargo, sería un error negar el problema del desperdicio de agua en agricultura. Se trata en realidad de una mala gestión del agua disponible en un momento determinado, y en un lugar determinado.
En efecto, la agricultura necesita agua dulce, no es obligatorio que sea potable, pero sí dulce. El agua potable es sobre todo necesaria en el proceso de lavado del producto cosechado antes de su puesta en el mercado, para no correr el riesgo de contaminarlo con aguas no aptas para el consumo humano. En las zonas donde el agua dulce es poco frecuente, puede haber cierta competencia en el uso del agua disponible, entre las necesidades humanas vitales (beber), domésticas (lavar, lavarse, regar los jardines), industriales, energéticas y agrícolas.
Es cuando entramos en un tema mucho más delicado, la política. La repartición del uso del agua es ante todo un problema político. ¿Cuáles son las actividades que una comunidad territorial determinada desea privilegiar? ¿En qué momento de la vida política local interviene el debate? ¿Existen intereses ocultos?
El agua es un arma política, e incluso geopolítica. Algunos países lo han entendido muy bien, cuando han construido grandes embalses en ríos que alimentan otros países vecinos, situados más abajo. Hoy, en los países industrializados, el agua es objetos de atención, y es un poderoso medio de presión política.
Sea cuál sea la presión política, una comunidad territorial tiene que saber equilibrar las actividades económicas que alberga.

¿Por qué es necesario ahorrar agua en agricultura? Ante todo para equilibrar la disponibilidad del agua entre todos los usos. La agricultura es el primer consumidor de agua dulce a nivel mundial, y por este motivo, tiene que hacer un esfuerzo especial en esa dirección.

Y es donde entran en juego varias consideraciones.
-       Para poder ahorrar agua en agricultura, hay que disponer de sistemas de riego que gastan poca agua. Todos esos sistemas exigen energía, y una inversión grande en infraestructuras de riego. No todo el mundo tiene los recursos necesarios para esas inversiones.
-       Las inversiones en infraestructuras deben ser acompañadas de inversiones energéticas. Las bombas de agua para el riego no funcionan solas. Es necesario tener, o una disponibilidad de electricidad, con las redes de producción y distribución adecuadas, o motores térmicos, que gastan y contaminan mucho.
-       Muchas áreas o regiones tienen una política del agua que no incita el agricultor a realizar esas inversiones. Solo una facturación del agua por el volumen gastado es incitativa, ya que el agricultor tendrá ganas de hacer la inversión para poder reducir su factura de agua. La facturación por hectárea es todavía muy (demasiado) habitual, o sea un pago fijo, independiente del volumen realmente gastado.
-       El riego tradicional por gravedad, o por inundación, presenta la ventaja, por su gran consumo de agua, de mantener determinados ecosistemas activos alrededor de ríos y arroyos alimentados por los excedentes de agua. La reducción del consumo de agua puede tener muy graves consecuencias para la supervivencia local de ciertas especies vegetales y animales.
-       La reducción de las cantidades de agua utilizada en agricultura, también pasa por la creación de redes de formación, de asesoramiento y de vigilancia, ya que exige una evolución importante en la tecnificación de las explotaciones agrícolas.

     El desagüe de un campo de algodón regándose por inundación

Total, la gestión del riego con la finalidad de reducir el gasto de agua dulce no es neutra, ni sobre el coste de los alimentos, ni sobre las repercusiones medio ambientales de los cambios ocasionados.
La agricultura no solo tiene un indiscutible papel en la producción de alimentos, también tiene un papel primordial en el mantenimiento de los ecosistemas.

Cualquier reforma aportada en los modos de producción agrícolas, tiene sistemáticamente repercusiones, no siempre bien calculadas, sobre los ecosistemas del entorno.

Numerosos son los que tienden a considerar la agricultura, ante todo como una fuente principal de contaminación. Ha sido verdad, pero lo es muchísimo menos hay en día. No todo es perfecto, ni mucho menos. Pero cuidado con las decisiones políticas apresuradas, sin estudio exhaustivo de las posibles repercusiones en todos los ámbitos, especialmente en lo que a agua se refiere.

No debemos olvidar nunca, que sin agua, no hay producción agrícola posible, o sea no hay producción de alimentos.
Beber y comer siempre serán las primeras necesidades vitales de todos los seres vivos.


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