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dimanche 7 janvier 2018

122- Calidad -6- La confección

CALIDAD – LA CONFECCIÓN

Es probablemente uno de los factores menos importantes para el consumidor, que sin embargo es fundamental para la cadena que llevará el alimento desde la finca agrícola hasta su mesa.
Entre los productos agrícolas, los más afectados por este punto son las frutas y hortalizas.
La confección, o envasado, juega en realidad varios papeles, todos importantes para alguien, todos exigentes para el agricultor.


La selección
Es la primera prueba que debe pasar el alimento en salida del campo. Esta seleccionado según varios criterios que son generalmente su tamaño (se habla de calibración, en general normalizado), su color (siguiendo criterios establecidos para cada producto, a veces variables según el destino), su calidad visual (aspecto, estética, cumplimiento de las normas) y su estado de madurez (insuficiente, en su punto, demasiado avanzado) o de frescor.

Video personal. Confección de nectarinas

Esos criterios van a decidir de la clasificación del producto en primera categoría (o extra, para algunos que todavía lo hacen), en segunda categoría, a veces en tercera categoría, en industria (transformación en zumo, en concentrado, en papilla, o cortado para varios usos en la industria agroalimentaria y la preparación de platos precocinados), o en basura.
Este trabajo se realiza en el almacén de confección, de forma cada vez más industrializada para reducir sus costes y centralizar volúmenes siempre más importantes.
Cada almacén de confección tiene su propia capacidad de trabajo, adaptada al grupo de agricultores que ahí llevan su producción, y a los diversos productos afectados (es obvio que no se va a preparar melón igual que cereza, o lechuga igual que zanahoria).
La selección es a menudo realizada por una máquina, más o menos sofisticada, con una asistencia de personas para afinar la selección cualitativa, según criterios establecidos por cada lote, especialmente en lo que afecta la selección de los defectos visuales.


Es cada vez más raro en los países ricos, pero todavía frecuente en los países en desarrollo, que la confección sea totalmente manual, pero en general sigue los mismos criterios de calidad.
El agricultor debe hacer todo lo posible para una maximizar la clasificación en primera categoría, que recibirá un mucho mejor precio, que las categorías inferiores, la industria y la basura en muchos casos ni siquiera cubren los gastos de recolección.

El envase
Una vez seleccionado, el alimento será colocado en un envase que corresponde a las exigencias del cliente. La diversidad de los formatos es un auténtico rompe-cabeza para el almacén de confección. Hay cajas de varios formatos de cartón, de cartón compactado, de madera, de plástico de un solo o de varios usos, las cestas (de varios formatos, de varios colores, con o sin tapa, con o sin film, con o sin malla, con o sin haza), los alveolos (de papel, de cartón, de plástico, en todos los calibres), etc.


Para cada cliente, las exigencias pueden ser diferentes, con sus propias marcas, o las marcas del productor. Además, un mismo cliente puede cambiar sus formatos de un año al otro, haciendo obsoleto e inutilizable el stock restante del año anterior.
Pero el almacén debe gestionar un stock extremadamente complejo, y costoso, ya que los pedidos se realizan día a día, obligándolo a tener de manera permanente un volumen de cada tipo de envase para así responder de manera inmediata.
Para nosotros aquí, en Sevilla, si un cliente de Fráncfort nos manda su pedido de un camión el jueves para el lunes, tenemos tiempo de preparárselo y de mandárselo. Pero si no tenemos en stock los envases necesarios, no tenemos tiempo para pedirlos, y perdemos la venta. Porque el camión tiene que llegar a su destino el lunes, como previsto. No se acepta ningún retraso. Y además tenemos que contar con la prohibición francesa de circulación de los camiones los domingos y festivos.
El envase tiene por supuesto una gran importancia marketing, pero también es, según los casos, una protección o una restricción.

Foto personal

Una caja con su alveolo protege el producto, evita que se mueva y sea maltratado durante el transporte, y participa en la conservación del producto hasta su venta.
Sin embargo la cesta, según los productos que contiene, puede convertirse en una restricción negativa para la calidad. Es verdad para los productos de gran tamaño, no para para los pequeños, tales como los tomates cherry, las frambuesas, los arándanos, cerezas, etc. En el caso del melocotón y de la nectarina, la cesta obliga a elegir frutas muy firmes, o duras. Es lo contrario de la calidad.

Foto personal

Pero algunos clientes, o algunos mercados (cada vez más numerosos), solo quieren este formato, mucho más cómodo para la venta al consumidor (no hay manipulación, ni pesada, el precio está preestablecido). La fruta se convierte pues en un producto totalmente industrial, y la satisfacción del consumidor final ya no tiene ninguna importancia.
El tipo de envase es de una importancia extrema para el canal de comercialización. Sin embargo en muchos casos, después de trabajo de envasado difícil, delicado y costoso, los productos se presentan al consumidor a granel, ¡¡¡sacados de su valioso envase!!!


El etiquetado
Te puede parecer fútil, pero es un punto esencial. La etiqueta contiene todas las informaciones legales necesarias (país de origen, sociedad que lo envasa, características del producto, calidad, calibre). Algunos clientes exigen que se mencione su propia marca, o incluso que se imprima el código de barra que después se usara en la tienda.
Esas etiquetas se imprimen directamente en el almacén de confección. Un local se habilita para esta tarea, con las impresoras necesarias y todo el stock de los distintos tipos de etiquetas, sticks (pegatinas) y otros elementos añadidos.
Ningún defecto de impresión se tolera.
Ya nos ha pasado que un lote importante sea rechazado en destino por un defecto de impresión, difícilmente detectable a simple vista: el código de barra no se podía leer por las máquinas. Todo el trabajo estaba perfecto, pero la etiqueta no se podía usar en la tienda. Para el cliente, es un auténtico problema, ya que ha suprimido la necesidad de etiquetar el mismo, con lo que ya no está equipado para corregir un error de etiqueta.

Foto personal

Para el almacén de confección este tipo de error puede costar una fortuna. Tiene poca elección. De hecho, hemos tenido que modificar nuestros protocolos de control después de este incidente.
O bien envía alguien ahí con las etiquetas corregidas, pero de todas formas ya no puede cumplir con los plazos. El producto ya no es apto a ser vendido en los plazos acordados.
O bien busca alguien para venderle el lote, pero es difícil con un envase y un etiquetado previstos para un cliente concreto. A fin de cuenta, se resolverá de alguna manera, generalmente gracias a un importante descuento sobre el precio de venta por el almacén (después generalmente repercutido al agricultor), que con total probabilidad, no seré aplicado al consumidor.
Total, el etiquetado es un punto importante que no soporta la aproximación, y menos aún el error.

¿Y la calidad en esto?
En realidad, solo se habla de ella.
Pero el producto en sí cuenta por muy poco. A partir del momento que cumple con las condiciones mínimas exigidas (calibre, aspecto, azúcar, color, jugosidad, firmeza, frescor, etc.), el envasado es más importante.
De la calidad del envasado depende todo el proceso de transporte, manutención, almacenamiento y conservación que llevará el producto desde el campo hasta la estantería de venta al consumidor.



La producción de alimentos pierde poco a poco su alma bajo los golpes cada vez más duros de los mercados. Cuando llegue aquí, los clientes venían a visitar los frutales, probar la fruta en el árbol, valorar en el campo la calidad del trabajo realizado.
Hoy por hoy el cliente, si viene (lo que es cada vez más raro), se fija en el envasado, en la trazabilidad y a la higiene, más que en el producto en sí. Verifica que los protocolos se cumplan, que los procedimientos de higiene y de seguridad sean los adecuados, y que los análisis (bacteriológicos y de residuos) sean conformes.
El producto se define ahora por unos números, análisis, resultados de control, acreditaciones, trazabilidad.
El producto solo se define, por la satisfacción que da, a través de las cifras de ventas, y en los programas culinarios en televisión.

La producción de alimentos se doblega poco a poco frente a las exigencias de los mercados, que intentan convertirla en un proceso industrial como cualquier otro, en el que todo es previsible, y previsto, especialmente en lo que afecta a la calidad.
La calidad es presente, pero con criterios a menudo difíciles de percibir y entender por el consumidor.
Y no es la llegada de Amazon en el mercado de los alimentos que va a mejorar eso.


El agricultor se tiene que adaptar a las exigencias de los mercados, y solo los que pueden vender mediante circuitos cortos tienen la posibilidad de valorizar una calidad gustativa, en general asociada a un nivel de madurez que exige un consumo casi inmediato.


Y el consumidor, él, desea sentir placer comiendo, y sigue soñando con encontrar “los sabores de antaño”, incluso en los supermercados, que sin embargo son cada vez menos aptos a proponérselo.

Son dos conceptos muy diferentes para un mismo producto, que aumentan aún más la creciente incomprensión entre el mundo rural y el mundo urbano.

jeudi 17 août 2017

112- Calidad -5- Cuando al ecológico también le llega

CALIDAD – CUANDO AL ECOLÓGICO TAMBIÉN LE LLEGA

Era de esperar. Lo ecológico empieza a sufrir el cáncer de los productos frescos: la apariencia. Ya te lo comente hace unos meses, cuando te explicaba que es probablemente el primer criterio de calidad, ya que su influencia es directa, tanto sobre el gesto de compra, como sobre el precio de compra para el consumidor, así como sobre el precio que cobrara el agricultor para su producción. http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/12/61-calidad-2-la-apariencia.html

Hasta el momento, la agricultura ecológica había evitado este problema, que genera una impresionante cantidad de desperdicio de alimentos. Es que la clasificación de los productos ecológicos no se hace con las mismas exigencias que la de los productos convencionales. 


En ecológico, se toleran los daños de roces, gran parte de las deformaciones, incluso disparidad de calibre en un mismo lote. No hay primera y segunda categoría. La normalización, todavía no se ha metido con lo ecológico.

Esta diferencia es desde mucho tiempo una fuente de tensiones entre productores ecológicos y convencionales, ya que la mayoría de esos defectos de apariencia no tienen nada que ver con el método de producción. Pueden ser debidos al viento, el granizo, el frío, a problemas de polinización, a ataques de pájaros, a muchas más causas que no se pueden controlar químicamente.
Total, esta diferencia de criterio es puramente política, destinada a favorecer la agricultura ecológica con respecto a la agricultura convencional.

Desde siempre, la diferencia de productividad entre ecológico y convencional, evidente en muchos cultivos, aunque no sistemáticamente, estaba en gran medida compensada por esas diferencias de criterios comerciales, otorgando al ecológico conseguir una cantidad vendida por hectárea comparable, gracias a un porcentaje de destrío inferior.

Sin embargo, esta regla comúnmente admitida, aunque sin justificación en términos de calidad gustativa, empieza a flaquear. El año 2017 es un año negro para muchas producciones, principalmente por graves problemas comerciales, grandes dificultades para vender, y precios de venta a menudo inferiores, para el agricultor, a sus costes de producción.

¿Y qué pasa cuando el mercado se encuentra en esta situación?
Se vuelve cada vez más exigente en calidad.
Es que resulta que la agricultura ecológica empieza a enfrentarse a una de las principales dificultades de la agricultura convencional. http://www.lexpress.fr/actualite/societe/coup-de-gueule-d-un-couple-d-agriculteurs-les-gens-veulent-du-bio-parfait_1926522.html
(Artículo recientemente publicado en la versión digital de una conocida revista generalista francesa).


Mira el caso de esos pequeños agricultores ecológicos de Francia, desesperados por una situación, relativamente habitual, pero a la que no están preparados:
“Una pareja de agricultores se prepara a dejar pudrirse cerca de 3.000 kilos de calabacines por culpa de las exigencias del consumidor.

¿Una mancha en un calabacín te impide comprarlo? Pues es el motivo de este desperdicio de gran parte de la producción de esta pareja de agricultores ecológicos. Por culpa de leves defectos sobre sus hortícolas, Caroline y Cyril Roux no tienen más remedio que de quedar mirando el resultado de su duro trabajo por culpa de las exigencias de los consumidores.”

Pues entiendo perfectamente su estado de ánimo, es difícil de aceptar.
¿Sabes por ejemplo, que cuando preparo mis previsiones de recolección, varios meses o varias semanas antes de su inicio, para los frutales de los que tengo la responsabilidad, introduzco en los cálculos destinados al equipo comercial, un valor de 15% de desperdicio?
Pues sí, 15% de frutas no comercializadas, tiradas a la basura en su mayoría por culpa de los defectos de apariencia.
Y vamos, 15% no esta tan mal. Este año, por culpa de unas condiciones comerciales tan difíciles, este porcentaje se elevó al 20%, y el año pasado, año climático excepcionalmente difícil, casi alcanzamos el 25%.

Cada semana durante la cosecha, decenas  de toneladas de melocotones y nectarinas esperan los camiones de la industria, forma moderna y rentable (excepto para el agricultor) para evitar la destrucción directa. Serán procesadas en zumo, puré o concentrado. La única otra opción es la basura. Estas frutas no coinciden con el estándar comercial, principalmente por razones estéticas (defectos de piel).

En mis condiciones, tempranas, con ciclos cortos, con variedades específicas, globalmente poco productivas, pero adaptadas al clima local, quiere decir que para mi producción de melocotones y de nectarinas, sé antes de empezar que se van a tirar más o menos 4.000 kilos de frutas por hectárea cada año, y si me toca un año difícil, por el motivo que sea, este valor puede pasar de 6.000 kilos.
Porque, como lo dicen esos agricultores,
“esas pequeñas manchas sobre los calabacines han sido provocadas por las fuertes calores dl mes de junio. Sin embargo no modifican en absoluto el sabor o la calidad del producto. “Muchos quieren ecológico perfecto””.

Es una evolución inevitable del ecológico. Es una de las consecuencias de su éxito, de su popularización.
Más producción ecológica, también es el acceso a lo ecológico de un público más amplio, no preparado, no informado, que compra ecológico solo porque piensa que mejor, sin haber reflexionado sobre el alcance de este cambio.
Por otra parte, ya que es una inmensa fuente de enriquecimiento para muchos (mira por ejemplo Biocoop o Kokopelli, empresas poco escrupulosas, que explotan a fondo este mercado muy jugoso), todos los medios se emplean para atraer a nuevos consumidores, y la desinformación es un excelente para conseguirlo.
Muchos consumidores se convierten al ecológico, asustado por las tonterías que se les cuenta, o por los escándalos sanitarios, en los que solo se pone delante lo que interesa…
¿Quién sabe por ejemplo, que entre los lotes de huevos contaminados por el fipronil (un escándalo alimentario actual en Europa), también hay lotes de huevos vendidos como procedentes de producción ecológica? Este ejemplo es de Bélgica.


Los grandes capitalistas del ecológico están consiguiendo su apuesta: los consumidores están preocupados por la calidad de su alimentación. Por el planeta también, por supuesto. Pero es en general un gesto individual.
Y los que se convierten al consumo de productos ecológicos mantienen sus hábitos y exigencias de consumidores d productos convencionales normalizados, sobre los productos ecológicos.

El círculo se está cerrando. Los consumidores van a forzar la producción ecológica a subir los criterios de calidad, al menos para el aspecto.
Una parte cada vez mayor de la producción ecológica se vende en supermercados, sin consejos ni asesoramiento, y los consumidores compran con la vista, según la apariencia.
Y lo que hace uno de los principales atractivos de la agricultura ecológica, desde el punto d vista del agricultor, el margen económico por hectárea, se está derritiendo, como nieve al sol.
Porque un productor ecológico produce menos, pero comercializa una mayor parte de su producción, y a un mejor precio…hasta el momento.

Está cambiando.

¿Sea este problema solo un accidente en el recorrido de la carrera al ecológico, el desarrollo (demasiado) rápido y (relativamente) fuera de control de este modo de producción? Es posible, a corto plazo.
Pero ni lo dudes, tarde o temprano, llegaremos a eso.


¿Y qué ocurrirá cuando hayamos llegado a eso?
Lo que te explicaba, hace unos meses, sobre la apariencia: una parte cada vez mayor de las intervenciones fitosanitarias ecológicas tendrá una meta cosmética.
Los productos serán ecológicos, por supuesto, pero tendrán efectos segundarios claramente mayores. Porque cuando un agricultor sabe que al menos el 15% de su cosecha no se va poder vender, entonces hace todo lo que se encuentra en su poder para controlar todo lo que puede controlar, con el fin de limitar, al máximo de sus posibilidades, los defectos de apariencia, es decir los ataques de insectos, de bacterias y de hongos (los daños leves se aceptan teóricamente en ecológico, pero no en convencional).
En consecuencia empleara una cantidad siempre mayor de insecticidas y de fungicidas ecológicos, pero no exentos de efectos secundarios indeseables.

¿Y el respeto al medioambiente con esto?
Es un deseo, una voluntad o una exigencia de personas que tiene los medios de exigirlo, o la ignorancia que no les permite saber que esos pequeños defectos de epidermis no afectan en absoluto la calidad de la mayoría de los productos, ni en ecológico, ni en convencional.
Y esas mismas personas que “quieren ecológico perfecto” son también a menudo los mismos que se escandalizan del desperdicio de alimentos, o de los efectos negativos de la agricultura sobre el medioambiente.
Porque esas exigencias llevan inevitablemente el agricultor a poner en marcha prácticas agronómicamente inútiles, pero económicamente imprescindibles.

La lógica individual es a menudo incompatible con la lógica comunitaria.
¿Se puede remediar?
Probablemente por una información no deformada, sin ideología ni insinuaciones comerciales, y por la educación del consumidor.
El agricultor puede hacer cosas y de hecho, los blogs, los programas objetivos (no sensacionalistas) de información agraria y las jornadas de puertas abiertas en las fincas se multiplican en los países occidentales.


Pero el trabajo de fondo no es al alcance del agricultor, debería ser el papel de la sociedad civil, de la administración pública.

Siempre se puede soñar, ¿verdad?
En Francia, se están desarrollando ahora mismo los “Estados Generales de la Alimentación”. Una gran consultación à escala nacional, involucrando a todos los actores del sector. Es una promesa electoral del nuevo Presidente Macron.
Podría desembocar sobre casi nada, o poner en marcha tantos frenos y obligaciones que los agricultores solo se convertirían en jardineros paisajistas.
Pero los ministros involucrados se han puesto de acuerdo para pensar que “para mejorar las prácticas agrícolas, medioambientales y sociales de los productores, hay que hacer primero que ganen unos ingresos adecuados, para favorecer la inversión.”

Hay que indicar que en Francia, país miembro del G8 (uno de los países más modernos y ricos del mundo), uno de cada dos agricultores ganaba, en 2016, menos de 350 € por mes (unos 400 $). Esta cantidad no significa nada si no se pone en relación con el SMIC (salario mínimo interprofesional) que era en 2016 de 1143 € por mes, libres de cargo. O sea que uno de cada dos agricultores ¡gana tres veces menos que sus propios empleados, o que lo que las autoridades nacionales consideran, hoy día, como el mínimo ingresos para vivir dignamente en Francia!

¿Y se pretende que estas personas sean en prioridad preocupadas por temas, finalmente bastante abstractos, cuando luchan día a día para hacer que sus empresas sobrevivan, y para poder ofrecer a sus familias unas condiciones de vida y de instrucción dignas?

Algunos habían encontrado en la agricultura ecológica una escapatoria digna y elegante, económicamente interesante, e intelectualmente y socialmente gratificante.

Es posible que algunos salgan decepcionados…

jeudi 16 juin 2016

80- Calidad -3- El sabor

CALIDAD – EL SABOR

¡Vaya tema interesante! ¿No?
Es que hay mucho que decir, y preocupa mucho a la gente.
Es sin lugar a dudas uno de los temas de los que más me hablan las personas de mi entorno, a parte de los plaguicidas de y de la agricultura ecológica, por supuesto.

Pero primero, el sabor ¿Qué es?
Es una serie de compuestos químicos, naturalmente producidos por la planta, según sus necesidades.
La planta no intenta hacernos disfrutar, intenta satisfacer sus propias necesidades de multiplicación y de extensión, y sus necesidades de autodefensa.
Algunos compuestos aromáticos tienen como objeto de atraer animales con el propósito de dispersar las semillas, otros al contrario son compuestos repulsivos, irritantes o tóxicos, cuyo propósito es evitar la destrucción de la semilla o de la propia planta por los animales.
Total, lo que hace la especificidad de cada alimento procede de la historia botánica específica de cada tipo de planta.

Entre los compuestos que componen el sabor, encontramos primero los compuestos aromáticos, específicos de cada especie, los ácidos, los azucares, así como la astringencia y la amargura.
Estos compuestos están presentes en proporciones variables dependiendo de la evolución del ciclo vegetativo de la planta.
De esta manera es como algunas especies protegen sus semillas, demasiado jóvenes, por compuestos desagradables, para luego hacerlas atractivas cuando ya están maduras, para que llamen la atención gracias a aromas y azúcares.

Es, por ejemplo, el caso del melocotón, cuya semilla, cuando es joven, tiene un alto contenido en ácido cianhídrico o ácido prúsico, un compuesto muy tóxico, para protegerla. Más adelante, el nivel de ácido prúsico se reduce o desaparece cuando la madera del hueso esta dura, y la semilla protegida. La fase de maduración de la fruta puede entonces empezar, con la aparición, en los últimos días, de los aromas y azúcares, cuyo papel es hacerla atractiva para los grandes animales, jabalíes o ciervos por ejemplo, que lo van a comer y así participar en la dispersión de los huesos, y por consecuencia de las semillas.

Foto: http://i64.servimg.com/u/f64/16/14/36/76/fruit10.jpg

Los compuestos que hacen el sabor de una fruta o de una hortaliza son producidos por la planta, generalmente en los últimos días antes de la madurez fisiológica. O sea que una fruta o una hortaliza cogida demasiado pronto no habrá alcanzado todavía su potencial gustativo óptimo.
El mismo alimento, cogido en sobremadurez, habrá perdido parte de sus características. Es que, con la madurez, la carne se oxida por efecto de senescencia, y los aromas también, un proceso de fermentación se inicia, destinado a provocar la caída de la fruta, y a atraer otros tipos de animales, por ejemplo moscas, para descomponer la carne, lo que modifica profundamente las características del alimento, pudiendo llegar a hacerlo no comestible.
Por eso, cuando escucho personas diciendo que nada es tan bueno como una fruta madura en el árbol, contesto que depende. Algunas frutas, como muchas peras o ciruelas, son mejores si se han cogido un poco antes, y afinado. Es una cuestión de equilibrio entre los compuestos del sabor, y de textura de la carne.

Mi madre, me contaba por teléfono últimamente que compro en Burdeos una fresas de una variedad nueva (cuyo nombre olvide), deliciosas. Unos días más tarde, a 200 km de ahí, decide repetir la experiencia pero, vaya decepción, las fresas, de la misma variedad, eran insípidas.

Foto: http://static.ladepeche.fr/content/media/image/large/2013/05/12/201305121059-full.jpg

Eso es agricultura, cultivamos seres vivos sometidos a condiciones variables, cuya fisiología depende en primer lugar de las condiciones climáticas, con agricultores diferentes, cada uno con su propia manera de trabajar.

Para conseguir una fruta de calidad (vamos a hablar de frutas, aunque la casi totalidad de las producciones vegetales, hortalizas, raíces, semillas, hojas, etc.), hay que reunir varias condiciones fundamentales:

-       Un potencial genético de calidad. Sometidas a las mismas condiciones medioambientales, hay variedades sabrosas, y otras no. Si el agricultor cultiva una variedad de bajo potencial de sabor, nunca conseguirá una fruta excelente. Es el primer punto para el agricultor, no equivocarse en la elección de la variedad.

-       Condiciones de cultivo adecuadas. Quizá vas a pensar en agricultura ecológica, yo no. El método de cultivo no cuenta en lo que se refiere al sabor. En este punto entra una noción de equilibrio. Una planta necesita hojas para sintetizar los azúcares y los aromas por fotosíntesis. Si la planta es demasiado débil, la calidad ser baja por su baja capacidad a alimentar sus frutas, excepto si se le deja muy poca carga, poco rentable para el agricultor. Al contrario, si la planta es muy vigorosa, la calidad también bajara porque los elementos sintetizados serán consumidos por el exceso de vegetación, no por las frutas. Hay que considerar el suelo, le fertilización, el riego, la protección fitosanitaria, las distintas intervenciones mecánicas, total, todas las acciones que actúan directamente o indirectamente sobre el equilibrio de la planta.

-       Las condiciones climáticas. Es un factor clave, pero totalmente fuera del alcance del agricultor. Si lo has hecho todo a la perfección, de principio a fin, pero que te encuentras, en vísperas de recolección, con lluvias abundantes o simplemente tiempo nubosos durante días, el sabor se reducirá de manera muy significativa. Mira, sobre este tema, dos artículos recientes de este blog https://culturagriculture.blogspot.com.es/2016/05/78-intemperies-9-la-lluvia.html y https://culturagriculture.blogspot.com.es/2016/04/76-intemperies-7-la-falta-de-luz.html

-       Las condiciones de recolección. Otro factor clave pero que pasa por la decisión del agricultor o, para ser más exacto, por la decisión de la organización comercial de la que depende el agricultor. Es que, según el destino del producto, será recolectado en su punto de máxima calidad gustativa, para una venta directa por ejemplo, o será cosechado para un consumo en 48 o 72 horas, para un mercado local pasando por mayoristas, o será cosechado para un consumo en 4 a 7 días, a veces más si se trata de una expedición lejana. En esas condiciones, tendrás mayor posibilidad de encontrar frutas y hortalizas sabrosas yendo directamente a la finca, comprar productos de temporada.

-       Las condiciones de conservación. Es otro punto clave, especialmente para exportación lejana. ¿Porque? En realidad, y para templar un poco el punto anterior, las frutas cogidas para envíos lejanos o para conservación, pueden ser cosechados en condiciones muy parecidas a las de los productos para consumo a 48 o 72 horas. La diferencia viene principalmente de las condiciones de conservación. Aquí entramos en un sector donde la tecnología juega un papel esencial. Le dedicare un capítulo especial, ya que hay mucho que decir. Es sin embargo importante señalar aquí que una fruta de excelente calidad gustativa, pero mal conservada, podrá ser decepcionante, o incluso mala en el momento de la conservación. Y para los detractores de la conservación de los alimentos, que son cada vez más numerosos, cabe destacar que es uno de los aspectos esenciales para la reducción del desperdicio de alimentos en el mundo.

-       El aspecto fitosanitario. Aquí hago referencia especialmente a las podredumbres en conservación, capaces de modificar totalmente el sabor de los alimentos. En general, son fáciles de detectar, pero en el caso de algunos hongos, o de la mayoría durante su fase inicial, pueden ser difíciles de ver, pero pueden haber tenido tiempo suficiente para alterar el sabor del alimento. Volvemos pues, a las condiciones de conservación.


¿Cómo se puede determinar la capacidad gustativa de un alimento?
Los compuestos aromáticos son muy difíciles de medir. Son incluso tan difíciles de medir que para productos altamente aromáticos (y a fuerte valor añadido) como el vino, el chocolate, el café, el té o los puros, no se miden los aromas, pero se llaman catadores profesionales, encargados de caracterizar cada tipo de producto, ya que no sabemos hacerlo de otra forma.

Actualmente, le mercado ha simplificado el problema del sabor, limitándolo a mediciones simples como el azúcar y la acidez. Te había propuesto un artículo completo sobre la medición de la calidad en el campo. Te propongo volver a leerlo. https://culturagriculture.blogspot.com.es/2014/06/20-medir-la-calidad-en-el-campo.html
Se puede añadir que el azúcar y la acidez son criterios de calidad, pero insuficientes para garantizar un producto de verdadera gran calidad. Si comes una fresa muy dulce, con una acidez perfecta para equilibrar el sabor, pero sin aromas, no la disfrutaras apenas.






Es uno de los grandes problemas de la producción agrícola. Es casi imposible, en agricultura, producir un alimento con un sabor regularmente bueno, de una semana a la otra, o de un año al otro. Los aficionados al vino lo saben muy bien, ya que prefieren determinadas añadas, cuyo sabor es superior.
Este fenómeno afecta a la totalidad de la producción agrícola.
Esta “debilidad” ha sido ampliamente utilizada por las empresas de productos lácteos o de platos preparados, que presumen de una regularidad gustativa de sus especialidades. Claro, es mucho más fácil cuando hay posibilidad de homogeneizar el sabor añadiendo extractos aromáticos.


Los agricultores no pueden hacer esto, salvo si producen bajo invernadero, o en países cuyo clima es especialmente homogéneo, lo que hacen algunos grandes grupos agroalimentarios, aprovechando de paso los sueldos bajos de los países tropicales de África o de Sudamérica.

Por cierto, si te dicen que los melones están inyectados con azúcar, te doy permiso para reírte a carcajadas. Es pura leyenda urbana, inventada y difundida por ignorantes, o maliciosos.
La gota, que se escapa por una grieta de la piel cerca del rabo, solo es una señal fácil de detectar en campo, del estado de madurez y del alto potencial de sabor del melón. El agricultor solo observa cual es el mejor melón. Es un criterio de recolección, no una manipulación.

Foto: http://www.rustica.fr/images/recolte-melon-1401-rust-l750-h534-c.jpg

El sabor es un verdadero problema en agricultura, ya que es uno de los caracteres más difíciles de controlar.
El mercado se interesa cada vez más a la calidad gustativa, lo que es normal, e incluso deseable.
Sin embargo no somos capaces de garantizar la calidad gustativa.
El mercado no entiende esas dificultades, o no las acepta. En realidad, la ignorancia del consumidor hace que el distribuidor no quiere decepcionar, y exige del agricultor una calidad mínima, es decir un simple nivel de azúcar para la fruta.
Una fruta aromática pero con poco azúcar será rechazado, pero una fruta dulce pero insípida será aceptada.

Como lo puedes ver, queda mucho que hacer para asegurar una calidad mínima suficiente.
Esos progresos pasan primero por la selección varietal, para poder plantar o sembrar solo variedades con un potencial gustativo elevado.

dimanche 4 janvier 2015

21-demasiado bueno para ser guapo

Aquí os llevo una de las cosas que más me molestan en los asuntos comerciales, y que es un efecto perverso de la normalización.
Os lo prometo desde 2 semanas, y es una de las cosas que han motivado el inicio de este blog.

Esta es una nectarina de carne amarilla que llega, aquí en Sevilla, en los últimos días del mes de mayo.
Es un poco obsoleta por culpa de sus defectos de forma y por su falta de aguante después de recolección. La base de sus problemas es su tendencia a tener un labio prominente. El labio es la sutura, la ”línea” de separación entre los dos hemisferios. Cuando comes un albaricoque con los dedos, y que quieres sacar el hueso, separas habitualmente los dos hemisferios por el labio, la sutura.
El labio, si es prominente, es un punto de fragilidad, que tiende a ablandecer antes que el resto del fruto, provocando una madurez despareja del fruto. Es así como puede tener un fruto blando y jugoso en el labio, pero crujiente en el resto, o incluso verde.

Total, esta variedad es muy buena. Pero tiene otro defecto, también grave. A veces puede ser demasiado buena.
¿Demasiado buena?
Algunas variedades de nectarinas tiene una sensibilidad epidérmica, que hace que el nivel muy elevado de azúcar, provoca que las lenticelas revienten, a partir de la zona pistilar. La lenticela es un tipo de poro, que permite los intercambios gaseosos entre la atmosfera y el fruto, su transpiración y su respiración.
Cuando revienta una lenticela, se vuelve acorchada por efecto de cicatrización. Si numerosas lenticelas revientan juntas, se forma una zona acorchada más o menos amplia, que hace el fruto más feo.
En las variedades con epidermis sensible a este fenómeno, la principal causa es el “sugar spot”, como lo llaman los americanos. En este caso también es un efecto osmótico, provocado por la enorme concentración en azúcar del fruto. El agua de lluvia o de rocío esta aspirada en el interior del fruto, provocando que las lenticelas revienten.

A continuación, una pequeña demostración de la relación entre el aspecto de la piel y el nivel de azúcar.
Si habéis leído mi publicación de la semana pasada (20-medir la calidad en el campo), sabéis que se usa un refractómetro para medir el índice refractométrico IR. También recordáis que se considera un melocotón (o una nectarina) es de calidad superior a partir de 12ºBx.
Ya que conozco bien la variedad, no he tenido que buscar mucho para hacer estas fotos. Lo único, he intentado coger frutos siempre con un calibre similar. Es que existe una relación directa entre el calibre y la calidad gustativa (trabajos del CTIFL en Francia), en el caso del melocotonero. En realidad, es mejor decir que cuanto más pequeño el fruto, peor es su potencial gustativo.

Aquí tienes la serie de fotos. Son 3 frutos, escogidos por su nivel de sugar spot, y los niveles de IR de cada uno.

Esta es la variedad, tal como es para una presentación de primera categoría. Se ven algunas lenticelas acorchadas, estos puntitos en la piel. El color rojo domina y las manchas no están muy juntas y son pequeñas. Debajo, el IR. Aquí 13, un fruto de gran calidad.



Ahora un fruto que, por su presentación, se va clasificar en segunda categoría. Numerosas lenticelas han reventado, dando este aspecto marrón, con manchas bastante grandes, modificando su aspecto. Debajo, su IR. ¡Vaya! Hemos subido a más de 16. Un fruto excelente.




Y para terminar, este fruto tiene un gran número de lenticelas rotas, formando amplias zonas acorchadas, e incluso provocando algunas fisuras por falta de elasticidad de la piel en estas zonas. Será clasificado, con suerte en segunda categoría (si el mercado pide mucha fruta), pero con mucha probabilidad, terminara en la basura, o para la industria. Debajo, aquí también, su IR. Ahora pasamos de 19. Un fruto excepcional.



Y a modo de conclusión, estas dos cajas de frutas, que son las que me llevo a casa. Son generalmente mucho más difíciles de vender, con lo que son mucho más baratas. Son las mejores frutas. Pero están desclasificadas por sus defectos estéticos. Otro problema de fealdad, pero que disimula un corazón de oro… 


En el mejor de los casos, serán vendidos localmente, en el peor, terminaran en la industria, o a la basura.
En cualquier caso, tendrá un precio bajo, no cubriendo los gastos de cultivo.
Y de ninguna forma llegaran a ser exportados, ya que son no conformes, en estética, con los protocolos de los principales importadores internacionales.

Total, si queréis probar la degustación de estas frutas, tendréis que buscar un productor cerca de vuestra casa, o iros de vacaciones, este verano, a una zona productora. También se pueden encontrar en los mercadillos de pueblos.
Pero si tenéis costumbre de comprar vuestras frutas y verduras en supermercados, no tenéis posibilidad casi ninguna de encontrarlas.

Este problema será uno de los motivos que va decidir del arranque de la variedad. En su lugar, se plantara otra variedad cuya epidermis es más resistente.
No os preocupéis, existen variedades excelentes, sin el problema del sugar spot.
Pero tendré siempre cierta nostalgia de estas frutas excepcionales, detectables a simple vista.


20- medir la calidad en el campo

EL SABOR DE LO BUENO

Es muy difícil medir, de una manera objetiva, si un alimento tiene buen sabor, o no.
Depende del producto en sí, y de la persona que lo prueba.
Existen muchos criterios, medibles o no, que permiten caracterizar el sabor.
Podemos hablar por ejemplo de aromas, azúcar, acidez, astringencia, amargura, firmeza, textura, jugosidad, el equilibrio de los caracteres.
A esto, hay que añadir elementos que van a influir sobre la percepción del sabor, por ejemplo la temperatura del alimento, o lo que la persona habrá comido antes, así como su estado de placer a la cata, o simplemente su estado de estrés o de cansancio.

Total, para determinar si un producto es bueno, o no, el mejor medio es la degustación por especialistas. En el caso de la enología, se ha convertido en un oficio. En la industria agroalimentaria, los productos transformados suelen pasar por un proceso de cata a través de un panel de consumidores. Pero desgraciadamente, lo que se admite como medio objetivo para cualificar un vino o un plato precocinado en conserva, no es ni reconocido, ni puesto en práctica para cualificar los alimentos frescos.
Sin embargo, conviene resaltar que existen, en el marco de ciertos organismos de experimentación agrícola, como el CTIFL en Francia, loables esfuerzos en esa dirección.  Permiten, por ejemplo, caracterizar una variedad concreta, describiendo sus aromas típicos, o su sabor.
Pero son muy insuficientes de cara a la rapidez de la renovación varietal en una especie como el melocotonero, de la multiplicidad de las condiciones de cultivo y de las variaciones climáticas.
Y sobre todo, no pueden responder al problema rutinario de la agricultura.
En efecto, de un año al otro, e incluso a lo largo de una misma campaña, el sabor de un mismo alimento puede cambiar, en función de las condiciones de cultivo, o de las condiciones climáticas. Del mismo modo, una mala gestión del riego, o simplemente un episodio de lluvia abundante durante la recolección, puede convertir la producción de muy buena al principio, à sin sabor al final.

En la mayor parte de los casos, cuando se acerca de su madurez, una fruta gana en azucares y en aromas, y pierde, en paralelo, en firmeza y en acidez. Este proceso se produce en los últimos días antes de madurez. El color y el calibre pueden llegar con más antelación. Depende del tipo de fruta y de la variedad.
Además, en varias especies, el color se puede adquirir incluso después de la recolección, en conservación, como es el caso, por ejemplo, del plátano, la ciruela, la pera o los cítricos (proceso de “desverdización”).
Es por eso que una fruta, cogida demasiado tiempo antes de su madurez puede tener buenas cualidades de presentación (color y calibre) y de conservación (firmeza), pero se quedara muy lejos de las calidades de sabor habituales de la variedad.
Esto explica, como lo escribía en mi publicación nº6 “el sabor de los alimentos frescos”, de febrero de 2014, que el sabor depende mucho más de las condiciones de recolección, que del sistema de cultivo. Nadie es capaz, hoy, de diferenciar una producción convencional de una producción ecológica, a partir del sabor de los alimentos, comparando la misma variedad, en condiciones de cultivo y climáticas equivalentes, y en condiciones de recolección idénticas. Numerosas experimentaciones se han hecho o están en curso en el mundo, y todas las que están seguidas y analizadas de manera imparcial van en esa dirección. El CTIFL en Francia, organismo oficial de experimentación en frutas y hortalizas, es de los organismos más dinámicos en este tipo de trabajos.

Se recurre pues a medios sencillos, que permiten de controlar criterios mínimos.
¿Qué se puede medir fácilmente?
El azúcar y la firmeza.
La firmeza representa un criterio fácilmente medible del estado de madurez para muchas frutas. Permite también hacer una estimación de la duración de vida de la fruta después de la recolección, si las condiciones de conservación se adecuan.
En el caso de la manzana, también se puede medir la regresión del almidón en azucares, señal de su estado de madurez.
Igualmente, se puede medir la acidez del zumo, pero exige una manipulación de laboratorio, sencilla pero tedioso, no siempre fácil de realizar, y difícil de utilizar de manera rutinaria. Es un criterio de recolección, no de decisión de recolección.
El azúcar es actualmente el criterio el más fácil de medir, con la firmeza. Existen herramientas de manejo simple y rápido, que permiten medirlos, directamente en el campo. Son criterios de calidad que aportan una ayuda importante para elegir el momento ideal de recolección.

La determinación del momento óptimo de cosecha es fundamental para garantizar la mejor calidad gustativa posible de la fruta.
Anticipar la recolección provoca que la fruta tenga todavía mucho almidón (en el caso de la manzana), y de acidez, mientras no se han acumulado los suficientes aromas y azucares, lo que la puede hacer desagradable, o incluso agresiva a la degustación.

Los instrumentos que se manejan usualmente en el campo son el penetrómetro para la firmeza y el refractómetro para el azúcar, y el calibrador, para el tamaño de fruta.

 Se miden los azucares usando la escala de Brix. El grado Brix (ºBx o ºB) mide la concentración de azúcar en una solución. Una lectura de 10ºBx significa que hay 10g de azúcar en 100g de la solución controlada. Es el índice refractométrico IR.
Cada tipo de fruta tiene referencias propias. De este modo, un IR de 7,5 se considera de alta calidad en el caso de una fresa de primavera, pero se considera mala calidad gustativa en el caso de la manzana o del melocotón.

En melocotón, la norma exige un IR mínimo de 8 para las variedades más tempranas, pero de modo general, se considera que la calidad es satisfactoria a partir de 9, buen a partir de 10, y superior a partir de 12.

A continuación, una secuencia de fotos, en las que hago estas mediciones rutinarias en el campo.

El calibre para elegir los criterios de recolección y para indicar al equipo comercial cuáles serán las características de la fruta.

La firmeza, que se mide en la parte más superficial de la carne.




El índice refractométrico (en este caso, una nectarina amarilla, muy buena).





Pero en todo esto, nada toma en cuenta los aromas, que pueden hacer un melocotón bueno con poco azúcar, o incluso compensar una falta de acidez. Al revés, un melocotón sin aromas ni acidez será sosa, insípida, incluso con más de 10ºBrix.
Los aromas son actualmente imposibles de medir de manera rutinaria. Hay que elegir las variedades por el sistema de cata.

Y para el agricultor, siempre queda un problema, a veces muy serio. Es la planta que hace el sabor de la fruta. La genética es la base. Existen variedades con fuerte potencial gustativo (en ciruela, se puede hablar de Reina Claudia, por ejemplo), y otras con potencial mucho más limitado (muchas variedades de ciruela japonesa).
Pero las condiciones climáticas pueden complicar el asunto, y puede bastar con tener varios días de cielos cubiertos en el momento más crítico, para que la calidad gustativa baje mucho.
Si la fruta se coge demasiado pronto (es decir mucho antes de que los criterios medibles hayan alcanzado el nivel óptimo), podemos encontrarnos con una fruta totalmente insípida, e incluso mala. Sin embargo, incluso en condiciones muy desfavorables, una variedad muy aromática será mucho mejor que una variedad poco aromática.
También hay que ser consciente que la calidad gustativa no es un criterio de decisión de recolección. Cuando llega la fruta en su momento fisiológicamente ideal, hay que cogerlo, bueno o no, sino se pierde. El margen de maniobra depende mucho según el cultivo. En cítricos, el margen suele ser amplio. Por ejemplo, en el caso del pomelo, es de varios meses. En el caso del melocotón, la fresa o el albaricoque por ejemplo, si queremos coger una fruta de alta calidad, este margen es de un día, a veces dos, nunca más, e incluso puede ser de menos de un día.
Las condiciones climáticas pueden provocar una madurez acelerada, sin que los criterios de vigilancia hayan dado alerta. Un tiempo bochornoso y tormentoso puede hacer pasar una fruta de dura a blanda en pocas horas.
La vigilancia visual y la anticipación de las condiciones climáticas pueden convertirse en criterio de decisión.

Ninguna de estas mediciones puede sustituir el tacto, y la vista. Criterios como la luminosidad del color, o el brillo de la fruta, así como la sensación táctil de “gomoso”, que coge una fruta justo antes de perder notablemente en firmeza, también entran en cuenta, y para eso, es la experiencia que es útil. Y es cuando más me siento imprescindible…

Los principales actores del mercado, es decir los supermercados, han elegido desde bastante tiempo dar prioridad al nivel de azúcar, ya que es una manera sencilla, económica y rápida, de verificar si un lote se corresponde con su cuadro de especificaciones.
Por otra parte buscan, no tanto la satisfacción del cliente, ya que es muy subjetivo y complejo, pero más bien su no-decepción. La alta calidad gustativa de una fruta es difícil de mantener en el tiempo, pero un criterio simple de nivel mínimo de azúcar permite no decepcionar, casi siempre.
Pero no garantiza que el consumidor la habrá disfrutado.

Sin embargo, es imprescindible tener criterios objetivos y medibles para estimar el nivel cualitativo de la fruta. El sistema que consiste en limitar la determinación de la calidad gustativa a los únicos criterios de azúcar y firmeza es muy lejos de la perfección. Es incluso muy insuficiente.
Algún día, ¿seremos algún día capaces de medir de manera rutinaria una más amplia gama de criterios de calidad?
Es probable, pero mientras tanto, lo mejor para vosotros, consumidores, es de pedir a vuestro tendero habitual, si es un especialista, de probar, o por lo menos de daros un consejo.
Solo en el caso del melocotón, podéis encontrar frutas aciduladas, equilibradas o subácidas (sin acidez), aromáticas o no, crujientes o tiernas, jugosas o pastosas, dulces o no.
Así que, un consejo puede venir muy bien, pero no suele ser fácil de encontrar.

A mí también, fuera de mi campaña de recolección de frutas, me toca a menudo elegir la fruta, ya que soy un especialista. A parte si lo puedo hacer en el mercadillo (y no siempre), me encuentro en la misma situación que cualquiera. Las frutas son generalmente bonitas. Pero, ¿serán buenas?
La única cosa que podéis intentar, pero no funciona siempre, es de sentir las frutas. Si son aromáticas, las posibilidades de que sean buenas son mayores.

¡Buena suerte!


He decidido hacer esta publicación para preparar la próxima, sobre la fruta descalificada a pesar de su calidad superior.