Uno de mis contactos de LinkedIn, Gildas Guibert,
responsable técnico de una importante empresa francesa de producción de frutas,
y muy activo en las redes sociales, ha lanzado recientemente una encuesta a los
miembros de su red francófona.
Las respuestas publicadas me han dado ganas de saber cuál
serían las reacciones de mi red frente a esta pregunta.
Mi red siendo más internacional, he decidido, con su
acuerdo, de retomar esta encuesta pero modificando la pregunta.
Imagen
personal
Pues aquí está:
Cuando
compras un alimento no transformado (frutas, hortalizas, cereales, huevos,
carne, leche, etc.), ¿qué es lo más importante para ti?
1-¿El
precio? Se trata del precio al consumidor.
2-¿El
sabor? Según los productos, hablamos de aromas, azúcar, crujiente,
jugosidad, etc.
3-¿El
aspecto? Según los productos, puede ser el color, el brillo, el
frescor, los defectos de aspecto, etc.
4-¿El
origen? Local, nacional, de importación cercana o de importación
lejana.
5-¿El
modo de producción? Producción respetuosa con el medioambiente
(agricultura ecológica, producción integrada, agricultura de conservación),
producción convencional, agricultor pequeño o grandes fincas, etc.
Por otra parte, ya que creo que tu respuesta será
influenciada por tu relación a la
agricultura, me gustaría que lo indiques de la manera siguiente:
A-En
relación directa con la agricultura (agricultor, envasador de productos
agrícolas, empleado en agricultura o en la confección de productos agrícolas,
asesor agrícola, hijo o hija de agricultor, etc.)
B-En
relación indirecta con la agricultura (fabricante o vendedor de insumos o de
materiales agrícolas, proveedor de servicios para la agricultura como seguros o
servicios de nuevas tecnologías por ejemplo)
C-Sin
relación con la agricultura.
Y por fin, indica tu
país de origen. Creo que la cultura de cada país puede tener una influencia
sobre la educación alimentaria.
Tu respuesta podría ser, por ejemplo:
5, 4,
3, 2, 1, B, Uruguay
Por supuesto, los comentarios no son obligatorios, pero
son bienvenidos.
Indica tus respuestas preferentemente como un comentario
en el blog, será más fácil para mí no perder respuestas.
Cuento
contigo. Comparte en tus redes, de manera que tengamos más respuestas.
Necesitaré tiempo para analizar todo, pero estoy seguro que sacaremos
enseñanzas muy interesantes.
Un interesante artículo publicado en mayo en el blog español
“El ecologista transgénico” nos informa sobre la percepción del riesgo por el
público, y nos advierte sobre la enorme presión mediática que soportamos
diariamente, con la percepción a veces errónea que podemos coger de
determinados temas.
Este artículo me interesa mucho ya que la agricultura, y
especialmente los plaguicidas, forman parte de los temas más afectados por este
problema, muy a menudo de manera injustificada.
Los
errores en la percepción del riesgo son la base de muchos problemas en la
comunicación de la ciencia, por lo tanto voy a dedicar la entrada a este tema,
intentando aclarar conceptos mediante unos cuantos ejemplos. Porque, cada día,
en nuestra vida diaria, tenemos que tomar un sinfín de decisiones que son
ejercicios de balance entre beneficios y riesgos, unas inconscientes otras más
razonadas. Por desgracia los humanos no somos muy buenos a la hora de evaluar
estos riesgos. Esto complica nuestra capacidad para tomar decisiones
coherentes, desde decisiones médicas, más o menos importantes, hasta qué
alimentos nos llevamos a la boca.
De
hecho, la evidencia es clara, no podemos evitar cometer esos errores. Nuestra
aparente irracionalidad en este tema es fruto de procesos innatos que operan
fuera de nuestro control consciente. Se han identificado una serie de “factores
de miedo” emocionales que hacen que algunas amenazas potenciales produzcan más
temor que otras, sin importar lo que la evidencia pueda decir:
-Los
riesgos creados por el hombre nos asustan más que los naturales, por lo que es más probable que tememos los
transgénicos, la radiación de plantas nucleares y químicos industriales que los
riesgos “naturales” como leche no pasteurizada, medicinas naturales o radiación
cancerígena del sol.
-Nos
preocupamos más por los riesgos que no podemos controlar y tendemos a pasar por
alto los riesgos que podemos controlar, por ejemplo, sobreestimamos es riego del glifosato (u otros
fitosanitarios) pero subestimamos el riesgo de no comer suficiente fruta o
verdura o del sedentarismo.
-Los
riesgos impuestos nos atemorizan más que aquellos que tomamos voluntariamente. Por ello, la percepción del riesgo es mayor
en el caso de la radiación de las centrales nucleares que con la radiación del
sol, a la que nos exponemos voluntariamente.
-Somos
malos evaluando los riesgos y beneficios a largo plazo; tenemos una tendencia innata a centrarnos
en el corto plazo. Por ejemplo, cuando desaparecen enfermedades como el
sarampión o las paperas, los beneficios de las vacunas que los vencieron ya no
son obvios y pueden llegar a ponerse en entredicho.
-A
menudo olvidamos considerar el riesgo de no hacer nada o de la alternativa.
Estos
atajos mentales y nuestro deseo de respuestas simples sobre la causalidad, el
riesgo y el beneficio conducen a algunos errores comunes en la forma en
actuamos en nuestras propias vidas.
Peligro y riesgo
Peligro
y riesgo son dos conceptos diferentes pero relacionados.
Un
peligro es un agente que tiene el potencial de causar daño.
El
riesgo mide la probabilidad de daño por un peligro.
Los
peligros solo se convierten en riesgos cuando hay exposición. Ejemplo: la
radiación solar es un peligro. Pero si nunca me expongo (o me protejo) a la
radiación, no me enfrentaré al riesgo de quemaduras o melanomas, aunque el
peligro ahí está. A pesar de esta diferencia, tendemos a considerar todos los
peligros como riesgos, independientemente de nuestro nivel de exposición.
Esto
es muy visible en la clasificación de carcinógenos de la International Agency
on Cancer Research (IARC http://monographs.iarc.fr/ENG/Classification/). La identificación de peligros es el primer
paso de la evaluación de riesgos, pero no es en sí una evaluación de riesgos.
Sin embargo, constantemente vemos informes de identificación de peligros
presentados como evidencia de riesgo real. Estas clasificaciones se basan en la
fuerza de la evidencia y no en el grado de riesgo. Dos factores de riesgo
podrían incluirse en la misma categoría aunque uno triplicara el riesgo de
cáncer y el otro lo aumentara en una pequeña fracción. Un ejemplo claro es el
tabaco y la carne procesada, incluidos ambos en la categoría 1 de dicha
clasificación. Según Cancer Research UK (http://scienceblog.cancerresearchuk.org/2015/10/26/processed-meat-and-cancer-what-you-need-to-know/), fumar causa el 19% de todos los cánceres;
por el contrario, se cree que “solo” el 3% de todos los cánceres son causados
por la carne procesada y las carnes rojas combinadas. Por lo tanto, la
evidencia de que la carne procesada causa cáncer es tan fuerte como la del
tabaco, pero el riego del tabaco es mucho mayor.
Todos los peligros no son iguales
Como
hemos visto, todos los peligros no son iguales, estos pueden afectar a distinto
número de personas y/o ser más o menos dañinos.
Observando el gráfico, podemos dividir los peligros en cuatro categorías
según la cantidad de personas afectadas y la gravedad del daño. La naturaleza
del producto (natural vs sintético) no afecta a la peligrosidad.
Sin
embargo, a veces tendemos a considerar que todos los peligros a los que
prestamos atención son igual de dañinos. El aumento del movimiento anti-vacunas
muestra esta tendencia a ver todos los riesgos como iguales (considerando los
peligros de las vacunas y los peligros de las enfermedades como equivalentes
tanto en gravedad como en riesgo de daño). Las enfermedades prevenibles por
vacunación pertenecen al cuadrante superior derecho del gráfico. Las vacunas trasladan
el peligro de estas enfermedades al cuadrante superior izquierdo reduciendo
drásticamente el número de personas afectadas por estas enfermedades. Por otro
lado, las vacunas en sí mismas tienen una peligrosidad generalmente baja en una
pequeña proporción de la población, colocándolas en el cuadrante inferior
izquierdo. Sin embargo, en la mente de muchas personas, los riesgos
extremadamente raros (reales o imaginarios) asociados con las vacunas se han
vuelto iguales o mayores que los riesgos (muy reales) de contraer la
enfermedad. Lo mismo es cierto para los aditivos alimentarios.
Conclusión
Estamos
continuamente expuestos a una gran cantidad de peligros, algunos de las cuales pueden tener riesgo para nuestra salud si nos exponemos a ellos, si se encuentran
en una concentración demasiado alta o de una forma demasiado frecuente. Los
errores en la percepción del riesgo
son la base de muchos problemas en la comunicación social de la ciencia. En
parte, estos errores, son debidos a nuestra escasa capacidad para evaluar
correctamente estos riesgos (otras veces son interesados). Para evitarlos
debemos evaluar cada peligro por separado, analizando su potencial para causar
daño y su nivel de exposición así como su posible alternativa o las
consecuencias de prescindir de él para informarnos si algo realmente representa
un riesgo.
La
confusión creada en torno a la diferencia entre peligro y riesgo es
cuidadosamente cultivada, con una meta, generalmente oculta, destinada a
favorecer ventas o a provocar una modificación de la opinión o del
comportamiento.
Es sin lugar a dudas lo que está pasando desde varios años en contra de la agricultura
convencional, para favorecer el consumo de productos ecológicos. Los que más
comunican en este sentido son empresas capitalistas que distribuyen alimentos
ecológicos, u ONGs ecologistas intentando conseguir nuevos seguidores o
aumentar su poder.
Este mercado es muy lucrativo, y los medios implementados
para desarrollarlo no dudan en denigrar cualquier cosa que se interponga en su
camino.
Atraer
el consumidor jugando con sus miedos, es lo único que les importa.
Y los
daños colaterales producidos, que a veces son graves, no les importan.
Es probablemente uno de los factores menos importantes
para el consumidor, que sin embargo es fundamental para la cadena que llevará
el alimento desde la finca agrícola hasta su mesa.
Entre los productos agrícolas, los más afectados por este
punto son las frutas y hortalizas.
La confección, o envasado, juega en realidad varios
papeles, todos importantes para alguien, todos exigentes para el agricultor.
Es la primera prueba que debe pasar el alimento en salida
del campo. Esta seleccionado según varios criterios que son generalmente su
tamaño (se habla de calibración, en general normalizado), su color (siguiendo
criterios establecidos para cada producto, a veces variables según el destino),
su calidad visual (aspecto, estética, cumplimiento de las normas) y su estado
de madurez (insuficiente, en su punto, demasiado avanzado) o de frescor.
Video personal. Confección de nectarinas
Esos criterios van a decidir de la clasificación del
producto en primera categoría (o extra, para algunos que todavía lo hacen), en segunda
categoría, a veces en tercera categoría, en industria (transformación en zumo,
en concentrado, en papilla, o cortado para varios usos en la industria
agroalimentaria y la preparación de platos precocinados), o en basura.
Este trabajo se realiza en el almacén de confección, de
forma cada vez más industrializada para reducir sus costes y centralizar
volúmenes siempre más importantes.
Cada almacén de confección tiene su propia capacidad de
trabajo, adaptada al grupo de agricultores que ahí llevan su producción, y a
los diversos productos afectados (es obvio que no se va a preparar melón igual
que cereza, o lechuga igual que zanahoria).
La selección es a menudo realizada por una máquina, más o
menos sofisticada, con una asistencia de personas para afinar la selección
cualitativa, según criterios establecidos por cada lote, especialmente en lo
que afecta la selección de los defectos visuales.
Es cada vez más raro en los países ricos, pero todavía
frecuente en los países en desarrollo, que la confección sea totalmente manual,
pero en general sigue los mismos criterios de calidad.
El agricultor debe hacer todo lo posible para una
maximizar la clasificación en primera categoría, que recibirá un mucho mejor
precio, que las categorías inferiores, la industria y la basura en muchos casos
ni siquiera cubren los gastos de recolección.
El
envase
Una vez seleccionado, el alimento será colocado en un
envase que corresponde a las exigencias del cliente. La diversidad de los
formatos es un auténtico rompe-cabeza para el almacén de confección. Hay cajas de
varios formatos de cartón, de cartón compactado, de madera, de plástico de un
solo o de varios usos, las cestas (de varios formatos, de varios colores, con o
sin tapa, con o sin film, con o sin malla, con o sin haza), los alveolos (de
papel, de cartón, de plástico, en todos los calibres), etc.
Para cada cliente, las exigencias pueden ser diferentes,
con sus propias marcas, o las marcas del productor. Además, un mismo cliente
puede cambiar sus formatos de un año al otro, haciendo obsoleto e inutilizable
el stock restante del año anterior.
Pero el almacén debe gestionar un stock extremadamente
complejo, y costoso, ya que los pedidos se realizan día a día, obligándolo a
tener de manera permanente un volumen de cada tipo de envase para así responder
de manera inmediata.
Para nosotros aquí, en Sevilla, si un cliente de
Fráncfort nos manda su pedido de un camión el jueves para el lunes, tenemos tiempo
de preparárselo y de mandárselo. Pero si no tenemos en stock los envases
necesarios, no tenemos tiempo para pedirlos, y perdemos la venta. Porque el
camión tiene que llegar a su destino el lunes, como previsto. No se acepta
ningún retraso. Y además tenemos que contar con la prohibición francesa de
circulación de los camiones los domingos y festivos.
El envase tiene por supuesto una gran importancia
marketing, pero también es, según los casos, una protección o una restricción.
Foto personal
Una caja con su alveolo protege el producto, evita que se
mueva y sea maltratado durante el transporte, y participa en la conservación
del producto hasta su venta.
Sin embargo la cesta, según los productos que contiene,
puede convertirse en una restricción negativa para la calidad. Es verdad para
los productos de gran tamaño, no para para los pequeños, tales como los tomates
cherry, las frambuesas, los arándanos, cerezas, etc. En el caso del melocotón y
de la nectarina, la cesta obliga a elegir frutas muy firmes, o duras. Es lo
contrario de la calidad.
Foto personal
Pero algunos clientes, o algunos mercados (cada vez más
numerosos), solo quieren este formato, mucho más cómodo para la venta al
consumidor (no hay manipulación, ni pesada, el precio está preestablecido). La
fruta se convierte pues en un producto totalmente industrial, y la satisfacción
del consumidor final ya no tiene ninguna importancia.
El tipo de envase es de una importancia extrema para el
canal de comercialización. Sin embargo en muchos casos, después de trabajo de
envasado difícil, delicado y costoso, los productos se presentan al consumidor
a granel, ¡¡¡sacados de su valioso envase!!!
Te puede parecer fútil, pero es un punto esencial. La
etiqueta contiene todas las informaciones legales necesarias (país de origen,
sociedad que lo envasa, características del producto, calidad, calibre).
Algunos clientes exigen que se mencione su propia marca, o incluso que se
imprima el código de barra que después se usara en la tienda.
Esas etiquetas se imprimen directamente en el almacén de
confección. Un local se habilita para esta tarea, con las impresoras necesarias
y todo el stock de los distintos tipos de etiquetas, sticks (pegatinas) y otros
elementos añadidos.
Ningún defecto de impresión se tolera.
Ya nos ha pasado que un lote importante sea rechazado en
destino por un defecto de impresión, difícilmente detectable a simple vista: el
código de barra no se podía leer por las máquinas. Todo el trabajo estaba
perfecto, pero la etiqueta no se podía usar en la tienda. Para el cliente, es
un auténtico problema, ya que ha suprimido la necesidad de etiquetar el mismo,
con lo que ya no está equipado para corregir un error de etiqueta.
Foto personal
Para el almacén de confección este tipo de error puede
costar una fortuna. Tiene poca elección. De hecho, hemos tenido que modificar
nuestros protocolos de control después de este incidente.
O bien envía alguien ahí con las etiquetas corregidas,
pero de todas formas ya no puede cumplir con los plazos. El producto ya no es
apto a ser vendido en los plazos acordados.
O bien busca alguien para venderle el lote, pero es
difícil con un envase y un etiquetado previstos para un cliente concreto. A fin
de cuenta, se resolverá de alguna manera, generalmente gracias a un importante
descuento sobre el precio de venta por el almacén (después generalmente repercutido
al agricultor), que con total probabilidad, no seré aplicado al consumidor.
Total, el etiquetado es un punto importante que no
soporta la aproximación, y menos aún el error.
¿Y la
calidad en esto?
En realidad, solo se habla de ella.
Pero el producto en sí cuenta por muy poco. A partir del
momento que cumple con las condiciones mínimas exigidas (calibre, aspecto,
azúcar, color, jugosidad, firmeza, frescor, etc.), el envasado es más
importante.
De la calidad del envasado depende todo el proceso de
transporte, manutención, almacenamiento y conservación que llevará el producto
desde el campo hasta la estantería de venta al consumidor.
La producción de alimentos pierde poco a poco su alma
bajo los golpes cada vez más duros de los mercados. Cuando llegue aquí, los
clientes venían a visitar los frutales, probar la fruta en el árbol, valorar en
el campo la calidad del trabajo realizado.
Hoy por hoy el cliente, si viene (lo que es cada vez más
raro), se fija en el envasado, en la trazabilidad y a la higiene, más que en el
producto en sí. Verifica que los protocolos se cumplan, que los procedimientos de
higiene y de seguridad sean los adecuados, y que los análisis (bacteriológicos
y de residuos) sean conformes.
El producto se define ahora por unos números, análisis,
resultados de control, acreditaciones, trazabilidad.
El producto solo se define, por la satisfacción que da, a
través de las cifras de ventas, y en los programas culinarios en televisión.
La producción de alimentos se doblega poco a poco frente
a las exigencias de los mercados, que intentan convertirla en un proceso
industrial como cualquier otro, en el que todo es previsible, y previsto,
especialmente en lo que afecta a la calidad.
La calidad es presente, pero con criterios a menudo
difíciles de percibir y entender por el consumidor.
Y no es la llegada de Amazon en el mercado de los
alimentos que va a mejorar eso.
El agricultor se tiene que adaptar a las exigencias de
los mercados, y solo los que pueden vender mediante circuitos cortos tienen la
posibilidad de valorizar una calidad gustativa, en general asociada a un nivel
de madurez que exige un consumo casi inmediato.
Y el
consumidor, él, desea sentir placer comiendo, y sigue soñando con encontrar
“los sabores de antaño”, incluso en los supermercados, que sin embargo son cada
vez menos aptos a proponérselo.
Son
dos conceptos muy diferentes para un mismo producto, que aumentan aún más la
creciente incomprensión entre el mundo rural y el mundo urbano.
A final de los años 80, era un joven asesor en
fruticultura en el Sureste de Francia, para un grupo técnico especializado, el
GRCETA de Basse Durance.
Después de que el grupo haya sido contactado por una
empresa australiana, tuve la ocasión de participar a los primeros ensayos para
probar a gran escala la protección contra la polilla oriental del melocotonero (una
de las principales plagas en esa región) por el empleo de feromonas, según la
técnica llamada confusión sexual. Esta empresa australiana quería probar su
difusor y su feromona en condiciones de fuerte presión de la plaga. Lógicamente,
quería hacerlo en la región entonces internacionalmente conocida como la más
problemática.
Hay que decir que entonces, la polilla oriental de había
convertido en una verdadera pesadilla para los productores de melocotón de la
región. Las poblaciones de la plaga eran extremadamente elevadas. Se observaban
problemas de pérdida de eficacia de los insecticidas habituales, obligando los
agricultores a intervenciones insecticidas frecuentes, con nivel de eficacia no
suficientes, y en consecuencia, problemas tanto técnicos como económicos. Casi
no se hablaba entonces de las consecuencias medioambientales, pero mirando la
situación con la perspectiva actual, da miedo…
Así que esta sociedad australiana llagaba con esta
técnica innovadora, dejándonos llenos de pensamientos, y de dudas.
Imagina, hace 30 años, la propuesta de resolver un
problema crítico de insectos sin insecticida. Para nosotros, asesores, en los
que los agricultores del grupo confiaban a veces ciegamente para ayudarlos a
resolver sus problemas, parecía una auténtica locura. Éramos muy motivados por
la innovación, pero sinceramente también éramos muy desconfiados.
La zona experimental fue elegida en un sector concreto de
Provenza que se encontraba en una situación tan crítica con respecto a la
polilla oriental, que algunos agricultores empezaban a pensar en la posibilidad
de una reconversión de los cultivos, ante la imposibilidad de controlar sus
daños.
Después de toda una temporada de ensayos, la sorpresa de
los agricultores frente a los resultados daba gusto. Sin ser maravillosos, eran
superiores, sin insecticida, al programa reforzado que tenía entonces que
aplicar, y que incluía más de 15 intervenciones químicas.
Al cabo de dos años de ensayos, la conclusión fue que
para resolver una situación muy degradada, era necesario pasara por una fase
inicial que combina la protección química con la confusión sexual, el tiempo de
reducir lo suficiente el nivel de infestación (1 a 2 años). A partir de ese
momento, la confusión sola es suficiente para evitar los daños.
En esa época, como técnico involucrado en los ensayos,
llevaba de manera permanente en el coche algunos difusores para poder
sustituirlos o reforzar alguna zona difícil. ¿La consecuencia?
Esta perseguido todos los días, tanto dentro del coche
que fuera, por una horda salvaje de machos de polilla oriental, convencidos de
que era yo la princesa de sus sueños…
Las feromonas son sustancias naturales, emitidas por
organismos vivos para transmitir informaciones a sus congéneres.
Su papel es muy conocido en la mayoría de los animales, y
en algunos vegetales.
Son compuestos generalmente volátiles, producidos por
glándulas exocrinas. A diferencia de las hormonas, concebidas para ser
utilizadas por el organismo en modo interno, las feromonas son producidas para
ser liberadas al exterior del organismo, con el fin de transmitir un mensaje o
una señal a individuos de la misma especie. Su papel en la reproducción sexual
de los insectos es muy conocido y ha sido objeto de muchos estudios.
Es gracias a las feromonas sexuales que, por ejemplo, los
lepidópteros (las mariposas) machos son capaces de localizar las hembras,
dándoles la posibilidad de emparejarse, y de asegurar la continuidad de la
especie.
Cada insecto tiene su propio conjunto aromático para
atraer solo individuos de su propia especie.
Además, las feromonas tienen distintos papeles como la
atracción sexual, la alarma, la agregación, la territorialidad, y existen en
muchos animales, incluso en los humanos. Las abejas las usan para indicar las
zonas florecidas, las hormigas para marcar sus caminos, lo perros y los gatos
para marcar su territorio, los humanos en situación de miedo o de deseo sexual
por ejemplo.
También se encuentran en productos concebidos para tranquilizar
o ahuyentar a gatos y perros, o incluso para hacerte irresistible en discoteca.
El principio de la técnica de confusión sexual es el
siguiente.
La feromona contenida en el difusor es la misma que la
que emite la hembra de la polilla oriental para que el macho sea capaz de
encontrarla, y que así puedan emparejarse. El difusor este hecho de un plástico
poroso que permite un difusión (de ahí el nombre) progresiva de la feromona
durante varias semanas.
En la naturaleza, una hembra emite la feromona que es
transportada por el aire. El macho capta este mensaje olfativo gracias a un
receptor específico y le sigue la pista hasta que encuentre la hembra.
La técnica de confusión sexual consiste en repartir un
gran número de difusores en las parcelas de cultivos. De este modo, los puntos
de emisión son tan numerosos que el macho es prácticamente incapaz de encontrar
a la hembra.
El emparejamiento es perturbado, la reproducción no tiene
lugar, con lo que el insecto ya no es un problema para el agricultor.
La
protección tradicional consiste a matar los insectos plaga presentes para
evitar que se reproduzcan y provoquen daños a los cultivos.
La
confusión sexual consiste a evitar que los insectos plaga tengan la capacidad
de reproducirse. Por consecuencia no están presentes en el cultivo y no provocan
daños.
Es un profundo cambio en el concepto de protección de los
cultivos. Es una técnica de prevención del daño.
Pues tenemos una técnica que funciona bien, y que permite
evitar la aplicación de productos químicos en el cultivo. De hecho, podemos
notar que las feromonas se emplean en agricultura en al menos 3 técnicas
distintas:
La
confusión sexual, que consiste a difundirla en cantidad muy
grande por hectárea, de manera de perturbar los machos en su sistema de
acercamiento a las hembras, reduciendo drásticamente las posibilidades de
emparejamiento, y de reproducción. Las poblaciones de la plaga bajan
“naturalmente”, y por consecuencia, los daños a los cultivos.
El
trampeo de monitoreo, que consiste en colocar algunas trampas de
feromonas en la finca, de manera de capturar individuos y realizar una
vigilancia de las poblaciones (inicio de los vuelos, picos de vuelos, momento
de eclosión de las puestas y de los riesgos). Esta técnica, la primera,
históricamente hablando, a emplear feromonas, permite situar con gran exactitud
el momento de las intervenciones con los insecticidas, sintéticos o naturales.
Ha sido uno de los fundamentos de la Producción Integrada.
El
trampeo masivo, que consiste a colocar trampas con una
fuerte cantidad de feromonas, en número reducido por hectárea, con el fin de
capturar un gran número de individuos, lo que permite reducir, sin aplicación
de pesticida, la población de la plaga. Esta técnica se emplea mucho con
atrayentes alimenticios, más que con feromonas.
La técnica de confusión sexual se ha desarrollado mucho y
sirve ahora a proteger los cultivos, especialmente en viña y en frutales,
contra lepidópteros, dípteros, himenópteros y coleópteros principalmente.
Obviamente, la técnica ha sido rápidamente autorizada en
agricultura ecológica. Es lógico, una técnica que permite una protección eficaz
sin empleo de pesticidas, ni sintéticos, no siquiera naturales, llama la
atención.
Pero
por cierto, estas feromonas, liberadas en gran cantidad y de manera permanente,
¿de dónde proceden?
No, no hay miles de trabajadores apretando el abdomen de
billones de mariposas hembras para extraer cada vez una micro-gota de feromona
Es química, pura y dura.
Estas feromonas son sintéticas, copias precisas de las
naturales, procedentes de la química, de la mala química.
Después están encerradas en difusores de plástico,
también procedentes de la mala química.
Pero esos productos sintéticos, procedentes de la
química, liberados en el aire de los cultivos, ¿pueden alcanzar los alimentos?
Sin lugar a dudas. Mi experiencia personal de los años 80
me ha ampliamente demostrado que esas feromonas se depositan en todo lo que les
rodea. Sin eso, ¡no habría sido perseguido por todos esos machos confusos y
excitados!
Su efecto es fugaz, es cierto, pero es una realidad.
Así
que, ¿autoriza la agricultura ecológica el empleo a gran escala de productos
químicos sintéticos que entran en contacto directo y permanente con los
alimentos?
Para la azadiractina (y próximamente, veras que no es un
caso único), se rechaza la copia del producto natural, porque es sintética, con
lo que es incompatible con la ideología del ecológico, a pesar de todas las
ventajas técnicas y medioambientales que aporta con respecto a la extracción y
al uso de la sustancia natural de origen.
Salvo que esta prohibición de principio, cuestionable en
sí, pero coherente con la ideología ecológica, no siempre se aplica. Hay
situaciones en las que una derogación a la regla es posible.
Nota que el consumidor de productos ecológicos, al final
el motor del sistema, no está informado de esos cambios en las reglas del
juego.
La información que recibe sigue siendo la misma. Nada de
química en ecológico.
¿Pero que diría el consumidor de ecológico, convencido
que no hay química en ecológico et que cuida verdaderamente su salud y el planeta, si se enteraba que se le está
mintiendo a diario, que los mismos en quien ha puesto su confianza lo están
engañando?
¿Qué
es, una doble moral?
Hay que reconocer que la agricultura, no es fácil, y que
hay que protegerlos cultivos contra las enfermedades y las plagas, incluso en
ecológico. Y si no hay solución ecológica, vamos a encontrar una, casi
ecológica. Es que no podemos dejar que se pierda el mercado.
Bajo el título “Los bajos precios en el inicio de la
campaña de fruta de hueso no se están trasladando al consumidor”, la web
agrícola Agrodigital informa de la enorme disparidad entre los precios pagados
al agricultor y los precios pagados por los consumidores (http://www.agrodigital.com/PlArtStd.asp?CodArt=114482).
Hay que indicar que lo que se llama fruta de hueso es un
grupo de frutos carnosos del género prunus, es decir el albaricoque, el
melocotón, la nectarina, la ciruela y la cereza.
La situación del año 2017 es un caso que por desgracia se
repite con bastante frecuencia. El mercado, por motivos climáticos en destino,
arrancó con dificultad y lentitud. Es un problema del que os hable el año
pasado, que se repite este año también (ver https://culturagriculture.blogspot.com.es/2016/05/77-intemperies-8-en-destino.html).
Las condiciones climáticas no eran favorables al consumo
en las zonas de destino, pero sí lo eran en las zonas de producción. La fruta se
madura, hay que cogerla, pero sale con menos rapidez que se produce. La oferta
se desequilibra con la demanda, y los precios se derrumben.
Es una situación relativamente habitual en la producción
de alimentos, que se intenta regular con las técnicas de conservación. Pero
determinados productos, de vida comercial muy corta (melocotón, fresa, lechuga,
calabacín, etc.) no soportan esas condiciones y se conservan poco tiempo.
Más adelante, las condiciones climáticas en destino han mejorado,
el consumo se ha vuelto a animar, pero los precios no se han recuperado.
Los precios en origen se mantienen en unos niveles tan
bajos que no permiten cubrir ni los gastos más básicos del cultivo. Están más o
menos a la mitad de los que se practicaban el año pasado por esas fechas.
Muchos productores de fruta de hueso están abandonando la
fruta en el árbol sin cosechar, otros están arrancando los árboles con la fruta
encima.
Sin embargo, los precios al consumo son similares a los
del año pasado.
En otras palabras, los agricultores están sufriendo
mucho, en una campaña que quedara en las memorias como una de las peores de los
50 últimos años, pero los mercados aprovechan la situación para ganar mucho
dinero, a costa de hundir un sector tan importante como la producción de frutas
y hortalizas.
La diferencia entre el precio pagado al agricultor y el
precio pagado por el consumidor en mayo es aproximadamente lo siguiente:
7 veces para la fruta de hueso
7 veces para el calabacín
9 veces para el tomate
9,5 veces para el pepino
Una diferencia normal debería situarse entre 3 y 5 veces,
variando según el producto, para cubrir los elevados gastos de selección,
envasado, conservación, venta, transporte, distribución y punto de venta.
Ahora mismo, una venta de melocotón o nectarina a 3€50 al
consumidor, deja al agricultor escasamente 0€50, lo que no es suficiente para
asegurar la perennidad de la finca, siendo un precio elevado para el
consumidor.
Algo va mal en el sistema de distribución de los bienes
de consumo.
No es normal que los dos eslabones esenciales de la
cadena, es decir el productor en un extremo y el consumidor en el otro, sean
víctimas del sistema de distribución.
La venta directa del productor al consumidor solo es una
pequeña parte de la solución, ya que solo pueden acceder a ella una pequeña
parte de los productores y una pequeña parte de los consumidores, especialmente
en los países con las economías más ricas.
Es necesario y urgente imaginar algún tipo de sistema de
regulación del mercado capaz de evitar esos abusos, susceptibles de provocar
graves daños a un sector sin embargo esencial y estratégico, como es el de la
producción de alimentos.
Y pensar que los mismos que hacen los mercados pretenden
fomentar la reducción del desperdicio de alimentos…
¿No será solo una operación de marketing para intentar
alcanzar el corazón de la víctima, el consumidor?
NATURAL VS SINTÉTICO – DE LA PRODUCCIÓN DE LAS PIRETRINAS
NATURALES
Después de mi anterior artículo de esta serie sobre
piretrinas y piretroides (https://culturagriculture.blogspot.com.es/2017/04/101-natural-vs-sintetico-3-piretrinas.html),
recibí una pregunta, el 5 de abril, en su versión francesa “Buenos días, para
producir piretrinas naturales, es conveniente cultivar flores de pelitre. Cada
vez más pelitre, ya que hay cada vez más agricultura ecológica. ¿Sabes si el
cultivo de esas flores de pelitre se hace en cultivo ecológico?”
Mi respuesta fue “No me atrevo a pensar que los campos de
pelitre destinados a la fabricación de pesticidas ecológicos, puedan ser
cultivados con pesticidas sintéticos. Pero, ¿hay un control? No lo sé”.
Erwan Seznec es un periodista independiente francés,
conocido por sus tomas de posición críticas, yendo a menudo en contra de la
“bienpensancia” social y del políticamente correcto.
En el mes de octubre de 2016, publicaba en su blog el
siguiente artículo, que traduzco en su integralidad, como siempre.
“Como la agricultura ecológica externaliza
los pesticidas convencionales en los países pobres – 10/10/16
La
marea de artículos anunciando la desaparición de los pesticidas en los jardines
privados para el 2019 ha, de manera muy oportuna, cubierto dos escollos
conceptuales un poco molestos. El primero, explicado en la encuesta sobre los
pesticidas ecológicos publicada en Que Choisir [una
revista y asociación francesa de defensa del consumidor], es que los pesticidas ecológicos que quedaran autorizados, no son
especialmente exentos de inconvenientes. Por otra parte, los pesticidas
ecológicos no eliminan el uso de los pesticidas convencionales. En el caso de
las piretrinas, lo externalizan en África oriental y en Papuasia Nueva-Guinea.
Las
piretrinas son insecticidas producidos a partir de flores de pelitre de
Dalmacia y de crisantemos. Se encuentran en decenas de preparados autorizados
en agricultura ecológica.
Las
flores en cuestión, por supuesto tienen que ser cultivadas en alguna parte. En
este caso, es en Tanzania (60% de la producción mundial), en Papuasia
Nueva-Guinea y en Kenia. Aprendemos en el documento keniata que hacen falta
52.000 plantas para obtener 25 kg de polvo. Aquí descubrimos que el pelitre,
sin sorpresa, soporta ataques de plagas y de hongos.
Y en
este estudio australiano muy detallado (1), el lector perspicaz encuentra confirmación
de lo que el sentido común le sugería de antemano. Para tratar esos cultivos
no-alimenticios, los Tanzanianos y los Neo-Guineanos no tienen ningún motivo
para emplear pesticidas ecológicos, más caros. Emplean productos
convencionales.
“En
los cultivos de pelitre en África oriental y en Papuasia Nueva Guinea”,
escriben los investigadores australianos y americanos, “los fungicidas
efectivos contra el ascoquitosis del crisantemo (ray blight) incluyen el
etileno-bis-ditiocarbamato, el captan, el benomilo, el clortalonil y la
dicloronaftoquinona”. Por otra parte, “un abanico de otros productos que
pertenecen al grupo de los inhibidores de la demetilación, incluyendo el
difenoconazol, han probado su eficacia”, a la condición de proceder a “varias
aplicaciones de esos fungicidas”.
El
difenoconazol representa todo lo que prohíbe la agricultura ecológica: tóxico
para los mamíferos, para los medios acuáticos, y persistente con una semivida
de 1600 días en determinadas condiciones. Es en la página 5 del estudio (1).
En
los dos años que han seguido los ensayos de eficacia, se alegran los
científicos, “90% de los productores de pelitre de Tanzania” han adoptado el
programa fungicida. Los autores australianos son de la Universidad de Tasmania,
donde también se cultiva el pelitre. Se puede pensar que tienen buenas
informaciones sobre África. MGK, el líder australiano del sector, tiene
explotaciones en Tanzania.
En
2010, investigadores alemanes habían notado la paradoja. Kenia produce flores
secas de pelitre, pero “95% de las piretrinas brutas se exporta hacia países
desarrollados más preocupados por el medio ambiente, donde se vende a precio
Premium, dejando Kenia importar pesticidas sintéticos más baratos.” (2)
El
caso de Kenia deja pensar que el cultivo del pelitre no es sencillo. De 70% del
mercado mundial a principios de los años 2000, su producción ha caído a menos
del 5% diez años más tarde, por culpa de irregularidades de rendimientos. La
agricultura es un trabajo apasionante pero difícil.
Erwan
Seznec
(1)Diseases of Pyrethrum in Tasmania: Challenges
and Prospects for Management.
http://apsjournals.apsnet.org/doi/pdf/10.1094/PDIS-92-9-1260
(2)« Incidentally, Kenya is the leading producer
of a natural pesticide, pyrethrin, which is a broad-spectrum insecticide made
from dried flowers of pyrethrum (Chrysanthemum cinerariaefolium). However, 95%
of the crude pyrethrin is exported to more environmentally conscious developed
countries, where it earns a premium price, leaving Kenya to import the cheaper
toxic synthetic pesticides ». Potential
environmental impacts of pesticides use in the vegetable sub-sector in Kenya. »
Quiero añadir, ya que me parece importante, que el
documento australiano explica también, en su página 2, que para un cultivo de
pelitre rentable, el uso de herbicidas es necesario, así como el riego
intensivo por aspersión acompañado de uso de fertilizantes. Y por fin
aprendemos que la cosecha de las flores es mecánica.
Todos esos criterios son a priori contrarios a la
filosofía de la agricultura ecológica.
Mi sorpresa fue tal que decidí buscar un poco más. Y
encontré un documento de Kenia, de HighChem Agriculture, una empresa de
asesoramiento y de acompañamiento de productores de pelitre, que también vende
las semillas y las producciones conseguidas. Este documento explica las grandes
etapas del cultivo (http://www.highchemagriculture.co.ke/en/pyrethrum-farming.php) y
ahí descubrimos que el control de plagas se hace en base a 3 insecticidas de
síntesis, carbaril (un carbamato prohibido en Europa desde 2006), dioxathion
(un organofosforado prohibido en Europa desde 2002) y, ¡vaya sorpresa!
Alfacipermetrina, un piretroide de síntesis.
¿Y eso para producir una piretrina natural, autorizada en
agricultura ecológica?
Es lo que hay…
¿Qué podemos pensar?
Lo que ya he dicho en varias ocasiones: lo ecológico as primero un mercado
atractivo, en el que todo se admite, especialmente engañar al consumidor, pero
también al agricultor (que, en este caso, compra piretrinas naturales con
toda su buena fe, sin saber que está siendo engañado).
Este mercado está desarrollado principalmente en los
países los más ricos (especialmente en Europa), en los cuales esta de moda,
incluso demuestra cierto nivel social consumir productos ecológicos. ¡Es mejor
para el planeta!
Si, excepto que, por una parte lo ecológico tiene muchos
lados oscuros que se ocultan sistemáticamente, y por otra parte producir ecológico en Europa es mucho más
fácil ¡si los aspectos más negativos quedan deslocalizados al otro extremo del
planeta!
Una vez más estamos en el marketing, en la comunicación.
Se silencian todos los lados que no venden, para no
ahuyentar el consumidor. Es el mismo problema con los OGM. Casi no se producen
en Europa, pero se importan por barcos enteros, producidos en otras partes del
mundo.
Aquí es lo mismo, al revés de lo creía yo, ingenuo y
cándido que soy, los pesticidas ecológicos no se producen según los criterios
ineludibles de la agricultura ecológica.
¡¡¡Me parece totalmente increíble!!!
Lo que no quita nada al mérito de los agricultores que
producen en ecológico, sea por elección filosófica o económica. Pero deben
hacerlo con un número limitado de alternativas frente a los problemas
fitosanitarios que tendrán que resolver de todas maneras, y que les obligan a
trabajar de manera extremadamente precisa ya que tienen un muy escaso margen de
error.
Pero tan solo demuestra que a fin de cuenta la producción ecológica es una gran estafa,
que sirve para que algunos se hagan ricos a costa de los agricultores y de los
consumidores.
Ya lo he dicho, lo repito una vez más, y no será la
última, el porvenir no es a la
agricultura ecológica, es a la Producción Integrada (https://culturagriculture.blogspot.com.es/2014/11/32-metodos-de-produccion-4-produccion.html),
o más recientemente la agroecología. Total, el empleo de pesticidas es imprescindible para una agricultura
sostenible, y para una producción de alimentos más justa y más ecológica.
¿Serán nuestros políticos
lo suficientemente inteligentes, bien
asesorados, íntegros y valientes para saber decir a los lobbies ecologistas, al
igual que a los lobbies industriales, que su sitio no se encuentra en el debate
político?