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samedi 4 février 2017

98- Natural vs sintético -2- Aceite de neem vs azadiractina

ACEITE DE NEEM VS AZADIRACTINA

Para que entendáis bien la idea de esta serie, o al menos la tesis que intento defender, tomo este primer ejemplo que es, en mi opinión, uno de los más típicos.
Para decirlo todo, fue empezando este artículo que me vino la idea de hacer una serie. Es que este ejemplo es uno entre muchos más.

El ser humano es lo que es en la actualidad gracias, en otras cosas, a su capacidad a observar su entorno y a sacar conclusiones para su propio beneficio.
La observación de la Naturaleza le ha permitido extraer sustancias para responder a sus propias necesidades. Y desde que aprendió, gracias a la química, a sintetizar moléculas, su mayor fuente de inspiración, al menos en lo que a agroquímica se refiere, siempre ha sido la Naturaleza.
Los botánicos observan un fenómeno de autodefensa o de toxicidad en plantas. Lo analizan, lo mandan a los químicos, que determinan las moléculas involucradas en el fenómeno, las sintetizan, las estudian, luego intentan mejorarlas.
Este proceso, simple en sí, ya se ha repetido miles de veces para fabricar medicamentos, fibras textiles, o pesticidas.


ACEITE DE NEEM

El aceite de neem se extrae de las semillas de un árbol de la India, la margosa (Azadirachta indica). El empleo de este árbol de crecimiento rápido y bien adaptado a las condiciones de sequía, se ha extendido a todo el sureste asiático, África y Sudamérica. 

Imagen: http://www.ecologiaverde.com/wp-content/2014/12/Que-es-el-aceite-Neem.jpg

El aceite de neem es un producto tradicional ampliamente utilizado desde siglos, especialmente en la India y en África, por sus efectos fungicida, insecticida, bactericida, en el tratamiento y la prevención de piojos, de la malaria, de enfermedades de la piel, pero también como contraceptivo. La lista de sus acciones reales o supuestas es inmensa.

Su empleo en agricultura es relativamente reciente. Las propiedades como insecticida, nematicida y acaricida de este extracto son actualmente bien conocidos. Las moléculas naturales activas que componen el aceite de neem son numerosas, existen más de veinte, lo que explica la polivalencia de su utilización. Entre todas, la principal para su uso en agricultura es la azadiractina, y varias segundarias son salanina, meliantrol, nimbolida, nimbidina y el ácido nimbidinico. Esta polivalencia hace que sea un producto básico de la agricultura ecológica. De hecho está autorizada por la Comisión Europea. Sin embargo algunos países como Francia no autorizan esta sustancia, lo que no impide que los agricultores lo estén empleando a gran escala, a pesar de la prohibición legal. La ley es muy clara al respecto, cualquier producto no autorizado para un uso concreto es terminantemente prohibido para este uso. Pero algunos, no se preocupan mucho. En el reportaje siguiente, en francés, un agricultor ecológico francés explica que emplea sistemáticamente el aceite de neem, y que no conoce a ningún agricultor ecológico que no lo esté empleando, aunque este prohibido.


Sin embargo este aceite, tan polivalente, también presenta algunos defectos. Es precisamente por su polivalencia que debe ser sospechosa. Se revela muy tóxica para los abejorros y numerosos himenópteros (excepto la abeja doméstica), es toxica para la fauna acuática, y está clasificada entre los disruptores endocrinos. Su polivalencia es precisamente uno de los criterios que deja sospechar sus efectos segundarios negativos. Un producto muy específico deja poco espacio para la sorpresa, al contrario de los productos de amplio espectro de acción. De hecho es uno de los criterios que ha guiado la eliminación de moléculas por la Comisión Europea.
La producción del aceite se hace en varias regiones y varios países, puede proceder de plantaciones específicas o de árboles aislados, de zonas áridas o húmedas, de cultivo regado o no.
Esta gran variabilidad en el origen del aceite provoca una gran variabilidad en su composición química y en las proporciones en moléculas activas. Ya he hablado brevemente de esta cuestión en un artículo reciente http://culturagriculture.blogspot.com.es/2016/12/95-el-espiritu-de-las-plantas-7-las.html

Además hay que indicar que la extracción del aceite se hace a menudo de un modo muy artesanal, a partir de árboles aislados o de plantaciones de regiones y climas muy diversos, por lo que su homogeneidad es muy variable. Los productos comercializados garantizan un porcentaje de aceite de neem constante, pero no pueden garantizar un porcentaje constante de ingredientes activos, en especial de azadiractina. Por otra parte, este aceite es termosensible, lo que significa que por encima de 50ºC, su composición se degrada. Y es que, ya que se produce en países cálidos, sus condiciones de producción, de almacenamiento y de transporte pueden influir mucho sobre su potencial como plaguicida.


En consecuencia es muy difícil, para el agricultor, de usarlo de manera fiable, ya que lo niveles de ingredientes activos no son constantes.
Y para terminar, hay que indicar que, en las condiciones artesanales de su producción y de su transformación, su origen de países a menudo pobres y con condiciones sociales dudosas, los riesgos de contaminación del entorno local o de intoxicación de los empleados son elevados.
También hay que notar que, siendo un producto natural, el proceso de registro es mucho más rápido y superficial que para las moléculas de síntesis. Sin embargo, los legisladores se han (por fin) dado cuenta que todo lo que es natural no siempre es bueno para la salud y el medioambiente, el proceso de registro de los plaguicidas llamados “naturales” se está reforzando.
Sin embargo, queda un punto que las modificaciones legislativas no van a resolver a corto plazo, los residuos. Es que cuando se analizan los residuos, solo se encuentran las moléculas que se conocen y que se buscan, ya que las tecnologías disponibles no permiten trabajar de otra manera. En este caso, se puede encontrar azadiractina. ¿Pero qué pasa con la veintena de otras moléculas naturalmente presentes en el aceite? No se buscan. Con lo que no se sabe si dejan residuos potencialmente absorbidos por los consumidores. Peor, esta veintena de moléculas no son objeto de estudios medioambientales y de salud. ¿Pueden presentar riesgo para la salud? Nadie lo sabe. Sin embargo nadie le opone el principio de precaución.
¡Ya que es natural!


AZADIRACTINA

Los químicos, después de haber estudiado las propiedades de este aceite “milagroso”, han aprendido a sintetizar el ingrediente principal, la azadiractina. La estructura de la molécula sintética es exactamente idéntica a la de la molécula natural, pero esta depurada de sus impurezas, de las moléculas inútiles (para su uso agrícola), su calidad y su concentración son constantes, su eficacia es fuertemente reforzada, a dosis inferior, y sus efectos segundarios son los mismos, pero inferiores en lo que producto formulado se refiere (ya que las moléculas segundarias han sido eliminadas).
Este producto formulado pues es un plaguicida de síntesis, que es una copia exacta de una molécula natural. Siendo un plaguicida de síntesis, ha tenido que pasar, antes de su autorización de venta, por todo el proceso, muy largo y muy costoso, de registro europeo primero, y nacional después. Los estudios afectan a la toxicidad sobre aves, mamíferos, fauna acuática, insectos útiles (en otros abejas y abejorros), sobre los suelos, las aguas superficiales y subterráneas, sobre su capacidad de degradación en el agua, el aire, los suelos o a la luz, sobre sus efectos sobre la salud (por ejemplo su efecto como disruptor endocrino).

Imagen: http://www.alanwood.net/pesticides/structures/azadirachtin.gif

Como usuario puedo, según las circunstancias, tener que utilizar uno u otro. Te puedo certificar, por experiencia propia, que el uso de la azadiractina de síntesis es mucho más segura que del aceite de neem.
La azadiractina, registrada en frutales de hueso, es dosificada de manera constante, su empleo es simple, y su eficacia es sin sorpresa, dentro de los márgenes habituales de la variabilidad de eficacia de todos los plaguicidas.
El aceite de neem, ya que no se dosifica en moléculas activas, sino en concentración de aceite, su eficacia varía mucho de una marca a la otra, y dentro de una misma marca, de un lote al otro.
Un agricultor nunca recurre al empleo de plaguicidas, sintéticos o naturales, por gusto. Si lo hace, es que ha de hacerlo ya que su cultivo y sus ingresos peligran. Cuando lo hace, ha estudiado previamente ventajas e inconvenientes de cada una de las soluciones de las que dispone, y elige producto y dosis para conseguir la máxima eficacia con los mínimos inconvenientes.
Si el lote de aceite que recibe, por cualquier motivo, no da los resultados esperados, tendrá que repetir la intervención, con todo lo que conlleva de costes y de riesgos medioambientales.
No es el caso con la azadiractina.

Y para terminar, los residuos se analizan. La molécula es identificada y conocida, de tal manera que los equipos pueden medirla de manera precisa. No hay riesgo de mala sorpresa.




Pues claro, siempre se puede dudar de todo.
Algunos aseguran que el aceite de neem presenta menos efectos segundarios que la azadiractina sola, ya que el coctel de moléculas tiene un efecto mitigador.
Me parece que es exactamente lo contrario. El coctel de moléculas procede de la propia historia botánica del árbol y de su necesidad de autodefensa (http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/09/52-el-espiritu-de-las-plantas-2.html). El coctel tiene una razón de ser, y la Naturaleza raramente trabaja en barde. Si esas moléculas existen, no es para neutralizarse entre ellas, sino para reforzar la autodefensa.
Pienso que cuanto más antigua es la domesticación de una especie (especialmente por la selección y la hibridación), menor es su capacidad de autodefensa (excepto para determinados cultivos, como el cannabis o la amapola, cuya selección busca aumentar su potencial en alcaloides). El árbol de neem nunca ha sido domesticado, solo empleado en su estado natural. Todas las plantaciones actuales, destinadas a la extracción de aceite, se han realizado a partir de variedades silvestres.

Imagen: https://i.ytimg.com/vi/-QyqvdtiUnM/maxresdefault.jpg

No he sido capaz de encontrar un solo estudio serio que haya comparado, tanto en efectividad como en efectos medioambientales y en residuos, el aceite natural de neem y la azadiractina de síntesis. Todo lo que podido encontrar son afirmaciones no demostradas, y claramente subjetivas.
Obviamente los que defienden la inocuidad del aceite de neem son los círculos de la agricultura ecológica. Es muy lógico  ya que lo necesitan y tienen pocas alternativas. Es aún más lógico si consideramos que, siendo empleada de manera masiva, y a veces sin justificación, hay que encontrar una justificación.
Pero no puedo evitar de sorprenderme que los que defienden el interés del coctel de moléculas del aceite de neem, también son los que atacan los cocteles de plaguicidas en agricultura convencional (tema que no cuestiono, pero espero resultados científicos para elegir una postura).
Lo que es supuestamente verdadero en convencional, ¿no lo es en ecológico?

Es para sorprenderse.


Todo para decirte, y es la meta de este primer ejemplo, que el aceite de neem está autorizado (excepto en algunas situaciones), muy empleado y alabado en agricultura ecológica. Sin embargo, su heterogeneidad, sus métodos de extracción, sus efectos segundarios, sus efectos como disruptor endocrino parecen no molestar a nadie. El agricultor dispone de un precioso bidón de unos litros, limpito, seguro y bien etiquetado. No se pregunta lo que hay detrás.
La azadiractina, a la inversa, está prohibida en agricultura ecológica. Sin embargo es la misma molécula, cuyos efectos segundarios son los mismos, pero cuya homogeneidad es total, el método de producción es controlada y segura. Ha pasado por varias comisiones que han establecido condiciones de uso para cada cultivo, niveles de residuos, plazos de seguridad antes de la recolección, normas de seguridad para su manipulación, su almacenamiento y su uso.



Imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhQo2wtUo8tifnwuceVQDF5Qx_rWTrHyqtAa3fEhp1347uMonwKe63TGvRgmReH07BZALpyEzVe9ZqDLZ6FY0CvLGLyKaA7k9T9JGY8utvJ6Kp_GhW3tHFSxZlQ44P6MWPgccDnaEcXHHJW/s1600/ARBOL+DE+neem1.jpg

En este primer partido, es evidente que la azadiractina gana, tanto por su eficacia que por el control de sus efectos sobre el medioambiente y sobre la salud, pero también por la seguridad que aporta gracias a un proceso de registro estricto y en revisión periódica.
En este caso, y sin lugar a dudas, el empleo en agricultura convencional de la azadiractina es más seguro que el empleo, en agricultura ecológica como en agricultura convencional, del aceite de neem.

Es un caso evidente, en el que la ideología de loa agricultura ecológica prefiere aceptar riesgos sanitarios y medioambientales, en vez de flexibilizar sus criterios, en una situación determinada, aunque la filosofía no se cuestione realmente.
Se trataría sin embargo solo de reconocer que la copia exacta de síntesis es más efectiva y presenta menos riesgos que el extracto natural original.
Pero parece que la razón es realmente débil, frente al dogma.


¿Pues porque un agricultor convencional, como yo, puede ser llevado a utilizar un pesticida ecológico como el aceite de neem, si dispone de una ventajosa alternativa de síntesis como la azadiractina?

Es una cuestión interesante a la que contestare en un artículo específico. Además que afecta tanto el aceite de neem como todos los pesticidas ecológicos.

Imagen: http://www.hsnstore.com/blog/wp-content/uploads/2014/06/bio.jpg

dimanche 6 novembre 2016

92- Protección de las plantas -6- Pesticidas: la hora del té

PESTICIDAS: LA HORA DEL TÉ

Un estudio canadiense de 2014 demostraba que la mayoría de los tés de gran difusión en Canadá contenían residuos de plaguicidas, a veces numerosos.

Siendo yo mismo consumidor diario de té desde muchos años, no me dejó insensible.
Siendo yo mismo agricultor y productor de melocotones y nectarinas convencionales, muy acostumbrado al manejo de plaguicidas y a los análisis de residuos, estoy muy sensibilizado al este problema.

Imagen: http://espacebonthe.ch/wp-content/uploads/2014/09/Tasse-de-th%C3%A9.jpg

El artículo, en su versión francesa, presenta la tabla de los resultados, pero sin referencia legal. Así que decidí verificar como se sitúan esos resultados con respecto a las normas vigentes, tanto en Canadá como en Europa (dando por hecho que la situación del té en Europa es probablemente parecida).

A continuación encontraras el resultado de mis investigaciones personales.
Puedes buscar la normalización canadiense en la página http://pr-rp.hc-sc.gc.ca/mrl-lrm/index-eng.php
Puedes también comprobar esos resultados en la página especifica europea
En esta tabla, he tomado la libertad de indicar el nivel de umbral de determinación para las moléculas que no tienen autorización en el té, y para las moléculas que no aparecen en la lista.
  


Hay que notar que la legislación europea considera que cualquier producto no autorizado en el cultivo queda prohibido. Sin embargo, un nivel mínimo de residuo queda tolerado en el umbral de determinación (es decir en el nivel más bajo que permite afirmar con certeza de que molécula se trata), con el fin de cubrir los caos de importación, ya que esas moléculas pueden estar autorizadas en países no comunitarios.
Sin embargo, con respecto a los productos que no aparecen en las listas, su residuo, incluso a nivel de trazas (es decir por debajo del umbral de determinación) está prohibido.
No he encontrado información sobre lo que considera la legislación canadiense para las moléculas cuyos umbrales no se han fijado, o que no aparecen en las listas. Asía que he empleado el mismo criterio.

¡Vaya sorpresa! El artículo tiene razón. Es cierto, con esas mediciones, que los tés presentados no cumplen con la legislación canadiense, y menos aún con la legislación europea.
Es un resultado muy sorprendente para quién, como es mi caso, es acostumbrado a manejar de manera permanente normas cada vez más numerosas, más exigentes y más controladas.

Imagen: http://cdnimg.in/wp-content/uploads/2015/08/6cherryteagardenchina.jpg?cfaea8

Personalmente, saco algunas conclusiones, o mejor dicho algunas reflexiones poco agradables:
Los fabricantes de té parecen preocuparse poco de la obligación teórica de cumplir con las normas, tanto del país de origen del producto, como del país de destino.
Esta obligación está muy controlada para los productos frescos, y es una preocupación cuotidiana para los agricultores, al menos los que conozco, los agricultores europeos.
El número y la dureza de las normas, en Europa, es en parte responsable de la grave crisis que atraviesa su agricultura.

Las administraciones encargadas de hacer cumplir las normas parecen tener serias lagunas en los procedimientos de control de los productos importados. Esos tés nunca deberían haber llegado hasta el consumidor.
Tienes que saber que en Europa, un producto cuyos residuos sobrepasan la norma vigente ni siquiera puede circular por carretera. O sea que el agricultor cuya producción no cumple con esas normas, ni siquiera puede mandarla desde su finca hasta el almacén donde se preparan para la expedición y la venta. Se considera contaminada y debe ser gestionada por una empresa especializada en el tratamiento de residuos tóxicos.

No creo que exista un riesgo sanitario con esos tés, pero si existe una legislación vigente, debe ser cumplida por todos. Si no es así, no sirve para nada.

Imagen: http://www.clermontcentre.com/wp-content/uploads/2010/09/N%C3%82%C2%B01-chinese-tea-plantation3-26.jpg

¿Cómo puede ser que tés no conformes de marcas de renombre hayan podido franquear todas las etapas de control sin problema, y terminar en la tienda de la manera la más normal?

¿De qué sirven tantas normas que azotan los productores occidentales, si los productos de importación no están sometidos a las mismas reglas?

También es muy sorprendente observar que algunos tés presentan numerosos residuos que no aparecen en la legislación canadiense.

Saco también otra conclusión, que solo viene reforzar mi opinión, que ya he contado y repetido en varias ocasiones: por mucho que digan algunos grupos cuyos objetivos son opacos, la agricultura europea es la más respetuosa del mundo, y por consecuencia la más sana. ¿Quedan progresos que hacer? Sin lugar a dudas, y se hacen día tras día.
Pero tal vez sería bueno dejar de criticar tanto la agricultura europea, lo que se empeñan en hacer los medias en esos últimos años, cuando si existen problemas serios, es probable que vengan principalmente de productos de importación.

En referencia a la legislación europea, solo dos tés serían conformes y en consecuencia posibles de comercializar, es decir tés que no presentan ningún residuo por encima del 100% de la norma vigente.

Imagen: http://peuplesdumonde.voyagesaventures.com/images/stories/va/geographie/geoasie/geoasiesud/inde%20sud%20-the-1.jpg

No conozco el cultivo del té, y no conozco sus problemas fitosanitarios, sin embargo estoy muy sorprendido que una misma muestra pueda contener más de 10 plaguicidas. Solo veo tres explicaciones posibles: o la región de producción es extremadamente sensible a un gran número de problema fitosanitarios, o el agricultor no toma las más elementales precauciones a la hora de usar plaguicidas, o el té es el resultado de una mezcla de tés de varios orígenes, y la consecuencia de una mezcla de plaguicidas.
Si miramos los tés más cargados de residuos con una mirada técnica, vemos que la única explicación posible es que sean mezclas. Es que no encuentro ninguna justificación válida, aun sin conocer el cultivo, para explicar la presencia, en una misma muestra, de varios piretrinas (bifentrina, cipermetrina, deltametrina, fenpropatrina, lambda-cihalotrin), de varios neonicotinoides (acetamiprid, imidacloprid, tiacloprid, tiametoxam) o tambien dtambiéns acaricidas (clofentezina, dicofol, piridaben, fenazaquin, fenpiroximato, hexitiazox, propargita).

Pero es increíble que se pueda llegar a esta situación en productos de gran consumo.


También puede uno preguntarse, viendo las diferencias de registro de plaguicidas para un único producto como el té, si puede presentar algún tipo de problema, en una situación de libre comercio como es el CETA, recientemente firmado en la Unión Europea y Canadá.

Dicho eso, ya la vista de los resultados preocupantes de esta investigación, quizás sería interesante hacer el mismo trabajo aquí en Europa.

La producción europea de alimentos es extremadamente controlada. Es un problema para los agricultores pero es un bien general.

Quizás la Unión Europea debería tomar las medidas necesarias para que su propia agricultura no quede aún más perjudicada por la importación de productos extracomunitarios que no cumplen con sus legislaciones.

Tendría la doble ventaja de proteger su propia agricultura, evitando que investigaciones de asociaciones de consumidores detecten serio fallos en los sistemas de control sanitario.

Sería una ventaja en credibilidad de la agricultura y en credibilidad de las instituciones.

¿No tomarías un té?

Imagen: http://www.notonthehighstreet.com/system/product_images/images/001/240/489/original_alice-in-wonderland-tea-time-print.jpg

lundi 31 octobre 2016

91- Agricultura urbana -1- La ciudad al campo

AGRICULTURA URBANA -1- LA CIUDAD AL CAMPO…

Este verano, durante mis vacaciones, pasé unos días muy agradables en casa de mi madre, en Burdeos. A lo largo de uno de nuestros paseos, en coche, me llamo la atención un hecho pequeño, insignificante a primera vista, que los habitantes de Burdeos conocen bien, sin embargo sin prestarle atención, o al menos sin ver todas sus repercusiones.
No voy a nombrar a nadie, ya que mi objetivo solo es de reflexionar, y de hacerte reflexionar conmigo, sobre un verdadero problema.

El Château XX, uno de los más famosos Châteaux de la zona de Burdeos, es totalmente rodeado por la ciudad. Con el tiempo, el crecimiento urbano y el crecimiento industrial haciendo su obra de conquista de nuevos territorios, este muy famoso Château, con la totalidad de su viñedo, se encuentra totalmente dentro de la ciudad, rodeado de viviendas y de zonas industriales, rodeado e incluso entrecortado por carreteras, con sus semáforos, sus rotondas, y sus atascos.

Imagen: http://www.lafdv.fr/images/20151022/3676_9195.jpg

Es precisamente en uno de esos semáforos que mi mirada fue atraída por una pequeña cosa, totalmente anodina, y muy normal en un viñedo en el mes de septiembre: los muy bonitos racimos de uva negra.
¿Pero que tenían esos racimos, que entre tanto habrán sido cosechadas, para llamar mi atención?
Se encontraban escasamente a unos metros de la carretera, de mi tubo de escape, y de todos los tubos de escape de todos los coches, camiones y autobuses que pasan diariamente por esa carretera.

Y me hice la siguiente pregunta: los vinos de Château XX, auténticos iconos de la producción de grandes vinos de Burdeos, ¿se analizan de vez en cuando para conocer sus niveles de contaminantes urbanos?
Pienso especialmente en los residuos de hidrocarburos, a los compuestos fluorados, y sobre todo a los metales pesados, plomo, cinc, cadmio o níquel, cuyos riesgos se sabe que son muy lejos de ser anodinos.

Así que me fui a la mayor librería de la ciudad, conocida por la inmensa diversidad de los libros disponibles. En la ciudad de Burdeos, en una de las mayores librerías de Francia, los libros sobre los vinos de Burdeos son innumerables. Busque algo sobre esta cuestión. Pero nada. Nada de nada, ni siquiera una simple evocación de un problema potencial. Evidentemente, no se cuestiona la calidad de los vinos de Château XX, ni de los grandes vinos de Burdeos.

Así que decidí buscar en Internet lo que podría encontrar sobre el tema. Tampoco. Solo fui capaz de encontrar algunos documentos indicando cierta contaminación provocada por las bodegas de vino, pero nada sobre lo que me preocupa.
De repente, tuve la idea de buscar si existe algo sobre los riesgos de contaminación en los huertos urbanos. ¡Bingo! Existen varias publicaciones, y diversos estudios sobre el tema, realizados especialmente en Estados Unidos, en Alemania y en Ucrania, y que indican riesgos, tanto de contaminación de los suelos (pero que en principio no afecta a las frutas), como de contaminación del aire, y por consecuencia de las frutas, por residuo atmosférico.

Ahí es donde uno se puede hacer preguntas.

Imagen: https://theurbanprospector.files.wordpress.com/2015/03/chicagofarm-thegreenhorns-wordpress.jpg

Porque las uvas no se lavan ni se cepillan una por una después de la vendimia, y los residuos atmosféricos llegan probablemente hasta la barrica. Las moléculas como los óxidos de nitrógeno, sin duda se descomponen durante el proceso de vinificación. Pero los metales, no.

¿Es un problema? Quizás no, es posible que los metales presentes lo sean en unos niveles suficientemente bajos para que no haya riesgo sanitario.
Sin embargo, según los links indicados, las plantas situadas a menos de 10 metros de vías de elevada densidad circulatoria, presentan un alto riesgo de pasar de las normas europeas.
Pero el artículo también indica que los setos vegetales son uno de los mejores medios para reducir este efecto contaminante. Se puede razonablemente suponer que la mayor parte de la vendimia se sitúa en los niveles de contaminación muy débil. Como, en el caso del vino, la uva no se consume sola, sino mezclada con millones de otras uvas, es muy probable que los niveles alcanzados por el vino son bajos.
Pero por lo visto, pocas personas se han preocupado de verificarlo, o al menos de hacerlo público.
Es probable que no presenta problema de salud pública. Es aún más cierto en este caso, ya que este Château practica unos precios que no sitúan el riesgo potencial al nivel de un riesgo para el gran público (precisamente la semana pasada, aquí en Sevilla, en la boutique gourmet de un supermercado, he visto una botella de Château XX a la venta por más de 450€…).

Esta situación es involuntaria de parte de Château XX, que tan solo ha visto como la ciudad se le estaba acercando a lo largo del tiempo, sin su intervención, pero es bastante frecuente en agricultura. Cuanto más cerca de la ciudad seas la finca, más sensible es a este fenómeno. También es el caso de todos los “cinturones verdes” que rodean las ciudades, y de los que los agricultores locales aprovechan la oportunidad económica que representa la posibilidad de venta directa de los productos de la finca. De hecho, muchos han convertido sus producciones a la agricultura ecológica para atraer un público cada vez más numeroso, y deseoso de productos “auténticos”.

Sin embargo esta evolución, que parece inevitable, de progresión de las ciudades hacia el campo no debe hacernos olvidar las consecuencias negativas de esta conquista: reducción de tierras agrícolas, desaparición de agricultores, contaminación de las zonas rurales, obligación de aumentar la productividad para mantener la capacidad alimentaria.

Imagen: http://menehayfarm.co.uk/wp-content/uploads/2016/01/website-intro.jpg

Los medias, ávidos de temas sensibles, presentan demasiado a menudo el agricultor como el principal responsable de la (supuestamente mala) calidad de los productos alimenticios (cada vez más cuestionada por ONGs cuyos objetivos quedan opacos).
Pero ¿debemos eludir la responsabilidad creciente de la rápida urbanización?
¿Es el agricultor responsable de la contaminación provocada por el crecimiento urbano? Nadie hable del tema, de esta contaminación y de sus consecuencias sobre la alimentación, cuando es más preocupante, en mi opinión, que el empleo de plaguicidas.
La realidad sobre los plaguicidas esta maquillada para poder acusarlos, así como sus fabricantes y sus usuarios. Es de moda, desconfiamos de todo. Pues abastezcamos desconfianza a todos! Vende muy bien…
La realidad sobre la contaminación queda ocultada, ya que no se le puede echar la culpa a nadie, con lo que no hay posible cabeza de turco. En este caso, los acusadores (los productores del programa y los propios telespectadores) se encontrarían directamente sentados en el banquillo de acusados. No vende bien…

…Y EL CAMPO EN LA CIUDAD.

Pero para ir más lejos en esta reflexión, la agricultura urbana está en pleno auge, especialmente en los círculos ecologistas.
Los proyectos de huertas y huertos en los techos, en los jardines, en los patios de bloques o en las terrazas son muy numerosos. De esta manera se puede producir sin plaguicida, únicamente por las técnicas ecológicas, frutas y hortalizas de las que por lo menos, estamos muy seguros que son sanos.
¿Es esto cierto?
La contaminación urbana, ¿es mejor para la salud que los residuos de plaguicidas de síntesis?

La vegetalización de techos, fachadas y construcciones es una excelente cosa para la biodiversidad, para la salud de las abejas y de las aves, así como para la calidad del aire de las grandes urbes, de esto no hay duda. Pero entre eso, y hacer que sea un recurso de alimentos supuestamente sanos, hay un paso que personalmente, me niego a dar…

Imagen: http://deavita.fr/wp-content/uploads/2016/02/jardin-sur-le-toit-pleine-ville-ultra-moderne.jpg

Al menos, con los residuos de plaguicidas, existen referencias serias y numerosas, que siempre se pueden discutir, pero que existen. Estudios muy largos y completos se realizan para determinar la acción sobre la salud y el medioambiente de todas las moléculas autorizadas. Los equipos encargados de evaluar las moléculas son constituidas por científicos, médicos y agrónomos muy competentes y controlados. Se puede confiar en sus conclusiones, piensen lo que piensan algunos. Sin embargo, algunos no dudan en afirmar que el origen de esos contaminantes podría ser situado en los plaguicidas (por ejemplo adeptos de la permacultura http://www.permaculteurs.com/article/risques-de-pollution-au-potager/).
¿Alguien conoce un plaguicida que contenga plomo, cadmio o níquel? No hay ninguno. Es tan fácil echarles la culpa a los plaguicidas de todo, y del resto también…

En cuanto a los contaminantes industriales y urbanos, existen pocas referencias, y las normas solo hacen referencia a los metales pesados. Sin embargo algunos vegetales, especialmente los alimentos-hojas como lechugas, espinacas, coles y otras plantas aromáticas de hojas son especialmente expuestos a todos los contaminantes, ya que tienen una superficie de captación grande, que además se come. También es el caso para el pimiento, alimento que pesa poco pero que tiene una relación peso/superficie muy desfavorable.

Pues estimados hortelanos urbanos, convencidos que vuestras frutas y hortalizas son más sanas que las que podéis comprar en el supermercado, tenéis que saber que tragáis probablemente un gran número de contaminantes para los que sois vosotros mismos los ratones de laboratorio…

Imagen: http://static.betazeta.com/www.veoverde.com/wp-content/uploads/2012/01/apodemus-660x350.jpg

dimanche 2 février 2014

4- Seguridad alimentaria



El tema de hoy preocupa a casi todo el mundo, y es muy polémico. La seguridad alimentaria. En los últimos años, los casos de intoxicaciones, más o menos graves, y las alertas han sido numerosas, pero generalmente poco explicadas. Se pueden resumir a dos categorías principales, que voy a abordar por separado.

Parte 1: los residuos de plaguicidas.
Este tema preocupa a todo el mundo. Las recientes alertas se han referido a la presencia de residuos prohibidos en Europa o, en algunos casos, en superaciones de niveles autorizados. Sin embargo, hoy en día, y como lo comentaba en una publicación anterior, las cosas han cambiado, y mucho.
Pero primero, ¿de qué estamos hablando?
Los cultivos, al igual que cualquier ser vivo, son sometidos a ataques de varios parásitos, enfermedades y plagas (insectos, ácaros, pájaros, roedores), o a agresiones climáticas (heladas, granizo, inundaciones, sequías, golpes de calor, tormentas de viento). El agricultor debe proteger sus cultivos con el uso de plaguicidas, también llamado productos fitofarmacéuticos. Según la situación, los productos actúan de manera preventiva, curativa, como repelente o atrayente, o también como anti-estrés o como cicatrizante.
Al igual que en cualquier organismo vivo, estos productos, después de su aplicación, van actuar superficialmente o dentro de la planta, luego se inicia un proceso de degradación progresiva, que termina por la desaparición total, en un plazo variable, que va de unos días a unas semanas, dependiendo de la molécula y del cultivo.
La degradación se produce bajo los efectos combinados de la descomposición por el propio vegetal (hidrolisis), la descomposición por la luz (acción de los rayos UVA), la vaporización por el calor, la oxidación por el agua de lluvia y el oxígeno del aire, y el lavado por las lluvias (y posterior degradación por los microorganismos del suelo).
Se distinguen dos grupos de plaguicidas: los que proceden de la química de síntesis, y los plaguicidas llamados “ecológicos” o plaguicidas bio, es decir de origen natural, cuyo proceso de fabricación no integra ninguna técnica de síntesis (existen excepciones, de las que quiero hablar en una posterior publicación).
Entre los métodos naturales de protección de los cultivos, existe una categoría que no entra en esta publicación: los organismos auxiliares, que son seres vivos que, por su acción natural, van a actuar en sitio y lugar de los plaguicidas. Son los virus, bacterias, hongos microscópicos, nematodos auxiliares, insectos auxiliares, así como los animales predadores, como son los murciélagos, pájaros, aves rapaces, zorros, ginetas, serpientes, etc. Son seres vivos, con lo que su evolución es distinta, y no dejan traza ni rastro que se pueda considerar como un residuo, aunque en cuanto a bacterias, virus, hongos microscópicos y nematodos auxiliares, puede uno dudar de ello.

Regresemos a nuestras moléculas.
Las moléculas de síntesis.
Del mismo modo que las moléculas farmacéuticas, antes de su autorización de venta, pasan por un largo y costoso proceso de estudio. Os invito a volver a mirar mi publicación nº 2 para más detalles. Lo que me importa hoy es la noción de residuos de plaguicidas.
Para cada molécula, se fija, a nivel europeo, y a nivel de cada país fuera de la Comunidad Europea, un LMR (límite máximo de residuo), expresado en ppm, es decir en mg de la molécula por kg de alimento. Se trata del nivel máximo por encima de la cual las autoridades sanitarias consideran que el producto puede presentar un peligro para la salud, o corto y a largo plazo. La realidad es que los niveles fijados como LMR oficial se sitúan entre 100 y 200 veces por debajo de los niveles determinados por los estudios de registro. Este LMR tiene valor legal. Cualquier alimento que presente una superación de LMR no puede ni circular por carretera, y ha de ser destruido. Se considera como contaminado y no apto para el consumo. Las alertas de estos últimos años se han referido a este tipo de situación.
Se realizan controles en el punto de partida (campo del agricultor y/o almacén de confección), por las administraciones de sanidad vegetal, los servicios veterinarios, los servicios de higiene o el SEPRONA, luego se pueden hacer durante el transporte por la aduana, o en destino en los almacenes o en los puntos de venta.
Un camión controlado con superación de LMR o con presencia de una molécula no autorizada sería desviado sobre la marcha hacia un centro especializado, para ser descargado. La carga sería luego destruida. El almacén de origen recibiría una multa importante, con cese de actividad, al menos de manera provisional.
Una tienda de distribución, en la misma situación y si no fuera capaz de demostrar su buena fe, puedría ser acusada de poner en riesgo la salud de los consumidores, con las consecuencias que podría conllevar.
La moléculas bio
Aquí, tenemos un verdadero problema. El agricultor bio tiene a su disposición determinados productos autorizados para la protección sanitaria de sus cultivos. Pero al día de hoy, existe un vacío legal, a nivel europeo, referente a estos productos. El fabricante no tiene la obligación de declarar la composición completa. Puede, por ejemplo, declarar “extracto de Neem”. El neem o margosa (Azadirachta indica) es un árbol procedente de la India, cuyas semillas producen un aceite con propiedades insecticidas. El compuesto principal, cuyas propiedades insecticidas están muy reconocidas se llama azadiractin. Pero ¿Cuáles otras moléculas naturales constituyen el extracto? ¿Son peligrosas para la salud humana? ¿Hay residuos de estas moléculas en las frutas y las hortalizas frescas tratadas con este aceite natural? ¿En qué niveles?
Por otra parte ¿Este extracto esta puro? ¿Contiene coadyuvantes en la formulación (el producto tal como se vende al agricultor)? ¿Cuáles son los coadyuvantes? ¿Estos coadyuvantes están autorizados en agricultura ecológica? ¿Estos coadyuvantes presentan algún tipo de riesgo para la salud? En la mayoría de los casos, no existe respuesta a estas preguntas, y no hay ningún estudio serio que permite saberlo.
No hago agricultura ecológica, pero integro, en los métodos de cultivo y en los programas de gestión técnica, determinados elementos autorizados en agricultura ecológica. Tengo la experiencia personal de una situación de este tipo, en 2012.
Después de una primavera muy seca y fría, con problemas de heladas, empezamos la recolección, con una semana de retraso a finales de abril. Pocos días antes, se anuncias lluvias, y decidimos tratar con un fungicida ecológico, de manera de proteger la fruta contra el riesgo de podredumbres, sin tener riesgo alguno de residuo. Elegimos un producto conocido, de un nivel de efectividad demostrado, y autorizado para este uso en agricultura ecológica, y como tal exento de plazo de seguridad (número legal mínimo de días a respetar entre el tratamiento y la recolección), y de LMR. Se trata de un “extracto de rutáceas”, amplía familia de plantas, con ciertas propiedades fungicidas. Cuatro días después del envío del primer lote de frutas, nos llega una reclamación de un importante cliente alemán, por presencia de un residuo de amonio cuaternario (un desinfectante utilizado en la industria agroalimentaria y en instalaciones sanitarias, pero prohibido en alimentos). Como es un producto que usamos en nuestras instalaciones para la desinfección del material de confección y envasado, revisamos en prioridad todos nuestros procedimientos de limpieza e higiene, hacemos muestreos para mandarlos a un laboratorio. Ya que no encontramos nada, revisamos nuestros procedimientos de campo y analizamos, entre otros, este producto ecológico. ¡Vaya sorpresa! Encontramos con un nivel elevado de amonio cuaternario en el producto. En este caso, el fabricante lo había integrado, sin declararlo, en la formulación como coadyuvante. La duda queda permitida: ¿Cuál era el verdadero compuesto activo del producto? ¿El extracto de plantas o el amonio cuaternario? Después de numerosas protestaciones y reclamaciones (no fuimos un caso único, obviamente), el producto fue retirado del mercado, pero el fabricante no fue sancionado, ya que no había infringido la ley. Una investigación fue conducida a nivel europeo, para determinar si existían otros casos parecidos, llevando a la retirada del mercado de varios productos del mismo tipo.
Este ejemplo demuestra que los procedimientos y los controles son muy insuficientes, y este caso no ha llevado a un cambio en la legislación sobre el registro de plaguicidas ecológicos.
Se hace creer al consumidor que está comprando productos sanos y sin riesgo para la salud, pero la realidad es muy diferente.
El mercado de los productos ecológicos ha atraído a mucha gente poco escrupulosa, que se aprovechan para enriquecerse sobre la credulidad de consumidores mal informados, y sobre los agricultores ecológicos que tienen que llevar sus cosechas con un mínimo de problemas para poder seguir adelante, económicamente hablando.
Por otra parte, las autoridades no han puesto en marcha los procedimientos necesarios para garantizar que los productos utilizados en agricultura ecológica sean realmente aptos y conformes, que se puedan analizar, y que su trazabilidad permita conocer exactamente su procedencia y su composición completa.
Si a eso añadimos que la mayoría de los productos ecológicos son menos efectivos que sus equivalentes de síntesis, hay que considerar que le agricultor, para conseguir un rendimiento suficiente de producto comercializado, queda obligado a tratar con mayor frecuencia, con el consiguiente mayor riesgo de residuos. Pero los controles no se hacen ya que la mayoría de las moléculas no se declaran, y a veces, ni se conocen. Un laboratorio, solo puede medir la presencia de moléculas conocidas, y tiene que haber previamente calibrado sus equipos con soluciones patrón.

Parte 2: la seguridad bacteriológica.
Paradójicamente, este tema preocupa menos los consumidores, cuando el peligro real es infinitamente más elevado. Este aspecto no presenta diferencia, a primera vista, según el método de producción. Sin embargo, hay que resaltar algunos puntos importantes.
En agricultura convencional, se utilizan libremente fertilizantes de síntesis o de origen natural.
La agricultura ecológica prohíbe el uso de fertilizantes de síntesis, dando la preferencia a fertilizantes de origen natural, entre los que los estiércoles ocupan una situación privilegiada.
Estos elementos tiene que pasar por un proceso de compostaje que los prepara para su utilización agronómica, y los sanea (un compostaje bien hecho elimina la totalidad de la bacterias presentes en las deyecciones animales).
Sin embargo, si el proceso no está bien controlado, y no es completo, el estiércol no queda totalmente saneado. Por otra parte, el estiércol fresco, sin compostaje previo, se puede usar para calentar el suelo, para mejorar los resultados agronómicos de los cultivos, o para adelantar el ciclo del cultivo, ganado en precocidad. En estas condiciones, sí existe un auténtico riesgo bacteriológico.
Los casos recientes de la bacteria Escherichia coli en Europa (procedente de un cultivo ecológico de semillas germinadas en Alemania), o de listeriosis en Estados Unidos (cultivos ecológico de melón), produciendo un centenar de muertos en total, demuestran que hay que ser extremadamente prudente en el empleo de estas técnicas, y sobre todo, que los controles sanitarios no están a la altura del riesgo. En mi conocimiento, no existe ningún caso parecido procedente de agricultura convencional.

Parte 3: la distribución.
Otro punto conflictivo. No soy especialmente a favor de los supermercados para la distribución de los productos frescos, ya que suelen abusar de su posición de fuerza para negociar condiciones comerciales, y al final es el productor que sufre las consecuencias, con a veces, la imposibilidad de cubrir simplemente sus gastos de cultivo. Siendo yo mismo productor de frutas, no puedo estar de acuerdo con estas prácticas abusivas. Por otra parte, los precios que se encuentran los consumidores no tiene ninguna relación con el precio pagado al productor, y la calidad de los productos presentados suele dejar mucho que desear.
Sin embargo, hay que reconocer que, en el aspecto de la seguridad alimentaria es, hoy por hoy, el sistema mejor controlado. Hay que entender que una marca de supermercados necesita de manera imperativa consolidar su reputación. La competencia es muy dura entre grupos y marcas. Se espían, cogen muestras en tiendas de la competencia para analizarlas, y en caso de encontrar cualquier desviación en aspectos de seguridad alimentaria, no dudan en publicarlo. Existen numerosos casos de este tipo, especialmente en Alemania. Los medios de control implantados son muy duros, y el más mínimo error del productor puede ser motivo de anulación de acuerdos comerciales. En el ejemplo que contaba antes, nuestro cliente alemán puso en suspenso todos los pedidos pendientes y venideros hasta que le hayamos entregado un informe completo incluyendo los argumentos suficientes para convencerlo. Si no hubiésemos capaces de demostrar nuestra buena fe, habríamos sido eliminados de su cartera de proveedores, simplemente.
Ningún otro sistema de comercialización presenta, al día de hoy, el mismo nivel de seguridad.
En el lado opuesto, el medio menos seguro actualmente, y es muy triste, en mi opinión, es la venta directa en los mercadillos y en finca. Obviamente, solo me refiero al aspecto de seguridad alimentaria, y solo en términos de riesgo y de calidad del control.
Desde luego, no significa que los agricultores que venden en los mercados o que venden directamente en su finca trabajen mal. Significa que, si tiene costumbre de comprar huevos, pollos, frutas y hortalizas u otros productos por este tipo de sistema de distribución, tiene que informarse, pedir las acreditaciones (si el producción ecológica o producción integrada), los registros de control y las verificaciones sanitarias. Estos documentos tienen que existir y estar disponibles para consulta. El simple hecho de recibir esta petición de sus clientes, obligara los eventuales incumplidores, a organizarse para efectuar los controles necesarios para no arriesgarse a perder sus clientes.

Hay que tener cuidado cuando se habla de seguridad alimentaria. Lo más seguro no es siempre el que se piensa. Lo que no retira ni cualidades ni defectos a los distintos métodos de producción, y los distintos modelos de comercialización, de los que estoy preparando varios textos.

Esta publicación trata de la seguridad alimentaria, no de la calidad del producto. Hablare más adelante del tema, y será un capitulo largo. Mientras tanto, invito a los que sean capaces de entender bien el francés, a mirar el vídeo siguiente, que propone un punto de vista muy diferente, también muy respetable, y no incompatible, al revés. Ne estoy de acuerdo con todo lo que dice, peor creo que merece la pena escucharlo, aunque tan solo sea por el humor que lo acompaña a pesar de ser un asunto muy serio.
http://www.ariegenews.com/news-1464-67205.html