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mardi 17 juillet 2018

135- Calidad -7- Tus criterios de compra

CALIDAD – TUS CRITERIOS DE COMPRA

Uno de mis contactos de LinkedIn, Gildas Guibert, responsable técnico de una importante empresa francesa de producción de frutas, y muy activo en las redes sociales, ha lanzado recientemente una encuesta a los miembros de su red francófona.

Las respuestas publicadas me han dado ganas de saber cuál serían las reacciones de mi red frente a esta pregunta.
Mi red siendo más internacional, he decidido, con su acuerdo, de retomar esta encuesta pero modificando la pregunta.

Imagen personal

Pues aquí está:

Cuando compras un alimento no transformado (frutas, hortalizas, cereales, huevos, carne, leche, etc.), ¿qué es lo más importante para ti?

1-    ¿El precio? Se trata del precio al consumidor.
2-    ¿El sabor? Según los productos, hablamos de aromas, azúcar, crujiente, jugosidad, etc.
3-    ¿El aspecto? Según los productos, puede ser el color, el brillo, el frescor, los defectos de aspecto, etc.
4-    ¿El origen? Local, nacional, de importación cercana o de importación lejana.
5-    ¿El modo de producción? Producción respetuosa con el medioambiente (agricultura ecológica, producción integrada, agricultura de conservación), producción convencional, agricultor pequeño o grandes fincas, etc.

Por otra parte, ya que creo que tu respuesta será influenciada por tu relación a la agricultura, me gustaría que lo indiques de la manera siguiente:

A-   En relación directa con la agricultura (agricultor, envasador de productos agrícolas, empleado en agricultura o en la confección de productos agrícolas, asesor agrícola, hijo o hija de agricultor, etc.)
B-   En relación indirecta con la agricultura (fabricante o vendedor de insumos o de materiales agrícolas, proveedor de servicios para la agricultura como seguros o servicios de nuevas tecnologías por ejemplo)
C-   Sin relación con la agricultura.

Y por fin, indica tu país de origen. Creo que la cultura de cada país puede tener una influencia sobre la educación alimentaria.

Tu respuesta podría ser, por ejemplo:
5, 4, 3, 2, 1, B, Uruguay

Por supuesto, los comentarios no son obligatorios, pero son bienvenidos.

Indica tus respuestas preferentemente como un comentario en el blog, será más fácil para mí no perder respuestas.

Cuento contigo. Comparte en tus redes, de manera que tengamos más respuestas. Necesitaré tiempo para analizar todo, pero estoy seguro que sacaremos enseñanzas muy interesantes.

Imagen: https://mywowo.net/media/images/cache/barcellona_rambla_03_boqueria_jpg_1200_630_cover_85.jpg

samedi 3 février 2018

123- Melocotones ecológicos, ¿de verdad?

MELOCOTONES ECOLÓGICOS, ¿DE VERDAD?

El melocotonero, hace mucho tiempo que estoy en ello. Es, de mi punto de vista, entre los cultivos que conozco, uno de los más difíciles y de los más técnicamente interesantes. Ninguna mecanización es posible, o casi, todo es todavía artesanal y manual, incluso a gran escala. Es uno de los últimos cultivos “sociales” en los países industrializados, es decir que generan una gran cantidad de puestos de trabajo para personal no cualificado.

Foto personal

Si sigues mi blog desde mucho tiempo, sabes que no soy un defensor del ecológico, porque me opongo rotundamente a la línea de marketing sobre la que se apoya desde más de 20 años. La producción ecológica tiene muchas cualidades, pero también determinados defectos, algunos serios. Sin embargo, todo el marketing está hecho, no sobre la base de una valorización del ecológico, sino sobre la base de ataques contra el no-ecológico. Se usa el miedo al envenenamiento como arma de destrucción masiva sin mirar los daños colaterales, siempre más numerosos y graves. No hay justificación a eso, todo lo contrario. Mira los casos de muertes de origen alimentario en el último cuarto de siglo. Los únicos casos graves implican sistemáticamente alimentos producidos en cultivo ecológico (E.coli en semillas germinadas, salmonelosis en melón, botulismo, etc.). Ningún caso similar demostrado existe en alimentos convencionales.

¿Por eso hay que prohibir el ecológico? Obviamente no. Pero hay que controlarlo al menos igual de bien que el convencional, lo que no es el caso en la actualidad. Por suerte, la nueva reglamentación europea va en la buena dirección (http://culturagriculture.blogspot.com.es/2017/11/119-reformar-lo-ecologico-no-es-tan.html).
Sabes también que, sin hacer producción ecológica, no critico los productores ecológicos, y hablo con frecuencia de problemas ecológicos o agroecológicos.
De hecho, me preguntan frecuentemente porque no hago producción ecológica.

Y es precisamente de lo que quiero hablar hoy.

No soy propietario de las tierras que cultivo. Soy director de producción para una empresa privada. Y como tal, no siempre tengo las manos libres.
Sin embargo sé que, comercialmente hablando, sería interesante producir en ecológico.
Pero no lo hago.
Es que hoy por hoy, es casi imposible producir melocotón en ecológico.

Una precisión para los que lo ignoran: cuando hable de melocotón, hablo de todas las subespecies o denominaciones incluidas en la especie melocotonero Prunus pérsica, es decir el melocotón, la nectarina, el durazno, el bruñón, la pavía (“melocotón verdadero”, y melocotón para conserva, de carne dura), el melocotón plano (paraguayo), la nectarina plana (platerina), así como las carnes blancas, amarillas, sanguíneas. Es la misma especie, es casi imposible distinguir el árbol de una subespecie u otra y las condiciones de cultivo son idénticas.


Te decía que cultivar melocotonero en ecológico es casi imposible. Seamos claros. Puedo tener tres melocotoneros en mi jardín, no tratarlos, y sin embargo comer sus frutas.
Hago una pregunta a los que tienen algunos melocotoneros en su jardín y que comen sus melocotones con aún más placer ya que vienen del jardín. Esos algunos melocotones, en el estado en el que se encuentran cuando los vas a coger, ¿los comprarías en una tienda?
La respuesta será no para la mayoría, ya que esas frutas se encuentran generalmente deformadas, manchadas, picadas, pequeñas y feas. Y esas frutas tan dañadas, incluso en ecológico, no se pueden vender (http://culturagriculture.blogspot.com.es/2017/08/112-calidad-5-cuando-al-ecologico.html).
El melocotonero es una especie extremadamente sensible a determinadas plagas y enfermedades, capaces de destruir casi totalmente la cosecha.
En condiciones naturales, el árbol produce frutas pequeñas y poco numerosas. Pero la selección varietal realizadas desde varios siglos ha seleccionado los caracteres de tamaño (calibre), de estética y de sabor, en muchos casos sin combinarlos con criterios de rusticidad (lo que es muy frecuente en la mayoría de las especies vegetales). No se encuentra en el melocotonero cultivado variedades antiguas rústicas, conocidas localmente pero con características poco adaptadas a las necesidades del mercado, como puede ser el caso, por ejemplo en el manzano o el ciruelo, y que podrían servir como fuente genética natural de resistencia.
Centros de investigación o experimentación en agricultura ecológica, muy conscientes del problema con la que todo el mundo bloquea para el desarrollo serio del melocotón ecológico, solo pueden probar, de manera empírica, el comportamiento de tal o tal variedad antigua o moderna. (http://www.grab.fr/wp-content/uploads/2014/07/A12RA02SensibiliteVarietalePechers.pdf).
Es un procedimiento extremadamente lento y costoso, que da muy pobres resultados.
Y la producción de melocotón ecológico no despega. Por supuesto existen algunos locos que lo hacen en pequeña cantidad, pero siempre a pequeña escala, para un circuito corto y confidencial, y con enormes riesgos económicos.

Desde el despegue de lo ecológico y la explosión de la preocupación de los consumidores por su salud y por el medioambiente, los botánicos de todo el mundo no han tenido mucha libertad para prospectar en las regiones de origen del melocotonero, China y Persa, y más concretamente Irán y Afganistán, presa de tensiones políticas y de incesantes conflictos desde 40 años. Ahí se encuentran “bosques” de frutales silvestres, procedentes de cruces naturales de casualidad y de siglos de adaptación, y se puede encontrar una enorme diversidad genética. Estas prospecciones, habituales en botánica, permiten un auténtico trabajo de mejora genética dentro de una misma especie, sin necesidad de buscar genes en especies vegetales distintas.
No dudo que algún día los científicos habrán puesto a punto variedades resistentes a esas enfermedades y plagas actualmente muy peligrosas.


Pero en la situación genética actual, el melocotonero sigue siendo una especia globalmente inadaptada al ecológico. Claro que es posible encontrar localmente, en un mercadillo de pueblo, un pequeño productor que vende algunos melocotones ecológicos procedentes de su escasa producción.
Pero si al contrario encuentras melocotones bonitos, gordos y en cantidad, no te fíes.
Es posible que sea exentos de residuos de pesticidas. Pero hacer una fruta sin residuo medible de pesticidas de síntesis (lo que se llama el residuo cero), no tiene nada que ver con la producción ecológica, ya que pesticidas sintéticos puede perfectamente haber sido empleados durante todo el ciclo vegetativo, sin por eso dejar trazas.
Pues melocotón ecológico hoy por hoy quiere decir, o bien una muy pequeña producción, generalmente difícilmente rentable para el agricultor (y con muy alto riesgo en el campo), y vendida a precio de oro, o engaño frecuente de parte del agricultor y de parte del canal de producción. Por ejemplo, no te fíes si encuentra melocotón ecológico en supermercado. La estructura de la producción ecológica y los volúmenes producidos no permiten satisfacer las exigencias de este tipo de comercialización.

Cuando lees esos numerosos artículos que pretenden que “lo ecológico podría alimentar el mundo”, que sepas que te están manipulando. El futuro será probablemente muy diferente, pero hoy por hoy, la producción ecológica no puede alimentar el mundo, por el simple motivo que muchos problemas no tienen actualmente solución ecológica. En la actualidad el ecológico puede alimentar un cierto mundo, más bien occidental y rico. Comer ecológico es hoy en día el privilegio de algunos. Las clases pobres y los países en desarrollo se conforman con esperar poder comer.
Es cierto que los progresos en esa dirección se realizan diariamente, pero al menos de momento, los pesticidas sintéticos siguen siendo imprescindibles para una amplia parte de la agricultura.

Pero mira el caso del melocotonero, que no es para nada un caso único. La rusticidad natural de la especie es baja. El trabajo genético sobre resistencias naturales está en sus inicios, y llegara, si llega solo en varias décadas. La única solución, en el estado actual del conocimiento, para mantener una producción que le permita al agricultor vivir de su producción, consiguiendo frutas en cantidad razonable, con un estandarte cualitativo suficiente para el mercado y la satisfacción del consumidor, es el empleo de los plaguicidas.
Para producir en ecológico, serán plaguicidas naturales, o al menos aceptados en los protocolos de producción ecológica.
Y aquí también nos encontramos delante un problema. Algunas enfermedades (roya, lepra, enfermedades de conservación) y plagas (pulgón verde) no tiene actualmente solución ecológica efectiva.
Es cierto que lo que es verdad hoy, ya no lo será en unos años, y la investigación progresa rápidamente.


Pero afirmar, hoy, que la producción ecológica podría alimentar el mundo es una estafa.
Solo es dejar creer a los consumidores que los agricultores, los organismos de comercialización y las autoridades gobernantes, autorizan y emplean pesticidas supuestamente inútiles, solo por el gusto de poder contaminar el planeta y tomar riesgos para la salud de los usuarios y de los consumidores.
Es dejar creer que una conversión rápida y total podría ser realizada, cuando es muy lejos de ser el caso.
Es silenciar que en muchos casos, lo ecológico solo es rentable actualmente porque disfruta de ayudas específicas, y sobre todo de un buen diferencial de precio, que desaparecerá cuando ecológico sea norma, provocando una inevitable explosión de los precios al consumo, o la ruina de los agricultores.
Es afirmar que los países en desarrollo, donde a menudo los agricultores no tienen acceso a los plaguicidas, son los únicos responsables, por su falta de conocimiento, de su propia pobreza et de sus muertes por hambre.
Es también olvidar que lo que alimenta actualmente los urbanos en su amplia mayoría, es una alimentación sana y diversificada, cuya calidad sanitaria nunca ha sido tan buena, procedente de una agricultura competitiva, muy mecanizada, a veces industrial, y que cambiar esto para hacerlo en ecológico, no será fácil.
Es olvidar que si el mundo se convierte al ecológico, habrá que aumentar las superficies cultivadas, deforestar, emplear más agua dulce para la producción de alimentos, más tierras cultivables para la producción de pesticidas naturales o de fertilizantes, y en consecuencia reducir la zonas de biodiversidad. Incluso los estudios más recientes y más serios se olvidan de este “pequeño” detalle (https://www.nature.com/articles/s41467-017-01410-w).

Y afirmar que gran parte de la solución pasa por la reducción del desperdicio de alimentos es totalmente ilusorio. Es lo que se llama un deseo piadoso. Es cierto, es bonito, es santurrón, no cuesta nada decirlo, pero tiene muy pocas posibilidades de llegar.
Porque es olvidar que una gran parte del desperdicio de alimentos procede de los países pobres donde la falta de formación, la falta de mecanización, la falta de disponibilidad de pesticidas, la falta de medios de transporte y la falta de medios de conservación son responsables de la mayor parte de las pérdidas incluidas en este “desperdicio”.
También es olvidar que la mayor parte de este desperdicio en los países ricos proviene de las exigencias estéticas del mercados y de los malos hábitos de compra debidos al modo de vida, que hacen que una importante parte de este desperdicio se produce entre la compra y el momento del consumo, directamente en el hogar.
Y no será en absoluto fácil cambiar. El desarrollo de los países pobres no se hará en pocos años, y la modernización de su agricultura tendrá como inevitable consecuencia una evolución hacia los mismos defectos que en los países desarrollados. En otras palabras, el desperdicio casi no se reducirá, cambiara de naturaleza.


Sin embargo, afirmar que en algunas décadas (y dejando la fecha extremadamente abierta), el ecológico podrá alimentar el mundo, estoy de acuerdo. El mercado es atractivo, la preocupación de los consumidores crece todos los días, y es evidente que esta vía tiene un gran futuro, ya que es la que lleva la investigación más dinámica, y la más subvencionada. La ayuda política y económica facilita mucho las cosas. Sin embargo no estoy muy seguro que se encontraran soluciones naturales a todos los problemas. Personalmente, estoy convencido que el futuro no es a la producción ecológica, sino a la producción integrada.

Ahora, seamos claros, el día en que el ecológico alimentara al mundo, pues ya será el estándar alimenticio. Eso significa que ya no habrá ni diferencial de precio, ni subvenciones, ni ayudas a la conversión. También quiere decir que, o una gran parte de los agricultores habrá desaparecido en los países ricos, a favor de agricultores capaces de producir más barato en países pobres, o los precios al consumo se habrán disparado.
Pero no creo que las autoridades políticas dejaran que se instale esta situación, que sería una revolución económica negativa que afectaría mucho el consumo de los hogares y por consecuencia la economía de los países.
Nos quedaremos pues con la primera hipótesis. La mayor parte de los alimentos procederá de los países pobres, que seguirán siendo competitivos a pesar de costes (económicos y ecológicos) de transporte elevados.
Se producirá ecológico, y se seguirá contaminando igual que hoy, sino más.


Foto personal

También hay que darse cuenta que los gigantes de la agroquímica ya han visto el viento cambiar. De hecho ya se han puesto en marcha. Todos, sin excepción (Bayer-Monsanto, ChemChina-Syngenta, Dow-Dupont, BASF y los demás) están invirtiendo, o ya lo han hecho, en implantaciones o en compras de empresas o laboratorios especializados en la búsqueda de soluciones ecológicas. Ya han empezado a proponer soluciones ecológicas a numerosos problemas de los cultivos.
En realidad, si el futuro es probablemente al ecológico, no es probablemente a la reducción del empleo de pesticidas, al contrario. Seguiremos tratando los cultivos posiblemente más que en la actualidad, dependiendo de la capacidad de aguante de esas nuevas soluciones ecológicas. Solo se sustituirán pesticidas sintéticos por pesticidas autorizados en ecológico.

Y estoy dispuesto a apostar que nos encontraremos nuevamente con algunos preciosos escándalos entorno a tal o tal pesticida ecológico del que se habrá descubierto que contamina los acuíferos, los suelos, que es un disruptor endocrino o que se encuentra en los cabellos de los niños.

¿Ves? No hay que perder la esperanza, todavía habrá materia para alimentar a las ONGs medioambientalistas o los movimientos ciudadanos, incluso cuando el mundo sea bio.

Es que ecológico no siempre quiere decir sano y respetuoso con el medioambiente.
Pero cuando el pueblo manipulable lo habrá entendido, me pregunto en qué estado se encontrara la agricultura occidental.

Pero hay que reconocer que los agricultores actualmente convertidos al ecológico (y generalmente excelentes profesionales, no se trata de denigrarlos), tendrán un claro avance en términos de gestión de los costes en producción ecológica, lo que será totalmente fundamental para la supervivencia de las explotaciones agrícolas.

¿Y la calidad en todo esto?
¿La qué?

Foto personal

dimanche 7 janvier 2018

122- Calidad -6- La confección

CALIDAD – LA CONFECCIÓN

Es probablemente uno de los factores menos importantes para el consumidor, que sin embargo es fundamental para la cadena que llevará el alimento desde la finca agrícola hasta su mesa.
Entre los productos agrícolas, los más afectados por este punto son las frutas y hortalizas.
La confección, o envasado, juega en realidad varios papeles, todos importantes para alguien, todos exigentes para el agricultor.


La selección
Es la primera prueba que debe pasar el alimento en salida del campo. Esta seleccionado según varios criterios que son generalmente su tamaño (se habla de calibración, en general normalizado), su color (siguiendo criterios establecidos para cada producto, a veces variables según el destino), su calidad visual (aspecto, estética, cumplimiento de las normas) y su estado de madurez (insuficiente, en su punto, demasiado avanzado) o de frescor.

Video personal. Confección de nectarinas

Esos criterios van a decidir de la clasificación del producto en primera categoría (o extra, para algunos que todavía lo hacen), en segunda categoría, a veces en tercera categoría, en industria (transformación en zumo, en concentrado, en papilla, o cortado para varios usos en la industria agroalimentaria y la preparación de platos precocinados), o en basura.
Este trabajo se realiza en el almacén de confección, de forma cada vez más industrializada para reducir sus costes y centralizar volúmenes siempre más importantes.
Cada almacén de confección tiene su propia capacidad de trabajo, adaptada al grupo de agricultores que ahí llevan su producción, y a los diversos productos afectados (es obvio que no se va a preparar melón igual que cereza, o lechuga igual que zanahoria).
La selección es a menudo realizada por una máquina, más o menos sofisticada, con una asistencia de personas para afinar la selección cualitativa, según criterios establecidos por cada lote, especialmente en lo que afecta la selección de los defectos visuales.


Es cada vez más raro en los países ricos, pero todavía frecuente en los países en desarrollo, que la confección sea totalmente manual, pero en general sigue los mismos criterios de calidad.
El agricultor debe hacer todo lo posible para una maximizar la clasificación en primera categoría, que recibirá un mucho mejor precio, que las categorías inferiores, la industria y la basura en muchos casos ni siquiera cubren los gastos de recolección.

El envase
Una vez seleccionado, el alimento será colocado en un envase que corresponde a las exigencias del cliente. La diversidad de los formatos es un auténtico rompe-cabeza para el almacén de confección. Hay cajas de varios formatos de cartón, de cartón compactado, de madera, de plástico de un solo o de varios usos, las cestas (de varios formatos, de varios colores, con o sin tapa, con o sin film, con o sin malla, con o sin haza), los alveolos (de papel, de cartón, de plástico, en todos los calibres), etc.


Para cada cliente, las exigencias pueden ser diferentes, con sus propias marcas, o las marcas del productor. Además, un mismo cliente puede cambiar sus formatos de un año al otro, haciendo obsoleto e inutilizable el stock restante del año anterior.
Pero el almacén debe gestionar un stock extremadamente complejo, y costoso, ya que los pedidos se realizan día a día, obligándolo a tener de manera permanente un volumen de cada tipo de envase para así responder de manera inmediata.
Para nosotros aquí, en Sevilla, si un cliente de Fráncfort nos manda su pedido de un camión el jueves para el lunes, tenemos tiempo de preparárselo y de mandárselo. Pero si no tenemos en stock los envases necesarios, no tenemos tiempo para pedirlos, y perdemos la venta. Porque el camión tiene que llegar a su destino el lunes, como previsto. No se acepta ningún retraso. Y además tenemos que contar con la prohibición francesa de circulación de los camiones los domingos y festivos.
El envase tiene por supuesto una gran importancia marketing, pero también es, según los casos, una protección o una restricción.

Foto personal

Una caja con su alveolo protege el producto, evita que se mueva y sea maltratado durante el transporte, y participa en la conservación del producto hasta su venta.
Sin embargo la cesta, según los productos que contiene, puede convertirse en una restricción negativa para la calidad. Es verdad para los productos de gran tamaño, no para para los pequeños, tales como los tomates cherry, las frambuesas, los arándanos, cerezas, etc. En el caso del melocotón y de la nectarina, la cesta obliga a elegir frutas muy firmes, o duras. Es lo contrario de la calidad.

Foto personal

Pero algunos clientes, o algunos mercados (cada vez más numerosos), solo quieren este formato, mucho más cómodo para la venta al consumidor (no hay manipulación, ni pesada, el precio está preestablecido). La fruta se convierte pues en un producto totalmente industrial, y la satisfacción del consumidor final ya no tiene ninguna importancia.
El tipo de envase es de una importancia extrema para el canal de comercialización. Sin embargo en muchos casos, después de trabajo de envasado difícil, delicado y costoso, los productos se presentan al consumidor a granel, ¡¡¡sacados de su valioso envase!!!


El etiquetado
Te puede parecer fútil, pero es un punto esencial. La etiqueta contiene todas las informaciones legales necesarias (país de origen, sociedad que lo envasa, características del producto, calidad, calibre). Algunos clientes exigen que se mencione su propia marca, o incluso que se imprima el código de barra que después se usara en la tienda.
Esas etiquetas se imprimen directamente en el almacén de confección. Un local se habilita para esta tarea, con las impresoras necesarias y todo el stock de los distintos tipos de etiquetas, sticks (pegatinas) y otros elementos añadidos.
Ningún defecto de impresión se tolera.
Ya nos ha pasado que un lote importante sea rechazado en destino por un defecto de impresión, difícilmente detectable a simple vista: el código de barra no se podía leer por las máquinas. Todo el trabajo estaba perfecto, pero la etiqueta no se podía usar en la tienda. Para el cliente, es un auténtico problema, ya que ha suprimido la necesidad de etiquetar el mismo, con lo que ya no está equipado para corregir un error de etiqueta.

Foto personal

Para el almacén de confección este tipo de error puede costar una fortuna. Tiene poca elección. De hecho, hemos tenido que modificar nuestros protocolos de control después de este incidente.
O bien envía alguien ahí con las etiquetas corregidas, pero de todas formas ya no puede cumplir con los plazos. El producto ya no es apto a ser vendido en los plazos acordados.
O bien busca alguien para venderle el lote, pero es difícil con un envase y un etiquetado previstos para un cliente concreto. A fin de cuenta, se resolverá de alguna manera, generalmente gracias a un importante descuento sobre el precio de venta por el almacén (después generalmente repercutido al agricultor), que con total probabilidad, no seré aplicado al consumidor.
Total, el etiquetado es un punto importante que no soporta la aproximación, y menos aún el error.

¿Y la calidad en esto?
En realidad, solo se habla de ella.
Pero el producto en sí cuenta por muy poco. A partir del momento que cumple con las condiciones mínimas exigidas (calibre, aspecto, azúcar, color, jugosidad, firmeza, frescor, etc.), el envasado es más importante.
De la calidad del envasado depende todo el proceso de transporte, manutención, almacenamiento y conservación que llevará el producto desde el campo hasta la estantería de venta al consumidor.



La producción de alimentos pierde poco a poco su alma bajo los golpes cada vez más duros de los mercados. Cuando llegue aquí, los clientes venían a visitar los frutales, probar la fruta en el árbol, valorar en el campo la calidad del trabajo realizado.
Hoy por hoy el cliente, si viene (lo que es cada vez más raro), se fija en el envasado, en la trazabilidad y a la higiene, más que en el producto en sí. Verifica que los protocolos se cumplan, que los procedimientos de higiene y de seguridad sean los adecuados, y que los análisis (bacteriológicos y de residuos) sean conformes.
El producto se define ahora por unos números, análisis, resultados de control, acreditaciones, trazabilidad.
El producto solo se define, por la satisfacción que da, a través de las cifras de ventas, y en los programas culinarios en televisión.

La producción de alimentos se doblega poco a poco frente a las exigencias de los mercados, que intentan convertirla en un proceso industrial como cualquier otro, en el que todo es previsible, y previsto, especialmente en lo que afecta a la calidad.
La calidad es presente, pero con criterios a menudo difíciles de percibir y entender por el consumidor.
Y no es la llegada de Amazon en el mercado de los alimentos que va a mejorar eso.


El agricultor se tiene que adaptar a las exigencias de los mercados, y solo los que pueden vender mediante circuitos cortos tienen la posibilidad de valorizar una calidad gustativa, en general asociada a un nivel de madurez que exige un consumo casi inmediato.


Y el consumidor, él, desea sentir placer comiendo, y sigue soñando con encontrar “los sabores de antaño”, incluso en los supermercados, que sin embargo son cada vez menos aptos a proponérselo.

Son dos conceptos muy diferentes para un mismo producto, que aumentan aún más la creciente incomprensión entre el mundo rural y el mundo urbano.

jeudi 17 août 2017

112- Calidad -5- Cuando al ecológico también le llega

CALIDAD – CUANDO AL ECOLÓGICO TAMBIÉN LE LLEGA

Era de esperar. Lo ecológico empieza a sufrir el cáncer de los productos frescos: la apariencia. Ya te lo comente hace unos meses, cuando te explicaba que es probablemente el primer criterio de calidad, ya que su influencia es directa, tanto sobre el gesto de compra, como sobre el precio de compra para el consumidor, así como sobre el precio que cobrara el agricultor para su producción. http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/12/61-calidad-2-la-apariencia.html

Hasta el momento, la agricultura ecológica había evitado este problema, que genera una impresionante cantidad de desperdicio de alimentos. Es que la clasificación de los productos ecológicos no se hace con las mismas exigencias que la de los productos convencionales. 


En ecológico, se toleran los daños de roces, gran parte de las deformaciones, incluso disparidad de calibre en un mismo lote. No hay primera y segunda categoría. La normalización, todavía no se ha metido con lo ecológico.

Esta diferencia es desde mucho tiempo una fuente de tensiones entre productores ecológicos y convencionales, ya que la mayoría de esos defectos de apariencia no tienen nada que ver con el método de producción. Pueden ser debidos al viento, el granizo, el frío, a problemas de polinización, a ataques de pájaros, a muchas más causas que no se pueden controlar químicamente.
Total, esta diferencia de criterio es puramente política, destinada a favorecer la agricultura ecológica con respecto a la agricultura convencional.

Desde siempre, la diferencia de productividad entre ecológico y convencional, evidente en muchos cultivos, aunque no sistemáticamente, estaba en gran medida compensada por esas diferencias de criterios comerciales, otorgando al ecológico conseguir una cantidad vendida por hectárea comparable, gracias a un porcentaje de destrío inferior.

Sin embargo, esta regla comúnmente admitida, aunque sin justificación en términos de calidad gustativa, empieza a flaquear. El año 2017 es un año negro para muchas producciones, principalmente por graves problemas comerciales, grandes dificultades para vender, y precios de venta a menudo inferiores, para el agricultor, a sus costes de producción.

¿Y qué pasa cuando el mercado se encuentra en esta situación?
Se vuelve cada vez más exigente en calidad.
Es que resulta que la agricultura ecológica empieza a enfrentarse a una de las principales dificultades de la agricultura convencional. http://www.lexpress.fr/actualite/societe/coup-de-gueule-d-un-couple-d-agriculteurs-les-gens-veulent-du-bio-parfait_1926522.html
(Artículo recientemente publicado en la versión digital de una conocida revista generalista francesa).


Mira el caso de esos pequeños agricultores ecológicos de Francia, desesperados por una situación, relativamente habitual, pero a la que no están preparados:
“Una pareja de agricultores se prepara a dejar pudrirse cerca de 3.000 kilos de calabacines por culpa de las exigencias del consumidor.

¿Una mancha en un calabacín te impide comprarlo? Pues es el motivo de este desperdicio de gran parte de la producción de esta pareja de agricultores ecológicos. Por culpa de leves defectos sobre sus hortícolas, Caroline y Cyril Roux no tienen más remedio que de quedar mirando el resultado de su duro trabajo por culpa de las exigencias de los consumidores.”

Pues entiendo perfectamente su estado de ánimo, es difícil de aceptar.
¿Sabes por ejemplo, que cuando preparo mis previsiones de recolección, varios meses o varias semanas antes de su inicio, para los frutales de los que tengo la responsabilidad, introduzco en los cálculos destinados al equipo comercial, un valor de 15% de desperdicio?
Pues sí, 15% de frutas no comercializadas, tiradas a la basura en su mayoría por culpa de los defectos de apariencia.
Y vamos, 15% no esta tan mal. Este año, por culpa de unas condiciones comerciales tan difíciles, este porcentaje se elevó al 20%, y el año pasado, año climático excepcionalmente difícil, casi alcanzamos el 25%.

Cada semana durante la cosecha, decenas  de toneladas de melocotones y nectarinas esperan los camiones de la industria, forma moderna y rentable (excepto para el agricultor) para evitar la destrucción directa. Serán procesadas en zumo, puré o concentrado. La única otra opción es la basura. Estas frutas no coinciden con el estándar comercial, principalmente por razones estéticas (defectos de piel).

En mis condiciones, tempranas, con ciclos cortos, con variedades específicas, globalmente poco productivas, pero adaptadas al clima local, quiere decir que para mi producción de melocotones y de nectarinas, sé antes de empezar que se van a tirar más o menos 4.000 kilos de frutas por hectárea cada año, y si me toca un año difícil, por el motivo que sea, este valor puede pasar de 6.000 kilos.
Porque, como lo dicen esos agricultores,
“esas pequeñas manchas sobre los calabacines han sido provocadas por las fuertes calores dl mes de junio. Sin embargo no modifican en absoluto el sabor o la calidad del producto. “Muchos quieren ecológico perfecto””.

Es una evolución inevitable del ecológico. Es una de las consecuencias de su éxito, de su popularización.
Más producción ecológica, también es el acceso a lo ecológico de un público más amplio, no preparado, no informado, que compra ecológico solo porque piensa que mejor, sin haber reflexionado sobre el alcance de este cambio.
Por otra parte, ya que es una inmensa fuente de enriquecimiento para muchos (mira por ejemplo Biocoop o Kokopelli, empresas poco escrupulosas, que explotan a fondo este mercado muy jugoso), todos los medios se emplean para atraer a nuevos consumidores, y la desinformación es un excelente para conseguirlo.
Muchos consumidores se convierten al ecológico, asustado por las tonterías que se les cuenta, o por los escándalos sanitarios, en los que solo se pone delante lo que interesa…
¿Quién sabe por ejemplo, que entre los lotes de huevos contaminados por el fipronil (un escándalo alimentario actual en Europa), también hay lotes de huevos vendidos como procedentes de producción ecológica? Este ejemplo es de Bélgica.


Los grandes capitalistas del ecológico están consiguiendo su apuesta: los consumidores están preocupados por la calidad de su alimentación. Por el planeta también, por supuesto. Pero es en general un gesto individual.
Y los que se convierten al consumo de productos ecológicos mantienen sus hábitos y exigencias de consumidores d productos convencionales normalizados, sobre los productos ecológicos.

El círculo se está cerrando. Los consumidores van a forzar la producción ecológica a subir los criterios de calidad, al menos para el aspecto.
Una parte cada vez mayor de la producción ecológica se vende en supermercados, sin consejos ni asesoramiento, y los consumidores compran con la vista, según la apariencia.
Y lo que hace uno de los principales atractivos de la agricultura ecológica, desde el punto d vista del agricultor, el margen económico por hectárea, se está derritiendo, como nieve al sol.
Porque un productor ecológico produce menos, pero comercializa una mayor parte de su producción, y a un mejor precio…hasta el momento.

Está cambiando.

¿Sea este problema solo un accidente en el recorrido de la carrera al ecológico, el desarrollo (demasiado) rápido y (relativamente) fuera de control de este modo de producción? Es posible, a corto plazo.
Pero ni lo dudes, tarde o temprano, llegaremos a eso.


¿Y qué ocurrirá cuando hayamos llegado a eso?
Lo que te explicaba, hace unos meses, sobre la apariencia: una parte cada vez mayor de las intervenciones fitosanitarias ecológicas tendrá una meta cosmética.
Los productos serán ecológicos, por supuesto, pero tendrán efectos segundarios claramente mayores. Porque cuando un agricultor sabe que al menos el 15% de su cosecha no se va poder vender, entonces hace todo lo que se encuentra en su poder para controlar todo lo que puede controlar, con el fin de limitar, al máximo de sus posibilidades, los defectos de apariencia, es decir los ataques de insectos, de bacterias y de hongos (los daños leves se aceptan teóricamente en ecológico, pero no en convencional).
En consecuencia empleara una cantidad siempre mayor de insecticidas y de fungicidas ecológicos, pero no exentos de efectos secundarios indeseables.

¿Y el respeto al medioambiente con esto?
Es un deseo, una voluntad o una exigencia de personas que tiene los medios de exigirlo, o la ignorancia que no les permite saber que esos pequeños defectos de epidermis no afectan en absoluto la calidad de la mayoría de los productos, ni en ecológico, ni en convencional.
Y esas mismas personas que “quieren ecológico perfecto” son también a menudo los mismos que se escandalizan del desperdicio de alimentos, o de los efectos negativos de la agricultura sobre el medioambiente.
Porque esas exigencias llevan inevitablemente el agricultor a poner en marcha prácticas agronómicamente inútiles, pero económicamente imprescindibles.

La lógica individual es a menudo incompatible con la lógica comunitaria.
¿Se puede remediar?
Probablemente por una información no deformada, sin ideología ni insinuaciones comerciales, y por la educación del consumidor.
El agricultor puede hacer cosas y de hecho, los blogs, los programas objetivos (no sensacionalistas) de información agraria y las jornadas de puertas abiertas en las fincas se multiplican en los países occidentales.


Pero el trabajo de fondo no es al alcance del agricultor, debería ser el papel de la sociedad civil, de la administración pública.

Siempre se puede soñar, ¿verdad?
En Francia, se están desarrollando ahora mismo los “Estados Generales de la Alimentación”. Una gran consultación à escala nacional, involucrando a todos los actores del sector. Es una promesa electoral del nuevo Presidente Macron.
Podría desembocar sobre casi nada, o poner en marcha tantos frenos y obligaciones que los agricultores solo se convertirían en jardineros paisajistas.
Pero los ministros involucrados se han puesto de acuerdo para pensar que “para mejorar las prácticas agrícolas, medioambientales y sociales de los productores, hay que hacer primero que ganen unos ingresos adecuados, para favorecer la inversión.”

Hay que indicar que en Francia, país miembro del G8 (uno de los países más modernos y ricos del mundo), uno de cada dos agricultores ganaba, en 2016, menos de 350 € por mes (unos 400 $). Esta cantidad no significa nada si no se pone en relación con el SMIC (salario mínimo interprofesional) que era en 2016 de 1143 € por mes, libres de cargo. O sea que uno de cada dos agricultores ¡gana tres veces menos que sus propios empleados, o que lo que las autoridades nacionales consideran, hoy día, como el mínimo ingresos para vivir dignamente en Francia!

¿Y se pretende que estas personas sean en prioridad preocupadas por temas, finalmente bastante abstractos, cuando luchan día a día para hacer que sus empresas sobrevivan, y para poder ofrecer a sus familias unas condiciones de vida y de instrucción dignas?

Algunos habían encontrado en la agricultura ecológica una escapatoria digna y elegante, económicamente interesante, e intelectualmente y socialmente gratificante.

Es posible que algunos salgan decepcionados…

dimanche 11 juin 2017

106- El precio al consumo

EL PRECIO AL CONSUMO

Bajo el título “Los bajos precios en el inicio de la campaña de fruta de hueso no se están trasladando al consumidor”, la web agrícola Agrodigital informa de la enorme disparidad entre los precios pagados al agricultor y los precios pagados por los consumidores (http://www.agrodigital.com/PlArtStd.asp?CodArt=114482).
Hay que indicar que lo que se llama fruta de hueso es un grupo de frutos carnosos del género prunus, es decir el albaricoque, el melocotón, la nectarina, la ciruela y la cereza.

Imagen: http://es.globedia.com/imagenes/noticias/2011/11/25/exportaciones-frutas-hortalizas-caen-septiembre-bajos-precios_1_984948.jpg

La situación del año 2017 es un caso que por desgracia se repite con bastante frecuencia. El mercado, por motivos climáticos en destino, arrancó con dificultad y lentitud. Es un problema del que os hable el año pasado, que se repite este año también (ver https://culturagriculture.blogspot.com.es/2016/05/77-intemperies-8-en-destino.html).
Las condiciones climáticas no eran favorables al consumo en las zonas de destino, pero sí lo eran en las zonas de producción. La fruta se madura, hay que cogerla, pero sale con menos rapidez que se produce. La oferta se desequilibra con la demanda, y los precios se derrumben.
Es una situación relativamente habitual en la producción de alimentos, que se intenta regular con las técnicas de conservación. Pero determinados productos, de vida comercial muy corta (melocotón, fresa, lechuga, calabacín, etc.) no soportan esas condiciones y se conservan poco tiempo.
Más adelante, las condiciones climáticas en destino han mejorado, el consumo se ha vuelto a animar, pero los precios no se han recuperado.

Los precios en origen se mantienen en unos niveles tan bajos que no permiten cubrir ni los gastos más básicos del cultivo. Están más o menos a la mitad de los que se practicaban el año pasado por esas fechas.
Muchos productores de fruta de hueso están abandonando la fruta en el árbol sin cosechar, otros están arrancando los árboles con la fruta encima.


Sin embargo, los precios al consumo son similares a los del año pasado.

En otras palabras, los agricultores están sufriendo mucho, en una campaña que quedara en las memorias como una de las peores de los 50 últimos años, pero los mercados aprovechan la situación para ganar mucho dinero, a costa de hundir un sector tan importante como la producción de frutas y hortalizas.

La diferencia entre el precio pagado al agricultor y el precio pagado por el consumidor en mayo es aproximadamente lo siguiente:
7 veces para la fruta de hueso
7 veces para el calabacín
9 veces para el tomate
9,5 veces para el pepino

Una diferencia normal debería situarse entre 3 y 5 veces, variando según el producto, para cubrir los elevados gastos de selección, envasado, conservación, venta, transporte, distribución y punto de venta.


Ahora mismo, una venta de melocotón o nectarina a 3€50 al consumidor, deja al agricultor escasamente 0€50, lo que no es suficiente para asegurar la perennidad de la finca, siendo un precio elevado para el consumidor.

Algo va mal en el sistema de distribución de los bienes de consumo.
No es normal que los dos eslabones esenciales de la cadena, es decir el productor en un extremo y el consumidor en el otro, sean víctimas del sistema de distribución.

Imagen: http://www.depannage-informatique-caen.fr/autre-site/site-leclavier/images/vente-paniers-bio.jpg

La venta directa del productor al consumidor solo es una pequeña parte de la solución, ya que solo pueden acceder a ella una pequeña parte de los productores y una pequeña parte de los consumidores, especialmente en los países con las economías más ricas.

Es necesario y urgente imaginar algún tipo de sistema de regulación del mercado capaz de evitar esos abusos, susceptibles de provocar graves daños a un sector sin embargo esencial y estratégico, como es el de la producción de alimentos.

Y pensar que los mismos que hacen los mercados pretenden fomentar la reducción del desperdicio de alimentos…
¿No será solo una operación de marketing para intentar alcanzar el corazón de la víctima, el consumidor?

Imagen: https://www.2luxury2.com/wp-content/uploads/Inglorious-Fruits-and-Vegetables-The-Designs-of-the-Year-2015-nominees-@-Design-Museum-London.jpg?x96773