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samedi 15 septembre 2018

138- Protección de las plantas -7- Bebederos


PROTECCIÓN DE LAS PLANTAS - BEBEDEROS

Grandes esfuerzos se realizan diariamente por cada vez más agricultores para mejorar la biodiversidad en sus fincas, que se traducen por un creciente respeto de las zonas arboladas, la implantación de árboles en las zonas incompatibles con los cultivos o la plantación de setos que permiten delimitar la finca a la vez que se protege contra las intrusiones mal intencionadas o evitando los efectos indeseados en lagos y ríos. En regiones de viento, como es el caso en Provenza, en el sur de Francia, la protección de los cultivos contra el viento se hace tradicionalmente con setos de cipreses.


Esas zonas de biodiversidad cumplen su papel a la perfección, y muchas clases de animales se instalan rápidamente. Es especialmente el caso de preciosos pequeños roedores arborícolas como las ardillas, muy conocidas, o de los lirones mucho menos conocidos y a menudos confundidos con las ratas.
En sí, esos animales no son dañinos. Se alimentan de semillas y de frutas, pero su consumo es habitualmente bajo y no presenta un riesgo importante para el agricultor. Sin embargo, en algunos casos pueden ocasionar serios daños, no tanto a los cultivos, sino a los sistemas de riego. Es especialmente verdad con la micro-aspersión y el goteo.
En esos sistemas, el agua está conducida por tuberías enterradas y/o superficiales hasta el pie del cultivo.



Nuestros preciosos pequeños roedores entienden muy rápidamente que esas tuberías están llenas de agua. En primavera, no suele haber problemas ya que encuentran fácilmente agua en los charcos de lluvia o gracias al rocío de la mañana.
Pero en pleno verano, cuando todo está seco, tiene sed, y encontrar agua puede ser complicado, o muy lejos. Si quieren beber fuera de las horas de riego, intentan liberar en agua contenida en las tuberías, royéndolas (en general son de plástico, de tipo polietileno), los daños pueden ser importantes y las pérdidas de agua también. A eso, hay que añadir las faltas de agua provocadas por las fugas y las pérdidas de presión, que pueden perjudicar el cultivo.
Además, es un tipo de problema que suele cansar el agricultor ya que repara con frecuencia y vuelve a encontrar el mismo problema al día siguiente, en el mismo sitio o casi, y así sucesivamente durante todo el verano.

Fotos personales

La lucha contra lo que se puede convertir en una auténtica plaga no pasa por la eliminación de los roedores, es difícil, casi inútil y contraproductivo en términos de biodiversidad y de contaminación.
Lo más sencillo, barato y efectivo es de instalar bebederos, que se llenan con el agua de riego, luego rebosan, regando el cultivo.

Los roedores pueden tardar un poco en acostumbrarse y se puede encontrar, en los primeros días, tuberías roídas justo al lado de un bebedero, o incluso en el propio bebedero.

Hay que insistir ya que al cabo de unos días, los roedores habrán entendido que el agua está disponible sin esfuerzo en los bebederos, y dejaran de roer las tuberías.

Foto personal

Los casos de este tipo son bastante numerosos en agricultura. Es casi siempre más sencillo y efectivo encontrar el método para vivir en armonía con los animales, antes que intentar luchar contra ellos.
Es una de las bases de la producción integrada y de la producción ecológica, así como de todos los métodos de producción que ponen en prioridad el equilibrio medioambiental de la finca.
Solo se emplean métodos de lucha cuando los otros medios, como la profilaxis, la instalación de nidos o de hoteles de insectos, de bebederos o de simples repelentes han fracasado, y que los daños se han convertido en algo peligroso y difícil de gestionar.

Foto personal

vendredi 13 avril 2018

114- Agricultura del mundo - El País Dogón

AGRICULTURA DEL MUNDO – EL PAÍS DOGÓN
  


Por alguna parte de África occidental, en Mali, en el río Níger y la frontera con Burkina Faso, existe una región con clima Sahelian, donde la vida es difícil. Sin embargo, ahí se encuentra un pueblo con una cultura, un arte y un artesanado tan ricos, que numerosos coleccionistas occidentales lo conocen, a menudo sin haber nunca pisado el país.

Imagen: http://www.pedagogie.ac-nantes.fr/servlet/com.univ.collaboratif.utils.LectureFichiergw?ID_FICHIER=1302900519082&ID_FICHE=1317055908671

También es una de las regiones del mundo donde conviven en perfecta harmonía, personas de religiones distintas. El islam es la religión más representada, pero también hay muchas personas cristianas y animistas. Esta mezcla religiosa está presente en las ciudades, en los pueblos, e incluso a veces dentro de la misma familia.
Se trata del País Dogón.

En esta región, la vida es dura. El acceso al agua es una de las claves de la supervivencia.
La vida social se organiza entorno a los hombres, pastores, cazadores, cogedores, guardianes de la palabra y de la tradición, y de las mujeres, agricultoras, madres de familia, amas de casa, responsables del agua y de la educación de los niños, y a veces vendedoras de los pobres excedentes de producción o de los productos de su propio artesanado.


La agricultura está hecha de parcelas muy pequeñas fraccionadas y separadas por pequeños senderos de tierra. El trabajo, lo hacen las mujeres, manualmente, ayudadas por los niños si son lo bastante grandes.
El riego, si es necesario, requiere grandes esfuerzos ya que primero hay que ir a por el agua, antes de usarla para regar. Solo es posible si los puntos de agua son lo suficientemente cerca.
Es una agricultura rudimentaria, de supervivencia, de la que solo una muy pequeña parte puede ser vendida para generar ingresos. La mayor parte va directamente a la alimentación de la familia.
Una asociación local, creada en 2005 por personas Dogón preocupadas por el porvenir de su pueblo, se ocupa de montar proyectos destinados a mejorar sus condiciones de vida, mediante la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres Dogón. Son el pilar de este pueblo tan simpático.


ARAF-Plateau Dogon (Acción para el Fomento de las Actividades Femeninas en País Dogón) federa 80 grupos de 25 a 40 mujeres cada uno, con el fin de aportar un apoyo que va desde la educación, la formación, el apoyo técnico, la entrega de herramientas básicas para el trabajo de campo, y el montaje de proyectos locales (uno de los proyectos en marcha es la creación de un taller de transformación de aceite de karité en mantequilla para su venta para su uso en cosmética).
Entre las acciones permanentes está la formación a las técnicas de agroecología. Especialmente, uno de los objetivos es de favorecer la modernización de la agricultura, y por consecuencia la mejora de los ingresos de las familias Dogon, gracias a la venta de sus excedentes de producción. Pero la falta de formación, la falta de equipos y la falta de medios forman parte de los motivos para una orientación hacia la agricultura ecológica.


Es imprescindible modernizar la agricultura con métodos y técnicas que permitan mejorar la capacidad productiva, sin por eso crear una dependencia a insumos y a máquinas y aperos, fuentes de inversiones que, al día de hoy, ni son posibles, si son prioritarias.
La agricultura Dogon debe mantenerse autónoma ya que las inversiones necesarias, numerosas, deben ser reservadas a obras de infraestructura de primera necesidad.
La voluntad de ARAF es de mejorar la capacidad productiva de la agricultura del País Dogon, pero con una mínima inversión, en la medida en la que la primera inversión necesaria es la creación de una red de acceso al agua que permita a sus habitantes mejorar su autonomía, ganar en higiene, y sobre todo dejar de dedicar la mitad de su tiempo (mujeres y niños sobre todo) al transporte de agua.


Y el acceso al agua es probablemente un proyecto a largo plazo, pero ¡tan importante!
El clima Sahelian incluye una época de lluvias, en concreto de junio a septiembre, durante los que llueve de manera abundante, lo que permite la reconstitución de las reservas del suelo, y otorga algunos cultivos adaptados a este clima.
Se puede imaginar la creación de una red de canales para llevar el agua del río Níger hacia las zonas aisladas. Pero sería una obra faraónica, larga y extremadamente costosa.
Sin embargo, la creación de balsas y de pozos, operaciones mucho más accesibles y exigiendo presupuestos más livianos, favorecería una agricultura más permanente, una gran mejora en la seguridad alimentaria, e ingresos permitiendo un desarrollo claramente más importante. De paso, permitiría un acceso a temas tan evidentes para los occidentales como servicios de salud o de higiene, y por ahí mismo, una clara mejora de las condiciones de vida del pueblo Dogon.


Hace unos meses, por mediación de las redes sociales, fui solicitado por el presidente de ARAF, Issiaka Konaté, para participar en un trabajo humanitario, mediante una ayuda a la implantación de técnicas de agroecología. No tengo “vocación” para eso, y de hecho no lo he hecho nunca. Mi vida está organizada en torno a mi trabajo, que requiere mucha dedicación, como lo saben muy bien todos los agricultores, mi familia a la que debo un mínimo de apoyo y presencia, y mis actividades varias, como es el caso de este blog.

Hemos intercambiado mucho con Issiaka. Fue el que me conto la vida del pueblo Dogón, y las dificultades de esta vida, los numerosos proyectos que siempre bloquean por un problema recurrente de financiación.

El turismo representaba una importante fuente de ingresos. Pero desde el 2012 y los ataques del terrorismo yihadista, esta fuente desapareció, bloqueando o retrasando muchos proyectos.


Me di rápidamente cuenta que la situación política y económica de Mali, así como los ataques yihadistas en la región complican mucho las acciones occidentales y las intervenciones de las ONGs.
Al no poder intervenir directamente, decidí aportar una piedrecita a este frágil edificio.

Entonces le propuse a Issiaka un texto, ilustrado con numerosas fotos, para explicar la situación, y para pedir a los lectores una ayuda económica. http://www.calameo.com/read/001473813fa1dcc88ddda
El director de una ONG francesa, Gérard Cinquin de DNPLS (Del Norte Para el Sur) que actúa en África, nos ayudó por su experiencia, sus buenos consejos y por el trabajo de presentación, y también, y sobre todo, por la puesta a disposición de su plataforma de recogida de donaciones.


Más adelante, por mediación de mi red de contactos y de amigos, he podido iniciar el trabajo de un proyecto de colaboración con una ONG española, Madre Coraje, que dedica gran parte de su actividad a la recuperación de ropa y objetos usados, para mandarlos, en España o en otros países del mundo, a comunidades en situación de inseguridad que pueden, o usarlos para sus propias necesidades, o convertirlos en una fuente de ingresos mediante su reventa.
Y es precisamente por ahí que hemos lanzado este proyecto: importar en Mali ropa usada, para que la clasificación y la venta generen, por una parte unos puestos de trabajo y los correspondientes ingresos para determinadas familias, y sobre todo ingresos para financiar proyectos educativos y de desarrollo. Pues dicho así parece sencillo cuando los contactos están establecidos.
A partir de esta idea, todo se complica. El proyecto avanza, pero ha sido necesario establecer varias cosas, y realizar inversiones que, de momento, ponen en desequilibrio el presupuesto de ARAF.
Ha hecho falta crear una sociedad con posibilidad de importar, hacer negocio, y generar beneficios, para revertirlos íntegramente a la asociación ARAF (sin ánimo de lucro).


Ha hecho falta encontrar transportistas, y resolver el problema del tránsito desde Senegal (Mali no tiene acceso al mar con lo que hay que pasar por el puerto de Dakar).
Hay que preparar los centros de clasificación y establecer una red encargada de la reventa de la ropa, así como la logística necesaria a su repartición.
Una gran parte de los costes ya ha sido asumida por la propia asociación, por sus miembros y por algunos benefactores.
El proyecto abre un gran abanico de posibilidades, pero de momento, exige encontrar el complemento financiero que le permitirá a ARAF autofinanciarse, y financiar su proyectos.
Este complemento es muy razonable, visto desde Europa, ya que es de menos de 7.000 € (6.852 € para ser exacto o 8.200 US$), pero visto desde Mali, es difícil de encontrar, sea en forma de préstamo o en forma de donaciones. El sistema bancario malí no permite que este tipo de proyecto prospere.


Como lo podéis ver, la agricultura del País Dogón necesita numerosas inversiones, de bajo coste en su mayoría, ya que los proyectos son realizados por las propias personas. Pero del desarrollo de esta agricultura depende el desarrollo de este pueblo.
Pero este desarrollo, para ser sostenible y duradero, debe ser capaz de ser autónomo, y por consecuencia de autofinanciación. Es la meta principal del proyecto con Madre Coraje.
A partir de ahí todo quedara en mano de los propios Dogon, y es lo más importante.

El objetivo de este blog no es este, pero por una vez, necesito tu ayuda para poder concretar este proyecto. Si deseas participar, puede hacer una donación por la plataforma en línea de DNPLS, indicando ARAF DOGON.

Tu participación también puede limitarse a difundir ampliamente este artículo. Cuantas más personas sensibilizadas, más posibilidades tendremos de resolver este pequeño, pero muy serio problema.

Y piensa que un like es muy bien, pero no difunde. Compartir es mucho mejor.


Gracias por el País Dogón.

Fotos enviadas por Issiaka Konaté


dimanche 13 novembre 2016

93- Agricultores, ¿envenenadores?

AGRICULTORES, ¿ENVENENADORES?

En abril 2015, Forum Phyto, (una asociación francesa dedicada a la protección fitosanitaria, defendiendo el acceso razonable a la química), publicaba una muy interesante defensa (en francés) de Sylvie Brunel (geógrafa y escritora, profesora en la Universidad de Paris-La Sorbona) sobre la agricultura.
El artículo había previamente sido publicado en la edición digital del diario Le Monde, bajo el título “Los agricultores no son contaminadores envenenadores”

Con el permiso de Sylvie Brunel, decidí reproducir y traducir el texto completo, y luego añadirle algunos comentarios que me parecen importantes.
El texto hace referencia a la situación en Francia, pero se puede extrapolar a numerosos otros países.


“El enojo crece en el campiñas francesas. Enfrentamientos por la prensa de Sivens, llamadas a dejar de consumir carne, denuncias contra las OGMs y del cultivo del maíz, critica de la “mala” agricultura (llamada “productivista”) por oposición al “bueno” ecológico… Los agricultores están hartos de todas esas acusaciones que escuchan sin parar.

Imagen: http://footage.framepool.com/shotimg/qf/545148634-manure-pile-cigoc-farm-building-barn-fowl.jpg

Para muchos urbanos, la gallina picoteando en el montón de estiércol simboliza los viejos tiempos, el Edén perdido de nuestros campos. Olvidan lo duro que era el trabajo agrícola de antaño, el envejecimiento prematuro de los campesinos, la ida de las mujeres, agotadas por las labores incesantes, todas las enfermedades ligadas a la alimentación, la dependencia y la inseguridad alimentaria. Precisamente la situación de todos los países pobres hoy.

Los agricultores franceses viven ahora más viejos que el resto de la población francesa. Después de haber sufrido de hambre y haber importado masivamente alimentos, nuestro país se ha convertido, gracias a ellos, en una gran potencia, que alimenta no solamente a sus conciudadanos, pero también a países estructuralmente importadores, donde el acceso a la alimentación garantiza la paz social.

Cada vez que una explotación agrícola desaparece, es una regresión del desarrollo sostenible. Nuestros paisajes, que seducen al mundo entero, no tienen nada “natural”, son el fruto de siglo de ordenación agraria cuidadosa, que han producido la Camarga, la marisma del Poitou, las Landas, la Bresse… Un agricultor que abandona la explotación, no solo es una gran pérdida de riquezas y de saber-hacer, también son cierres de caminos, el baldío que conquista todo, urbanizaciones y aparcamientos por todos lados, el hormigón que sustituye a la biodiversidad nutricia, el riesgo de incendios en el sur.

Imagen: https://static.panoramio.com.storage.googleapis.com/photos/original/79508943.jpg

El supuestamente ecológico

Los que acusan a los agricultores de ser “aprovechados” porque la agricultura necesita ayudas para poder vender sus producciones a precios bajos, escolarizan sus hijos y reciben cuidados médicos gratuitamente sin preguntarse de donde viene lo que están disfrutando, y encuentran normal que sus alimentos sean variados y de una calidad que China nos envidia, y Estados Unidos también. El militante feroz que denuncia la agricultura moderna se cambia en consumidor intransigente en cuanto su hijo va al comedor escolar, entra en un restaurante o se va de compras, exigiendo de comer bueno y barato.

La “conversión” al ecológico (término que procede del registro religioso, y no es por casualidad), en definitiva no es mejor ni para el planeta (más CO2 procediendo del control de hierbas mecánico, o al transporte, cuando el supuestamente ecológico, a menudo industrial, viene del otro lado del mundo), ni para el monedero (productos más caros por culpa de la mano de obra y de cantidades producidas generalmente más reducidas), ni para el sabor, nadie ha podido demostrar la superioridad organoléptica de los alimentos ecológicos, cuyas contaminaciones son cuidadosamente calladas y sus normas cambiando según los deseos de los organismos de control.

Además se conservan muy poco tiempo, con un desperdicio inmenso. No se trata de imitar a los jugadores de flauta que profieren ucases contra la agricultura convencional con la oposición de ejemplos de éxito, siempre cuidadosamente elegido y escasamente generalizables: el ecológico tiene su sitio en la agricultura, aunque tan solo sea porque permite a algunos agricultores conseguir mejores ingresos con su trabajo. Pero si se generaliza, Francia volverá a ser una gran importadora de alimentos (procediendo de países no ecológicos) en vez de sus excedentes agroalimentarios, que reducen el déficit de nuestro balance comercial.

Culpar a los agricultores de ser contaminadores y envenenadores, es desconocer los enormes progresos realizados en el campo. Emplear la dosis adecuada, calculada a lo más justo, en el momento adecuado, producir más con menos, nuestros agricultores se han convertido, por motivos tan medio-ambientales como económicos, campeones de la agricultura de precisión, que cualquier jardinero dominguero pisotea alegremente con su tan bueno “casero”.

Imagen: http://image.slidesharecdn.com/3ayral-121203032202-phpapp01/95/atelier-2-les-technologies-au-service-de-la-nutrition-des-plantes-solutions-de-diagnostic-temps-rel-laide-de-capteurs-de-fuorescence-pour-la-nutrition-des-plantes-5-638.jpg?cb=1354504957

Rechazar el riego es un enfoque criminal cuando el Grupo de expertos intergubernamental sobre la evolución del clima nos avisa que el cambio climático amenaza la seguridad alimentaria mundial. Cuando hay cada vez más tierras comidas por las ciudades, la extensión de zonas verdes “protegidas” (de quién y para quién, la cuestión merece ser expuesta), almacenar el agua cuando sobra, para usarla cuando hace falta, se impone.

Visión anticuada y errónea del campo

El riego ha producido las civilizaciones las más brillantes. Y los urbanos que protestan contra los embalses son los primeros a ir para disfrutar de su biodiversidad excepcional cuando por fin existen, áreas de recreo y esparcimiento preciadas. ¿Cómo se puede hablar de despilfarro de agua, cuando Francia utiliza una ínfima parte de lo que cae del cielo para volver al mar?

Dejar de consumir carne no resolverá el hambre en el mundo. Lejos de ser redirigidas hacia los pobres y los hambrientos, los cereales así “liberados” desaparecerán ya que, en todas partes, la producción de alimentos se adapta a la demanda solvente. A falta de salida, los ganaderos, que ponen en valor las tierras poco fértiles, cerraran su actividad. Más parados en el Norte, más malnutridos en el Sur, ¿Eso es lo que queremos? También habrá que encontrar una solución para las vacas lecheras de reforma, que constituyen más de los dos tercios de la carne consumida en Francia: ¿unas residencias de mayores para vacas?

En cuanto al maíz tan injustamente criticado, si progresa en todo el mundo, y especialmente en África donde tiende a sustituir el sorgo, es que ningún otro cereal produce tanto por hectárea, ninguno captura tanto CO2, ninguno es tan polivalente y universal, alimentando tanto hambres, animales, la química verde, la necesidad de energía renovable. E incluso la biodiversidad: que los que denuncian su monocultivo (no agota los suelos), vaya a admirar las grullas comunes en los campos de maíz de las Landas. Donde la planta, al igual que por todos lados, ha permitido luchar contra la pobreza.

Imagen: http://footage.framepool.com/shotimg/qf/344426246-cornfield-corn-maize-common-crane-migratory-bird.jpg

¿El derecho a resembrar? Las buenas semillas son la clave de la seguridad alimentaria. Resembrar, como en África, produce escasos resultados. El campesino lo puede hacer, pero no lo desea: quiere una cosecha segura, rendimientos, ingresos. Los países pobres, que saben que tendrán que producir mil millones de toneladas de cereales de más, de aquí a cuarenta años, buscan todas las soluciones. La ingeniería genética es una de ellas. Para luchar contra las plagas, la agricultura necesita innovar permanentemente. En eso también, las luchas ideológicas no tienen su sitio.

Muchos franceses se niegan a ver la realidad y se complacen con una visión anticuada y errónea del campo. Están desmotivando el mundo agrícola. Sin embargo, sin agricultores, Francia se morirá. Dejemos de acusarlos injustamente. Escuchémoslos, respetémoslos. Tienen nuestro futuro entre sus manos. »



Es difícil, después de esto, añadir algún comentario inteligente.
Sin embargo, este artículo ha provocado varios debates animados o incluso tormentosos en las redes sociales. Los que he podido leer solo hacen referencia a una expresión “El supuestamente ecológico”.
No he hablado con Sylvie Brunel, pero mi interpretación es la siguiente:
Uno de los principales problemas de la producción ecológica es su masificación. Se ha convertido, ante todo, en un mercado, con grandes posibilidades económicas.
El ecológico, tal como se pensó en sus orígenes, y sobre todo tal como está presentado al consumidor, es un método de producción que intenta respetar a la naturaleza con el rechazo de la química. Por extensión, cualquier acción contaminante se prohíbe, o se limita.
Pero la realidad no es exactamente esa. Puedes comprar tus productos ecológicos directamente al agricultor, en el mercadillo del barrio o en una tienda especializada.
Pero la mayor parte de este mercado está ocupado por los supermercados, con sus imperativos de volumen, de conservación, de presentación, y de precio.
Existe pues, otra agricultura ecológica, a mayor escala, cuyo enfoque es el abastecimiento de esos mercados de grandes volúmenes. Es ecológico, auténtico, porque, salvo excepción, cumple a raja tabla con los protocolos, pero es ecológico “industrial”, destinado a producir masivamente, controlando costes y optimizando los problemas logísticos. El resultado es que los mayores países productores de productos ecológicos son, hoy por hoy, India, Uganda y Méjico, y los mayores desarrollos se están observando en China y en Oceanía (puede ver, sobre esto, el dosier de Arte, en francés o en alemán “El ecológico ¿para todos?” http://future.arte.tv/fr/bio-un-business )

Pues se produce cada vez más de alimentos ecológicos, pero la producción local, del pequeño agricultor, idealizado por el consumidor, ya tan solo representa una pequeña franja de esta producción. La mayor parte llega de lejos o de muy lejos, después de muchos kilómetros en camión, en barco o incluso en avión, total, por medios muy alejados de una agricultura sostenible. En el mismo tiempo, ya que numerosos inversores, oliendo la pista del negocio, han creado grandes fincas ecológicas en todo el mundo, lo ecológico se ha convertido al productivismo. No considero que sea un crimen, pero es como una mancha en un cuadro idealizado.
¿Todavía podemos hablar de ecológico?

Imagen: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjdgVKJolZhO9_4GxhQ_Hl-AR_ZIUbP3n1kF4C2fHY4Z5LN3ORCBqbnPabnniRyL1pUezyTPJnlcS1L2ls1k4Vh6uQr-KoeY4azUpCO0AZm1pso2u-dSFn4Kr-VPVjk8_VGFfIWNtWiTUKF/s1600/IMG00152-20111130-1632.jpg

Entiendo que es a eso que se refiere Sylvie Brunel en su texto. No se trata de cuestionar el ecológico en sí, sino de una crítica de esa evolución discutible.

Si quieres saber más de Sylvie Brunel, puedes por ejemplo ir a http://www.wikiberal.org/wiki/Sylvie_Brunel

También puedes leer nuevamente lo que escribí sobre estos temas en varios artículos anteriores, empezando por uno de los primerísimos, llamado “metamorfosis” https://culturagriculture.blogspot.com.es/2014/01/2-metamorfosis.html

No, no lo dudes, los agricultores no son contaminadores envenenadores.

dimanche 28 juin 2015

46- Agua y riego -4- ¿Porque regar?



¿PORQUE REGAR?

Antes de hablar más de riego, es importante entender de qué estamos hablando. Pues voy a intentar responder a la pregunta :
¿Qué es y para qué sirve?

Las plantas, al igual que todos los seres vivos, necesitan agua. Se trata de un elemento vital, sin agua, no hay vida, ni animal, ni vegetal. Pero en el caso de las plantas, el agua juega un papel multiple, al final más complejo que en el caso de los animales.

El primer papel, al igual que para todos los seres vivos, es de ser el líquido que llena y baña las células, manteniendo los órganos celulares en estado activo.
El agua es también el ”sudor” de las plantas, es decir lo que le permite a la planta realizar su propia regulación térmica por la transpiración, que en este caso llamamos evapotranspiración.
El agua también es el vehículo de los distintos elementos minerales y hormonales por toda la planta, en forma de savia, del mismo modo que lo hace la sangre en los animales. Pero lo que distingue las plantas de los animales, en lo que a agua se refiere, es que la planta no tiene medio autónomo de comer. Comer representa, para los animales, el medio de absorber los elementos minerales que su organismo necesita, por el consumo de alimentos más o menos sólidos. La planta realiza esta acción vital principalmente por las raíces, y también parcialmente por las hojas y la corteza joven. Pero las raíces solo pueden absorber agua, cargada con elementos minerales disueltos.
El agua pues, representa para la planta tanto la bebida como la comida.

 El riego representado en la tumba de Sennedjem, en Egipto, en la época del faraón Ramses II, hacia los años 1275 AC, es decir hace más de 3.000 años.

El riego se usa en agricultura desde más de 5.000 años para  permitir a las plantas, organizadas en la mayoría de los casos en monocultivo, de mantener su actividad, incluso durante los meses en los que las lluvias son insuficientes o ausentes.
El agricultor debe poder cubrir las necesidades de sus cultivos cuando la naturaleza no lo puede hacer. Se trata, en este caso, de permitir a la planta de terminar su ciclo, de asegurar la producción de alimentos (la falta de agua lo podría impedir) y, en el caso de cultivos perennes, de garantizar su supervivencia hasta el año siguiente.

Cuando está el concepto entendido, entramos en consideraciones técnicas, que van a afectar el sistema de riego, la disponibilidad de agua, la calidad del agua disponible, las dosis de agua, la frecuencia de riego, etc.
Una buena gestión del agua va permitir optimizar los recursos consiguiendo buenos resultados agronómicos y productivos.
Una mala gestión, al revés, va provocar todas clases de estreses hídricos, por falta o por exceso, acompañados de problemas agronómicos, de riesgos de contaminación de los acuíferos y de malos resultados productivos.
Para tan solo dar un ejemplo que conozco muy bien, en mis condiciones de vega en la zona de Sevilla, puedo llevar los árboles hasta la recolección, y preparar la cosecha siguiente con menos de 3.000 m3 de agua por hectárea y por año, cuando conozco fincas, en condiciones comparables, o incluso menos desfavorables, que gastan entre 2 y 5 veces más agua.

Los elementos nutritivos absorbidos por las raíces siempre van disueltos en agua. Su procedencia, del suelo o de los abonos naturales o químicos, no cambia la forma en que la planta los puede asimilar.
Ya que son solubles en agua, los elementos no absorbidos por las raíces, pueden ser arrastrados hacia los acuíferos en caso de exceso de agua o de lluvia abundante. Una mala gestión del agua, provoca un riesgo de contaminación de los recursos hídricos.

En un clima en el que las lluvias se reparten de manera bastante homogénea a lo largo del año, el riego no es necesario, ya que la reserva hídrica del suelo se reconstituye naturalmente con cada episodio de lluvia. Al contrario, en clima mediterráneo, continental seco, árido o semi-árido, la mayoría de las plantas no pueden sobrevivir sin ayuda del agricultor. El riego es necesario para aportar a las plantas el agua que necesita en los momentos en los que la reserva de agua del suelo es insuficiente.
Hace algunos años, aquí en Sevilla, región en la que, sin riego casi no existiría agricultura, tuve la visita de un grupo de jóvenes alumnos de una escuela de agricultura de Dinamarca. No entendían porque la finca estaba equipada de bombeos y de tuberías. Tuve que explicarles las características del clima de la zona para que entiendan la utilidad de un sistema que, obviamente, no es necesario en su país.

Otra diferencia entre plantas y animales, es que estos últimos se pueden desplazar para buscar agua. En concreto, el agricultor puede localizar el aporte de agua a los animales de tal manera que cada litro de agua se consume, sin desperdicio.
En el caso de las plantas, es diferente ya que la planta debe encontrar el agua en el volumen de suelo que prospecta con sus raíces. Es más difícil para el agricultor no desperdiciar agua, ya que es difícil controlar de manera exacta, tanto el consumo de la planta como el ajuste de los aportes de agua. Es cuando la tecnificación del riego puede aportar soluciones.

Hay que ser consciente que el riego no es un capricho de agricultor, pero una real necesidad en muy numerosas áreas del planeta. Sin riego, los problemas de disponibilidad de alimentos serían aún más graves.
Además el arroz, uno de los principales alimentos básicos a nivel mundial, necesita una fase de inundación permanente para producir, ocasionando un fuerte consumo de agua dulce.
Está claro que sin riego, los problemas alimentarios serían mucho más graves. El hambre lleva a menudo a la revuelta. Se puede considerar pues que el riego es un importante factor de paz social.


Sin embargo, hay que conocer los límites. Los recursos de agua dulce no son inagotables y es imprescindible gestionarlos de manera coherente.

Uno de los principales factores de desperdicio de los recursos de agua dulce es la mala gestión del riego. El agricultor ha de conocer sus cultivos, sus necesidades en cada momento y saber (y poder) aumentar o reducir los aportes de agua para adaptarlos a las necesidades. Está claro que existe, por un lado un importante problema de formación/información de los agricultores, y de concienciación por otra parte.
Una buena gestión de los cultivos permite aumentar la productividad de cada campo. Un campo bien regado producirá más, con lo que serán necesarias menos hectáreas regadas para producir la misma cantidad de alimentos. Una mejora de la productividad por la formación y la tecnificación representan pues un importante factor de ahorro de agua, y de sostenibilidad de la agricultura de regadío.

¿Cuáles son los problemas que van a llevar a un agricultor a regar en exceso?
Son numerosos. Se puede hablar
-       Del sistema de riego (riego por inundación, por aspersión, por goteo)
-       De la disponibilidad del agua (sondeos o balsas que permiten disponer del agua a voluntad, o redes comunitarias con turnos que solo dejan periodos de disponibilidad limitados)
-       De la calidad del control de las necesidades de agua de la planta por el agricultor (control de la humedad del suelo, del funcionamiento de la planta, de los datos climáticos, etc.)
-       Del miedo del agricultor. Es frecuente que los agricultores teman la falta de agua más que el exceso. Sin embargo en exceso es generalmente más dañino que la falta. Este miedo proviene de que una planta asfixiada muestra, al principio del problema, un síntoma muy similar al de una planta afectada por sequía.
-       Del tipo de suelo. Algunos suelos son difíciles de gestionar ya que la circulación del agua es complicada en ellos. El agricultor en general prefiere tomar un riesgo de exceso de agua, lo que es casi siempre un error.

Volveré sobre estos puntos en varios artículos en el futuro.