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dimanche 16 juillet 2017

109- Agricultura urbana -3- ¿La ciudad o el campo?

¿LA CIUDAD O EL CAMPO?

Hace unos meses, te hablaba de agricultura urbana. Quiero volver al tema, con una mirada distinta, que los urbanos a menudo miran al revés, y que tengo que vivir diariamente.
No se trata realmente de agricultura urbana, pero de la agricultura cuando se encuentra, sin querer, enfrentada a un vecindario urbano o en la orilla de una comunidad urbana.


El desarrollo de la agricultura en las ciudades es una novedad, y se hace en su gran mayoría con técnicas de agricultura ecológica. Aprovecha espacios libres para implantar cultivos agrícolas. En general, no es un cultivo rentable, en el sentido que el agricultor urbano no busca hacer de ello su principal fuente de ingresos. Es un complemento, un pasatiempo, un placer, una satisfacción personal, o un gesto ecológico. No le resta valor al hecho, pero lo sitúa en un plan relativamente segundario, al menos del punto de vista económico. En barrios desfavorecidos sin embargo, puede representar un importante complemento de ingresos, o mejor dicho, un ahorro sobre el presupuesto de alimentación, con a veces interesantes acciones comunitarias o de reinserción.

Las ciudades crecen consumiendo tierras agrícolas, mordisqueando partes de fincas cultivadas. No ha cambiado desde la creación de las primeras ciudades hace aproximadamente 5.000 años.
Mira este Château XX del que te hablaba en el pasado mes de Octubre. Se ha encontrado dentro de la ciudad, no por voluntad propia, sino porque la ciudad ha crecido. Los propietarios de Château XX se han resistido frente a los compradores y a los promotores, pero no sus vecinos. Poco a poco, la ciudad ha ido rodeando el viñedo.


En Europa, según los datos de la FAO, 11 hectáreas de tierra agrícola desaparecen cada hora, lo que representa más o menos 100.000 hectáreas cada año, recubiertos por alojamientos, oficinas, centros de ocios, polígonos industriales, infraestructuras sanitarias, ferroviarias o de carreteras. Es enorme. A modo de comparación, el rendimiento medio de patata en 2015 en la Unión Europea fue de 33.000 kilos por hectárea (http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/The_EU_potato_sector_-_statistics_on_production,_prices_and_trade#Farms_and_area). La pérdida anual de 100.000 hectáreas de tierras agrícolas equivale a la pérdida de 3.300 millones de kilos de patata. Para una población, en 2015 de 508 millones de habitantes, representa una pérdida de potencial productivo ¡de 6,5 kilos de patata por cada habitante! Y eso ¡cada año!

Pero ¿qué pasa cuando un urbano se muda al campo? Se da cuenta que la agricultura es una actividad que funciona 365 días al año, durante las 24 horas, con personas, máquinas, ruido, olores, total, lo que en general considera como molestias, y que a menudo ha intentado evitar instalándose en el campo, pero que forman parte integrante y a menudo inevitable de la actividad agrícola.
El urbano no entiende (o se niega a entender), protesta y exige. El agricultor, casi siempre, no tiene más remedio que de ceder.

Mira este curioso caso. Una pareja, en el Sur de Francia, es obligada por la justicia, a tapar un estanque porque las ranas molestan a los nuevos vecinos: http://immobilier.lefigaro.fr/article/quand-des-grenouilles-bruyantes-font-condamner-des-proprietaires_f812211c-2ee7-11e6-91c1-3e3a0f8cba2d/


Mira también este caso, muy reciente, también en Francia, mucho más dramático, que podría obligar a un ganadero, descendiente de 6 generaciones de ganaderos, a parar su actividad, porque el olor del estiércol molesta a sus nuevos vecinos, instalados desde poco para su jubilación:
Es revelador de una situación muy real, cada vez más frecuente, y diaria para muchos agricultores.

Aquí, para mí, son las actividades nocturnas, por ejemplo los tratamientos o la trituración de la leña de poda, imposibles a hacer de día durante la mitad del año, por culpa de las temperaturas excesivas, que provocan denuncias frecuentes por ruido de parte de los vecinos instalados en edificios de construcción reciente situados (adivina donde) en una parte expropiada de la finca.


La ganadería genera estiércol. Es lo mismo desde que el hombre cuida animales, y no huele siempre bien.
La agricultura puede necesitar amontonar o esparcir estiércol, para enriquecer o simplemente para nutrir el suelo, especialmente en agricultura ecológica. Es muy sano, y de esta manera los efluentes de ganadería se reciclan limpiamente para la producción vegetal.
Cuando llega el momento de cosechar cereales, el trabajo puede ser tanto de día como de noche, ya que hay que ir lo más rápido posible, para evitar los problemas de lluvia y la sobremadurez.
Si una enfermedad o un vuelo de mariposas amenaza los cultivos, los tratamientos son urgentes, aún más si son ecológicos y hay que intervenir lo más rápido posible, de día como de noche.
Hace varios años, una enorme y repentina eclosión de un lepidóptero, Plusia gamma, provoco daños terribles en numerosos cultivos en el área de Sevilla. En esa época, producíamos espárragos y en los días siguiendo el problema, se podía determinar visualmente las primeras parcelas tratadas, que estaban todavía muy verdes, aunque dañadas, y las últimas, totalmente peladas por millones de orugas nacidas al mismo tiempo. La producción del año siguiente delato claramente este ataque, con la progresividad que correspondía a la hora del tratamiento. Este resultado nos demostró que habíamos tenido razón de no esperar y de tratar durante las 24h en cuanto detectamos el riesgo.
Los animales también viven de noche, incluso si son animales de granjas, y pueden ser ruidosos.
La preparación de las tierras para la siembra o las plantaciones se hace cuando el suelo y el tiempo lo permiten, y hay que hacer las cosas con rapidez, de día como de noche, entre semana, los domingos y los días festivos.


Total, la agricultura puede ser ruidosa u oler fuerte, lo que normalmente no molesta los vecinos si son también agricultores o vinculados con ella.
Pero para oídos y olfatos delicados de urbanos no preparados, no acostumbrados y a menudo, poco dispuestos a aceptarlo, es otra historia.

Sin embargo muchos urbanos tienen un sueño que algunos, en los países occidentales, ejecutan, que es de instalarse en el campo, descansar ahí durante sus vacaciones o jubilarse ahí.
Algunos le hacen cambiando su residencia principal hacia las afueras o los corredores verdes de las grandes ciudades. Otros invierten en una casa de campo a donde van corriendo cada vez que pueden.
Total, se acercan a los agricultores que los alimentan. Pero ¿crees que aceptan los tractores de noche o los montones de estiércol?
No, protestan, a veces incluso demandan a los agricultores. Y lo peor es que, al igual que en los casos mencionados, la justicia les da razón bastante a menudo.

Se instalan para vivir ociosamente en un lugar de trabajo. Pues sí, el campo es el lugar de trabajo de los agricultores.
Imagina un segundo que agricultores se vayan hacer una siesta en tu oficina o en tu sala de junta, y que además, ¡¡¡exijan el silencio!!!

Podemos resumir, de manera un poco caricatural, la situación actual de las relaciones entre el mundo urbano y el mundo agrícola:
Hay que producir buenos productos, sanos, respetuosos con el medioambiente, sin pesticidas, en cantidad, baratitos, pero sobre todo, sin molestarme, sin hacer ruido, y sin olores.


Voy a tu casa, disfruto de las ventajas que son los tuyos pero, ya que no tengo la más mínima intención de compartir los inconvenientes que son los tuyos, exijo que adoptes mi modo de vida.
¡Vaya! Y yo que creía que la descolonización se había terminado en el siglo pasado.

Solo había olvidado la colonización del campo por las ciudades. Las ciudades conquistan, a menudo de forma brutal, incluso guerrera, y se implantan sin ninguna concesión ni ninguna precaución para que los vecinos puedan seguir viviendo y trabajando igual que antaño.
El responsable de los problemas no es el colonizador, sino el colonizado.

¿Alguien ha dicho que hay cierto malestar en el mundo rural?

dimanche 25 juin 2017

108- Agroecología -5- (Agricultura urbana -2-) El compostaje

AGROECOLOGÍA – EL COMPOSTAJE

Hacer su propio compost es uno de los mejores medios para reducir los volúmenes de basura orgánica, preparando un excelente abono para los cultivos o para el jardín.


En cultivos leñosos es normal, pero no generalizado, triturar la leña procedente de la poda para dejarla en el sitio, restituyendo así al suelo la mayor parte de los elementos minerales extraídos por las plantas. Esta práctica de la trituración, con o sin incorporación, se práctica también en muchos cultivos anuales.
Pero algunas situaciones pueden exigir que esta trituración no se haga. Es el caso de algunas enfermedades, o de las exigencias d algunos tipos de mecanización (como par ejemplo la recolección de las almendras). También hay agricultores que simplemente no quieren hacerlo o que no disponen de los equipos necesarios.


En esas condiciones, la práctica más usual es de sacar la leña de la parcela con un rastrillo grande enganchado a un tractor, y de quemarla.
En una técnica barata y rápida, pero la quema es un contrasentido agronómico, energético, nutricional, medioambiental, e incluso económico, al menos en las zonas de climas templados. Es que los beneficios de los aportes de materia orgánica son numerosos (ver http://culturagriculture.blogspot.com.es/2015/10/54-la-materia-organica-del-suelo.html). Quemar de manera sistemática esta fuente de restitución acelera el empobrecimiento del suelo agrícola y obliga el agricultor a comprar cantidades de fertilizantes muy superiores a lo que necesitaría con la restitución de esta materia orgánica.

En las situaciones en las que la trituración de los restos vegetales en el sitio no se hace, la mejor solución es el compostaje. Los restos se agrupan en un área libre, triturados de manera basta, organizados en montones, mojados y movidos periódicamente.

El procedimiento es sencillo, económico, pero requiere cierta organización y rigor. El compostaje en montones pasa por una fase termófila, durante la cual la temperatura en el corazón del montón puede alcanzar 70ºC durante unos días, produciendo un efecto esterilizador por eliminación de la casi totalidad de hongos, bacterias e insectos. Incluso procedente de plantas enfermas, los restos vegetales compostados se transforman en una fuente sana y económica de materia orgánica, o sea de fertilizante orgánico para los cultivos.


En algunas regiones, existen grupos o empresas especializados en la recuperación de los restos estrictamente vegetales (especialmente de origen urbano) para llevarlos hasta las fincas donde los agricultores se convierten en sus dueños y hacen su compostaje para uso propio.
Los centros de tratamiento de residuos urbanos ven reducir los volúmenes a tratar, los agricultores consiguen un volumen de restos vegetales que no son capaces de producir en sus fincas, y fabrican su propio fertilizante orgánico.
De hecho, tengo un amigo y antiguo compañero asesor que se ha especializado en esta actividad, creando la sociedad Terre et Compost (Tierra y Compost). ¡Hola Eric!
Si el compostaje es de calidad y los restos vegetales de calidad suficiente, el compost conseguido puede incluso obtener la acreditación para agricultura ecológica (pero esto depende principalmente de la legislación nacional).

El compostaje es una técnica muy antigua, sencilla, económica y ecológica para disponer de una materia orgánica de alta calidad en la finca.

Encontré un interesante artículo sobre este tema en una página de Facebook francófona (de Quebec, es decir de la parte francófona de Canadá), altamente recomendable a todos los que se interesan en los suelos, Sols Vivants Québec (Suelos Vivos Quebec) (https://www.facebook.com/groups/1643973612487835/?ref=group_header). Ahí podrás encontrar muchas informaciones, con una dosis de ciencia, una dosis de experiencias vividas y una buena dosis de ideología y de militantismo. No estoy siempre de acuerdo con las ideas, pero no retira nada al interés de la mayoría de las publicaciones.


El texto siguiente ha sido publicado sobre agronouvelles.com, el blog del Colegio de Agrónomos de Quebec http://www.agronouvelles.com/2017/06/le-compostage-domestique-passion-volonte-et-connaissances-techniques-requises/


“El compostaje doméstico: pasión, voluntad y conocimientos técnicos requeridos.

El compostaje es un dominio fascinante que se practica a gran, a media y a pequeña escala y que se dirige  tanto a los industriales, a los productores agrícolas que a los jardineros aficionados. Total, a todos los que se interesan por el medioambiente, a la agricultura o a la horticultura.

Si la agricultura urbana suscita un interés creciente, el compostaje domestico sigue formando parte de las herramientas al alcance del horticultor urbano, desde mucho tiempo como un modo de producción de una materia viva (el compost), y más recientemente, en una perspectiva medioambiental, como un modo de gestión ecológica para algunos residuos que genera en casa.

De este modo, el transporte de esas materias orgánicas y todos los inconvenientes y los impactos que conlleva quedan minimizados. Empleando el compost en casa, devolvemos al suelo la materia orgánica y los elementos nutritivos esenciales para el crecimiento de las plantas. A pesar de esos nobles objetivos, hace falta pasión hortícola, convicciones medioambientales, una pizca de voluntad, y un mínimo de tiempo y de conocimientos técnicos para hacer del compostaje domestico una aventura duradera.

El compostaje, ¿qué es?

A menudo se alega que el compostaje es un proceso natural. A pesar de las similitudes que se aprecian entre el compostaje en pila y los procesos de descomposición observados en la naturaleza, no se puede evitar constatar que el apilamiento sobre varios pies de espesor de materias orgánicas de fuentes diversas sobre una superficie reducida o en un recinto cerrado no se produce en la naturaleza.


El compostaje debería pues ser visto como un proceso que se controla y que se distingue de un montón en el campo o de un apilamiento de residuos orgánicos que dejamos descomponerse y que termina, con los meses y los años, transformándose en una materia que se parece a una tierra negra.

En los libros especializados como las normas y las guías, el compostaje es sinónimo de “proceso dirigido de bio-oxidación de un sustrato orgánico sólido incluyendo una fase termófila”. Esta definición sugiere el mantenimiento de condiciones aerobias en el seno de la masa y el alcance de temperaturas termófilas (que corresponde a Tº > 45ºC) en el conjunto de la masa. Esta noción de alcance de temperaturas elevadas es importante, especialmente para el compostaje a gran escala, ya que permite conseguir un efecto de higienización. Gracias a las temperaturas elevadas, el proceso de compostaje permite reducir el nivel de microorganismos patógenos y la destrucción de semillas de malas hierbas, reduciendo por lo tanto los riesgos de contaminación y de diseminación. El término compost debería indicar, con toda lógica, el producto procedente del compostaje, es decir una materia estabilizada, higienizada y desodorizada que es benéfica al crecimiento de los vegetales.

¿Debemos deducir que el compost procedente de un compostaje domestico sin elevación de temperatura no es de calidad? ¡En absoluto! Siguiendo las reglas del arte, llegamos a producir un compost de buena calidad; aún hace falta, al igual que para la fabricación casera de vinos y cervezas, tomar la pena de aprender, ya que existe un límite a poder conciliar facilidad y calidad cuando los procesos involucrados son complejos.

El compostaje a pequeña escala

El compostaje a distintas escalas y el empleo de compost han sido objeto de numerosos libros y publicaciones. Aquí [en Quebec], el reciente libro intitulado “Le compost: Pourquoi? Comment?” (El compost: ¿Por qué? ¿Cómo?) del agrónomo Lili Michaud aborda el tema de manera clara y detallada y es una mina de informaciones útiles, incluso esenciales, para quien se interesa especialmente en el compostaje doméstico. Es inútil pues retomar aquí informaciones ampliamente tratadas.

Sea cual sea la escala a la que se hace el compostaje, los procesos que implican los microorganismos son los mismos y el objetivo de la compostadora es la satisfacción de las exigencias de los microorganismos para que el trabajo quede adecuadamente realizado. Si a los microorganismos no les importa el tamaño de las operaciones, necesitan un buen entorno (humedad, oxígeno) y alimentos (carbono, nitrógeno) para hacer su trabajo y sobrevivir en la jungla microbiana.


La elección de residuos de calidad es crucial y es una verdad aún más importante en ausencia de temperaturas elevadas. Este modo de transformación “frío” exige un mínimo d vigilancia. Por ejemplo, las materias que pueden llevar agentes patógenos (excrementos animales, plantas enfermas) y las plantas consideradas como malas hierbas (de rizoma o de semilla) se deben evitar.

Además, y siempre por motivos de calidad, las materias que pueden tener un contenido de metales o compuestos no biológicamente degradables (por ejemplo residuos de pesticidas, cenizas de madera tratada, materias plásticas), o materias que generan olores desagradables (para ti o para los vecinos) como el pescado, las carnes o los crustáceos también se deben evitar en operaciones a pequeña escala. Y finalmente, algunas materias pueden ser integradas al compostaje, pero en pequeñas cantidades (cáscara de huevo, césped fresco húmedo, cenizas).


El compost es sobre todo una enmienda orgánica para los suelos y se emplea primero como una fuente de materia orgánica que, por su descomposición en el suelo, aporta los elementos nutritivos esenciales para el crecimiento de las plantas. La calidad del compost es un problema complejo, tanto por la multitud de los parámetros a tomar en consideración como por la complejidad de los procesos implicados, de la fabricación del compost hasta su empleo.

Un canoso profesor decía a un joven agrónomo: “Que sepas que hace falta más que un simple termómetro para hacer compostaje”. Me toca ahora decir: “Hace falta más que un simple pH-metro para evaluar la calidad del compost”.

Concentración de materia orgánica, humus, capacidad de retención de agua, relación C/N, nitrógenos, fosforo, potasio, micro-elementos, pH, madurez, elementos trazas metálicos y agentes patógenos solo son algunos ejemplos de la terminología asociada a la noción de calidad de un compost.

Esos parámetros son importantes para los cuyo trabajo es asegurar un buen crecimiento de los vegetales preservando la calidad de los suelos y del medioambiente.
¡Bienvenidos en el terreno de los agrónomos!


Agrónomo desde 1982, Denis Potvin [el autor del artículo] es especializado en el dominio de la gestión de las biomasas y de las materias residuales fertilizantes de orígenes diversos, especialmente el compostaje.  Se ha unido al Instituto de investigación y desarrollo en agroambiente (IRDA) en 2012 como responsable de proyectos en valorización de las biomasas. Denis Potvin trabaja ahora como agente de transferencia de tecnologías mientras sigue implicándose en la realización de proyectos que aprovechan su experiencia.”


Si tienes pensado hacer tu propio compost, infórmate bien sobre el proceso. Es sencillo, pero hay algunas reglas a respetar.
Encontraras numerosos vínculos útiles, por ejemplo tecleando en tu motor de búsqueda “fabricar su propio compost”.

¡A trabajar!


lundi 31 octobre 2016

91- Agricultura urbana -1- La ciudad al campo

AGRICULTURA URBANA -1- LA CIUDAD AL CAMPO…

Este verano, durante mis vacaciones, pasé unos días muy agradables en casa de mi madre, en Burdeos. A lo largo de uno de nuestros paseos, en coche, me llamo la atención un hecho pequeño, insignificante a primera vista, que los habitantes de Burdeos conocen bien, sin embargo sin prestarle atención, o al menos sin ver todas sus repercusiones.
No voy a nombrar a nadie, ya que mi objetivo solo es de reflexionar, y de hacerte reflexionar conmigo, sobre un verdadero problema.

El Château XX, uno de los más famosos Châteaux de la zona de Burdeos, es totalmente rodeado por la ciudad. Con el tiempo, el crecimiento urbano y el crecimiento industrial haciendo su obra de conquista de nuevos territorios, este muy famoso Château, con la totalidad de su viñedo, se encuentra totalmente dentro de la ciudad, rodeado de viviendas y de zonas industriales, rodeado e incluso entrecortado por carreteras, con sus semáforos, sus rotondas, y sus atascos.

Imagen: http://www.lafdv.fr/images/20151022/3676_9195.jpg

Es precisamente en uno de esos semáforos que mi mirada fue atraída por una pequeña cosa, totalmente anodina, y muy normal en un viñedo en el mes de septiembre: los muy bonitos racimos de uva negra.
¿Pero que tenían esos racimos, que entre tanto habrán sido cosechadas, para llamar mi atención?
Se encontraban escasamente a unos metros de la carretera, de mi tubo de escape, y de todos los tubos de escape de todos los coches, camiones y autobuses que pasan diariamente por esa carretera.

Y me hice la siguiente pregunta: los vinos de Château XX, auténticos iconos de la producción de grandes vinos de Burdeos, ¿se analizan de vez en cuando para conocer sus niveles de contaminantes urbanos?
Pienso especialmente en los residuos de hidrocarburos, a los compuestos fluorados, y sobre todo a los metales pesados, plomo, cinc, cadmio o níquel, cuyos riesgos se sabe que son muy lejos de ser anodinos.

Así que me fui a la mayor librería de la ciudad, conocida por la inmensa diversidad de los libros disponibles. En la ciudad de Burdeos, en una de las mayores librerías de Francia, los libros sobre los vinos de Burdeos son innumerables. Busque algo sobre esta cuestión. Pero nada. Nada de nada, ni siquiera una simple evocación de un problema potencial. Evidentemente, no se cuestiona la calidad de los vinos de Château XX, ni de los grandes vinos de Burdeos.

Así que decidí buscar en Internet lo que podría encontrar sobre el tema. Tampoco. Solo fui capaz de encontrar algunos documentos indicando cierta contaminación provocada por las bodegas de vino, pero nada sobre lo que me preocupa.
De repente, tuve la idea de buscar si existe algo sobre los riesgos de contaminación en los huertos urbanos. ¡Bingo! Existen varias publicaciones, y diversos estudios sobre el tema, realizados especialmente en Estados Unidos, en Alemania y en Ucrania, y que indican riesgos, tanto de contaminación de los suelos (pero que en principio no afecta a las frutas), como de contaminación del aire, y por consecuencia de las frutas, por residuo atmosférico.

Ahí es donde uno se puede hacer preguntas.

Imagen: https://theurbanprospector.files.wordpress.com/2015/03/chicagofarm-thegreenhorns-wordpress.jpg

Porque las uvas no se lavan ni se cepillan una por una después de la vendimia, y los residuos atmosféricos llegan probablemente hasta la barrica. Las moléculas como los óxidos de nitrógeno, sin duda se descomponen durante el proceso de vinificación. Pero los metales, no.

¿Es un problema? Quizás no, es posible que los metales presentes lo sean en unos niveles suficientemente bajos para que no haya riesgo sanitario.
Sin embargo, según los links indicados, las plantas situadas a menos de 10 metros de vías de elevada densidad circulatoria, presentan un alto riesgo de pasar de las normas europeas.
Pero el artículo también indica que los setos vegetales son uno de los mejores medios para reducir este efecto contaminante. Se puede razonablemente suponer que la mayor parte de la vendimia se sitúa en los niveles de contaminación muy débil. Como, en el caso del vino, la uva no se consume sola, sino mezclada con millones de otras uvas, es muy probable que los niveles alcanzados por el vino son bajos.
Pero por lo visto, pocas personas se han preocupado de verificarlo, o al menos de hacerlo público.
Es probable que no presenta problema de salud pública. Es aún más cierto en este caso, ya que este Château practica unos precios que no sitúan el riesgo potencial al nivel de un riesgo para el gran público (precisamente la semana pasada, aquí en Sevilla, en la boutique gourmet de un supermercado, he visto una botella de Château XX a la venta por más de 450€…).

Esta situación es involuntaria de parte de Château XX, que tan solo ha visto como la ciudad se le estaba acercando a lo largo del tiempo, sin su intervención, pero es bastante frecuente en agricultura. Cuanto más cerca de la ciudad seas la finca, más sensible es a este fenómeno. También es el caso de todos los “cinturones verdes” que rodean las ciudades, y de los que los agricultores locales aprovechan la oportunidad económica que representa la posibilidad de venta directa de los productos de la finca. De hecho, muchos han convertido sus producciones a la agricultura ecológica para atraer un público cada vez más numeroso, y deseoso de productos “auténticos”.

Sin embargo esta evolución, que parece inevitable, de progresión de las ciudades hacia el campo no debe hacernos olvidar las consecuencias negativas de esta conquista: reducción de tierras agrícolas, desaparición de agricultores, contaminación de las zonas rurales, obligación de aumentar la productividad para mantener la capacidad alimentaria.

Imagen: http://menehayfarm.co.uk/wp-content/uploads/2016/01/website-intro.jpg

Los medias, ávidos de temas sensibles, presentan demasiado a menudo el agricultor como el principal responsable de la (supuestamente mala) calidad de los productos alimenticios (cada vez más cuestionada por ONGs cuyos objetivos quedan opacos).
Pero ¿debemos eludir la responsabilidad creciente de la rápida urbanización?
¿Es el agricultor responsable de la contaminación provocada por el crecimiento urbano? Nadie hable del tema, de esta contaminación y de sus consecuencias sobre la alimentación, cuando es más preocupante, en mi opinión, que el empleo de plaguicidas.
La realidad sobre los plaguicidas esta maquillada para poder acusarlos, así como sus fabricantes y sus usuarios. Es de moda, desconfiamos de todo. Pues abastezcamos desconfianza a todos! Vende muy bien…
La realidad sobre la contaminación queda ocultada, ya que no se le puede echar la culpa a nadie, con lo que no hay posible cabeza de turco. En este caso, los acusadores (los productores del programa y los propios telespectadores) se encontrarían directamente sentados en el banquillo de acusados. No vende bien…

…Y EL CAMPO EN LA CIUDAD.

Pero para ir más lejos en esta reflexión, la agricultura urbana está en pleno auge, especialmente en los círculos ecologistas.
Los proyectos de huertas y huertos en los techos, en los jardines, en los patios de bloques o en las terrazas son muy numerosos. De esta manera se puede producir sin plaguicida, únicamente por las técnicas ecológicas, frutas y hortalizas de las que por lo menos, estamos muy seguros que son sanos.
¿Es esto cierto?
La contaminación urbana, ¿es mejor para la salud que los residuos de plaguicidas de síntesis?

La vegetalización de techos, fachadas y construcciones es una excelente cosa para la biodiversidad, para la salud de las abejas y de las aves, así como para la calidad del aire de las grandes urbes, de esto no hay duda. Pero entre eso, y hacer que sea un recurso de alimentos supuestamente sanos, hay un paso que personalmente, me niego a dar…

Imagen: http://deavita.fr/wp-content/uploads/2016/02/jardin-sur-le-toit-pleine-ville-ultra-moderne.jpg

Al menos, con los residuos de plaguicidas, existen referencias serias y numerosas, que siempre se pueden discutir, pero que existen. Estudios muy largos y completos se realizan para determinar la acción sobre la salud y el medioambiente de todas las moléculas autorizadas. Los equipos encargados de evaluar las moléculas son constituidas por científicos, médicos y agrónomos muy competentes y controlados. Se puede confiar en sus conclusiones, piensen lo que piensan algunos. Sin embargo, algunos no dudan en afirmar que el origen de esos contaminantes podría ser situado en los plaguicidas (por ejemplo adeptos de la permacultura http://www.permaculteurs.com/article/risques-de-pollution-au-potager/).
¿Alguien conoce un plaguicida que contenga plomo, cadmio o níquel? No hay ninguno. Es tan fácil echarles la culpa a los plaguicidas de todo, y del resto también…

En cuanto a los contaminantes industriales y urbanos, existen pocas referencias, y las normas solo hacen referencia a los metales pesados. Sin embargo algunos vegetales, especialmente los alimentos-hojas como lechugas, espinacas, coles y otras plantas aromáticas de hojas son especialmente expuestos a todos los contaminantes, ya que tienen una superficie de captación grande, que además se come. También es el caso para el pimiento, alimento que pesa poco pero que tiene una relación peso/superficie muy desfavorable.

Pues estimados hortelanos urbanos, convencidos que vuestras frutas y hortalizas son más sanas que las que podéis comprar en el supermercado, tenéis que saber que tragáis probablemente un gran número de contaminantes para los que sois vosotros mismos los ratones de laboratorio…

Imagen: http://static.betazeta.com/www.veoverde.com/wp-content/uploads/2012/01/apodemus-660x350.jpg