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samedi 15 septembre 2018

138- Protección de las plantas -7- Bebederos


PROTECCIÓN DE LAS PLANTAS - BEBEDEROS

Grandes esfuerzos se realizan diariamente por cada vez más agricultores para mejorar la biodiversidad en sus fincas, que se traducen por un creciente respeto de las zonas arboladas, la implantación de árboles en las zonas incompatibles con los cultivos o la plantación de setos que permiten delimitar la finca a la vez que se protege contra las intrusiones mal intencionadas o evitando los efectos indeseados en lagos y ríos. En regiones de viento, como es el caso en Provenza, en el sur de Francia, la protección de los cultivos contra el viento se hace tradicionalmente con setos de cipreses.


Esas zonas de biodiversidad cumplen su papel a la perfección, y muchas clases de animales se instalan rápidamente. Es especialmente el caso de preciosos pequeños roedores arborícolas como las ardillas, muy conocidas, o de los lirones mucho menos conocidos y a menudos confundidos con las ratas.
En sí, esos animales no son dañinos. Se alimentan de semillas y de frutas, pero su consumo es habitualmente bajo y no presenta un riesgo importante para el agricultor. Sin embargo, en algunos casos pueden ocasionar serios daños, no tanto a los cultivos, sino a los sistemas de riego. Es especialmente verdad con la micro-aspersión y el goteo.
En esos sistemas, el agua está conducida por tuberías enterradas y/o superficiales hasta el pie del cultivo.



Nuestros preciosos pequeños roedores entienden muy rápidamente que esas tuberías están llenas de agua. En primavera, no suele haber problemas ya que encuentran fácilmente agua en los charcos de lluvia o gracias al rocío de la mañana.
Pero en pleno verano, cuando todo está seco, tiene sed, y encontrar agua puede ser complicado, o muy lejos. Si quieren beber fuera de las horas de riego, intentan liberar en agua contenida en las tuberías, royéndolas (en general son de plástico, de tipo polietileno), los daños pueden ser importantes y las pérdidas de agua también. A eso, hay que añadir las faltas de agua provocadas por las fugas y las pérdidas de presión, que pueden perjudicar el cultivo.
Además, es un tipo de problema que suele cansar el agricultor ya que repara con frecuencia y vuelve a encontrar el mismo problema al día siguiente, en el mismo sitio o casi, y así sucesivamente durante todo el verano.

Fotos personales

La lucha contra lo que se puede convertir en una auténtica plaga no pasa por la eliminación de los roedores, es difícil, casi inútil y contraproductivo en términos de biodiversidad y de contaminación.
Lo más sencillo, barato y efectivo es de instalar bebederos, que se llenan con el agua de riego, luego rebosan, regando el cultivo.

Los roedores pueden tardar un poco en acostumbrarse y se puede encontrar, en los primeros días, tuberías roídas justo al lado de un bebedero, o incluso en el propio bebedero.

Hay que insistir ya que al cabo de unos días, los roedores habrán entendido que el agua está disponible sin esfuerzo en los bebederos, y dejaran de roer las tuberías.

Foto personal

Los casos de este tipo son bastante numerosos en agricultura. Es casi siempre más sencillo y efectivo encontrar el método para vivir en armonía con los animales, antes que intentar luchar contra ellos.
Es una de las bases de la producción integrada y de la producción ecológica, así como de todos los métodos de producción que ponen en prioridad el equilibrio medioambiental de la finca.
Solo se emplean métodos de lucha cuando los otros medios, como la profilaxis, la instalación de nidos o de hoteles de insectos, de bebederos o de simples repelentes han fracasado, y que los daños se han convertido en algo peligroso y difícil de gestionar.

Foto personal

dimanche 27 mai 2018

131- Agroecología -8- Un mundo sin petróleo

AGROECOLOGÍA – UN MUNDO SIN PETROLEO

Hace cerca de 50 años, desde la época de la primera crisis del petróleo de 1973, que se nos repite una y otra vez que las reservas de petróleo se agotaran en unos 50 años. En 1972, mientras esta grave crisis se iba perfilando desde un año, el Club de Roma, con la ayuda de un grupo de investigadores del MIT, había incluso previsto un agotamiento de las reservas petroleras unos 20 años más tarde, en la publicación “The limits of growth” (Los límites del crecimiento) https://www.clubofrome.org/report/the-limits-to-growth/.
Llegará el momento, sin lugar a dudas, aunque nadie sea capaz de predecir seriamente cuando se producirá. Sin embargo, no hay que ser adivino para entender que un recurso minero que se extrae y se consume a este ritmo, tiene obviamente una esperanza de vida corta.
Es lo que se producirá al final de la era del petróleo que me interesa hoy.


El petróleo es la base de una increíble y muy diversificada actividad industrial y económica, la química, la farmacia, la agroquímica, el textil, los plásticos, los pegamentos, las pinturas, los transportes, los lubricantes, los carburantes y todos sus productos derivados como la parafina por ejemplo. Esta inmensa actividad se parará entonces, al menos en su forma actual. El petróleo es hoy por hoy la materia prima principal del conjunto de la actividad humana.
Frente a este sitio primordial, una enorme actividad de investigación se ha puesto en marcha, desde varias décadas, con el fin de encontrar materias primas de sustitución para todas esas actividades y producciones.
De hecho, el muy fértil genio humano ya ha encontrado soluciones de sustitución para muchas cosas. A menudo es el precio, la resistencia o la dificultad de aprovisionamiento que hace compleja su generalización, como se observa por ejemplo para los plásticos agrícolas de origen vegetal. A esas dificultades técnicas o económicas, se suma la resistencia de las industrias actuales que, a veces, frenan tanto como pueden algunas soluciones susceptibles de crear une nueva competencia.
Sustituir una materia prima tan polivalente y económica no es fácil, en un modelo económico e industrial hecho por y para el petróleo desde 150 años, cuya adaptación es compleja.

Para hacer las cosas sencillas, se puede decir que los sustitutos del petróleo son el aceite, la celulosa y las fibras. Esos tres elementos esenciales destinados a tomar el sitio del petróleo proceden todos de la producción vegetal y animal.


El futuro de la humanidad pues, pasa por la agricultura. No es un secreto para nadie cuando hablamos de alimentos. Pero es probable que poca gente sea consciente de esto en los que se refiere a la industria química, el textil, los plásticos, muchos materiales modernos o para los carburantes.
Total, el porvenir de las actividades humanas depende de la agricultura.


El fin del petróleo perturbará profundamente el equilibrio geopolítico del planeta, y los países poderosos serán entonces los que habrán sabido sus capacidades productivas en agricultura, sea mediante la preservación de las superficies agrícolas, la conservación de la fertilidad de los suelos, o la cantidad y la calidad de los recursos de agua dulce disponibles para la agricultura.

Es cuando la agroecología entra en el juego, no por las ideologías que se le relacionan, pero por su desarrollo por decisión política, y sobre todo por su práctica diría por los agricultores, y en la diversidad de sus múltiples facetas.
Grandes países productores de cereales como Ucrania, ¿seguirán siendo capaces de producir lo mismo sin una evolución hacia prácticas que conserven mejor los recursos?
El frecuente rechazo actual de creación de nuevos embalses por motivos ecológicos o políticos, ¿no se convertirá en un grave problema agroecológico?


Los países tienen que desarrollar su potencial agrícola con una visión a largo plazo, en la base de una agricultura de conservación, capaz de producir mucho preservando los recursos fundamentales que son la biodiversidad, el suelo y el agua.

La agricultura industrial no es un mal como tal. Producir a gran escala tiene sus ventajas en términos de calidad de las estructuras, de cumplimiento de los protocolos y de las normas, y de poder de inversión, así como de puesta a disposición de los productos. Pero debe ser claramente enmarcada y controlada con el fin de evitar sus riesgos de derivas sociales y medioambientales.

La agricultura ecológica, en sus actuales formas, no tendrá, en mi opinión, la posibilidad de cubrir todas las necesidades de la humanidad en la perspectiva de la desaparición de la actual principal materia prima.
La actual puesta por delante como un modelo a seguir y cómo vía de futuro de la humanidad de la permacultura, procede más de la necesidad de serenarse de una clase social intelectual, más bien pudiente y urbana, ampliamente desconectada de las realidades, que de una visión clarividente de las necesidades reales de la humanidad y del planeta.
Alimentar el mundo es una cosa, proveerlo a la vez de alimentos, de energía y de materia primas, es otra cosa.

La vía razonable de futuro si sitúa en el término medio, como a menudo es el caso. Y en el caso de la agricultura, el término medio se sitúa en una producción intensiva, pero respetuosa con el medioambiente y el consumidor, que no rechaza la química de síntesis por puro dogmatismo, pero elige todas sus prácticas productivas por su combinación de ventajas técnicas y agronómicas por una parte, y sus mínimos efectos sobre el medioambiente y la salud y el ahorro de recursos por otra parte.

Imagen personal 

Esta agricultura ya existe. Evoluciona de manera permanente, mejora día tras día, pero no tiene verdadero reconocimiento político y social porque no rechaza la química de síntesis. Se llama agricultura de conservación para los cultivos anuales de cereales y cultivos industriales, y agricultura integrada para los cultivos perennes y las hortalizas. Pero no es considerada como políticamente correcta, y se encuentra situada por la sociedad civil al mismo nivel que la agricultura industrial o incluso que el productivismo agrícola heredado de la Revolución Verde, tal como se practicaba en los años 60.
Sin embargo no tiene nada que ver, y se asemeja mucho más a la agricultura ecológica que a la agricultura industrial.
Los guardianes de este dogma son especialmente las grandes ONGs medioambientalistas con el apoyo, declarado o no, de numerosas personalidades de la política, del espectáculo, de la cocina y del periodismo, y rechazan lo que consideran una perversión.
“Es difícil aceptar la verdad cuando las mentiras son exactamente lo que quieres escuchar.” (Frase de origen desconocido encontrada en la web).

La agricultura ecológica conserva su sitio en este panorama agrícola del era post-petróleo, para servir un público exigente, más bien pudiente, y preferentemente urbano. También sigue siendo una importante fuente de evolución y de investigación de soluciones nuevas. El hecho de no poder recurrir a determinadas soluciones obliga a inventar, a imaginar. La agricultura ecológica, bajo todas sus formas, es un excelente laboratorio de progreso.

Pero la agroecología es a la vez una decisión de agricultor y una orientación política.
Los países que están interesados en su desarrollo, o que ya han decidido usarla como objetivo socioeconómico, deben saber tomar decisiones progresivas.
Nadie puede olvidar que la agricultura no es una persona.

La agricultura es un conjunto de personas, de empresas y de actividades interdependientes, a menudo frágiles, que es conveniente hacer evolucionar de manera progresiva y con el acompañamiento necesario para no debilitarlas más.

Los países que sabrán preparar adecuadamente la era post-petróleo tienen un brillante futuro por delante.

Aún hace falta poder llegar a ese crucial momento con una agricultura en buen estado, capaz de responder a esos nuevos retos.

Imagen: https://image.freepik.com/photos-libre/paysage-rural-en-ete-la-rioja_1398-4757.jpg

vendredi 13 avril 2018

114- Agricultura del mundo - El País Dogón

AGRICULTURA DEL MUNDO – EL PAÍS DOGÓN
  


Por alguna parte de África occidental, en Mali, en el río Níger y la frontera con Burkina Faso, existe una región con clima Sahelian, donde la vida es difícil. Sin embargo, ahí se encuentra un pueblo con una cultura, un arte y un artesanado tan ricos, que numerosos coleccionistas occidentales lo conocen, a menudo sin haber nunca pisado el país.

Imagen: http://www.pedagogie.ac-nantes.fr/servlet/com.univ.collaboratif.utils.LectureFichiergw?ID_FICHIER=1302900519082&ID_FICHE=1317055908671

También es una de las regiones del mundo donde conviven en perfecta harmonía, personas de religiones distintas. El islam es la religión más representada, pero también hay muchas personas cristianas y animistas. Esta mezcla religiosa está presente en las ciudades, en los pueblos, e incluso a veces dentro de la misma familia.
Se trata del País Dogón.

En esta región, la vida es dura. El acceso al agua es una de las claves de la supervivencia.
La vida social se organiza entorno a los hombres, pastores, cazadores, cogedores, guardianes de la palabra y de la tradición, y de las mujeres, agricultoras, madres de familia, amas de casa, responsables del agua y de la educación de los niños, y a veces vendedoras de los pobres excedentes de producción o de los productos de su propio artesanado.


La agricultura está hecha de parcelas muy pequeñas fraccionadas y separadas por pequeños senderos de tierra. El trabajo, lo hacen las mujeres, manualmente, ayudadas por los niños si son lo bastante grandes.
El riego, si es necesario, requiere grandes esfuerzos ya que primero hay que ir a por el agua, antes de usarla para regar. Solo es posible si los puntos de agua son lo suficientemente cerca.
Es una agricultura rudimentaria, de supervivencia, de la que solo una muy pequeña parte puede ser vendida para generar ingresos. La mayor parte va directamente a la alimentación de la familia.
Una asociación local, creada en 2005 por personas Dogón preocupadas por el porvenir de su pueblo, se ocupa de montar proyectos destinados a mejorar sus condiciones de vida, mediante la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres Dogón. Son el pilar de este pueblo tan simpático.


ARAF-Plateau Dogon (Acción para el Fomento de las Actividades Femeninas en País Dogón) federa 80 grupos de 25 a 40 mujeres cada uno, con el fin de aportar un apoyo que va desde la educación, la formación, el apoyo técnico, la entrega de herramientas básicas para el trabajo de campo, y el montaje de proyectos locales (uno de los proyectos en marcha es la creación de un taller de transformación de aceite de karité en mantequilla para su venta para su uso en cosmética).
Entre las acciones permanentes está la formación a las técnicas de agroecología. Especialmente, uno de los objetivos es de favorecer la modernización de la agricultura, y por consecuencia la mejora de los ingresos de las familias Dogon, gracias a la venta de sus excedentes de producción. Pero la falta de formación, la falta de equipos y la falta de medios forman parte de los motivos para una orientación hacia la agricultura ecológica.


Es imprescindible modernizar la agricultura con métodos y técnicas que permitan mejorar la capacidad productiva, sin por eso crear una dependencia a insumos y a máquinas y aperos, fuentes de inversiones que, al día de hoy, ni son posibles, si son prioritarias.
La agricultura Dogon debe mantenerse autónoma ya que las inversiones necesarias, numerosas, deben ser reservadas a obras de infraestructura de primera necesidad.
La voluntad de ARAF es de mejorar la capacidad productiva de la agricultura del País Dogon, pero con una mínima inversión, en la medida en la que la primera inversión necesaria es la creación de una red de acceso al agua que permita a sus habitantes mejorar su autonomía, ganar en higiene, y sobre todo dejar de dedicar la mitad de su tiempo (mujeres y niños sobre todo) al transporte de agua.


Y el acceso al agua es probablemente un proyecto a largo plazo, pero ¡tan importante!
El clima Sahelian incluye una época de lluvias, en concreto de junio a septiembre, durante los que llueve de manera abundante, lo que permite la reconstitución de las reservas del suelo, y otorga algunos cultivos adaptados a este clima.
Se puede imaginar la creación de una red de canales para llevar el agua del río Níger hacia las zonas aisladas. Pero sería una obra faraónica, larga y extremadamente costosa.
Sin embargo, la creación de balsas y de pozos, operaciones mucho más accesibles y exigiendo presupuestos más livianos, favorecería una agricultura más permanente, una gran mejora en la seguridad alimentaria, e ingresos permitiendo un desarrollo claramente más importante. De paso, permitiría un acceso a temas tan evidentes para los occidentales como servicios de salud o de higiene, y por ahí mismo, una clara mejora de las condiciones de vida del pueblo Dogon.


Hace unos meses, por mediación de las redes sociales, fui solicitado por el presidente de ARAF, Issiaka Konaté, para participar en un trabajo humanitario, mediante una ayuda a la implantación de técnicas de agroecología. No tengo “vocación” para eso, y de hecho no lo he hecho nunca. Mi vida está organizada en torno a mi trabajo, que requiere mucha dedicación, como lo saben muy bien todos los agricultores, mi familia a la que debo un mínimo de apoyo y presencia, y mis actividades varias, como es el caso de este blog.

Hemos intercambiado mucho con Issiaka. Fue el que me conto la vida del pueblo Dogón, y las dificultades de esta vida, los numerosos proyectos que siempre bloquean por un problema recurrente de financiación.

El turismo representaba una importante fuente de ingresos. Pero desde el 2012 y los ataques del terrorismo yihadista, esta fuente desapareció, bloqueando o retrasando muchos proyectos.


Me di rápidamente cuenta que la situación política y económica de Mali, así como los ataques yihadistas en la región complican mucho las acciones occidentales y las intervenciones de las ONGs.
Al no poder intervenir directamente, decidí aportar una piedrecita a este frágil edificio.

Entonces le propuse a Issiaka un texto, ilustrado con numerosas fotos, para explicar la situación, y para pedir a los lectores una ayuda económica. http://www.calameo.com/read/001473813fa1dcc88ddda
El director de una ONG francesa, Gérard Cinquin de DNPLS (Del Norte Para el Sur) que actúa en África, nos ayudó por su experiencia, sus buenos consejos y por el trabajo de presentación, y también, y sobre todo, por la puesta a disposición de su plataforma de recogida de donaciones.


Más adelante, por mediación de mi red de contactos y de amigos, he podido iniciar el trabajo de un proyecto de colaboración con una ONG española, Madre Coraje, que dedica gran parte de su actividad a la recuperación de ropa y objetos usados, para mandarlos, en España o en otros países del mundo, a comunidades en situación de inseguridad que pueden, o usarlos para sus propias necesidades, o convertirlos en una fuente de ingresos mediante su reventa.
Y es precisamente por ahí que hemos lanzado este proyecto: importar en Mali ropa usada, para que la clasificación y la venta generen, por una parte unos puestos de trabajo y los correspondientes ingresos para determinadas familias, y sobre todo ingresos para financiar proyectos educativos y de desarrollo. Pues dicho así parece sencillo cuando los contactos están establecidos.
A partir de esta idea, todo se complica. El proyecto avanza, pero ha sido necesario establecer varias cosas, y realizar inversiones que, de momento, ponen en desequilibrio el presupuesto de ARAF.
Ha hecho falta crear una sociedad con posibilidad de importar, hacer negocio, y generar beneficios, para revertirlos íntegramente a la asociación ARAF (sin ánimo de lucro).


Ha hecho falta encontrar transportistas, y resolver el problema del tránsito desde Senegal (Mali no tiene acceso al mar con lo que hay que pasar por el puerto de Dakar).
Hay que preparar los centros de clasificación y establecer una red encargada de la reventa de la ropa, así como la logística necesaria a su repartición.
Una gran parte de los costes ya ha sido asumida por la propia asociación, por sus miembros y por algunos benefactores.
El proyecto abre un gran abanico de posibilidades, pero de momento, exige encontrar el complemento financiero que le permitirá a ARAF autofinanciarse, y financiar su proyectos.
Este complemento es muy razonable, visto desde Europa, ya que es de menos de 7.000 € (6.852 € para ser exacto o 8.200 US$), pero visto desde Mali, es difícil de encontrar, sea en forma de préstamo o en forma de donaciones. El sistema bancario malí no permite que este tipo de proyecto prospere.


Como lo podéis ver, la agricultura del País Dogón necesita numerosas inversiones, de bajo coste en su mayoría, ya que los proyectos son realizados por las propias personas. Pero del desarrollo de esta agricultura depende el desarrollo de este pueblo.
Pero este desarrollo, para ser sostenible y duradero, debe ser capaz de ser autónomo, y por consecuencia de autofinanciación. Es la meta principal del proyecto con Madre Coraje.
A partir de ahí todo quedara en mano de los propios Dogon, y es lo más importante.

El objetivo de este blog no es este, pero por una vez, necesito tu ayuda para poder concretar este proyecto. Si deseas participar, puede hacer una donación por la plataforma en línea de DNPLS, indicando ARAF DOGON.

Tu participación también puede limitarse a difundir ampliamente este artículo. Cuantas más personas sensibilizadas, más posibilidades tendremos de resolver este pequeño, pero muy serio problema.

Y piensa que un like es muy bien, pero no difunde. Compartir es mucho mejor.


Gracias por el País Dogón.

Fotos enviadas por Issiaka Konaté


mardi 7 novembre 2017

118- El espíritu de las plantas -10- Nubes

EL ESPIRITU DE LAS PLANTAS – NUBES

Hace mucho tiempo, en el siglo pasado (a principio de los 90s), tuve la ocasión de hacer un viaja a Chipre, preciosa isla del Mediterráneo, con un pasado histórico especialmente rico. Me había entonces llamado la atención la increíble cantidad de plantaciones de árboles forestales en todas las zonas no agrícolas, especialmente las zonas de montaña, a veces instaladas en terrazas.
Me habían explicado que se trataba de un plan gubernamental para frenar la evolución del clima local. Las lluvias se hacían cada vez más escasas, y la isla se encaminaba poco a poco hacia un importante riesgo de desertificación.


Se sabe empíricamente, y desde mucho tiempo, que los bosques favorecen la aparición de lluvias, hasta el punto que varios países con un clima árido, como es el caso de Chipre, han lanzado programas de reforestación, a veces muy ambiciosos, cuyo objetivo es de intentar aumentar la pluviometría, además de frenar la erosión y la pérdida de fertilidad de los suelos.

Lo que ahora se sabe, gracias a la experiencia Cloud, una serie de trabajos científicos llevados por el CERN, en Ginebra (Suiza), es cómo se produce este fenómeno.
Te aconsejo la lectura del artículo original (en francés), por los numerosos links y explicaciones que incluye.

“Clima: según el CERN, los árboles influyen sobre la formación de las nubes.

Cómo lo mostraban en 2016 los resultados de la experiencia Cloud, del CERN, los árboles serían mucho más aptos de lo que se pensaba para fabricar nubes y refrescar el clima. Su acción pasa por los aerosoles.

Desde 2009, la experiencia Cloud, instalada en el CERN, en Ginebra, simula diferentes condiciones de presión y de temperaturas para estudiar mecanismos que actúan en la atmosfera terrestre, y especialmente el efecto de los aerosoles sobre el clima. Esas pequeñas partículas actúan como “semillas de nubes”, favoreciendo la condensación del vapor de agua en gotitas y en consecuencia la formación de nubosidad. Globalmente, el efecto sobre el clima es refrescante ya que gran parte de la luz solar es reflectada hacia arriba.


La mitad de esos aerosoles son partículas de polvo procedentes de la tierra y de las sales marinas emitidas por los océanos, y la otra mitad son moléculas de gas que se agregan en partículas de 50 a 100 nanómetros. Es el caso del ácido sulfúrico (SO2). En la actualidad, este gas es producido en grandes cantidades por las actividades industriales. Esos aerosoles de origen humano, ya que crean más nubes, tienen un efecto refrescante, que reduce el efecto de calentamiento del dióxido de carbono (CO2). Es un forzamiento radiactivo. Los árboles son también actores de esta maquinaria, con moléculas, como el pineno, liberadas en el aire, y que también juegan el papel de núcleos de condensación.
Las cantidades actuales de emisiones de dióxido d azufre complican el estudio de la atmosfera preindustrial, que era diferente. Es lo que hizo un equipo de Cloud, que se basó sobre los resultados de esta experiencia para elaborar una simulación de la atmosfera preindustrial. Sus conclusiones, publicadas en los Pnas http://www.pnas.org/content/113/43/12053.abstract (y discutidas en un artículo de The Conversation https://theconversation.com/trees-are-much-better-at-creating-clouds-and-cooling-the-climate-than-we-thought-66713), detallan los estudios anteriores (…).


Según esos resultados (todavía por confirmar, indican los autores), las cantidades de aerosoles presentes en la atmosfera de antes de 1750 han sido hasta ahora subestimados, ya que los aerosoles emitidos por los árboles son mucho más efectivos de lo que se pensaba para fabricar nubes. En consecuencia, el efecto enfriador de los aerosoles de origen industrial sería más débil de lo previsto, de aproximadamente 27%.
Los autores deducen también que limitar las emisiones de aerosoles por las actividades humanas podría reducir su acción refrescante. Pero esta reducción podría ser compensada por la acción de los árboles, que solo piden volver a la importancia que tenían antes del era preindustrial. En resumen, los bosques tienen la capacidad de ayudarnos a limitar el calentamiento climático…”

Pues a la vista de esta muy interesante experiencia, ¿qué pasa con la evolución del clima de Chipre?

Encontré datos climáticos históricos sobre la página web del Banco Mundial http://sdwebx.worldbank.org/climateportal/
Ahí encontré dos informaciones, la acumulación de lluvia y la media de temperaturas, para el periodo 1901-2015. Aquí están las curvas:



El análisis de las curvas muestra una tendencia clara al aumento de las temperaturas, pero una tendencia menos clara en cuanto a la pluviometría. Porque si las lluvias tienden a ser menos frecuentes (la curva de tendencia está clara), también son mucho más aleatorias. Los años de lluvias escasas son más frecuentes pero también lo son los años de lluvias abundantes. Total, en cuanto a la pluviometría, los años medios casi han dejado de existir.

De evidencia, los efectos de esas reforestaciones no saltan a la vista. Se pueden imaginar muchos motivos posibles. Personalmente, me imagino que gran parte de responsabilidad viene de la edad de los árboles. Tienen más o menos 25 años (para los que han sido plantados en los años 90), y es todavía muy joven. Además, sus primeros años, con toda seguridad, no han sido un camino de flores, como suele ser el caso de las reforestaciones en regiones áridas, con dificultades de supervivencia en los primeros años por falta de lluvia durante los 3 o 4 meses de verano, y mortandades a menudo numerosas de jóvenes árboles, a las que se suman probablemente ataques parasitarios, como puede ser el caso de algunos insectos de plantas débiles, o de salud precaria. Está claro que una reforestación es un trabajo a muy largo plazo, especialmente en regiones áridas.

Salvo que, la bajada de la pluviometría, proporcionalmente menos fuerte de lo que es la subida de las temperaturas, sea una señal de un buen efecto de esas reforestaciones. En cual caso, la desertificación de Chipre habría ya progresado mucho, si este programa no se hubiera iniciado suficientemente temprano.


Dicho eso, y para volver al tema de los aerosoles, este trabajo, muy interesante dará probablemente lugar a investigaciones complementarias, para estudiar la producción de aerosoles según la edad, el desarrollo, y sobre todo según la especie vegetal. Me imagino, como es el caso de muchas cosas con los seres vivos, que existe una gran variabilidad de producción de aerosoles según la especie vegetal. Algún día se elaborará una lista de especies más aptas para luchar contra la desertificación por la abundancia de su producción de aerosoles.

Entonces los humanos se encontrarán una vez más delante una elección ecológica difícil, como la que te contaba en un artículo ya antiguo, a propósito del necesario ahorro de agua dulce y de sus consecuencias medioambientales (http://culturagriculture.blogspot.com.es/2014/12/34-agua-y-riego-3-caso-de-conciencia.html).


¿Tendremos que plantar masivamente especies vegetales por su capacidad a favorecer las lluvias, incluso fuera de sus regiones de origen?
¿Qué desequilibrios vamos a provocar en la biodiversidad local por culpa de la implantación de esas especies?
¿Los desequilibrios provocados pueden ser preferibles a una desertificación?

El eterno problema de la elección… y de sus consecuencias.


A la espera de tener que elegir, la fundación GreenCyprusCom sigue trabajando para la reforestación de la isla de Chipre, con especies autóctonas. Es mucho tiempo, lento, laborioso y costoso, pero necesario.


dimanche 9 avril 2017

102- Agroecología -5- (El suelo -3-) Poder de descontaminación

AGROECOLOGÍA (EL SUELO) – PODER DE DESCONTAMINACIÓN

A principios de los 90, un agricultor sueco, Göran Olsson, preocupado por los riesgos de consecuencias medioambientales de sus prácticas agrícolas, tuvo la idea de confinar sus efluentes fitosanitarios en una suerte de fosa llena de tierra y de materia orgánica. Su idea era de evitar la contaminación cerca de su punto de llenado y lavado, con la hipótesis que los efluentes, con el tiempo, perderían todo o parte de su potencial contaminante.

Imagen: http://biobeds.net/media/2016/03/070110-Goran-Olshon-biobed_webb.jpg

Los efluentes fitosanitarios son constituidos por las aguas contaminadas por pesticidas de síntesis o pesticidas naturales, procedentes de salpicaduras durante la fase de llenado de las máquinas de tratamiento, de fondos de cubas que la bomba no consigue aspirar, de los restos de caldos no aplicados al cultivo, y sobre todo del agua contaminada generada por el lavado de las máquinas después las aplicaciones. Las aguas de lavado constituyen en general cerca del 90% del total de los efluentes fitosanitarios.
Puede ocurrir también, aunque de manera excepcional, que durante la preparación de una cuba, se produzca una reacción química (debida a la calidad del agua, a la temperatura, o a la mezcla de productos), o simplemente un error de manipulación (introducción por error en la cuba de un producto no adecuado o prohibido) que haga que el caldo fitosanitario no se pueda emplear. En este caso, esta cuba entra también en los efluentes fitosanitarios.

Me imagino que varios intentos habrán sido necesarios para conseguir un resultado coherente, pero el hecho está claro. Este señor invento un principio, llamado lecho biológico, o biobed, posteriormente estudiado científicamente y modificado para mejorar su efectividad, que permite que el agricultor reduzca mucho los efectos colaterales de los tratamientos fitosanitarios. El gigante de la agroquímica Bayer propone una optimización del principio bajo la marca Bayer Phytobac®, cada vez más reconocida en el sector agrícola. Se trata de un biobed mejorado que permite reducir su volumen a la vez que garantiza un funcionamiento óptimo.

Los plaguicidas, si se concentran de cantidad importante, son potencialmente peligrosos para el medioambiente.
Es cierto para los pesticidas de síntesis, aunque las moléculas actualmente disponibles en Europa presentan un riesgo muy bajo, en comparación con las moléculas prohibidas en los últimos años.
También es cierto para los pesticidas “naturales”, autorizados en agricultura ecológica. Es que muchos de estos pesticidas son extractos vegetales o productos sintetizados a partir de bacterias y son, a fin de cuenta, moléculas químicas que tienen efectos medioambientales similares a los pesticidas de síntesis (riesgo para los suelos, para la fauna acuática, para las aves, etc). Sobre este problema, ver mi serie en curso “Natural vs sintético” https://culturagriculture.blogspot.com.es/search/label/ES-%20Natural%20vs%20sint%C3%A9tico, de la que, hasta la fecha, he editado tres capítulos,
Por eso es muy importante que, sea cual sea el modo de cultivo adoptado, excepto la agricultura biodinámica, los efluentes sean adecuadamente controlados.

Muchos agricultores, preocupados por este problema, pero sin disponer de un sistema efectivo, han tomado disposiciones para evitar que sus efluentes fitosanitarios sean una fuente de contaminación. Muchas fincas disponen de una fosa en la que se recupera y se confina, esperando su evaporación o esparcirlo, después de su dilución en agua, en zonas sin cultivo y alejadas de fuentes de agua (pozos, arroyos, estanques, balsas, etc.). Pero este método tiene límites. Sin embargo es mejor que de no hacer nada y de mirar por otro lado…


Durante varios años, este invento quedo limitado a pocos agricultores, sin extenderse realmente. Pero en 2007, en Francia, tuvieron lugar varios encuentros políticos, llamadas “Grenelle Environnement”, con el fin de tomar decisiones que influyan directamente sobre las consecuencias medioambientales de las distintas actividades humanas. Esos encuentros dieron lugar a textos de ley, a normas de funcionamiento destinadas a todos los sectores económicos. En lo que respecta a la agricultura, fue la señal de lanzamiento de toda una serie de inventos y de normalizaciones que afectaron especialmente al uso de pesticidas y fertilizantes, naturales o de síntesis.
El principio del biobed marco así su gran despegue. En la actualidad, varios miles de esos biobeds funcionan en Francia, y cerca de una veintena de principios de destrucción de los efluentes fitosanitarios agrícolas han sido autorizados por el Ministerio de Agricultura. Pero un solo principio puede ser considerado como biológico, el biobed, y en concreto, el Phytobac®. Todos los otros principios llevan a un residuo contaminado (filtros, bolsas, lodos u otros), del que hay que organizar la recogida, que hay que transportar con todas las precauciones adecuadas, hasta una empresa especializada, para luego tratarlo.
El biobed permite realizar el tratamiento de descontaminación de manera local, sin peligro, sin transporte, ni incineración, ni proceso industrial.

Imagen: http://www.biobeds.org/uf/40000_49999/45709/6465e52a32a06201bd03da69cb441727.jpg

Lo que la ciencia demostró, y especialmente el INRA (Instituto Nacional de Investigación Agronómica) en Francia, que ha trabajado mucho tiempo sobre el principio del biobed con el fin de averiguar si funciona, es que las moléculas químicas, de síntesis o no, son naturalmente descompuestas por la flora bacteriana del suelo, para convertirlas en elementos o moléculas simples, no contaminantes, naturalmente presentes en el medioambiente, como son el agua, el gas carbónico o el carbonato cálcico. Este proceso requiere tiempo (del orden de 4 a 6 meses), pero es real y completo. Solo algunas moléculas, actualmente prohibidas, resisten a este proceso, especialmente el DDT. La degradación del DDT en los suelos requiere varias decenas de años, pasando por varios estados, DDD y DDE.
Pero todas las moléculas actuales son degradadas en totalidad en los suelos en un plazo que va desde pocas horas a algunos meses. De hecho, es uno de los criterios que las autoridades competentes consideran actualmente imprescindibles para aceptar la homologación de una nueva molécula o la renovación de una antigua.

¿Cómo se hace un biobed?
En el sistema original sueco, el área de lavado es simplemente constituida de una fosa rellenada con tierra y materia orgánica en la que caen y se quedan los efluentes. La Naturaleza hace su obra, la hierba crece y participa a la efectividad del sistema. Sin embargo, las fincas grandes tienen que prever superficies importantes, las instalaciones son complejas y costosas, y es muy difícil asegurar su correcto mantenimiento. Además, los riesgos de rebosamiento son elevados.
El Phytobac® optimizado retoma la misma idea, pero integra determinados criterios destinados a aumentar su efectividad, reduciendo su volumen, mejorando su mantenimiento y aumentando su seguridad. Los efluentes pasan por un área de lavado totalmente impermeabilizada, se almacenan en un depósito y se aplican en el contenedor de degradación/evaporación por un juego de bombas. La profundidad del substrato es limitada ya que la flora microbiana útil aerobia (que necesita aire) solo se mantiene en los 50 primeros centímetros de profundidad.
Total, el principio es el mismo, pero la puesta en obra es diferente, para mejorar la eficacia, la seguridad y el control.


¿Cómo hace el suelo para descomponer esas moléculas?
En realidad, son las bacterias del suelo que se hacen cargo. Atacan directamente las moléculas y las descomponen rompiendo los enlaces químicos entre los átomos.
Las moléculas agroquímicas son todas compuestas por elementos muy comunes, C, H, O, N, Ca, Cl, S, K, Cu, Fe, F, P, Zn, Mg, Mn, que son todos elementos naturalmente presentes en los suelos y que constituyen casi todos son elementos nutricionales para las plantas. Lo que hace la química, es combinar esos elementos entre sí, con enlaces determinados, para formar moléculas con usos específicos.
Esos elementos, cuando estén liberados de los enlaces que crean la molécula, se van recombinar para formar otras moléculas ordinarias como son el agua, el gas carbónico, etc.
Algunos elementos, especialmente los metales, se quedan en el biobed. Por lo tanto hay que vigilar los niveles de estos metales en el sustrato para evitar la contaminación del biobed. Cuando las concentraciones se acercan a los niveles considerados peligrosos (según las normas de contaminación de los suelos vigentes), se renueva el sustrato. El sustrato viejo, no tóxico si las normas se cumplen, es decir si se renueva antes de haber alcanzado los niveles máximos autorizados de carga de metales, se esparce en la finca, en una gran superficie, de manera de diluir aún más la presencia de metales.
Para darte una idea, el sustrato de un Phytobac estudiado para una finca de frutales de unas 50 hectáreas, representa unos 3.000 kg de tierra. Se considera que se puede esparcir un máximo de 10.000 kg de sustrato por hectárea. El peso de tierra agrícola (los 60 primeros centímetros de profundidad), representa aproximadamente 10.000 toneladas (10 millones de kg) por hectárea.
El sustrato no debe pasar de 50 mg de cobre por kg de tierra. Esparcido y mezclado en 1 hectárea, se reduce la concentración 1000 veces, con un resultado insignificante, ya que inferior a los niveles naturales de esos elementos en la mayoría de los suelos.
De media, el sustrato será renovado cada 5 a 10 años, dependiendo especialmente del empleo de cobre y de cinc, los metales más utilizados en agricultura, convencional y ecológica, ya que son elementos naturales, que son a la vez potentes fungicidas, bactericidas, e importantes elementos nutricionales.
Sin embargo, su exceso es tóxico, tanto para las plantas, como para fauna, la microfauna y la microflora del suelo.

Con el fin de favorecer la actividad bacteriana, hay que airear el sustrato una a dos veces al año incorporando paja o cualquier otra materia orgánica rica en lignina, que servirá de alimento básico para las bacterias.

Es pues un método biológico de descomposición de los químicos que permite, mediante unas buenas prácticas agrícolas, evitar al máximo los efectos colaterales de los tratamientos fitosanitarios, tanto en agricultura convencional, como en agricultura ecológica.

 También es una característica de los suelos, de ser capaz de descomponer las moléculas químicas. Los suelos químicamente contaminados son pocas veces suelos agrícolas. Solo el DDT y algunos organoclorados o herbicidas residuales, desde muchos años prohibidos, resisten a la degradación. Se encuentran todavía en muchos suelos, más de 40 años después de su prohibición, pero en niveles extremadamente bajos. La degradación se produce, pero es muy lenta.

Fuente: INRA

Los casos de contaminación son generalmente debidos a accidentes, con lo que son muy puntuales, o a contaminaciones industriales o mineras.
En fincas agrícolas, solo las proximidades de los puntos de lavado y de llenado pueden presentar contaminaciones notables, pero en superficies muy reducidas.
Sin embargo, los riesgos de contaminación de aguas superficiales y subterráneas quedan relativamente importantes por arrastre por las lluvias, especialmente de los efluentes acumulados cerca de esos puntos críticos.

Tenemos ahora la posibilidad de evitar las contaminaciones involuntarias de los suelos y de las aguas debidas al empleo de los plaguicidas, naturales y sintéticos. Se trata sin lugar a dudas de un progreso importante para la durabilidad de la agricultura y para evitar al máximo los efectos indeseables de la protección de los cultivos.

La preocupación de los usuarios crece, pero en general, todavía no lo suficiente como para medir el interés de la inversión en este tipo de equipos.
Sin embargo la preocupación del público crece mucho, no siempre de manera justificada, ni siquiera razonable, bajo la presión de varios grupos de presión de los que ya he hablado en varias ocasiones.
Pero esta preocupación, aunque en general sea ampliamente exagerada, debe ser un motor de evolución y de innovación.

Sin embargo es sorprendente constatar la falta de interés de las administraciones gubernamentales para este tipo de progreso.
Todo el mundo se escandaliza de las contaminaciones de todos tipos, o de los riesgos ligados al empleo de plaguicidas, naturales o sintéticos, pero las administraciones se muestran torpes a la hora de tomar decisiones drásticas sobre el tema. El tratamiento de efluentes está bien tomado en cuenta en solo dos o tres países, especialmente en Francia. A pesar de esto, incluso en Francia no es obligatorio. Es una fuerte recomendación apoyada por ayudas a la inversión. Además solo toma en cuenta el riesgo de contaminación de las aguas, superficiales y subterráneas, no de los suelos.
Algunos grupos de supermercados, o protocolos de calidad empiezan a tomarlo en cuenta, pero una vez más, no existe, al día de hoy, ninguna obligación sobre el tema. Solo los accidentes están sancionados.

¿No sería más inteligente y efectivo de hacer que el control y el tratamiento de los efluentes sea obligatorio, con el fin de evitar los accidentes, cuyas consecuencias siempre son graves?

El suelo, por su vida microbiana, tiene la capacidad de protegerse descomponiendo las moléculas que puede serle nefastas. Es esta característica que el biobed aprovecha. Un empleo racional de los plaguicidas modernos no presenta riesgo para los suelos, si son adecuadamente gestionados. La vida microbiana natural en todos los suelos es normalmente suficiente para degradar todas las moléculas actualmente disponibles, a la condición que las prácticas agrícolas permitan una buena aireación de las capas superficiales.
Conviene sin embargo tener cuidado en al menos dos situaciones específicas :
-       Los suelos muy arenosos tienen en general una vida microbiana débil o nula. El empleo de los plaguicidas debe ser ahí especialmente cuidadoso. Es aún más cierto sabiendo que esos suelos tiene poca capacidad a retener las moléculas, que podrían llegar rápidamente a los acuíferos sin haber tenido tiempo de ser descompuestas.
-       Los cultivos o métodos de cultivo que emplean sales metálicas en gran cantidad. Es el caso de algunos cultivos como la viña o el olivar. También es el caso de la agricultura ecológica que, a falta de disponer de la diversidad de fungicidas sintéticos, emplea sales de cobre y de cinc de manera repetida. Los metales no se pueden degradar y se pueden acumular hasta niveles peligrosos.

Imagen:  https://www.research.bayer.com/img/27/Phytobac/wasser_grafik_1075px_en.jpg

El empleo de los plaguicidas naturales o sintéticos es una práctica útil, segura, e incluso ecológica, gracias a la productividad que permite alcanzar, en la producción de alimentos. Pero para ser sostenible, es imprescindible tomar una serie de precauciones para evitar las contaminaciones de suelo y agua mediante precauciones como el control de efluentes fitosanitarios.

El propio suelo nos da el recurso para cumplir con esta necesidad, gracias al biobed.



El suelo es un recurso imprescindible, vivo y frágil.
Es nuestro deber de usuarios, agricultores, jardineros, hortelanos u otros, de cuidar mucho de él. También es necesario entender su funcionamiento para poder aprovecharlo lo mejor posible, sin perjudicarlo.
Conocer su suelo es imprescindible para una agricultura sostenible.
La agronomía es una ciencia que todavía tiene mucho que descubrir.
Algunos incluso consideran que es una de las principales exploraciones que los humanos deben todavía realizar.


El porvenir de la humanidad se encuentra debajo de nuestros pies, cuidemos mucho nuestros suelos.